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Publicado
en: Revista Terapia Sexual, Vol. II (2), Sao Paulo, Brasil,
1999
Introducción
La masturbación es uno de los tabúes más acendrados
en nuestra cultura; la palabra quizás provenga del vocablo latino manus
stuprare, algo así como cometer estupro
contra uno mismo utilizando las manos. Si tenemos presente que el término
estupro conlleva una acción vergonzosa
o infamante, queda a la vista la censura que la palabra masturbación lleva implícita.
Ya que nos referimos al origen de los términos, podría citarse una curiosidad
relacionada con la palabra onanismo que,
como se sabe, es otra manera de nominarla. Deriva de Onán,
personaje bíblico que, a la muerte de su hermano, le fue ordenado por mandato
divino copular con la viuda. Para no embarazarla, el desdichado Onán,
eyaculó fuera de la vagina de su cuñada; tras lo cual, por la pérdida
de simiente y la desobediencia de la ley
de Levirato, fue castigado por Yahvé
(1) (2) (3) .
Podrá observarse que, en realidad, más que un acto
masturbatorio fue el primer caso consignado de un método anticonceptivo -el
coitus interruptus- que, como nos
dice el historiador francés Philippe Ariès: entre
toda la panoplia de pócimas, de fundas fálicas, de tampones vaginales, de dispositivos
y demás prácticas, sólo el coitus interruptus -el crimen de Onán-
era responsable de la formidable inversión de la demografía contemporánea, de
ese descenso de la natalidad (4).
Algo de historia
En la Biblia no aparece una prohibición expresa
de su práctica, pero sí en forma elíptica y alegórica como en el caso de la
transgresión de Onán, ya que todo
acto sexual no destinado a la procreación era castigado, pues el objetivo principal
era el crecimiento y supervivencia del pueblo judío (creced
y multiplicaos dice el precepto del Génesis)
(2) (5) (6) .
En sociedades desarrolladas como la egipcia y la grecorromana existía al
menos entre las clases dominantes- un alto grado de liberalidad sexual: hay
referencias a cultos fálicos y a masturbaciones en grupos en las fiestas (como
las Saturnales romanas) (3) (4) (7) . Entre las
civilizaciones precolombinas es difícil encontrar datos fehacientes sobre el
tema, pero por ciertas producciones artístico-ornamentales (de neto corte fálico)
cuando no educacionales, como es el caso de los huacos eróticos vasijas- de Perú, y por las costumbres
de algunos grupos indígenas de la actualidad, que guardan similitud con sus
antecesores en la zona, puede inferirse que la masturbación era tolerada.
En algunas poblaciones indígenas de Colombia aún se acostumbra que, cuando llega
un invitado de otro lugar, sólo es aceptado como huésped si se deja estimular
los genitales en forma manual por un miembro varón de la tribu (7).
La represión de la masturbación
En los comienzos del siglo XVIII, un monje inglés
edita un panfleto donde profiere terroríficas advertencias contra la masturbación
y la rebautiza onanismo. En apariencia la primera obra médica dirigida contra la
masturbación apareció en 1710 y su autor fue un médico inglés llamado Becker,
quien publicó Onania, en clara alusión
bíblica (2). La idea de
que es un acto pecaminoso, contra natura,
comienza a transmitirse de generación en generación, hasta que en 1758 este
delito de confesionario pasa a ser aceptado por la medicina de la época. Un
médico suizo llamado Tissot se convierte
en su abanderado y llega a afirmar que la masturbación era
la más mortífera y siniestra de las prácticas sexuales. Como producto del
contubernio religión-medicina comienza a desplegarse, de allí en más, un amplio
catálogo de enfermedades. Tissot no
sólo le atribuyó a la masturbación en su propio tratado llamado Onanismo
y advertencia al público en general con respecto a su salud- ser la causa
de agotamiento, nerviosismo y locura, sino que llegó a sostener que al
daño físico y psíquico sobrevenía un daño moral con el castigo divino consiguiente
(2) (7). Allí también afirmaba que la pérdida de una onza de semen por vía masturbatoria era tan debilitante
como la pérdida de 40 onzas de sangre (2) . Para ese médico
y sus seguidores el onanismo producía:
A lo enumerado habría que agregarle las afirmaciones
de la mitología popular de que la práctica masturbatoria hace
aparecer pecas en la cara, pelos en
la palma de las manos, acné, descalcificación ósea, crecimiento de verrugas;
lleva a que se sequen los testículos, o se caiga el clítoris (en el caso de
las mujeres), o se reblandezca el cerebro (1). Un educador
alemán aconsejaba a sus colegas que enfrentaran ante un espejo a un adolescente
sorprendido en actitud masturbatoria y le dijeran : Ësta
es tu imagen de la muerte, el vicio te llevará a la tumba (2).
Con razón Michel Foucault postulaba
que el sexo del colegial llegó a
ser un problema público durante el siglo XVIII (8). Así
nace el concepto, en las ciencias médicas, de locura
masturbatoria, definida académicamente por el psiquiatra alemán Krafft-Ebbing
(1886), quien difundió la idea de que, en la base de ciertos cuadros psicóticos,
estaba la práctica masturbatoria (2).
La masturbación, definida como la autoestimulación genital a solas, responde
a una pulsión, a una necesidad de reconocimiento corporal o de satisfacción
del deseo a través de caricias en los genitales. No me refiero solamente a la
etapa puberal: también la vemos en los niños muy pequeños, que incluyen el hecho
de tocarse entre sus juegos más recurrentes.
Hay quienes piensan que esta actividad en los pequeños debería reprimirse, pero
el castigo del toqueteo o de la autoestimulación genital no tiene ninguna utilidad
ni resultado positivo: en la práctica no resulta. En este sentido podría citar
una infinidad de recursos aberrantes que se probaron con esa finalidad represiva:
-
Atarlos con sogas y cadena
-
Evitar camas mullidas y habitaciones
calefaccionadas
-
Quemarles las manos con ladrillos
calientes
-
Sujetar el pene con unos bragueros
o atarles campanillas
-
Cinturones de castidad
-
Jaulas con clavos, rodeando el
pene, que lastimaban al erectar
-
Operaciones mutilantes y castratorias
-
Clitoridectomía -extirpación del
clítoris- en la mujer
-
Cauterización de la médula dorsal
para desensibilizar los genitales (1) (3) (7)
Otros afirmaron que la eyaculación precoz es causada
por la masturbación pero no existe una relación lineal entre una y la otra.
A lo sumo podría decirse que muchos son eyaculadores precoces no por masturbarse
sino por masturbarse incorrectamente. Esto quiere decir que muchos varones,
cuando se autoestimulaban, lo hacían sin solución de continuidad hasta eyacular,
sin interrupciones ni demoras. Otros, en cambio, con intención de prolongar
sus sensaciones placenteras, interrumpían sus caricias o masajes cerca del momento
límite, preorgásmico, y luego volvían a comenzar, varias veces, hasta eyacular.
Los primeros responden al modelo masturbatorio del eyaculador precoz; los que
practicaron espontáneamente el parar y arrancar no tuvieron, en la mayor parte de los casos, ese
problema.
Un cambio de mentalidad
Recién a fines del siglo XIX comienza a producirse
un cambio de mentalidad y a considerarse que la masturbación no era causa, sino
que podía, en los casos compulsivos, ser consecuencia de disturbios mentales.
Entre 1911 y 1912, en la Sociedad Psicoanalítica de Viena, hubo un Simposio
sobre el onanismo. Allí, Freud habla de un retorno terapéutico del onanismo; en el mismo encuentro, Wilhelm Reich
llegará a decir que si un paciente
logra su primer orgasmo, por lo menos masturbatoriamente, es un logro en camino
hacia la mejoría. También sostenía que los padres intentaban suprimir
la sexualidad infantil para facilitar la sumisión de los hijos al poder de la
autoridad paterna (3) (9).
Los aportes del médico vienés se dieron a conocer con el nombre de Contribuciones
para un debate sobre el onanismo. En un párrafo Freud decía: También
puede hablarse de un retorno terapéutico del onanismo. Muchos de ustedes ya
habrán hecho, como yo, la experiencia de que es un libre progreso que el paciente
ose de nuevo practicar el onanismo en el curso del tratamiento (10).
Para hablar de cifras, en 1953, el Informe
Kinsey consigna que un 92% de los varones y un 63 % de las mujeres afirmaban
haberse masturbado alguna vez (11). Es interesante señalar que, en
nuevas encuestas (Informe Hite y otras)
esta diferencia entre los sexos tiende a reducirse cada vez más.
Como digresión literaria citaremos algunos escritores que en sus obras comienzan
a desdramatizar, cuando no a elogiar, esta práctica, como es en los casos del
norteamericano Henry Miller; la portuguesa Anaïs Nin; Phillip Roth que, en su
Lamento de Portnoy, describe con lujo
de detalles las prácticas onanistas del personaje; la obra de Charles Bukowsky
y Woody Allen (tanto en sus textos como en sus films); más cerca nuestro, Julio
Cortázar en su Libro de Manuel, nos
describe el caso de Lonstein, un cultor
del sexo a solas, que ha llegado a
perfeccionar la técnica requerida para disfrutarlo al máximo y nos propone un
auténtico Manual del onanista consumado
y feliz. O como en el caso de varios personajes de mi novela La
cara de Dios que viven atrapados en una constante dualidad: atemorizados
por el anatema religioso y la vigilancia familiar, tanto como tentados por los
deseos de conocerse sexual y genitalmente a través de la masturbación y de las
fantasías adolescentes. La lista sería larga e interminable mas deberíamos rendirle
tributo a nuestros geniales antecesores que se burlaron con talento y exquisitez
de los sectores conservadores y retardatarios: Bocaccio
y Aretino, Chaucer y Sterne, Petronio y Alphonse Donatien el divino marqués-,
el colega Rabelais y Voltaire, Vatsyáyána con su Kamasutra.
Puede ocurrir que la masturbación responda a causas no eróticas como estados
obsesivo-compulsivos o como forma de calmar momentos de angustia. Es aquella
que se hace sin placer, como un ritual, impulsivamente, o a la que se recurre
frente a una situación tensionante, a veces sin importar el lugar, el momento
o el entorno. Cualquier estado de angustia que provoque displacer, lleva a una
masturbación como manera de vivenciar, aunque efímera e ilusoriamente, una sensación
placentera pero no suele ser eficaz para resolver ningún conflicto. Si un chico
se estimula sus genitales es parte de su desarrollo psicosexual, pero si lo
hace en público, en la escuela o de una manera irrefrenable, no es que tenga
un problema causado por la masturbación sino que se masturba como consecuencia
de una dificultad a la que no encuentra solución. Otro sería el caso de aquellas
personas que se masturban de manera excluyente y no entablan relaciones con
ningún sexo. Podría encubrir personalidades esquizoides, introvertidas o fóbicas,
o aquellos con aversión sexual que temen el contacto con los otros y prefieren
refugiarse en un mundo de fantasías por temor a la realidad.
Es bastante común que las parejas practiquen juegos de estimulación manual-genital,
pero a esto yo no lo llamaría masturbación (que, sensu
estricto, significa estimulación sexual
por uno mismo, a solas) ya que es un juego erótico de estimulación compartida.
Una variante sería masturbarse mirando a la compañera; otra serían aquellos
que necesitan de la estimulación directa para poder concretar el acto sexual.
Por ejemplo, en los varones que han cruzado la barrera de los 50, puede ser
un recurso que utilicen ellos mismos frente a sus parejas.
En otro orden de cosas, hay eyaculadores precoces que la utilizan previamente
para hacer más prolongado el coito, pero es un pésimo recurso porque a medida
que pasan los años, el período refractario es más largo, la capacidad de recuperación
disminuye y conseguir una erección y, más aún, un segundo orgasmo, ya no resulta
tan sencillo como a los 20 o 30.
En los adolescentes se da con mayor frecuencia debido a la irrupción de un intenso
impulso sexual por la llegada de hormonas al torrente sanguíneo, lo que produce
una intensificación de la libido (energía
sexual). Los jóvenes pueden hacerlo una, dos o más veces al día, sin que
los afecte en nada, porque ese flujo hormonal les otorga una pulsión sexual
que necesitan canalizar y que su plena vitalidad permite sin consecuencias ulteriores.
Si bien es cierto que disminuyen la frecuencia masturbatoria cuando comienzan
a hacer el amor con las chicas, suelen coexistir ambas prácticas (1).
No todos los varones se masturban igual: si es con la mano, hay diferentes formas
de frotar el pene. Está quien utiliza toda su mano y aprieta fuerte el miembro
y aquel que sólo utiliza el dedo pulgar e índice a modo de anillo. Muchos, varones
o mujeres, no recurren a sus manos y se frotan contra el colchón o una almohada,
pero en algunos de estos casos donde se evidenció un rechazo a tocarse podíamos
ver, a posteriori, cuadros de eyaculación retardada o ausente y anorgasmias
o fobias sexuales. También ciertas personas se excitan adicionando un estímulo
anal o acariciando partes de su cuerpo, otras disfrutan frotándose con cremas,
viendo películas pornográficas o mirando fotos de desnudos.
En determinados casos podríamos detectar comportamientos patológicos, como aquellos
que se dan fuera de contexto. Si un individuo en vez de hacerlo en su intimidad
se masturba públicamente mirando parejas, es evidente que estaría encuadrado
en una parafilia -cuando se necesitan
de actos inusuales o extravagantes para lograr la excitación- : en este caso
son exhibicionistas o voyeuristas (es
interesante ver que es una parafilia detectable, casi de manera excluyente,
entre los varones). Otro rasgo que podría denotar cierta distorsión de la norma
es cuando se vuelve un modo exclusivo de obtener placer. Habría que revisar
en estos casos qué es lo que impide relacionarse sexualmente con otras personas
porque, evidentemente, algo no está funcionando adaptativamente en su estructura
psicológica, hecho frecuente en las aversiones y fobias sexuales.
La masturbación femenina ha sido más reprimida y censurada culturalmente que
la masculina. Si bien los varones, con o sin culpa, lo hacen, muchas mujeres
han inhibido tal posibilidad. Aunque algunas de ellas no reconocen una masturbación
directa, al interrogarlas recuerdan ciertos juegos que son evidentemente sucedáneos
de ella, como por ejemplo colocarse las manos o un almohada entre los muslos
o frotarse contra la cama o algún borde. Si bien hay mujeres que disfrutan de
su sexualidad sin haber pasado por la etapa de autoestimulación, observamos
con gran frecuencia, en aquellas que nos consultan por anorgasmia, que en sus
antecedentes sexuales no registran el haberse masturbado, lo que permite avizorar
una falta de permiso para explorarse y reconocerse genitalmente y esto frecuentemente
se liga con la dificultad de llegar al orgasmo (5).
De un tabú a un arma terapéutica
En Sexología hablamos de la posibilidad del empleo
de la autoestimulación con fines terapéuticos, siempre y cuando el paciente
lo acepte, para revertir casos de eyaculación precoz y retardada, anorgasmias
o disfunciones erectivas. Si bien excede los marcos de este trabajo una detallada
descripción del uso de la autoestimulación en el marco de las Terapias Sexuales
podemos decir que es un instrumento técnico de primer orden (como es el caso
de las técnicas de parada-arranque,
a realizar fuera de la consulta, o el método de Semans)
en programas de tratamientos para eyaculación precoz, anorgasmias, disfunción
eréctil (7) (12)y fobias sexuales del varón y la mujer. El objetivo
inicial consiste en la eliminación de tantos factores de inhibición como sea
posible ya que muchas veces la presencia de otra persona ejerce un efecto inhibidor
importante, hecho observable en las fobias sexuales. Se intenta reducir la ansiedad
y exigencias de rendimiento del paciente, dándole a través de técnias
conductuales, cognitivas o gestálticas- un cierto permiso
para lograr el orgasmo o la erección (7) (12). Tendría que destacar
que las Terapias Sexuales suelen ser de mayor efectividad cuando el tratamiento
se hace en conjunto con la pareja. En el caso del eyaculador precoz se intenta
que sepa reconocer las sensaciones preorgásmicas y detenerse a tiempo, cosa
de lo que no tiene un claro registro, para reeducar los tiempos internos del
individuo en aras de prepararse para sus encuentros sexuales posteriores (13).
Es dable observar que en muchos casos de eyaculación retardada o de aneyaculación
se detecta amén de denotar una cierta estructura obsesiva y controladora
de las emociones-, que este tipo de pacientes no se han tocado los genitales
ni se masturbaron, salvo por frotamiento en la cama, sin intervención de las
manos y de una manera ritualista. En estos casos, en los inicios de la terapia,
se intenta que logren autoestimularse tocándose los genitales y que puedan eyacular
en algunos por primera vez en su vida- por vía masturbatoria.
Algo similar ocurre con las mujeres anorgásmicas: hay una cierta correlación
entre su dificultad y la represión de experiencias masturbatorias, incluso en
su adolescencia (5) (12). Es bastante común observar que en las anorgasmias
primarias se nota una ausencia de historia de autoestimulación (incluso muchas
veces refieren que ni se han mirado sus genitales: hecho común en las fobias
a la penetración, el vaginismo y el matrimonio no consumado).
Por último quisiera señalar que la autoestimulación junto al estímulo visual
fue utilizada, en varones con disfunción eréctil de variadas etiologías, en
algunos trabajos de investigación con el citrato de sildenafil -inhibidor selectivo
de la fosfodiesterasa V- y en estudios abiertos, naturalísticos, en pruebas
de seguridad y eficacia con este efectivo y novedoso fármaco (14) (15)
(16) (17) (18) (19) (20).
Conclusiones
La masturbación puede acompañar a varones y mujeres
hasta sus últimos días y ser un elemento terapéutico en el abordaje de las disfunciones
sexuales. Insisto en la idea de que se trata de una práctica íntima, privada,
que puede asociarse o no con la relación que se tenga con los otros. Es una
manera de mantener activo el erotismo y muchas personas recurren a la autoestimulación
en momentos donde no pueden, por circunstancias especiales, tener relaciones
sexuales con sus compañeros; por insatisfacción; por soledad o como una variante
más en el infinito marco de posibilidades que permite el encuentro amoroso.
La Sexología moderna no afirma que hay
que masturbarse de manera obligada ni que el que no lo hace es un reprimido como tampoco creo que la masturbación deba ser realizada,
aconsejada y hasta tecnificada terapéuticamente de una manera generalizada y
unívoca. Las creencias religiosas
y los valores (concepto axiológico) tienen vigor y, por otro lado, muchas personas
no necesitan hacerlo porque se encuentran sexualmente satisfechas. Pero también
es cierto que se debiera aceptar que, aquel que lo desee, por insatisfacción,
necesidad o alternativa, pueda masturbarse sin culpa, censura, castigos ni temores
(7).
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varones que saben amar, Editorial Galerna, Bs. As., 1997
2-
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64 pacientes con Disfunción Eréctil de diversas etiologías. Presentación
en Mesa Redonda en Congreso de APSA, Mar del Plata, abril de 1999
Dr.
Adrián Sapetti.
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