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CAMBIOS EVOLUTIVOS EN LA SEXUALIDAD FEMENINA
Y SU ENFOQUE TERAPÉUTICO (PARTE I) *
MUJER, MENOPAUSIA Y SEXUALIDAD: “LA
CONCIENCIA ANGUSTIADA”
“Semivíctimas, semicómplices,
como todo el mundo”.
J. P. Sartre
Hay dos posturas, aparentemente antitéticas -en el imaginario
colectivo- de la mujer menopáusica: a unas les dan “todos
los síntomas”, y las de aquellas que se jactan que,
en ese tránsito, no les ha ocurrido nada, que “se sienten
igual que siempre”.
Laura Caldiz y Diana Resnicoff citan a Germaine Greer cuando dice
que "la mujer menopáusica es prisionera de un estereotipo
del cual no será rescatada hasta que haya comenzado a escribir
su propia historia".
Durante siglos se acostumbraba verlas como las que cesaban su capacidad
reproductiva tanto como la sexual, dedicada al cuidado de sus hijos
y luego de sus nietos. Una mujer que se asemejaba más a una
abuelita digna y desexualizada que a la “vieja dama indigna”
que describía B. Brecht, con actitudes “impropias de
una mujer de esa edad”, que “parece una vieja loca”
y “no se da cuenta de los años que tiene” –en
expresiones machistas y tristemente célebres- como si hubiera
una edad para amar y ser amada.
En la década de los 70 me tocó ver en pueblos de España
e Italia a mujeres que, al llegarle la menopausia, se vestían
de negro, como esperando la muerte.
Hoy muchas consideran que es una etapa para disfrutar de la vida
que, en muchos casos, no pudieron vivir. Ahora libradas de “la
tiranía de los hijos” (en palabras de algunas mujeres)
y de mandatos familiares y sociales, desean gozar en esta etapa
de su existencia, sin el peso del riesgo de embarazo a la vez que
se despiden de la maternidad, hecho gravoso en aquellas que no han
podido ejercerla.
Otro hecho a lo que enfrentan muchas mujeres cuando se encuentran
separadas de sus maridos, lo que plantea situaciones disímiles
con las que no lo están.
Deberíamos hablar de una cierta fantasía popular
que nos dice que todos los que se separan es “porque se llevaban
mal sexualmente”. Esto no es cierto ya que vemos parejas que
se separan a pesar de tener muy buenas relaciones eróticas
y otras que permanecen juntas a pesar de que sean insatisfactorias
o incluso no tenerlas.
En las primeras, y si los finales no son tormentosos, muchas veces,
se transita por una etapa idílica. Incluso con el estímulo
-explícito o no- de la aparición de terceros o cuartos,
aunque esta situación sea imaginaria (recordemos el excelente
y póstumo film de Stanley Kubrick: Eyes wide shut), funcionando
como un ingrediente erótico; amén del adiós
transitorio de la cotidianeidad y la rutina: ambos se preparan bien
para los encuentros y se esperan como dos novios recientes.
Una paciente, de 55 años, me decía: “ahora que
estamos por separamos, cuando nos encontramos, mi esposo viene vestido
como nunca, se perfuma con fragancias importadas y me trae regalos...
antes ni una flor...”.
De estas situaciones a veces se recompone el vínculo, otras
veces quedan como amantes por un tiempo o se llega a la separación
final. Cuando la separación se da en una pareja que fue desgraciada
en su vida sexual o francamente disfuncional -entendido esto como
que padecieron una disfunción eréctil, eyaculación
precoz, anorgasmia, falta de deseo, vaginismo, fobias sexuales o,
más simplemente, una falta de entendimiento o asincronías-
hay mucho temor a fallar cuando se vuelva a empezar con otra pareja.
Esto genera un miedo anticipatorio que puede a su vez engendrar
nuevos fracasos, condicionando el devenir erótico-sexual
de estas mujeres. El recuerdo de una vida insatisfactoria y disfuncional
será, en una mujer en esta etapa del climaterio, una seria
restricción para una posible recomposición, aunque
hemos visto casos que han intentado una terapia sexual o de pareja
y esto les permitió una recuperación del vínculo
que, de otras maneras, quizás no hubiera sido posible.
Es bastante común que, ante la inminencia de la separación,
uno o los dos se animan a consultar.
Otra es la situación donde aparece una gran distancia corporal
y afectiva lo que en algunos casos acarrean celos –cuando
antes no estaban presentes- en uno de los dos o aparición
de terceros, si es que no existían antes. Esta es otra variable
que complica la resolución: cuando se descubre o devela o
explicita la infidelidad.
Acertadamente decía Simone de Beauvoir que “en esa
coyuntura, los malestares de la mujer no provienen tanto del cuerpo
como de la conciencia angustiada que de él adquiere. El drama
moral, por lo común, se inicia antes de que se hayan declarado
los fenómenos fisiológicos y sólo termina largo
tiempo después de que han concluido”.
Las vicisitudes de la mujer
Un hecho común en el consultorio es escuchar a mujeres que
nos dicen que, durante el matrimonio no fueron felices sexualmente,
y temen fracasar nuevamente. En algunos de estos casos hay que prevenir
que no sea esto una maniobra de profecía autocumplidora que
genere una y otra vez el fracaso ya que, haber padecido una falta
de respuesta orgásmica o no sentirse deseada, no es una condena
que deberá cargar con otras parejas. Es el caso de compañeras
de eyaculadores precoces que nunca pudieron llegar al orgasmo porque
ni les daban tiempo: puede ocurrir que encuentren una nueva pareja
que sí las haga gozar dejándolas satisfechas pero
una mujer no debería pensar que apenas se separa ya va a
encontrar la pareja sexual de su vida; otras canalizarán
en el autoerotismo sus satisfacciones libidinales.
Suponiendo que está por separarse y, por temperamento, desinhibición
o posible liberación, decida hacer el amor con compañeros
ocasionales y variados, la situación sigue siendo intimidante:
además de las infecciones de transmisión sexual y
el SIDA, otras dudas que las asaltan es si serán vistas como
“mujeres livianas y fáciles”, aunque ya no se
toman tan en serio estos preceptos machistas un tanto anacrónicos.
Entonces se les presentan ciertos dilemas: ¿será mejor
conquistarlos y arriesgarse a escuchar que es “una mujer fácil”
o volver, cual presa erótica, a la dulce espera del macho
activo?, ¿buscar o ser buscada?, ¿tener una aventura
o sólo acceder cuando el compromiso llegue? “Sabe muy
bien” nos dice Beauvoir, “que si deja de ser un objeto
erótico no es sólo porque su carne ya no entrega frescas
riquezas al varón sino porque su pasado y su experiencia
hacen de ella, le guste o no, una persona. Ha luchado, amado, querido,
sufrido y gozado por su cuenta y esa autonomía intimida….ahora
se convierte en un ser diferente y asexuado, pero cumplido: una
mujer de edad…a la vez que se encuentra en plena posesión
de sus fuerzas y se siente rica en experiencias”.
Hay mujeres que quieren tener una vida sexualmente activa mientras
se da la separación pero les pesa la idea de que el sexo
tiene que llegar junto al amor y si no deberían de abstenerse.
En este sentido, al varón no lo aflige la disyuntiva: sabe
que podrá tener sexo con amor o sin él y que, como
decía Pablo Neruda, “el amor puede ser eterno o puede
ser fugaz”.
En otros casos, rememoran con nostalgia lo que tuvieron o creen
haber tenido, y se encuentran con el vacío de no tener; recordando
el Inferno del Dante, les caben los inmortales versos que el genio
florentino pone en boca de la desdichada Francesca da Rimini:
Nessun maggior dolore, che ricordarsi del tempo felice, nella miseria
Como salida esperanzada muchos buscan en las distintas terapias
un refugio a tanto dolor dado en estas etapas de ruptura y muchas
veces recién ahora recurren a la consulta sexológica
para solucionar su problema y hemos visto cómo, estas crisis
de separación, se transforman en intentos y posibilidades
de revertir su posición existencial mejorando o solucionando
un síntoma sexual que los acompañaban desde muchos
años atrás.
A ellas les sientan bien, en cambio, los esperanzados versos de
Don Pablo Neruda:
Y te amo, cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme,
ah! los vasos del pecho, los ojos de la ausencia,
ah! las rosas del pubis, tu voz lenta y triste,
cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso...
Me gusta cuando callas porque estás como ausente,
distante y dolorosa, como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una palabra basta, y estoy alegre, alegre
de que no sea cierto.
Cambios sexo-genitales
En la etapa de la menopausia ("la pausa de los menstruos”)
se dan distintos cambios en la respuesta sexual y genital en las
mujeres. Estos cambios no excluyen los síntomas en otras
áreas:
- cardiovasculares
- osteoporosis
- sudoración nocturna
- trastornos del humor (depresión, 2 a 1- según
otros datos 3 a 1- con relación a los varones)
- insomnio
- ansiedad e inestabilidad emocional (mayor consumo de sedantes
–benzodiazepinas- y ntidepresivos)
- sofocos (“calores”)
- cambios en la piel
Por supuesto que no siempre se da toda la sintomatología
en la misma persona o en el mismo momento y puede observarse:
- La lubricación vaginal es más lenta y de menor
volumen
- La penetración peneana o digital puede ser dolorosa y
producir pequeñas lesiones
- La respuesta sexual es más lenta
- Disminuyen, en la piel, las sensaciones táctiles
- Pueden disminuir el impulso sexual (libido) y el deseo
- Menor producción de fantasías eróticas
- Puede disminuir la capacidad orgásmica
- Disminuye y se afina el vello púbico
- Se encogen los labios menores y mayores
- Disminuyen el tamaño, la turgencia y erección
del clítoris
- Disminuye la acidez vaginal aumentando la posibilidad de las
infecciones vaginales
- Se alisan las paredes de la vagina (antes de la menopausia
son rugosas) y se hacen más sensibles
- Disminuyen las contracciones vaginales, del útero y
del recto
Vuelvo a remarcar que no siempre se dan todas estas situaciones
antes descriptas dependiendo, además, de los factores hormonales
(disminución de la producción de estrógenos,
de la DHEA y de la testosterona - recordemos que un 25% proviene
de los ovarios, un 25% de las glándulas suprarrenales y un
50% de la conversión de otras hormonas sexuales-), de factores
socioculturales, familiares, psicológicos y de la historia
de vida (cómo vivió la sexualidad en la etapa anterior
a la menopausia, qué creencias tuvo sobre la misma, si padeció
disfunciones o fobias sexuales).
Todos estos síntomas suelen desaparecer o mitigarse con
los distintos recursos terapéuticos (Terapia hormonal, tibolona,
uso de un lubricante, cambios higiénicos y dietéticos).
Y la importancia de la actividad física, aeróbica
y anaeróbica.
Dicen Laura Caldiz y Diana Resnicoff que “pasados los cuarenta
años, las mujeres suelen sentirse sexualmente más
seguras de sí mismas y conocen mejor sus propias respuestas
físicas. Esto no es más que el resultado de haber
ido mejorando sus habilidades, dejando gradualmente de lado sus
inhibiciones y aprendiendo a identificar sus necesidades y preferencias
sexuales.
Otras mujeres quizá no disfrutaron nunca en las relaciones
sexuales (por motivos psicológicos o por conflictos maritales)
y utilizan la menopausia como un pretexto para interrumpirlas. Incluso
otras pueden tomar conciencia de su apariencia y de su propia imagen
o encontrar a su pareja poco atractiva.
La preocupación por el cuerpo muchas veces nos aleja de
las relaciones sexuales porque seguimos pensando que solamente corresponde
hacer el amor a las mujeres lindas y jóvenes”.
Si sabemos que la mujer padece con mayor frecuencia de ataques de
pánico, depresiones, trastornos de ansiedad e insomnio (sobre
todo en esta etapa), quizás porque consulta más, también
es un observable que consume más antidepresivos, sedantes
e hipnóticos. Bien conocemos los psiquiatras que muchos antidepresivos
(clomipramina, fluoxetina, paroxetina, sertralina, venlafaxina,
citalopram) producen retardo orgásmico o anorgasmia, disminución
de la lubricación y de la libido.
Las benzodiazepinas (clonazepam, lorazepam, alprazolam, bromazepam)
son adictivas, acarrean trastornos de memoria, disminución
de los reflejos y generan una adherencia elevada a este tipo de
fármacos. Con lo cual los problemas sexuales pueden agravarse
aun más. En cambio hay otros antidepresivos, como el la agomelatina,
bupropión, mirtazapina, mianserina, trazodone, tal vez la
duloxetina, que no producirían estos problemas sexuales lo
que nos permitiría una alternativa probable.
Hemos visto cuadros donde el tratamiento estrogénico o el
uso de tibolona mejoraban francamente el humor displacentero y la
libido tanto como los sentimientos depresivos y angustiosos. En
casos de depresiones francas de la posmenopausia se han usado con
éxito una combinación de tibolona o estrógenos
e incluso hormona tiroidea (en caso de hipotiroidismo) con un antidepresivo
del tipo ISRS (sertralina, fluoxetina, paroxetina, citalopram, escitalopram)
o duales (p. ej. con la mirtazapina, venlafaxina, o duloxetina).
La tibolona, por su acción levemente androgénica,
mejora el deseo sexual permitiendo mantener una mejor calidad de
vida. A la vez, por su acción estrogénica produce
un efecto beneficioso sobre la pared vaginal, reduce la sequedad
propia de la menopausia, disminuye la aparición de infecciones
recurrentes, mejora la lubricación vaginal y la dispareunia
(dolor en el coito) facilitando la penetración. Todo esto
hace que mejore la actividad sexual devolviendo el bienestar; sobre
todo que, con la sobrevida actual de las mujeres, esta etapa se
ha prolongado en su duración, con lo cual es muy importante
la mejora de su respuesta sexual para poder disfrutar del erotismo
en plenitud.
Hay más cosas en el Cielo y en
la Tierra, Horacio, de lo que ha soñado tu filosofía.
W. Shakespeare (Hamlet, príncipe de Dinamarca)
El sildenafil en las mujeres
Antes que nada, para eliminar un equívoco, tengo que decir
que no hay un “Viagra femenino" como si hubiera una formulación
o una presentación diferente: estamos hablando del mismo
fármaco inhibidor de la fosfodiesterasa V (I-PDE5), el citrato
de sildenafil. Se realizaron distintos estudios (y hay otros en
desarrollo) sobre su efecto en mujeres, habida cuenta de las similitudes
en cuanto a estructura y bioquímica (mecanismo del óxido
nítrico –ON-, GMPc y fosfodiesterasa V) de los tejidos
del pene y el clítoris o sea que el mecanismo de acción
de los I-PDE5 sería similar en el interior de los tejidos
eréctiles del pene como del clítoris. En cambio como
algunos postulan que el mecanismo de la lubricación vaginal
no sigue el mismo proceso del ON y la GMPc la acción este
proceso merece mayores investigaciones.
El sildenafil no es una sustancia que aumente la libido ya que
actúa en la fase de erección de la respuesta sexual
(sabemos también que el clítoris tiene capacidad eréctil)
y necesita de la presencia del deseo, del juego amoroso y del estímulo
sexual para que actúe.
Ahora bien, cuando un varón disfuncional, que viene padeciendo
por años y evitando los encuentros para no fracasar, ve que
puede darse y darle satisfacción a su pareja, obviamente
que aumenta su autoestima y su deseo sexual por vía indirecta,
no fue el medicamento que produjo ese resultado sino lo que logró:
la recuperación de la respuesta erectiva y una mejor calidad
de vida. En las mujeres no actúa aumentando la fase del deseo
sino la turgencia y sensibilidad clitoridiana.
¿En qué casos se podría usar?
Podríamos pensar que, los I-PDE5, al aumentar la congestión
vascular y, quizás, la lubricación en mujeres pre
y posmenopáusicas con este tipo de problemas, podría
mejorar la lubricación y dilatación vaginal, evitando
el dolor en la penetración con el menor placer que esta dificultad
le traía a esa mujer. También en estos casos solemos
indicar geles íntimos lubricantes, que no modifiquen el medio
vaginal ni abran los poros del profiláctico y por supuesto,
en los casos indicados, la terapia hormonal manejada por los ginecólogos.
Al aumentar la turgencia clitoridiana, el sildenafil, el tadalafilo
y el vardenafilo, podrían mejorar tal vez la respuesta orgásmica,
con lo cual serían un complemento en los tratamientos sexológicos
en mujeres con anorgasmias. En el Congreso de psiquiatría
norteamericano (APA) de Chicago 2000 hubo un trabajo que hablaba
del uso de sildenafil (con buena respuesta) en mujeres con problemas
sexuales por los efectos secundarios de los antidepresivos (sobre
todo en el retardo de la respuesta orgásmica).
Otros trabajos detectan mejoras en la lubricación a un 63%
de las mujeres vs. el 0% del placebo y que la respuesta orgásmica
mejoró en un 56% frente al 6% del placebo. Un estudio hecho
con 22 mujeres con histerectomía (extirpación del
útero) y disfunciones sexuales mostraba que el sildenafil
podría mejorar la sensibilidad, la capacidad orgásmica
y la disminución del dolor en el coito. Pero nunca, ni tampoco
en el varón, podemos centrar todo el tratamiento en un sólo
recurso: pensemos que en un encuentro sexual se ponen en juego múltiples
coordenadas de tal manera que un único abordaje no podrá
dar cuenta de todas las variables. Lo cierto es que, en estos últimos
años, sobre todo con la puesta en el discurso público
de las temáticas sexuales, impulsada por el Viagra y también
por la nueva condición femenina, son cada vez más
las mujeres que nos consultan en aras de mejorar su vida erótica,
defendiendo el derecho que las asiste al placer sexual.
Estos fármacos –sildenafil, vardenafilo, tadalafilo-,
diseñados para aumentar la capacidad eréctil, pueden
funcionar -según algunas investigaciones- mejor en algunas
mujeres que en otras, dependiendo del tamaño de su “Punto
G”. Un área interna de la vagina, famosa por producir
orgasmos intensos fue denominada por primera vez “Punto G”
en el año 1950. Hoy la existencia del “Punto G”
está siendo cuestionada.
Las glándulas de Skene, relacionadas con esta zona de la
vagina, contienen una enzima llamada PDE-5 (fosofodiesterasa 5,
que tiene un rol importante en la fase de detumescencia de la respuesta
eréctil en el pene) implicada en la fase de excitación
femenina. También habría liberación de óxido
nítrico, similar al proceso de la erección. Si las
glándulas de Skene son grandes y hay cantidad suficiente
de PDE-5, los investigadores creen que los fármacos inhibidores
de esa enzima, funcionarían bien aunque podrían ser
menos exitosos en mujeres cuyo Punto G fuera pequeño.
“Pero incluso para aquellas mujeres con Punto G pequeño,
o sin Punto G en absoluto, las drogas similares al Viagra tendrían
algún tipo de efecto, ya que es posible encontrar PDE-5 también
en el clítoris”, señaló la Revista New
Scientist. Sabemos hoy que también hay, al igual que en el
pene, liberación de óxido nítrico (es un gas
de acción vasodilatadora).
* Dr. Adrián Adolfo Sapetti
Médico especialista en Psiquiatría.
Profesor invitado en UBA, UAI, UFLO, Universidad de Palermo, Universidad
Barceló, Universidad de Porto (Portugal), Universidad Industrial
de Santander (Colombia), Universidad Diego Portales (Chile).
Presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH).
Miembro de la Academia Internacional de Sexología Médica
(AISM)
NOTA: este artículo que fuera publicado en el libro “Climaterio”
bajo la coordinación del Dr. A. Eduardo Depiano (Editorial
Ascune, Bs. As., 2006), debido a su extensión, ha sido dividido
en dos partes, la segunda de las cuales será publicada en
una próxima entrega.
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