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Publicado
en: Geriátrika, Revista Iberoamericana de Geriatría y Gerontología,
Nº 1, Vol. 7, Año 7, Marzo 1997, Bs. As.
Introducción
Un nuevo antipsicótico, el risperidone, presenta una fuerte
afinidad de bloqueo de los receptores 5 -HT2 y de la familia
D2 (D2, D3, D4), de los histamínicos H1 y de los alfa1 y alfa2
adrenérgicos. La afinidad del risperidone por los receptores
de la serotonina es excepcionalmente alta: 200 veces mayor
que el haloperidol y si bien la correspondiente a los receptores
D2 es 20 veces menor que para los 5-HT2 su antagonismo dopaminérgico
es comparable al haloperidol (1) (2). También es un antagonista
de los receptores adrenérgicos alfa2 lo que explicaría la
disminución que produce en los síntomas depresivos y también
de los alfa1 lo que explica su tendencia a producir hipotensión
cuando no se comienza el tratamiento con dosis bajas.
El efecto terapéutico en la esquizofrenia es el
resultado del bloqueo de los receptores corticales de serotonina
y del sistema dopaminérgico a nivel límbico por lo que aliviaría
los síntomas negativos y positivos y el déficit cognitivo.
El balance del bloqueo de ambos sistemas con aumento de la
liberación dopamínica y disminución del antagonismo D2 en
la zona nigroestriada disminuiría el riesgo de aparición de
síntomas extrapiramidales (SEP) a dosis no mayores de 6 mg.
Trastornos de conducta en el
anciano
Recientes trabajos han demostrado la efectividad del risperidone
en el manejo del paciente geronte con síntomas psicóticos
o conductuales (3), (4). Aproximadamente un 70% de los pacientes
internados en Institutos geriátricos y gerontopsiquiátricos
padecen cuadros demenciales y un 90% de estos presentan trastornos
de conducta que entrañan riesgo para sí y para terceros (3).
Los trastornos de conducta más frecuentes incluyen: agitación,
actitudes agresivas verbales y físicas, insultos y gritos,
exhibicionismo, deambulación nocturna con insomnio, movimientos
anormales, ansiedad, y en muchos casos agregados a cuadros
delirantes y alucinatorios. En general esto precipita el pedido
urgente del traslado del paciente a una institución psiquiátrica
o el intento de una sedación con neurolépticos convencionales
y diazepinas, en muchos casos indicados por los médicos clínicos.
Los neurolépticos más usados en pacientes geriátricos en nuestro
medio son: clotiapina, haloperidol, tioridazina, levomepromazina
y clorpromazina, pero muchos de ellos tienen poco o bajo efecto
en los trastornos de conducta no cognitivos. Además presentan
serios efectos extrapiramidales (SEP), sedación o retracción
social marcada, lo que lleva a que los familiares se quejen
de que el "paciente está todo el día sedado". Otra
dificultad que se puede presentar es el paciente refractario
a los antipsicóticos convencionales, como suele ser el caso
de cuadros esquizofrénicos o esquizoafectivos crónicos o que
padezca una enfermedad de Parkinson lo que acentúa los cuidados
para evitar el agravamiento de los síntomas extrapiramidales.
Situaciones desencadenantes de trastornos conductuales
Hay que tener en cuenta que diversas causas pueden
descompensar a un paciente geronte, esté en su hogar o en un geriátrico y debemos
realizar una evaluación exhaustiva antes de decidir el uso de antipsicóticos
cuando nos enfrentamos con trastornos de conducta. Un primer hecho puede ser
que estén recibiendo medicación concomitante que actúe como causal de esos síntomas
. Algunas de las medicaciones que pueden producirlos son (3):
Otras causales como los desequilibrios electrolíticos
y deshidratación, sepsis e infecciones, problemas cerebrovasculares, enfermedades
neurodegenerativas (Alzheimer, Parkinson, Huntington).(3), pueden desencadenar
una descompensación lo cual aconseja, antes de dar medicación psiquiátrica,
descartar las intercurrencias clínicas, neurológicas, medicamentosas y, algo
de particular importancia, como son los cambios generados en su entorno (familiares,
cohabitacionales y ambientales, aislamiento, abandono, ausencia de visitas).
Estos distintos elementos diagnósticos nos permiten evitar, a veces, mediante
la corrección de los mismos, el uso de neurolépticos.
En los planes de salud del gobierno Norteamericano (3) se destacan algunas indicaciones
para el uso de antipsicóticos en pacientes internados con trastornos conductuales:
-
Actitud golpeadora (auto
o heteroagresiva)
-
morder, arañar o dar
puntapiés en forma reiterada y frecuente que causen peligro al paciente
o a otros (incluyendo a miembros del equipo asistencial), o que interfieran
con el cuidado del paciente.
-
Deterioro o debilitamiento
funcional causado por alucinaciones, delirios, actitud paranoide.
-
Deterioro funcional causado
por crisis de llanto o de gritos o deambulación, en forma continua y reiterada.
Estudios clínicos
En diferentes ensayos clínicos el risperidone mostró
ser seguro y más efectivo que los neurolépticos tradicionales para el manejo
de los trastornos de conducta relacionados con la demencia, en casos de agitación
o en cuadros esquizofrénicos en pacientes mayores de 65.
En un estudio realizado durante 10 semanas con pacientes ancianos dementizados
con agitación, se comenzó con 0,5mg hasta llegar a una dosis máxima de 3 mg
(5). El resultado fue que, en más de un 50%, se obtuvieron mejoras, según las
diferentes escalas de evaluación utilizadas y casi un 80% mejoraron de acuerdo
a la CGI (escala de impresión clínica global) y si bien sabemos que los pacientes
gerontes son susceptibles a desarrollar SEP sólo en uno hubo que suspender el
risperidone por efectos extrapiramidales. También las actitudes agresivas decrecieron
sensiblemente de lo cual se infiere que puede ser un recurso eficaz en este
tipo de pacientes sin el riesgo de neurotoxicidad.
Asimismo en pacientes geriátricos con esquizofrenia
o trastornos esquizoafectivos ha probado ser de utilidad, incluso en muchos
de aquellos que fueron refractarios a los antipsicóticos standard (6) aunque
siempre la mejor respuesta se da en quienes tuvieron una historia de una reacción
favorable a los neurolépticos y en aquellos en que se utilizan técnicas terapéuticas
combinadas (contextuales, psicosociales).
En otro estudio realizado entre 47 pacientes geriátricos
hospitalizados con diagnósticos de esquizofrenia, demencia y retardo mental,
bipolares y depresión con síntomas psicóticos se obtuvieron mejoras en todas
las variables de la BPRS (Breve escala de evaluación psiquiátrica) y con dosis
entre 2-3mg fue bien tolerado. Discontinuaron 4 pacientes: dos porque rechazaron
la medicación y los otros porque desarrollaron complicaciones, pero un paciente
con antecedentes de síndrome neuroléptico maligno con neurolépticos standard
toleró y respondió favorablemente con risperidone (7).
Dosis utilizadas
Si bien se afirma que la dosis inicial debería
ser de 1 mg vemos en la práctica que es aconsejable comenzar con 0,5mg (5) (8),
hasta llegar a una dosis de 2 a 3mg, rango en el cual se obtienen los mejores
resultados en cuanto a seguridad y respuesta (4), (6), (7), (9).
Algunos investigadores (9) han hallado que la dosis
media de 1 a 2mg suele ser efectiva en un 85% de los casos y no obtuvieron,
en un lote de 122 pacientes > de 65 años, mejor repuesta en los medicados
con más de 2mg que en los de menos de 2mg. Observaron efectos secundarios en
un 1/3 de los pacientes siendo los más frecuentes: hipotensión (28,7%), SEP
(10,7%), hipotensión ortostática (9,8%). La baja tensional fue común en aquellos
con enfermedades cardiovasculares o en quienes estaban medicados con IRSS o
valproatos.
Distintos estudios (3) (4) (5) muestran que dosis
bajas (< de 4mg) son bien toleradas por los pacientes gerontes con bajo riesgo
de SEP, que no tienen efectos anticolinérgicos y débil efecto antihistamínico
por lo que rara vez causan sedación. La hipotensión se minimiza con bajas dosis
y titulaciones lentas a partir de 0,5mg incluso pudiendo sostener ésta antes
de subir de a 0,5mg por semana hasta llegar a la dosis útil, que en algunos
casos puede estar entre 0,5 y 1 mg y en otros entre 2-3mg.
En seguimiento mayor a un año (10) también se ha
observado baja o nula aparición de SEP, ausencia de alteraciones hematológicas,
hipotensión leve que no obligó a suspender el risperidone, aumento de peso e
hiperprolactinemia, cambios insignificantes en ECG, no habiendo registrado ningún
caso de diskinesia tardía. Otras reacciones detectadas fueron: rash, agitación,
insomnio (8), trastornos gastrointestinales, retención urinaria.
Como comentario final podríamos agregar que sería
auspicioso y práctico, especialmente para pacientes domiciliarios, disponer
de solución oral de risperidone que, si bien no se encuentra en el mercado,
sabemos que se está ensayando con ella (11): los resultados informados hasta
el momento muestran una bioequivalencia entre la solución y las formulaciones
en comprimidos, lo que permitiría un mejor manejo del paciente geronte no internado,
con trastornos de conducta o síntomas psicóticos, que se niega a tomar la medicación.
También hay trabajos que hablan de la utilidad
del uso conjunto con antioxidantes para prevenir la diskinesia tardía (12) y
cambios en los sistemas cerebrales dopaminérgicos (13) lo que, si bien es un
dato experimental, podría tenerse en cuenta como medicación concomitante.
Conclusiones
Antes de medicar con neurolépticos
en pacientes gerontopsiquiátricos debería realizarse una detallada
y minuciosa evaluación de los factores concurrentes que puedan
incidir en la aparición de una crisis: 1) medicamentosas,
2) clínicos, vasculares y neurológicos, 3) ambientales, 4)
contextuales y familiares. Asimismo sopesar el riesgo-beneficio
que el uso de los antipsicóticos entraña, debido a sus efectos
adversos tales como SEP y diskinesia tardía, sedación marcada,
confusión, retraimiento social, depresión y el riesgo de interacción
con otros medicamentos. Y esto suele ser el caso de muchos
neurolépticos tradicionales. Los nuevos antipsicóticos como
el risperidone y otros que están en fase de experimentación,
pueden ser un recurso eficaz y seguro para el manejo de los
trastornos de conducta no cognitivos, los cuadros esquizofrénicos
y esquizoafectivos, síndromes delirante-alucinatorios e incluso
bipolares (7) (14) (15) sin incomptabilidad de asociación
con litio y valproato lo que, por otro lado, nos permite en
algunos pacientes evitar internaciones o traslados a institutos
psiquiátricos, tanto como acortar el tiempo de internación
cuando el caso no permite o desaconseja una larga estadía
de hospitalización.
Bibliografía
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En: Pharmacotherapy, Vol. 14, nro 3, 1994.
(3) Goldberg, R., Goldberg, J.: Antipsychotic for
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En: Clinical geriatrics, vol. 4 nro 2, feb. 1996.
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treatment of elderly psychiatric patients. En: Annual Meeting of APA, NY, USA,
1996.
(5) Lavretsky, H., Sultzer, D.: An open-label study
of risperidone for the treatment of agitation in dementia. En: Annual Meeting
of APA, NY, USA, 1996.
(6) Stanton, S., Wilson, D.: Clinical predictors
of acute risperidone response in elderly patients with schizophrenia and schizoaffective
illnesses. En: Annual Meeting of APA, NY, USA, 1996.
(7) Joshi, V.: Risperidone in geriatric patientes
with chronic psychoses and concurrent medical illnesses. En: Annual Meeting
of APA, NY, USA,1996.
(8) Sapetti, A. y col.: Eficacia del risperidone
en pacientes esquizofrénicos: resultados de un estudio clínico multicéntrico
(en preparación).
(9) Zárate, C., Siegel, A.: Risperidone in the
elderly. En: Annual Meeting of APA, NY, USA,1996.
(10) Brecher, M.: Long term safety of risperidone.
En: Annual Meeting of APA, NY, USA, 1996.
(11) Gutiérrez-Esteinou, R.: Bioequivalence of
oral solution and tablets of risperidone in normal male subjects. En: Annual
Meeting of APA, NY, USA, 1996.
(12) Cadet, J.: Free radical mechanism in tardive
dyskinesia. En: Annual Meeting of APA, NY, USA, 1996.
(13) Wyatt, R: Early intervention in first episode
schizophrenia. En: Annual Meeting of APA, NY, USA, 1996.
(14) Tohen, M., Zárate, C., Hegarty, J.: Risperidone
in the treatment of mania. New & experimental psychopharmacology Clinic,
Belmont, Ma, USA.
(15) Ayd, J.:Risperidone: lessons learned 1984-1995.
En: International drug therapy newsletter, vol. 30, nro. 2, feb. 1995.
Dr. Adrián Sapetti.
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