Prostitución legal en Treinta tres, Uruguay (Parte II)
 

Dr. F. Fraga,  Ed. Social L. Prieto,
Psic. Sex. C. Villalba
www.sexualidadplena.com

El tema del preservativo fue muy importante en este trabajo, ya que se confirmó un elevado uso del mismo: 93% de los varones lo utilizan; un 5% lo usa esporádicamente. Pero un hecho a destacar es que cuando consultamos si los clientes solicitan NO usarlo, nos encontramos con cifras alarmantemente altas de varones que piden prescindir de su uso: 73% de varones piden ocasionalmente no usarlo y 11%  siempre  piden NO usarlo. Muchas veces se accede a este pedido por dinero extra.  Es decir, un 84% de los varones piden en algún momento NO usar condón. Este es un grave problema de salud y epidemiológico a tener en cuenta y un fenómeno cultural extendido que puede esconder pautas de comportamiento peligrosas  y nocivas para la salud general.

Sólo el 11% tiene verdadera conciencia  de las ITS  y nunca pide no usarlo, o su afirmativo: lo usa siempre.

Se interrogó sobre el uso de sustancias y drogas y encontramos un amplio consumo de alcohol: 86%, lo cual está de acuerdo al lugar de trabajo como es la wiskería y que puede tener vinculación con alguna de las disfunciones sexuales  en los clientes como se analizará más adelante.  La marihuana se consume por el 20% de los clientes y la cocaína por el 16% de los mismos. Del mismo modo las TS reconocen que un 14% de sus clientes confesaron o manifestaron el uso de sildenafil para sus encuentros.

 

El 39% de las TS manifestaron haberse realizado abortos. La mayoría, 61% contestó negativamente. Del primer grupo que sí se realizaron abortos, más de la mitad (53%) se  realizaron más de 4 abortos. Creemos que por la ilegalidad que pesa en nuestro país y la “prohibición” social que recae sobre esta práctica, el número de mujeres que accede o accedió al mismo debe ser mayor. Similar razonamiento realizamos sobre el uso de tóxicos en las mismas TS, que no fue investigado, pero que pudimos palpar como de uso bastante frecuente a pesar de no haberse manifestado expresamente.

Consultamos a las mujeres si habían trabajado durante sus embarazos  y un 30% manifestó por la afirmativa. De ellas, el 25% lo hizo hasta el último trimestre y algunas hasta el término de los 9 meses de gestación. Un 14% de los clientes prefieren mujeres embarazadas y dentro de los gustos o preferencias sexuales encontramos las siguientes: “tocar la panza”,  “escuchar los latidos”, “ver los movimientos”, “tomar la leche de la madre”. Algunos de estos clientes incluso no las penetraban por los “temores” y sólo practicaban sexo oral.

¿Ha sufrido violencia familiar?

¿Ha sufrido abuso sexual en la infancia?

 

Las TS manifiestan que la amplia mayoría de los clientes tienen alguna Disfunción Sexual: 82%; más de la mitad 10% y menos de la mitad 72%.Sólo encuentran que un bajo 3% de los clientes no tiene ninguna dificultad a la hora del encuentro sexual. Dentro de este grupo  de clientes con alguna disfunción sexual, preguntamos específicamente cuáles se presentaban y con qué frecuencia:

Eyaculación precoz (EP) -- 30%
Disfunción eréctil (DE) -- 25%
Eyaculación-retardada (ER) -- 27%
Aneyaculación -- 18%

 

Varios comentarios podemos hacer con estos datos aportados. El ambiente prostibulario, sus prácticas y costumbres y la misma habilidad de la TS, consiguen que la EP se presente con frecuencia. Los 15 a 20 minutos que dispone cada cliente para estar en la pieza es clave para que,  “según la cara del cliente”, aparezca una u otra de las disfunciones: cualquiera se puede presentar si se dispone  de escasos minutos  para legar, buscar aunque sea un beso de acercamiento o seudopasión, desvestirse si el alcohol u otra droga lo permiten y “hacer el amor” y luego volver a vestirse para regresar al salón.

El alcohol y las otras sustancias en combinación pueden provocar algunas de estas disfunciones masculinas; si pasamos la eyaculación retardada llegaremos a la aneyaculación cuando la chica diga o afuera golpeen: el tiempo terminó.

Pero también estas mujeres tienen sus disfunciones sexuales en su vida privada; el DSH gana en todos los terrenos y aquí se presenta en un 42% de las mujeres;  la disfunción excitatoria 25%, anorgasmia 18% y dispareunia 15%.

 

CONCLUSIONES Y COMENTARIOS

De esta experiencia clínica pudimos obtener varias conclusiones planteadas en los objetivos  y algunos hallazgos.

A modo de resumen, su situación laboral es irregular, ya que a pesar de que existe la Ley 17.515 en la cual se dictan normas sobre el trabajo sexual y se lo legitima y casi la totalidad de las mujeres saben que su actividad es legal, no están comprendidas  en el sistema laboral ya que ninguna hace o se le realizan  aportes laborales. Estas mujeres están dentro del sistema de seguridad social como madres por la Asignación Familiar pero no como trabajadoras que cumplen con una normativa laboral desde el punto de vista sanitario. Se las encuadra como trabajadoras independientes y eventualmente dependientes si a juicio de la sala de abogados del BPS así correspondiere (Resolución de Directorio, año 95: Amparo de los TS).

Ser parte de esta cultura acarrea connotaciones negativas para aquella mujer que toma como ocupación el trabajo sexual ya que implica la trasgresión al modelo valorado de ser mujer en nuestra sociedad que es la de ser madre y esposa. Esta trasgresión al modelo socialmente aceptado es vivido como una  autocensura, implicando la introyección y aceptación de las normas impuestas por un orden social establecido que es censurador y castigador.

De esta trasgresión y autocensura es donde podemos hablar de estigma, haciendo nuestra la definición de Erving Goffman: “aquella huella en la identidad personal que señala la posesión o  la carencia de un atributo que por su calificación deseable-indeseable produce un descrédito individual”.

Esto lo podemos observar en que la gran mayoría de las TS no lo hacen en su lugar de origen y por el uso de seudónimos. El sacerdote jesuita Luis Pérez Aguirre decía que  “opera un desdoblamiento  de su vida personal de su vida de trabajo, no sólo con el nombre sino hasta en los más mínimos detalles, de vestimenta, de actitud  y vocabulario. Este desdoblamiento es un mecanismo muy frecuente de protección de su identidad y personalidad real”.

Hoy aparecen otras formas o arreglos familiares  resultado de diferentes factores sociodemográficos, económicos y culturales que no son la familia nuclear típica: 2 figuras  parentales  y los hijos. Tenemos las familias monoparentales con uno solo de los padres conviviendo y responsabilizándose de la crianza  y atención de los hijos; también las familias reconstruidas  o ensambladas  donde conviven una pareja y los hijos de vínculos anteriores.

De nuestro trabajo se desprende que es la mujer la figura estable en la familia, con compañeros ocasionales  que no hacen a la manutención familiar, siendo la mujer la que cumple con el rol de proveedor en el hogar. El ingreso promedio de  $10.500  mensuales (7 salarios mínimos nacionales) habla en tal sentido.

Desde el punto de vista sanitario, la posibilidad que se les presentó  a estas TS de tomar contacto con otro integrante del sistema de atención  hospitalario, se concretó en la consulta ginecológica de parte de varias de ellas, accediendo a exámenes que habitualmente no se realizaban como el Papanicolau y la colposcopía. La importancia para la salud integral, sexual y reproductiva de estas mujeres es notoria cuando decimos  que por primera vez algunas se realizaron estos exámenes  de prevención del cáncer genital. También existieron  consultas sexológicas  en aquellas TS disfuncionales.

Estas TS abrieron canales de comunicación en nuestro Hospital a partir del contacto que realizamos, salieron del frío y la rigidez con que son vistas  en el pasillo de la Policlínica 10, donde tienen “su lugar” y “su día” de atención.  Ellas crearon también lazos fuera del ámbito  hospitalario y colaboraron con nosotros en programas de difusión de la sexualidad, tanto en radio como televisión.

Por lo tanto, se cumplieron algunos objetivos trazados y  a otros logramos acercarnos; el camino recién comienza.

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