Matrimonios no consumados* Una mirada desde el género
 

Este trabajo fue publicado en “El malestar en la diversidad: Salud mental y género
Ana María Daskal, editora Isis Internacional, Ediciones de las mujeres N° 29, 2000

"Eros y Psique", Luther GerlachLa Sexología es una disciplina que se ocupa de cualquier temática relacionada con la Sexualidad Humana. Los consultantes concurren ante la aparición, permanencia o agudeza de un dolor psíquico, a veces exclusivamente orgánico, relacionado con su vida sexual.
El ejercicio concreto de la sexualidad de varones y mujeres se encuentra indisolublemente ligado a los modos sociales, o sea genéricos, de ser varones y mujeres. Tanto es así, que resultaría imposible diferenciar uno de otro. El psicoanalista Jean Laplanche tiene una maravillosa frase para explicarlo, dice: “lo adquirido es anterior a lo innato” [1] , queriendo resaltar que cuando un pequeño ser humano nace, ya existe una sociedad que lo espera y a la cual él o ella se incorpora.

Aún en los espacios que suponemos más privados o íntimos como el de la sexualidad, existe una especie de guión previo, una puesta en escena de lo que deberíamos hacer, sentir o pensar mujeres y varones. El arduo trabajo entre someterse, coincidir, desafiar o transformar ese guión nos incluye a todos los mortales.

Esta presentación tiene como objetivo familiarizar a los colegas de la salud, y no solamente a los sexólogos, con el tema. El material excluirá etiología, diagnóstico de estructura y cuadro psicopatológico, orientándose fundamentalmente hacia la lectura fenoménica.

Como especialista en “Matrimonios no consumados” desde hace diez y seis años, considero conveniente realizar algunas aclaraciones:
- Nos encontramos con uno de los cuadros sexológicos más complejos para tratar, y más ignorados por legos y científicos; cuadro por cierto paradigmático, ya que puede llegar a incluir, en su sintomatología específica -la imposibilidad coital- una serie de otros cuadros de complejidad variable.
-
No representa -de ninguna manera- un cuadro nuevo, sino que su visibilidad se hace notoria en coincidencia con la paulatina aceptación,  en ciertas capas de la sociedad,  de una disciplina sí bastante nueva que es la Sexología Clínica.
- Por último, resulta importante diferenciarlo de otro cuadro aparentemente similar: las parejas  que carecen en forma absoluta de intercambio sexual, sea por desgaste del vínculo erótico, -cuando lo hubo- como por desinterés, -aún desde el inicio mismo de la relación-.

"MATRIMONIOS NO CONSUMADOS"

(Partiré de algunos conceptos que ya fueron vertidos por mí en un artículo anterior “Matrimonios no Consumados”de la revista de la S.A.S.H. -Sociedad Argentina de Sexualidad Humana- de noviembre de 1990, año 4, Nº 1)

Recibe el nombre de "Matrimonio no consumado" aquél en el que no se ha realizado nunca el coito vaginal, (algunos matrimonios mantienen regularmente prácticas de coito anal).
El término más preciso es el de "parejas no consumadas" ya que este cuadro se presenta también en novios; incluso hay autores que lo llaman "noviazgo no consumado".
Consiste en un impedimento coital repetitivo e imposible de modificar por voluntad de los cónyuges. Tan difícil es de modificar por la propia voluntad, que a veces concurren a la consulta después de años de intentos (han llegado a mi consultorio, parejas de hasta treinta años de casados sin consumación).
Para considerarlo como no consumado (desde la perspectiva sexológica) se ha fijado arbitrariamente un lapso de seis meses a partir del comienzo de relaciones sexuales con intención de coito, con una frecuencia de por lo menos una vez al mes.
Quienes no estén familiarizados con estas parejas se sorprenderán al enterarse de que, en muchísimas, su vínculo sexual es óptimo, en el sentido de que se desean, excitan, orgasman y todo ello con alto compromiso emocional, percibiéndose entre ambos, por lo general, una fuerte ligazón afectiva.
Dichas parejas mantienen relaciones sexuales, pero sin coito. Para ser más claros: entendemos por relación sexual "aquella comunicación sexoafectiva en que pueden coexistir una cantidad de acciones como besos, caricias, penetraciones, succiones, frotamientos, con o sin orgasmo o,  producirse sólo algunas de ellas" (definición personal). Esta definición reconsidera el uso corriente (tanto coloquial como científico) otorgado al concepto de “relación sexual”, utilizado invariablemente como sinónimo exclusivo de cópula. Es sabido que todas las sociedades han sido y son coitocéntricas, y que, mayoritariamente, los humanos nos hemos reproducido sexualmente (hasta la creación de las técnicas de fertilización asistida) en un cuerpo a cuerpo. El valor emblemático del coito funciona en las subjetividades como objetivo a conseguir, y como garantía de salud sexual si ya fue conseguido. Cuando los matrimonios no consumados consultan, se sienten excluidos de la comunidad de “normales” y luchan denodadamente por ser incluidos. Esa lucha, al interior de la pareja, es algo que, curiosamente, sólo sabe la pareja misma, el terapeuta y, muy excepcionalmente, alguien más. Así se produce, como efecto del acallamiento para hablar, un Pacto de Silencio que suele ser sumamente prolongado. Aparece espontáneamente al principio, pero voluntariamente después, quedando instalado un desgastante y agotador silencio.

Es interesante corroborar, que muchos de estos consultantes, una vez obtenido el éxito terapéutico, pueden interrumpir la actividad coital que con tanto esfuerzo lograron conseguir. A veces queda destinada, y en exclusividad, a la búsqueda reproductiva. En este sentido habrían logrado dos “certificados de salud”: el coito y el hijo.

Acerca de la forma del nombrar

El término “matrimonio no consumado” deviene del campo religioso (es una de las pocas causas de disolución del vínculo matrimonial aceptada por la Iglesia Católica) y del jurídico; ambos privilegian el objetivo copulativo-procreador de la pareja heterosexual.
Evidentemente la expresión "no consumado" (en relación a la ausencia coital) lejos de ser "neutralmente" descriptiva, es peyorativa: alude a lo inacabado e incompleto. Muestra, en lo sexual, algo faltante presentado como una falla, como una incorrección. Por lo que presupone, en su definición, desde una indiscutible lectura ideológica, que un matrimonio sólo será entendido como completo, acabado, “consumado”, si mantiene relaciones copulativas. Aspirando a un nombre con menor carga semántica, ya hace muchos años decidí acercar otro término: imposibilidad coital.

Hijos como resultado de los Estereotipos de Género.

Las prácticas sexuales concretas pertenecen al espacio privado de las personas. Una de las prácticas sexuales, el coito, se ha trasvasado al espacio público por sus efectos visibles: los hijos.
En la mayoría de los casos, si no en todos, el motivo de consulta principal para modificar la no consumación, es la búsqueda de un hijo.
La ausencia de hijos biológicos pondría en evidencia, para estas parejas, la ausencia de cópula. Falta doble para ambos miembros, ya que desde los respectivos estereotipos genéricos, la mujer no daría cuenta de maternidad (prueba de que no es mujer), y el varón evidenciaría insuficiencia en la potencia viril (prueba de que no es hombre).
Ese no "ser" mujer ni varón trasciende ampliamente las fronteras de las prácticas sexuales, y socava en profundidad la identidad vital. Es por eso que, ante la escena pública, prefieren incluso presentarse como una pareja infértil: la infertilidad correspondería, para ellos, al orden de lo biológico, de lo médico, de la situación "física" imponderable a la que resulta más fácil resignarse y más tolerable reconocerse: del "estar" y no del "ser".
No es exagerado inferir también, que el pacto de silencio funcione entre ambos, como elemento protector ante vivencias de ataque a las identidades vitales.
La frecuente mentira de infertilidad, a la que llegan a recurrir una vez transcurridos, por lo menos, los primeros cinco años, les permite socializar (compartir con alguien más que con ellos mismos) una situación vivida como  excepcional y dolorosa, al mismo tiempo.
Las mujeres tienen -además- un secreto particular: el vaginismo les impide utilizar tampones durante sus menstruaciones, por lo que se ven obligadas a falsear respuestas para no ser descubiertas. Situaciones como estar en una playa o piscina usando un traje de baño, pueden llegar convertirse en verdaderas pesadillas. Por eso, uno de los primeros objetivos del tratamiento se orienta a su resolución. En este sentido, el tampón -por lo menos en mujeres de clase media y alta- resulta un diploma en sí mismo (modificación parcial del síntoma de vaginismo) y un “escalafón” que las acerca al resto de las mujeres.

Prácticas sexuales y Estereotipos de Género

En relación al ejercicio concreto de la sexualidad, existe una máxima normativizante que sostiene: “nada verdaderamente sexual puede ocurrir por fuera de la penetración vaginal”. Esto significa que no “debería” haber goce de la mujer que no provenga de un varón penetrándola vaginalmente, como tampoco “debería” existir goce de un varón que no penetrara vaginalmente a una mujer.
Cualquier otro tipo de práctica sexual: oral, anal, masturbatoria o con manipulación genital recíproca, constituyen, para el prejuicio estereotipante la categoría de “juegos previos”. Considerando “previo” a comportamientos con rango devaluado si no se orientan obligatoriamente a lo verdaderamente sexual: el coito vaginal.
En los albores de la humanidad, las hembras humanas, evidenciaban su período de celo, como otras tantas hembras mamíferas no humanas: en determinadas épocas o bajo ciertos períodos estacionales. Los machos dominantes las poseían sexualmente en una posición coital idéntica a la de la mayoría de los mamíferos: montándolas vaginalmente desde atrás en la postura conocida como a tergo. Estos y otros hechos son relatados en la película “La guerra del fuego” de J. J. Annaud. Pero hay uno, que para éste trabajo resulta de significativa importancia. Podríamos pensarlo, en lo sexual, como un acto fundacional de humanización que incluye la despedida de lo instintivo. Allí se muestra una escena profundamente conmovedora: dos humanos, un macho y una hembra inauguran un acoplamiento frente a frente, en el que se observan expresiones del rostro y la mirada dirigidas recíprocamente.
En ese sentido los Matrimonios no Consumados, recrean de manera inversa aquello descripto en los orígenes más remotos de la humanidad. La reciprocidad afectiva es lo existente y lo ausente es el coito vaginal. Los abrazos, los besos, los frotamientos, las caricias, las penetraciones digitales, las no vaginales, eso es, justamente lo paragenital: cualquier intercambio sexual  no reproductivo (adhiero a la propuesta de Jean Laplanche utilizando el término paragenital, y no el pregenital). Lo pregenital alude tanto a lo evolutivo cronológico [como un ascenso progresivo hacia la vida adulta], como a maniobras “preparatorias” y necesariamente previas de lo verdaderamente importante: el coito vaginal.)
Más allá de que algunas de estas parejas consultantes presenten un escaso repertorio de los recursos sexuales, en el sentido de qué hacer y, sobre todo, cómo; la mayoría ha generado, creado y mantenido modalidades altamente placenteras. 

Si bien el cuadro sexológico es el mismo en todas las parejas (imposibilidad coital vaginal), no lo son las estructuras psicopatológicas de los sujetos intervinientes, por lo que la modalidad resolutiva y el efecto de trauma, si es que lo hubo, corre por los caminos de la singularidad.

Intentaré responder a interrogantes genéricos frecuentes.

-¿Existe alguna relación entre dichos síntomas y los condicionantes genéricos de mujeres y varones?

En relación con mi casuística, sostengo que, en la gran mayoría de los casos el síntoma no es un desafío al mandato coital. Todo lo contrario. La imposibilidad los excluye de la cultura. La lucha de estas parejas se orienta, justamente, a ser incluidos. Sin embargo, existe un dato revelador en muchos de aquellos matrimonios que, con una resolución exitosa, han tenido seguimiento terapéutico: abandonan la actividad coital vaginal y prosiguen exclusivamente con prácticas paragenitales. Sólo en esas parejas podríamos pensar en un desafío a los estereotipos genéricos de la cultura en que viven. El coito es evitado no porque no pueden si no porque no quieren.

-¿Qué dicen estas personas con el cuerpo que no dicen con palabras?

El Psicoanálisis ha rescatado de las telarañas de la época victoriana, la importancia de la expresión de la sexualidad en las distintas etapas de la vida, sobre todo de la vida adulta. Comportamientos adultos y genitalidad son considerados prácticamente sinónimos, así como comportamientos pregenitales (en el sentido psicoanalítico antes descripto) no son considerados adultos. Los descubrimientos psicoanalíticos, y su amplia divulgación entraron en la categoría de saberes, tanto en su carácter de conocimientos populares como de prescripciones.

Los saberes operan como ordenadores vitales en una doble significación: como organizadores y como mandatos. Los saberes son efecto del contexto del cual surgen y de la época que atraviesan. Actualmente, en casi cualquier estamento de la sociedad (incluyendo, desde ya, el universo de la salud), se considera un bien saludable la práctica activa de la vida sexual, y de la genital en particular. Por el contrario, su ausencia denotaría patología.

Los cuerpos de estas personas, involuntariamente, interrogan esos saberes tan extendidos. Si no fuera por el cuestionamiento epocal de si pertenecen o no a la categoría de los “normales”, muchos de ellos estarían satisfechos con su devenir. Son la evidencia de la singularidad de las impresiones, vivencias y conductas humanas.

Actualmente, el movimiento psicoanalítico es sumamente amplio. Una de sus líneas viene incorporando hace mucho los conceptos devenidos de los Estudios de Género. Algunas de sus ideas como las formas esperadas de ser mujer o varón en la sociedad, tanto como los lugares sexuales fijos, son revisados de forma constante. La llamada pasivización femenina y la actividad masculina son interrogadas, antes que aceptadas. Un posible ejemplo de esto, en los Matrimonios no Consumados, daría cuenta de una mujer que decide -activamente- con su síntoma impotentizar coitalmente a un varón con pene erecto, y, por lo tanto, a la cultura que sostiene que eso es imposible. En el caso del varón mostraría como errónea la creencia universal de que un “hombre” puede con cualquier mujer.

-¿Qué les pasa a los hombres con las vaginas de las mujeres?

Existen estereotipos sexuales muy extendidos: el varón tiene status de experto. Esto le vendría “innatamente” y se debiera cumplir de manera inexorable mas allá de que un varón particular careciera de experiencia. Él sería tanto un conocedor de sí mismo como de los despertadores de la excitabilidad de ella. En la mujer, el estereotipo la lleva a compartir con el varón la misma creencia: ignora todo acerca de sí misma y, por supuesto, de cualquier hombre, y necesitará ser instruida. Sólo podrá despertar al conocimiento sexual en manos del varón experto.
La realidad es otra. Y muy especialmente en este cuadro. Ni varones ni mujeres conocen en demasía acerca de las respuestas de su propio cuerpo y del otro, y ambos presentan una inmensa ignorancia acerca de los genitales de la mujer. Desde el estereotipo habría coincidencia en lo esperable en ellas. Pero disidencia respecto a ellos. La vulva (genitales externos que incluyen el clítoris) y la vagina representan un enigma. Y mucho mas enigma cuando la oclusión vaginal los “deja fuera”, tanto del cuerpo femenino como de su condición de expertos.
Algunos de estos hombres necesitan comprobar su capacidad penetrativa con otras mujeres; esto suele suceder incluso durante el decurso mismo del tratamiento y, sobre todo, en aquellos que han tenido experiencias sexuales previas a este matrimonio. Estas comprobaciones les sirven de “tester”. Si mantuvieron coito vaginal en relaciones extraconyugales, el rango de experto y sano queda inmaculado y “el problema es de ella”.
De cualquier manera este nuevo diploma de virilidad no les alcanza. Si la máxima estereotipante reza que un varón que se precie “puede” con cualquier mujer, aquí encontrará un desafío.
Un dato curioso. En mi experiencia terapéutica personal atendí cuatro o cinco parejas de novios con esta problemática. Una vez resuelto el síntoma, todas se disolvieron.
A los varones que practican coito anal con sus mujeres, pero no vaginal se les presentan por lo menos dos cuestiones: por un lado, la presión y fricción ejercida sobre el pene a través del esfínter anal es mayor que la de vagina, lo que les produce una amplia satisfacción física; pero que esta modalidad sea exclusiva, y que el coito vaginal sea imposible les cuestiona el sentimiento heterosexual.

-¿Cómo se relaciona este hecho con el que la mayoría de la mujeres no tienen orgasmo durante la penetración y que sin embargo es muy poco divulgado y del que las mismas mujeres hablan poco?

Si el estereotipo enuncia que las mujeres son inexpertas e ignorantes en materia sexual, y deben ser instruidas por un docente varón; y si además -en realidad- ese docente de lo único que puede dar cuenta es de sus propios placeres, la respuesta es simple. Ella deberá disfrutar exactamente allí, donde él goza, y si no lo hace correrá el riesgo de ser abandonada. Podrá apelar al fingimiento para retener al hombre, evitar la soledad, y el mote de “enferma”. Son notables las argucias del poder, cuando se lo cree tener o se lo tiene. Una frase sumamente común, que estos varones emiten a las mujeres que no orgasman al ser penetradas es, “nunca me pasó algo así, vos sos la única”.

Explicaré un poco de fisiología.

Los mismos elementos embriológicos intervinientes en la gestación constituirán, más adelante, tanto pene como clítoris: cabeza o glande, prepucio y cuerpo peneano (en los varones), y cabeza clitoral, capuchón y cuerpo del clítoris (en las mujeres).

El llenado sanguíneo en la pelvis, como efecto de la excitación sexual, será diferente en machos y hembras humanas. Mil cm. cúbicos de sangre por minuto se precisarán para erectar exclusivamente al pene. De cuatro a cinco mil, son necesarios para llenar clítoris en su totalidad, además de labios y vagina. Cuando esto ocurre de manera completa, la excitación femenina se evidencia por una abundante lubricación vaginal, y una pequeña erectabilidad clitoral de su cabeza. En el varón, el pene excitado abandona su estado de flaccidez hasta erectarse casi perpendicular al cuerpo. En la mujer existen ramificaciones clitorales en vagina. Estas se encuentran en el tercio externo y, si imaginamos el introito vaginal como un reloj, próximas a la hora 12. Para desencadenar orgasmo en la mujer siempre es necesario que exista algun tipo de estimulación clitoral adecuada, sea ésta por frotamiento genital externo (en más del 90% de los casos) propio o ajeno, como por una mantenida fricción en la entrada vaginal (siempre que existiera una lubricación suficiente).

En varones y mujeres los desencadenantes de la excitación y orgasmo son dos: frotamiento y humedad.

Científicamente ha sido demostrado (por las investigaciones de Masters y Johnson, entre 1954 y 1964, publicadas en el libro “La Respuesta Sexual Humana”) que el clítoris es el principal generador del orgasmo femenino.

La creencia errónea de considerar a la vagina como único canal erótico adulto tuvo que ser desplazada. Su lugar se acotó a canal reproductivo, o posible albergue de pene, o lugar de acceso al interior del propio cuerpo. Esto no invalida la necesidad de la mayoría de las mujeres a desear ser penetradas por su compañero y a disfrutar con ello. Porque poseer dentro del propio cuerpo, el cuerpo del ser amado y/o deseado representa una fundamental involucración afectiva. A esto se añade que en algunas pocas mujeres coinciden penetración y orgasmo. Existen ciertas maniobras técnicas para facilitarlo que, de cualquier manera, no son garantía de éxito. Se orientan 1°) a la fricción simultánea del cuerpo clitoral (ubicado por sobre la zona de la sínfisis pubiana), 2°) a la penetración en tercio externo-fundamentalmente-, y 3°) a que el movimiento de ingreso y egreso peneano movilice los labios internos y, que a través de éstos, el capuchón –indirectamente- estimule la cabeza del clítoris. Conocer y ejercitar estas maniobras, necesitan de la vocación amorosa del varón, dentro de la pareja.
La vieja creencia de los dos orgasmos en la mujer: uno bueno (el vaginal) y otro malo o infantil (el clitoral), servía a los fines de evitar atenciones “excesivas” hacia “ellas” (sentimentalizando el ejercicio de la sexualidad) y de continuar manteniendo el argumento patriarcal, en los varones, de que el sexo es pura diversión y/o descarga biológica.
Por otra parte, considerar como esperable o natural que un varón se masturbe, por lo menos durante la niñez y adolescencia; mientras que en la mujer la misma actividad podría representar un signo de sospecha, impidió que la mayoría de éstas tuvieran conocimiento seguro de los resortes necesarios para despertarles orgasmo.
En los Matrimonios no Consumados, nos encontramos -repito- con parejas que se desean, excitan y orgasman, sin penetración.
Su sexualidad pareciera estar centrada exclusivamente en el ejercicio del placer. La condena social cuestiona justamente esto, el placer por el placer mismo. En éste sentido, habría coincidencia con las prácticas de parejas homosexuales: si hay sexo, sólo es llevado a cabo por placer sin el objetivo reproductivo y el cumplimiento coital obligatorio. Esto significa que si en éstas mujeres sus orgasmos se consiguen por estimulación clitoral externa (digital, oral, o por frotamiento corporal) se equipararían –desde la óptica condenatoria- a las mujeres lesbianas que no necesitarían pene. Por otra parte, si los varones obtienen placer excitatorio y eyaculación por frotamiento corporal o penetración oral o anal, se equipararían, desde esa óptica, a aquellos con prácticas homosexuales.
Lo contextual lejos de formar parte de lo “ajeno” queda incorporado como cuestionamiento propio. Cuando los integrantes de un Matrimonio no Consumado consultan, tienen dudas acerca de casi todo lo relacionado con la “normalidad”. Por eso el primer objetivo del tratamiento radica en la inmediata resolución sintomal, recién luego podrán ser trabajadas aquellas cuestiones que lo constituyeron.

- ¿Qué porcentaje de Matrimonios no Consumados existe en la población?.

Imposible saberlo ya que resulta, todavía, una demanda vergonzante. (Si bien la vergüenza es común a cualquier dificultad sexual, es mayor en este cuadro) Si algún medio masivo importante me entrevista, un caudal enorme de consultantes acude a verme. Lo usual es la consulta médica, en primera instancia, que se realiza yendo al ginecólogo, las mujeres; o al urólogo, los varones. Es común que ante la dificultad para remitir el síntoma, sean estos mismos profesionales los que indican derivación a psicoterapia o psicoanálisis. En mi casuística, la mayoría de los pacientes habían atravesado largos años de psicoanálisis sin modificación sintomática. Actualmente, muchos de los consultantes que recibo son derivados por colegas que conocen esta especialidad.
(A principio de los años ochenta, cuando comencé a dedicarme al estudio de la Sexualidad Humana, los primeros temas que interrogaban a la comunidad y que eran difundidos por cuanto medio gráfico, radial y televisivo hubiere, se orientaban al orgasmo en la mujer, la eyaculación precoz, en el varón, y la masturbación en ambos géneros. Gracias a la insistente divulgación, a través de los medios, de los aportes sexológicos, el silencio de años fue desapareciendo poco a poco. El mutismo aún permanece en un cuadro como el que estoy describiendo en este artículo.)

-¿Cuáles son los posibles significados para varones y mujeres en relación a los rechazos y ambivalencias al coito y la relación de esto con las vivencias de “anormalidad”?

Si aceptamos que vivimos en una sociedad coitocéntrica, la mayoría de las personas considera un imperativo el poder tener coito y, además, deber disfrutar con ello. Clinicamente encontré pocas parejas heterosexuales, sin ningún tipo de dificultad coital, que eligen prácticas paragenitales exclusivas, por el mero disfrute. Sin embargo es sumamente frecuente la ausencia absoluta de todo intercambio corporal en muchos matrimonios, donde incluso suele haber descendencia, de uno o varios vástagos. La fachada oficial disimula la verdad del lecho.
Esta realidad, sumada a la situación de que muchos ex Matrimonios no Consumados, reservan el coito para la búsqueda reproductiva, debiera hacernos reflexionar sobre los alcances genuinos del mandato coitocéntrico.

- ¿Presenta mi manera de intervenir alguna particularidad para ayudar a la pareja a cuestionarse las creencias, mandatos, etc relacionados con el género de cada uno, y a poner en evidencia la relación que existe entre esto y su síntoma?

Sobre todo en los inicios del tratamiento, tengo una modalidad sumamente intervencionista. En general, estos pacientes han atravesado otros tratamientos anteriores sin éxito, por lo que su nivel de escepticismo es alto. Por eso, mi primer objetivo es resolver el síntoma y, al mismo tiempo, prestigiar la actividad sexual afectivo/comunicativa en general, que ellos sí mantienen por sobre sólo una de sus formas posibles, todavía inexistente: la coital vaginal. Apuesta también a reconsiderar las modalidades de intercambio corporal como valiosas en sí mismas y resultantes de la singularidad del vínculo.

Cuando el coito vaginal ya es un hecho, recomiendo continuar manteniendo también las prácticas anteriores. El coito se incorpora a ellas, pero sugiero que no las sustituya.

Una vez resuelto el tema de la no consumación, doy por finalizado el tratamiento. Propongo las entrevistas de seguimiento, sólo para monitorear si reapareció alguna dificultad o se generó una nueva. Esto lleva varios meses con entrevistas muy espaciadas. El objetivo es aliviar la carga de tensión ante eternos tratamientos, permitir a la pareja que ensaye esta nueva modalidad de vínculo sexual, y quitar presencia a la figura terapéutica que funcionó como una especie de tercero incluido.

En general, al tiempo, la pareja vuelve al tratamiento para revisar éstas y otras cosas de su conyugalidad. Ese es el momento para trabajar creencias y mandatos genéricos.

Tipos de parejas

Un gran número de consultantes relatan pertenecer a una “pareja de crianza”, vínculo iniciado en la adolescencia  (y aún antes) y mantenido sin interrupción. Los integrantes de la pareja interingresan a un círculo endogámico, como si ambos pertenecieran a una misma familia. El contrato matrimonial, con sus derechos y obligaciones, parece haber sido realizado en la precocidad de la infancia, con las consiguientes responsabilidades adultas.
Existen otro tipo de parejas que se asemejan a la anterior. Son las “parejas de vírgenes”. Pertenecen a edades más avanzadas que las de crianza -rondan la mitad de la treintena-. Existe un profundo desconocimiento de técnicas mínimas relacionadas con la actividad sexual; frecuentemente practican masturbaciones compartidas o caricias genitales recíprocas.
Un tercer tipo de pareja es el siguiente: mantienen juegos sexuales intensamente ricos y coito anal.

Sintomatología sexual específica

Exceptuando patología orgánica por causas genitales (malformaciones, volumen insuficiente, cicatrices),  o extragenitales  (caquexia, endocrinopatías, neuropatías, anquilosis de cadera en posición invalidante, o lesiones por accidentes)  la imposibilidad coital puede producirse desde la óptica sexológica por distintos factores:

- en los varones: una eyaculación ultra precoz "ante portas" y excepcionalmente previa a todo contacto genital, y/o una dificultad erectiva total o parcial que impide la penetración,

- en las mujeres : un vaginismo (total, parcial o selectivo).

En cualquiera de los dos o en ambos puede instalarse una fobia severa al contacto y una gran desinformación o confusión de la anatomía genital general, y femenina, fundamentalmente.
Este último punto merece un capítulo aparte; algunos de sus punteos serán expuestos más adelante cuando desarrollemos cómo se construye la vivencia de interioridad de la vagina.
La obsesión por lograr la cópula y su impedimento constante, producen, casi invariablemente, una paulatina pérdida de interés más conocida como disfunción del deseo.
Estos factores constituyen, en sí mismos, cuadros con características y tratamientos específicos. Consideremos que a veces una imposibilidad coital debe ser abordada atendiendo en simultaneidad los distintos cuadros; condición delicada por haberse constituído un circuito de potenciación de los mismos. Sin embargo la consulta más frecuente es por vaginismo.

La mujer y su vagina

Como otros orificios del cuerpo, la vagina en la mujer es un canal que comunica el interior con el exterior. La mayoría de los textos que han indagado sobre los usos sociales del cuerpo señalan que el horror a la visión del interior del cuerpo parece ser universal. El origen de muchos elegantes hábitos sociales tiene que ver con esta aprensión. Los manuales de cortesía y buenos modales enseñan a taparse la boca cuando se tose, a cerrarla cuando se come, a las mujeres a mantener las piernas cruzadas. Probablemente éstas y otras costumbres tengan como denominador común el ocultamiento de lo orificial. (Observemos que tanto la atracción como el rechazo ante la visión de material  pornográfico -que redunda en la exhibición de todos los orificios- probablemente se deban a este mismo fenómeno. En algunas culturas la ornamentación practicada sobre las aberturas del cuerpo, con amuletos y otros objetos mágicos, tiene como objetivo protegerse de los espíritus maléficos que pudieran ingresar por boca, nariz, orejas, etc.)

Un dato clínico importantísimo reside en la ausencia total de autoexploración vaginal de estas mujeres a lo largo de toda su vida.

Sabemos que la calidad de las experiencias sensoriales durante el momento del baño de las niñas, y particularmente durante el lavado de los genitales, constituye un antecedente fundacional importante en la satisfacción sexual futura. Tanto la mano adulta que higieniza la vulva, como el movimiento y temperatura del agua misma, inauguran las primeras vivencias en relación a su vagina. Ciertas posturas psicológicas plantean que el autoconocimiento de la vagina como cavidad, recién se despierta después de la pubertad, cuando se iniciarían  las relaciones sexuales con penetración. Sin embargo, muchas evidencias pediátricas, como el jugueteo con el chupete, otros objetos y los propios dedos en el introito vaginal, muestran lo contrario.

El vaginismo

El vaginismo consiste en un espasmo involuntario recurrente y persistente de la musculatura del tercio externo de la vagina y de los músculos del periné, que impiden todo intento de penetración debido a un dolor punzante.
Existen distintos grados de vaginismo y también diferentes "calidades", esto significa que puede haber accesibilidad ante la introducción digital pero no ante la peneana.
Con mucha frecuencia, la revisación ginecológica es irrealizable a causa de los insoportables dolores, por lo que a veces los profesionales recurren a la anestesia.
El vaginismo como síntoma se evidencia, a nivel somático,  como una contracción involuntaria de los músculos perivaginales que impiden la penetración, y a nivel psicológico como una fobia a la misma, constituyéndose un circuito cerrado en donde una de las partes es condición de la otra.
El vaginismo es el síntoma más recurrente por el que consultan estas parejas.

Tratamientos de los Matrimonios no consumados

De una u otra manera, todos los profesionales de la salud  (y, en general, los pacientes que nos consultan) estamos familiarizados con el discurso psicoanalítico, sea por su teoría o su terapéutica. Muy pocos en cambio, con el discurso sexológico.
Cuando los pacientes concurren a la consulta sexológica, en general ya han realizado tratamientos médicos y psicológicos de distinto tipo y extensiones variables (hasta doce o quince años en mi casuística).
Si los síntomas son eyaculación ultra precoz o dificultad erectiva, los varones, en general consultan, en primera instancia, a un urólogo. Si el síntoma es el vaginismo, las mujeres recurren, antes que nada,  a ginecólogos. Se produce una especie de equivalencia de "zona" que orienta las consultas, así pene= urólogo, vagina= ginecóloga.
Cuando los colegas del campo médico constatan la ausencia de organicidad como etiología,  y sus prescripciones resultan insuficientes para este cuadro, es necesario el accionar de un especialista en sexualidad humana.
Bienintencionados colegas del campo “psi” han trabajado arduamente y ayudado a que el paciente resuelva una gran cantidad de conflictos, pero muchas veces sin eficacia sintomática en este cuadro. Es imprescindible que un síntoma de tan larga data remita definitivamente, para, recién con posterioridad, laborar terapéuticamente sobre los obstáculos que impidieron la genitalidad coital de los pacientes.

Duración del tratamiento sexológico

Mi enfoque se diferencia de ciertos abordajes terapéuticos  consistentes en “una única vez” de ocho a diez horas, llevado a cabo por un equipo interdisciplinario de  profesionales. Las razones son las siguientes: creo necesaria la generación de un sentimiento de confianza creciente, que incluya esta nueva historia  (la del tratamiento) en la historia hasta el momento de la consulta; sabemos del respeto con el que debemos atender la fijeza de un síntoma (o de un grupo de síntomas) de tan larga data; los avances y retrocesos que cualquier tratamiento conlleva, permiten a los pacientes elaborar el duelo del vínculo sexual del que se estarían despidiendo. No contemplar la singularidad de los tiempos subjetivos, y producir un cambio en tan breve lapso, puede ser una forma de violencia simbólica al descuidar los aspectos no sexuales de la salud de nuestros pacientes. Es nuestra responsabilidad profesional anticiparse a un posible derrumbe o eventualidad de un brote, y, desde ya,  debe ser tanto o más importante que el virtual acceso a la cópula.
Con más de siete decenas de tratamientos realizados - entre 1984 y 2000- actualmente planteo una duración que oscila entre quince y treinta sesiones; si bien excepcionalmente algunos de los mismos se resuelven en no más de cuatro entrevistas.
Con posterioridad a la remisión del síntoma, realizo entrevistas de control mensual o bimensual, durante un año.

Palabras finales

Es usual encontrarme con quienes se sorprenden u horrorizan ante la existencia de los “Matrimonios no Consumados”. Y no me refiero sólo al público en general, si no a profesionales de la salud de distintas especialidades. El comentario más frecuente es: “¡No puede ser que exista algo así en ésta época!”. El subtexto sería: “en los tiempos de la libertad sexual la gente no debería poseer dificultades con su sexualidad (entendiendo por toda sexualidad -¿es necesario volver a repetirlo?-el coito vaginal)”. La situación es tan absurda como afirmar que “después de cien años de Psicoanálisis las personas deberían carecer de conflictos psíquicos”.

Creo necesario sensibilizar la mirada y la escucha.
Nadie está exento de padecer algún tipo de dolor.
Por suerte, para algunos de ellos, hay remedio.


Bibliografía

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*Por la Lic. Claudia Groisman
Psicóloga 1976, Sexóloga 1981
Co-autora de el libro “El Desafío de la Sexualidad”, Editorial Sudamericana, 1999
Co-autora del video de Educación Sexual para púberes “Aprender a ser sexuales”, 1995
Co-autora con el Dr. Sapetti y la Lic. Rabinovich, de los videos de Educación Sexual para adultos “Acariciándonos” y “Encuentros”, 1986
Co-autora del audiovisual para púberes “Aprender a ser”, 1985
Columnista en temas sexológicos de la Revista “Página 30”, 1990
Columnista e invitada en diferentes programas televisivos, desde 1986
Especialista en Matrimonios no Consumados, desde 1984
Nacionalidad: argentina
La Pampa 2110 1º E (1428)
Buenos Aires, Capital. Argentina
Telefax: 4782- 1264
E-mail: groismanclaudia@uolsinectis.com.ar


notas:

[1] Curso de la Dra. Silvia Bleichmar 1996-1999, Hospital de Niños “Ricardo Gutierrez” mencionando la conferencia sobre la biología de Jean Laplanche.

 

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