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Dr. F. Fraga, Ed. Social L.
Prieto,
Psic. Sex. C. Villalba
www.sexualidadplena.com
La Policlínica 10, así la conocemos
en nuestra ciudad, es la policlínica de control sanitario
de los Trabajadores Sexuales (TS). Allí se atiende a un grupo
de varones y mujeres que se dedican al comercio sexual legal,
ya que la policlínica pertenece al Hospital Departamental
público de la ciudad de Treinta y Tres. Se realizan los controles
clínicos y paraclínicos de este grupo y también los controles
y tratamientos del grupo de portadores de HIV-SIDA en el
ámbito departamental estatal.
Esta Policlínica 10 es
celosamente controlada por una estimada colega y amiga la
Dra. Elena Bardanca, médica Dermatóloga. Curiosamente nadie
más del Hospital participa de ella y quizás haya sido esta
curiosidad y el velo de misterio de la Policlínica lo que nos movió a introducirnos
en ella para realizar esta investigación. Como reforzando
la estigmatización social, nadie más tiene contacto con los
TS ni los seropositivos HIV-SIDA, dejando sin cumplir correctamente
la legislación vigente en cuanto a la integración del equipo
multidisciplinario que debe atender a estos grupos.
Fueron estos
motivos los que nos trazaron el camino para los Objetivos
de este trabajo, entrarnos en la Policlínica 10 para tomar contacto con los
TS, hacer su relevamiento, conocerlos personalmente y de esta
manera poder al final, de una u otra forma, intentar mejorar
su situación laboral, legal, social, familiar y sanitaria
mediante un contacto más humano, ampliando su comunicación
y contacto con otros integrantes del sistema sanitario y tratando
de hacer conocer el déficit de personal que los asiste y controla.
La Metodología de trabajo consistió en una entrevista
escrita protocolizada con una serie de variables que iremos
viendo y desarrollando. Previo su consentimiento informado
y durante sus controles sanitarios, realizamos el contacto
entre diciembre de 2004 y mayo de 2005.
Del grupo inicial de 46 TS
(44 mujeres y 2 varones) seleccionamos el total de mujeres:
44 mujeres.
Sus edades oscilaron
entre los 18 años y los 60 años, con una edad promedio de
30 años.
La mayoría de ellas, el 75
% son solteras y sólo un 11% son casadas. Más de la mitad
(52%) sólo accedió a estudios primarios, en algunos casos
en forma incompleta. Las que alcanzaron el nivel secundario
(45%) sólo terminaron el ciclo básico, los 3 primeros años.
Uno de los hechos destacables
del trabajo, que confirma datos de otros autores, es que
más de las 3/4 partes de las TS viven con sus hijos: 77,5%,
ya sea solo con ellos o con sus parejas e hijos (22%) o con
los padres y los hijos (16%). Casi el 40% de ellas viven sólo
con sus hijos.
Otra de las preguntas realizadas
fue si trabajaba. Curiosamente la mayoría contestó que sí,
32 de ellas, representando el 73%. 10 dijeron que no; la
realidad mostró que sólo 2 mujeres, un 4,5%, tenían otro trabajo,
una comerciante y otra limpiezas. La interpretación que le
dieron a esta pregunta y a su profesión es que son consideradas
sinónimos y de ahí las respuestas obtenidas.
| Por qué ejerce: |
múltiple opción |
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| problemas económicos |
no tener opción laboral |
por los hijos |
por separación |
costumbre |
| 59 |
16 |
32 |
5 |
2 |
| |
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| Por la familia |
para comprar la casa |
iniciar un negocio |
porque me gusta |
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| 7 |
5 |
2 |
2 |
% |
Al ser requeridas por otros ingresos,
el 59% contestó que percibe ingresos por el sistema de Asignaciones
Familiares por su maternidad, cobertura realizada por el Estado
que además les brinda la cobertura médica asistencial y apoyo
escolar a los hijos menores.
Tienen un promedio de antigüedad
laboral de 7,5 años, con 2 casos que iban a comenzar a trabajar
y por tanto les exigían los controles sanitarios y las libretas
correspondientes que justifican y certifican su inscripción
al Registro Nacional de Trabajadores Sexuales, lo que les
brinda amparo legal para su ejercicio profesional; otro caso
más ejemplar que es el de A que tiene 60 años y ejerce desde
hace 35 años.
Por ser todas ellas TS legales,
era de esperar que ejercieran en lugares controlados por
las autoridades correspondientes, en nuestro país el Ministerio
del Interior, el Ministerio de Salud y por las Intendencias
Departamentales de todo el país. Un 98% trabajan en ese régimen
y sólo el 2% restante trabaja exclusivamente en la calle,
pero se realiza los controles periódicos que la autorizan
al ejercicio. El lugar de trabajo son wiskerías, lugar merece
un trabajo aparte y que es la denominación moderna de los
antiguos prostíbulos o quilombos de campaña.
El 89% de las TS trabaja
en forma diaria y sólo el 9% lo hace en forma ocasional, lo
cual se vincula a la única actividad que le reporta ingresos.
Con respecto a éstos, los resultados obtenidos fueron muy
variables, oscilando entre un mínimo de $3.000 mensuales (U$S
130) a un máximo de $30.000 (U$S 1.300) con un promedio mensual
de $10.500 ó U$S 450. En este rubro existen períodos de zafra
donde algunas TS nos relataron que llegaron a percibir hasta
$70.000 por mes (U$S 3.000).
Las
44 mujeres reciben en promedio unos U$S 20.000 por mes, cifra
que sólo refleja su actividad sexual. Esta cifra habla por
sí misma de la magnitud de este negocio de la prostitución,
a lo cual hay que agregar otros rubros asociados que incrementan
esta cifra: vestimenta diaria, vestimenta laboral, bebidas,
tabaquismo, drogas, etc.
Consultadas por los motivos por
los cuales ejercen la prostitución, el económico es casi excluyente
ya que respuestas como “no tener otra opción”,
“por mis hijos”, “por la separación”,
“por la familia”, esconden tras de sí la misma
causa.
Quisimos saber el conocimiento
de estas mujeres acerca de la legalidad de su profesión: el
95% contestó estar en conocimiento de su legalidad. Al respecto,
la Ley 17.515 del año 2002 legaliza este trabajo y 42 mujeres
estaban en conocimiento de lo mismo. Sin embargo, desconocen
sus derechos legales en cuanto al trabajo reglamentado y también
sus derechos gremiales. Desconocen que la asociación que nuclea
las TS (AMEPU) está afiliada como gremio desde hace años a
la central de trabajadores de Uruguay, PIT-CNT y que ellas
existen como gremio desde el año 1988. Ninguna de las 44 mujeres
aporta o se les realizan aportes de parte de sus patrones
a la seguridad social, lo cual configura una gruesa irregularidad
laboral y legal y una injusticia social.
Todas estas mujeres realizan
sus controles sanitarios en forma rigurosa desde el inicio
de su ejercicio profesional, ya que los mismos son requisitos
para poder trabajar. También es un tema contemplado en la
actual legislación mencionada y cuyo cumplimiento les permite
obtener la Libreta de trabajo o carné y que además las identifica
como TS y su fichaje en el Registro Nacional de Trabajo Sexual.
Este carné debe contener los siguientes datos:
a- Nombre,
apellido y fecha de nacimiento.
b- Fotografía.
c- Número de cédula de identidad.
d- Seudónimo.
e- Número de registro.
f- Constancia de haber obtenido el
carné de salud habilitante.
Con respecto a sus prácticas
sexuales en el trabajo encontramos que la actividad sexual
más frecuente es la penetración vaginal: 86,3% que en el lenguaje
del lugar se llama “sencillo”. El “medio
oficio”, práctica que incluye la felación y la penetración
vaginal lo practican el 50% de las consultadas: 22 mujeres.
Un dato que nos resultó curioso y sorprendente es la baja
proporción de mujeres que dice practicar el sexo anal: sólo
el 6,8%; el “completo” como se le conoce en el
lenguaje prostibulario, sólo lo practican en alguna oportunidad
3 de las mujeres encuestadas. Otras prácticas sexuales frecuentes
fueron el sexo grupal en un 16% y el voyeurismo en el 20%.
Consultamos algunas características
acerca de los clientes: estado civil, 26% son solteros, 32%
casados, 27% en pareja y 15% viudos; es mayoritario el grupo
de varones con pareja que concurre a buscar estos servicios
con las TS: 59%.
La edad de los clientes: 13% adolescentes,
entre 20 y 60 años un 73% y mayores de 60 años un 14%. La
mayoría son de clase media: 82%.
NOTA DEL EDITOR: debido a su extensión este artículo
se dividió en dos partes.
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legal en Treinta tres, Uruguay - Parte II
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