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La policía del sexo, la homofobia durante el siglo XIX en Cuba (Parte III y última)

Autor: Lic. Abel Sierra Madero. Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS). La Habana, Cuba.

Cuando el sexo se enferma

"un caballero" - El Greco El 15 de enero de 1890, en el salón de actos de la Real Academia de Ciencias Médicas Físicas y Naturales de la Habana, se efectúa en La Habana el Primer Congreso Médico Regional. En dicho evento el destacado médico y antropólogo cubano Dr. Luis Montané y Dardé presenta una ponencia titulada “La pederastia en Cuba”. El trabajo es el resultado de un estudio de antropología física y social realizado por Montané en la cárcel de La Habana, donde tomó de muestra a veintiún homosexuales que estaban allí recluidos. Este trabajo constituye el primer intento serio -con marcadas limitaciones, claro- de abordar las disidencias sexuales por parte de la medicina en Cuba. Aunque su metodología se basa en la obra de Ambroise Tardieu, Estudio médico legal sobre los delitos contra la honestidad, [1] que se publicó por primera vez en 1857, Montané analiza la homosexualidad desde la realidad cubana, contrapunteando, muchas veces, con el propio Tardieu.

  Pasemos pues, a analizar la ponencia del Dr. Montané quien antes de exponer sus consideraciones, apunta sobre la captura durante, ese año, de un grupo de cuarenta y cinco pederastas por parte de la policía de La Habana. Sin embargo, es muy contradictorio que para las prostitutas existieran zonas de tolerancia, con leyes concretas que regulaban tal actividad, mientras que los homosexuales no contaban con tal prebenda. 

  El eminente científico deja bien definida su postura ante el problema, y parte de la base de que la pederastia es un “vicio asqueroso” y antes de tratar el asunto Cuba se refiere a la homosexualidad en algunos lugares del mundo. Por ejemplo, cita un anuncio del periódico austriaco Tagblatt en el que se lee:

Busco, sí, busco un amigo que, como yo, sea partidario de la soledad y huya de la sociedad, y, sobre todo, de la sociedad de las mujeres. Feliz el que se basta á sí mismo! pero es más feliz el que posee un amigo, partidario de sus gustos. Que el que pueda comprenderme (fin p.580) me escriba bajo esta dirección: Señor amigo de la Naturaleza, Contaduría de periódico (7,253). [2] [Sic]

  También comenta sobre homosexualidad en Italia, país en el que según él: “Tal es el gusto que se tiene por la pederastía (...) que hace terrible competencia á la prostitución femenina; tan cierto es, que en las grandes ciudades, el mismo progenesta, que persigue en las calles á los extranjeros, les ofrece en alta voz y sin ruborizarse, un “abatino”, una “bella ragazza” ó un “picolo bambino”. [3] [Sic]

  Esta situación también se produce en Cuba. Probablemente, los homosexuales les hacían cierta competencia a las prostitutas en el mercado del sexo. Así, el 9 de septiembre de 1888, en el periódico La Cebolla, órgano oficial de las prostitutas habaneras, ve la luz pública, un artículo titulado “Los maricones”, el cual afirma que:

Cualquier extranjero que se pasee por las calles de San Miguel y adyacentes, en La Habana, quedará sorprendido al ver unos tipos inverosímiles: de la cintura para arriba son mujeres; pero de la cintura para abajo son hombres; pero de los pies a la cabeza no son hombres ni mujeres.”(...) “¿Los maricones de San Miguel y otras calles, y casas de prostitutas, deben ser tolerados por las autoridad?  Los espartanos no permitían que los niños deformes vivieran: su organización esencialmente guerrera y viril, rechazaba esas criaturas inútiles. ¿La ley no puede corregir lo que la naturaleza se ha burlado en crear? [4]

  El texto está señalando algo que me parece importante. Primero, nos indica el espacio público bien determinado dentro de La Habana, en que estos individuos tenían sociabilidad en aquella época. Se cuestiona su existencia en las calles, espacio histórico de  prostitutas y meretrices, y sintomáticamente son éstas las que proyectan ese discurso. Además, se les considera seres deformados, se cuestiona su identidad genérica y sexual y se utiliza para denominarlos, un término que aún subsiste en nuestra habla popular, muy peyorativo por cierto: maricones. Por otra parte, en el texto se incita al Derecho y a las autoridades a que tomen medidas contra tales sujetos, que al parecer, tenían cierta demanda y estaban desviando la atención respecto de las prostitutas. Es interesante observar cómo un grupo social discriminado como las prostitutas, convertidas en objeto de uso sexual por parte de los hombres, restringidas a zonas de tolerancia para ejercer sus funciones y perseguidas y condenadas a prisión muchas veces, atacara a los individuos que no respondieran a los cánones tradicionales de la masculinidad, legitimando el poder patriarcal que las discrimina y el orden socio-sexual establecido. El periódico La Cebolla, surge precisamente como una necesidad de contrarrestar el hostigamiento y la persecución de que eran objeto por parte de las autoridades.

  Pero volvamos otra vez con la ponencia del doctor Montané, que hizo  “desfilar” ante las personas que estaban escuchando su discurso, a los individuos que estudió, incluso mostró algunas fotos. Los nombres por los que se le conocen son: La Princesa de Asturias, La Pasionaria, La Verónica, La Isleñita, Reglana, La Camagüeyana, Manuelita, entre otros. Destaca. el  gusto que tienen estos individuos por los perfumes, los polvos de arroz, los objetos brillantes (sortijas) o de colores vivos (pañuelos, medias), y la inclinación que tienen a los retratos, en los que se hacen representar como personajes de teatro, con vestidos de mujer. Aunque manifiesta que no siempre corresponden a una conformación exterior femenina.

  Judith Butler tiene una concepción de las identidades en tanto DRAG, es decir máscaras, simulacros que no poseen original, que se readecuan en los  cuerpos y son recreados en los propios discursos, en el vestuario y en el lenguaje corporal. Según Butler es totalmente desacertado pensar el "Drag" como imitación de feminidad,  así como contemplar los roles "butch-femme" como una imitación de heterosexualidad, porque para Butler todos las actuaciones de género y su relación al sexo son imitaciones y fantasías, y por ende mascaradas, nunca copias de originales o de fundamentos biológicos simples. La heterosexualidad misma es una mascarada sin original -sugiere Butler- en tanto que la homosexualidad es necesariamente "drag". [5]

  En la concepción heterosexual en una relación homosexual se manifiesta a través de dualidades identitarias. Para Butler serían los papeles butch-femme. Esta dicotomía se presenta en el caso de los homosexuales masculinos en Cuba como maricón-bugarrón. O sea, la butch sería la mujer masculinizada y la femme sería la parte más femenina de la pareja, que asume roles “pasivos”, es decir, más cercana de los arquetipos y estereotipos de mujer.

  Siguiendo sobre esa cuerda habría que agregar que la dicotomía activo-pasivo no tiene por qué darse en una relación homosexual, pues no deja de ser imitación de un ideal de masculinidad o feminidad, intangible, que no tiene correspondencias con una supuesta esencia o naturaleza, sino que tiene que ver más con una adscripción psicológica y corporal.

  Según Hélio R. S. Silva, los travestis y transexuales de ambos sexos radicalizan esta interpretación de la feminidad e inclusive alteran quirúrgicamente sus cuerpos a fin de aproximarse al original. Muchas veces esas personas, más comúnmente los hombres que se travisten de mujeres, se vuelven artistas en interpretar estos papeles, haciéndolos ‘mejor’, o más cercanos de las expectativas sociales que las mujeres biológicas que serían los receptáculos naturales de esa identidad [6] .

  El doctor presentó cuadros que dan la distribución por naturaleza, localidad, edad y oficio, que reproduzco a continuación:

  Españoles. 3.  
Europeos  4. Italianos.1. De 20 a 25 años------ 11
    De 25 a 35 años------  6
  Originarios de la Habana. 10. De 35 a 50 años------  4
  Del interior de la isla. 7.  
Insulares 17. San Antonio de los Baños Total                         21
  Los Palos.  
  Colón.  
  Santa Clara. 15 sirvientes de casas públicas.
  Sancti Spíritus. 3 sastres.
  Puerto Príncipe. 2 planchadores.
  Manzanillo. 1 tabaquero.

  También dio la distribución por raza de los 21 pederastas, entre los que se encuentran 8 blancos, 9 mestizos y 4 negros. Los chinos no figuran en este cuadro; pero según Montané:

... sabemos que esta raza, industrial y económica, tiene particular tendencia hácia la pederastía.  ¿Quién no conoce los detalles de su vida íntima en nuestros ingenios?(...) Uno de nuestros pederastas de color (Marcelina) declara: “que siendo esclavo y careciendo de alimento, iba en busca de los chinos, quiénes, en cámbio de un poco de comida, le exigían ciertas satisfacciones imposibles de referir”. E.J., igualmente pederasta de color, y hago aquí textualmente su declaración, “empezó chico, dándole á los chinos, en el ingenio, donde era esclavo, sólo por el interés de la ración”. [7] [Sic]

  Montané sugiere dos categorías de pederastas: los aficionados y los prostituidos. Los aficionados son aquellos que, según él, buscan únicamente la satisfacción personal de sus deseos y pagan el servicio a quien se lo proporciona. Por otra parte, se encuentran los prostituidos, es decir, todos aquellos que trafican con su cuerpo y viven de la pederastia. Y señala que la prostitución masculina tiene la misma organización que la prostitución femenina. Aduce haber encontrado, en seis de los detenidos, tatuajes análogos a los que se encuentran tan comúnmente en las mujeres públicas, con rosas, pájaros y corazones atravesados por flechas.

  Además, nos brinda otra categorización en cuanto a la manera de comportarse sexualmente, señalando una dicotomía en los roles sexuales a desempeñar. En este sentido los ubica en activos y pasivos, y nos da el siguiente cuadro en el que aparecen representados los 21 individuos estudiados por él:

Exclusivamente pasivos..............................   3

Exclusivamente activos..............................   1

Activos y pasivos...................................... 17

                                                              ___

                                                              21

  Esta rígida y supuesta división de los roles desempeñados por los homosexuales, ha sido utilizada por la mayoría de las disciplinas que abordan esta temática y se mantuvo hasta hace muy poco, en gran parte de los estudios de este tipo. Tal  concepción viene desde el positivismo en que se concebían a los sujetos sociales, en la clásica división de explotadores y explotados, fuertes y débiles. En materia sexual, la teoría falocéntrica toma estos postulados, y la penetración adquiere una connotación política e ideológica en tanto tiene el poder sobre los penetrados, o sea, sobre las mujeres y los homosexuales. Esto ha llevado a muchos hombres que han tenido sexo con otros- sin haber sido penetrados- a pensar que los homosexuales son los otros y no ellos.

  Respecto de la modalidad activa de la pederastia, Montané señalaba que no tenía signo alguno característico. Luego, se detiene a analizar a los pederastas pasivos y repara en el estado de las nalgas y el ano. Apunta que únicamente en seis casos se encuentran excesivamente desarrolladas las nalgas. Y da como características generales el relajamiento del esfínter y la caída de los pliegues. Pero el signo más constante de todos es la dilatación del ano. En la mitad de ellos, la separación de los glúteos determinaba el lagrimeo del orificio entreabierto. Para ilustrar esto expone el caso del individuo que se hace llamar La Camagüeyana, del cual dice que:

(...) presentaba el ano cubierto con un paño de tela ordinaria, probablemente para socorrer la incontinencia de materia fecal. En la tentativa que hicimos de suspender una punta del paño, el individuo dejó escapar un grito penetrante, desplomándose y pudimos asistir á un ataque (...) de hístero epilepsia. ¡Nada más frecuente que los ataques de nervios en el mundo de los pederastas! [8] (sic)

  Montané identifica como característica de estos individuos las afecciones de tipo nervioso, (ataques) y señala el término hístero-epilepsia. Puede ser que el científico al apreciar rasgos femeninos en los sujetos que estudió, compartiera una teoría que estuvo muy de moda en aquella época y que se mantuvo durante algún tiempo, que planteaba que el histerismo era una enfermedad exclusiva de la mujer. La medicina retomó el término  hister que en latín significa útero, para explicar la racionalidad del hombre y la debilidad de la mujer por ser propensa a patologías de tipo nervioso.

  En el texto aparecen algunas historias de vida. La más interesante resulta la de J.S.P, “Princesa de Asturias”. Un joven de 24 años de origen español, de cabellos perfumados cuidadosamente atendidos; de cara empolvada e imberbe, de ojos negros lánguidos de expresión femenina y de manos finas; en una de ellas  llevaba en el meñique una gran sortija. A Montané le llamó la atención el cuidado en el vestir de éste y su relativa limpieza,  bastante desconocida entre sus camaradas, según el científico, y es el único que sabe leer y escribir. El Doctor con cierta suspicacia y destacando su masculinidad dice que: “Con mimos de ninfa enternecida y con timidez de gacela, nos hace la historia de su vida” [9] .

  Por los elementos que aporta, quiero reproducir íntegramente lo que nos confiesa este joven homosexual, para analizarlo luego.

Tengo vivos a mi padre, mi madre, mis hermanos, mis hermanas... A Dios gracias, ninguno se me parece! Y es que he nacido con el vicio que me domina!  Jamás he tenido deseos sino por las personas de mi sexo, y desde pequeño me agradaba vestirme de niña y dedicarme á los quehaceres de la casa.

A los 13 años hice mi travesía á América, y fue á bordo donde por primera vez conocí los contactos del hombre. Mi aprendizaje en esta materia se continuó en los distintos establecimientos donde me colocaba mi tío. En ellos, no tardaba en experimentar las caricias íntimas, ya del principal, ó más a menudo de los dependientes; porque en casi todos los establecimientos donde viven muchos empleados, hay matrimonios.” Al volver mi pariente á España, quedé completamente libre. Abandoné las tiendas para entrar en diferentes fábricas de tabaco. Pero en ellas era tratado sin piedad desde que dejaba adivinar mi vicio. He vivido en Cienfuegos, Cárdenas y otras ciudades principales del interior.  Algunas veces me hacía violencia, pero en el mismo instante en que no pensaba en nada, encontré siempre algún camarada que me ponía en excitación y me hacía volver á la mala vida.

De vuelta á la Habana, tuve que sufrir un encierro de 14 meses en el Asilo de San José: aún ahí mi mala estrella me hacía entrar en un verdadero centro de pederastía.

Al fin salí, y , ante el desprecio que me hacían en todas partes, porque era muy comprometedor, me decidía a poner cuarto. Desde entonces he podido recibir con completa seguridad a mis amigos y protectores que son en su mayor parte militares ó gentes de comercio, haciendo todos, ó casi todos, en mi casa el papel pasivo, aunque también yo me presto á la misma fantasía, según el deseo de los aficionados. ¿Por qué me han arrancado violentamente de aquella existencia tranquila para encerrarme en esta prisión? Yo estaba tranquilamente en mi cuarto con algunos compañeros, cuando llegó la policía y nos prendió brutalmente.

¿Por qué únicamente nos han cogido á nosotros? ¡Hay tantos individuos que hacen lo que nosotros y que se pasean libremente por las calles!, Y, permítame usted una pregunta: ¿qué han ganado al encerrarnos? Fuera, nuestro vicio es facultativo; aquí es obligatorio y ¡raro es el día en que no tenemos que pasar por las horcas caudinas de algún presidiario!”. [10] [Sic]

  De este relato me interesa destacar algunos elementos. Primero, este individuo está tan socializado e influenciado por los discursos de poder, que considera que la homosexualidad es un vicio y que su actitud es propia de la mala vida. Además, nos está diciendo que la homosexualidad no es propia de una clase determinada, sino que se observa en toda la estructura social. Por otra parte, nos corrobora, una vez más, el doble nivel de moralidad de esta sociedad, pues los individuos que frecuentaban su casa eran elementos del gobierno y militares que ostentaban cargos públicos. Generalmente, estos sujetos no dan riendas sueltas a sus instintos homosexuales, sino que lo hacen en la clandestinidad, pues casi siempre tienen familia para salvaguardar la honra y el prestigio social, incluso, en muchos casos para disfrutar de las posibilidades que brinda el ámbito familiar. Por otra parte, en esta Isla en aquella época, los cargos públicos, casi siempre eran otorgados a los varones demostraran una masculinidad visible e incuestionable, con una conducta acorde con las costumbres y la moral de entonces.

  El joven cuestiona el procedimiento de las autoridades que lo trataron de manera agresiva y que se le haya privado de su libertad, manifestando que en las calles existen muchos otros que hacen lo que ellos y andan libremente. De esto se puede inferir que la homosexualidad era una práctica común en aquella sociedad; pero que no existía, como no existe, una tipología única de homosexuales. O sea, se contemplaba y reprimía solo a los homosexuales de una identidad genérica indicadora, visualmente, de rasgos marcadamente femeninos. La bisexualidad o la homosexualidad -sin rasgos distintivos y no declarados al medio social- no era tenida en cuenta en los estudios que trataban la temática, ni era oficialmente reprimida.

  Este hombre nos dice que la cárcel era un centro de homosexualidad, que formaba parte de la cotidianidad de los reclusos. O sea, de alguna manera podría decirse que, por el temor a los homosexuales, las autoridades contradictoriamente, institucionalizaron la homosexualidad en la cárcel, uno de los centros más importantes de poder.

Para concluir

  Hasta aquí, podemos decir que la homofobia ha sido una característica de nuestra cultura y de nuestro comportamiento genérico y sexual y viene manifestándose desde la formación de esta isla como nación, desde el siglo XIX, aunque no se ha manifestado de manera uniforme, sino que se ha visto moldeada con el paso del tiempo, al punto que hoy tiene otros matices.

  En el siglo XIX en Cuba, la homofobia se manifestaba a través de diversas vías y canales, ya fueran institucionales o individuales, articulados en el dispositivo de la Policía del Sexo e interesados todos, en reducir a la homosexualidad tras rejas y balaustres y condenada a ser abordada de puertas adentro. La Iglesia Católica expresaba su rechazo a los homosexuales a través de postulados androcéntricos justificados teológicamente; por otra parte, en el estado en que estaban las Ciencias Sociales los escritos de la época estaban limitados por esas mismas concepciones religiosas. Aunque hacia la década del  treinta la Iglesia va a perder una parte sustancial de los impuestos, y su poder socioeconómico de siglos anteriores decaerá un tanto. En 1838 se inicia el proceso de secularización de los bienes de la Iglesia. Pero esto no significa  que perdiera su influencia en el ámbito social, y en cuanto a la vida sexual de los individuos, va a seguir teniendo un peso nada despreciable.

  El derecho contemplaba a la homosexualidad como una figura delictiva, con embargo de bienes y la privación de libertad para estas personas. Luego, la medicina también se sumó a esta segregación. Los estudios médicos al respecto carecían de seriedad  considerando a la homosexualidad como una enfermedad, en el mejor de los casos.

  Ahora bien, si queremos arribar a una concepción despojada de prejuicios debemos pensar que la homosexualidad debe definirse, no como un tipo de conducta, sino como una condición caracterizada por una inclinación psico-sexual hacia otros del mismo sexo. Aunque sería interesante negar ese mismo concepto. Su insuficiencia para describir o dar cuenta de ese tema hoy día se hace cada vez más evidente. Es un concepto que no se adecua a la diversidad de las experiencias sexuales que ocurren entre personas del mismo sexo. El concepto de homosexualidad es esencialista y está marcado por el prejuicio desde su surgimiento, con una forma machista de ver el mundo. Y, como apunta Jurandir Freire Costa, es un concepto que homogeniza la experiencia de todo y cualquier homosexual, sin dar cuenta de la extrema diversidad de la misma, esencializa la diferencia de forma y la naturaliza, de manera que naturaliza la condición necesariamente inferior que la homosexualidad asume frente a su opuesto la heterosexualidad [11]

  Ser homosexual es una condición y una identidad sexual y genérica diferente a la que comúnmente estamos adaptados a aceptar; pero no anormal ni desviada. La sexualidad humana no es única ni homogénea, podría decirse que existen diversas sexualidades o diferentes tipologías o maneras de manifestarse. Con esto quiero decir que dejemos a un lado los criterios decimonónicos de limitarnos a la idea de que ser homosexual implica necesariamente tener una identidad genérica asociada a lo femenino en el caso de los hombres, y masculina en el caso de las mujeres homosexuales.  Cuando aprendamos a identificar y a reconocer socialmente a estas personas como tal habremos comenzado a reivindicar un tanto las actitudes homofóbicas y discriminatorias que ha marcado nuestro pasado histórico. Nuestra “nación sexuada” ha tratado de excluir a los homosexuales. Pero es que una nación, no se debe construir sobre la base de la segregación, la exclusión y la discriminación, pues estaría condenada al fracaso.

  La historia de la sexualidad en Cuba está por escribir aún. Cuando al fin, los académicos e investigadores cubanos decidan llevar a cabo esta difícil empresa, será imposible soslayar el tema de la homosexualidad, aunque conseguir datos de esa época parece más difícil aún. Considero que es medular para poder entender nuestra cultura y comportamiento genérico-sexual.

  Quizás sería interesante realizar un estudio estadístico acerca del índice actual de la homosexualidad en Cuba; probablemente, los resultados podrían ser sorprendentes. Pero obtener datos fehacientes impondrían grandes dificultades pues nuestra sociedad -pese a los cambios que, lógicamente, se han producido a lo largo de la historia- sigue siendo fundamentalmente androcéntrica y homofóbica. El dispositivo de la Policía del Sexo permanece aún activado en nuestra cultura, condicionando el “quiero ser” al “debo ser”. Hoy día la homosexualidad no es considerada un delito; pero aún está condenada a ser una subcultura en nuestro medio social.

* Lic. Abel Sierra Madero
sierramadero@yahoo.com


[1] La obra de Tardieu consta de tres partes. La primera  está dedicada a los ultrajes públicos contra el pudor, la segunda sobre la violación y la tercera sobre la pederastia (homosexualidad).

[2] Luis Montané. “La pederastia en Cuba”. En: Primer Congreso Médico Regional de la Isla de Cuba, La Habana, Imprenta de A. Alvarez y Cia, 1890. pp. 580-581.

[3] Idem. p. 581.

[4] Víctor Fowler. “Homoerotismo y constitución de la nación”. En: La Gaceta de Cuba, nº 1 enero- febrero de 1998.

[5] Biddy Martin.  "Sexual Practice and Changing Lesbian Identities". En:  Destabilizing Theory: Contemporary Feminist Debates, Cambridge, Polity Press, 1992, p.103.

[6] Para más información véase: Hélio R. S. Silva . A invenção do feminino. Rio de Janeiro, Relume-Dumará, 1993.

[7] Luis Montané. Op. Cit. p.586. De acuerdo con los datos de los censos y de los registros de aduanas en el período comprendido entre 1848 a 1874, fueron vendidos en La Habana los contratos de 124 937 chinos; pero Julio Le Riverend, teniendo en cuenta los chinos que se trajeron de manera clandestina estimó una cifra aproximada de 1 50 000, hombres, en su gran mayoría. Las condiciones de la legislación colonial promulgada para la introducción de colonos asiáticos, mantuvo las regulaciones y costumbres esclavistas que distorsionó, al igual que en los negros, los patrones de vida de los culíes.  Para más información véase: Manuel Moreno Fraginals. El ingenio, La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1978. También puede consultarse a José Baltar Rodríguez. Los chinos en Cuba, La Habana, Fundación Fernando Ortiz, 1997.

[8] Luis Montané. Op. Cit. 587.

[9] Idem. p. 583

[10] Idem. p. 583-584.

[11] Jurandir Freyre Costa A Inocência e o Vício: estudos sobre o homoerotismo,  Rio de Janeiro: Relume-Dumará, 1992.

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