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por el Dr.
Andrés Flores Colombino, Uruguay
Sociedad Uruguaya de Sexología.
Presidente de FLASSES. WAS
De
acuerdo a la literatura consultada y nuestra experiencia, veamos cuales
son los síntomas y signos más frecuentes de la crisis de la mediana edad
(Flores Colombino 2001):
a. Depresión
b. Trastornos de la identidad personal y social
c. Trastornos hipocondríacos
d. Consumo con abuso de sustancias
e. Problemas laborales
f. Conductas maníacas o sorpresivas con cambios extravagantes
g. Problemas conyugales
h. Trastornos sexuales
Dejamos
como último ítem –a desarrollar en la Parte 3- el de los problemas sexuales
y conyugales, pero si consideramos oportuno, haremos alguna referencia sobre
nuestros hallazgos en los demás síntomas y signos.
a. Depresión
La depresión en el síntoma más
importante de la crisis de la mediana edad según Erikson 1950) Los frecuentes
accidentes de automóvil o del hogar corren por cuenta de esa tendencia suicida.
Manejar sin cuidado o cruzar la calle sin mirar son equivalentes suicidas.
Haseloff (1978) dice que el aburrimiento es el síntoma clásico de la crisis
de la mediana edad. Es decir, en la crisis de la mediana edad hay depresión,
en la que lo típico es la desesperanza, y hay aburrimiento, fuente de desesperación.
La desesperanza implica que ya no se espera nada del futuro y la desesperación
implica que ya no se espera nada del presente, según reflexionaba el
filósofo español Julián Marías (1975), en su obra “El cansancio de la vida”.
No siempre la depresión se acompaña de trastornos sexuales, pero Helen Kaplan
(1982) la considera como causa frecuente de disfunción del deseo.
b.
Trastornos de la identidad personal y social
La crisis de la propia identidad
es típica de quienes cursan una crisis de la mediana edad (Mischterlich
1978). En realidad quieren cambiar todo de sí, sin motivo aparente. Y cambios
de pareja, pues antes de envejecer, surge el deseo de conocer sexualmente a
alguien más que su marido. El ‘nido vacío’ precoz se registra en los países
en que las mujeres y varones se casan jóvenes y son abuelas y abuelos a los
40. Pero a cualquier edad, afecta más a las mujeres. Les provoca cambios de
roles, y piensan que viven una vida sin sentido al terminar la crianza de los
hijos.
El temor a envejecer manifestado por
mentir la edad, hacerse cirugías, competir con los hijos e hijas, revela problemas
con su identidad. Buscan nuevas fuentes de felicidad, a veces a cualquier costo:
la ética, el endeudamiento, la reputación. Gente honesta deja de serlo. O consultan
simplemente porque han llegado a los 40 años sin formar pareja, como dos casos
de la muestra.
c.
Trastornos hipocondríacos
La tendencia a la hipocondría
fue señalada por Erikson (1950). Indicaría que quien sufre la crisis de la mediana
edad no acepta su cuerpo. Los síntomas más frecuentes son: dolores de cabeza,
cansancio, gastritis, diarreas o estreñimiento, lumbago, temor al reumatismo,
dolores generalizados o vagos, temor a la menopausia y al climaterio,
al cáncer de mama, al fibroma de útero. Abandonan las píldoras anticonceptivas
y leen los prospectos de todos los medicamentos. Realmente a esta edad son más
propensas al cáncer de mama, 6 casos; histerectomía, 10 casos; prolapso vaginal,
2.
En ambos sexos se entregan a ejercicios
excesivos, caminatas, por temor a la obesidad, sobre todo. Tres casos consultaron
porque la obesidad le traía problemas sexuales y conyugales. Consultan a médicos
para chequeos “por las dudas”, pero desconfían de los informes médicos.
d.
Consumo con abuso de sustancias y adicciones nuevas
Como la crisis de la mediana
edad coloca al individuo en alto grado de vulnerabilidad y desactiva las defensas
en los que poseían tendencias adictivas, se observa el consumo aumentado de
drogas: alcohol, tranquilizantes, marihuana y otras. Sobre todo el alcoholismo
femenino es muy notorio, así como el tabaquismo y el uso de tranquilizantes
para dormir. Las disfunciones sexuales inducidas por sustancias (Flores Colombino
2003) en estas edades suman 28 casos (58% de la muestra), de las cuales el 65.4%
tiene disfunción del deseo, el 20 % anorgasmia y las drogas más utilizadas son:
antidepresivos (22.5%), ansiolíticos (18%), antipsicóticos (11.3%), drogas como
alcohol o cocaína (9.8%), hipnóticos (5.7%).
Los deseos de evasión, se expresan
a través del consumo incontrolado de programas de televisión, los viajes por
Internet o la lectura compulsiva de novelas livianas, el juego de cartas
entre amigos o amigas y aun en los casinos. En realidad las ‘workaholics’
viven el trabajo como una adicción y la crisis de la mediana edad empeora el
cuadro previo.
e.
Problemas laborales
Las deficiencias en el ejercicio
de las actividades profesionales corren por cuenta de la depresión propia de
la crisis. Pero el cuadro es más grave que en otras edades, pues creen estar
en obsolescencia profesional. No toleran la competencia de las más jóvenes y
creen no poder alcanzar nunca el nivel profesional de los mayores.
Si tienen éxito lo malogran sin poder
mantenerlo. La ‘sensación de estancamiento’ es típica de la mediana edad (Erikson
(1950), se piensa que ‘ya se ha vivido todo’ (Brim 1975). Dice Levinson (1972)
que el tema en la crisis no es éxito o fracaso, sino la insatisfacción: "todo
cuanto ha hecho corresponde a una estructura de la vida que no coincide con
sus convicciones íntimas".
Si comienzan una segunda profesión,
es loable en caso de jubilación, pero la cambian en plena actividad por otra
profesión menos interesante y rentable que la primera, para asombro de amigos
y familiares. Las ‘adictas al trabajo’ incrementan sus horarios y abandonan
espacios de intimidad con sus parejas e hijos, con el pretexto de un progreso
económico para la familia o la pareja y lo hacen para no pensar, exentas de
creatividad y entusiasmo, con lo que la calidad del trabajo, aunque abundante,
es baja y de escaso rendimiento. En los trabajos que implican una carrera funcional,
llegan a dar la negativa a propuestas firmes de ascensos en el escalafón. Se
sienten inseguras de sus posibilidades, estancadas y con un agotamiento de los
proyectos.
f.
Conductas maníacas o sorpresivas con cambios extravagantes
Lo característico de la crisis
de la mediana edad son las fugas y desapariciones bruscas, inmotivadas, misteriosas
y a veces permanentes. ‘Salió a comprar cigarrillos o a trabajar y nunca más
volvió’. A veces desaparecen con lo puesto y sin dinero. Otras, la huida es
planeada cuidadosamente por meses. El intento de realizar sueños extravagantes,
o síndrome de Gauguin, reivindica el derecho a tener tiempo libre, a hacer lo
que se le da la gana, sin patrones ni horarios y dedicarse al “dolce far niente”.
Entre las conductas extravagantes
de los varones en plena crisis de la mediana edad –que las sufren sus parejas-
se destacan los cambios en la manera de vestir: ropas juveniles, equipos de
jean, ropas deportivas de marca y colores chillones o de moda, como si fueran
adolescentes. Los varones que eran conservadores y propietarios de autos amplios
y familiares se compran motos, y todos los artefactos anexos, guantes, botas,
camperas, lentes oscuros, se hacen motoqueros en grupos. O cambian sus
autos amplios por otros deportivos, cuando pueden y a veces cuando no pueden,
también. Esto exaspera a sus mujeres. La atractividad sexual que lucen cambia
de modelo.
“Las mujeres, al llegar a los
40 se acortan las polleras”, dice la creencia popular. La minifalda, la ropa
ajustada, la preocupación por la dieta, la línea, el uso de cremas para la piel,
en mujeres que no eran cultoras de dichos hábitos, pueden expresar su crisis
de la mediana edad. Las mujeres se independizan, se rebelan contra los maridos
que las ahogan o anulan, verdadera o supuestamente, exigen tener su
propia cuenta bancaria o comenzar a trabajar fuera del hogar, para tener sus
propios ingresos.
El abandono del hogar sin medir las consecuencias, acompañada
de parejas jóvenes –hetero u homosexuales- generalmente de menor rango social
o intelectual, es una expresión de la crisis. La aventura sexual, aunque sea
una sola vez, suele darse a esta edad media, y el argumento esgrimido por las
mujeres es: “no puedo morir sin haber conocido otra cosa. Mi marido conoció
a varias mujeres ¿porqué yo no puedo conocer a alguien más?”. Lo plantean como
una cuenta pendiente con la vida.
g. Problemas conyugales
Las riñas conyugales suelen tener como tema: el aburrimiento,
la falta de diálogo, la baja frecuencia sexual, la revelación o descubrimiento
de aventuras sexuales por parte del varón y de la propia mujer, los conflictos
postergados cuando estaban presentes los hijos que actuaban como catalizadores
y hoy ya no están –el nido vacío-, la exigencia al esposo tenga más éxito económico
o social, o cónyuges que no han podido procesar el éxito del varón. Los mayores
sueldos de la mujer pueden ser insoportables para el esposo, pues se invierten
los roles tradicionales del matrimonio.
La ruptura matrimonial con separación
(más en varones) o divorcio (más en mujeres), es frecuente. La “esposa fugitiva”
es típica de los 35 años (Sheehy 1976), edad en la que la mujer siente que sus
hijos y la casa la absorben, la obligan a postergar sus aspiraciones, a sobrededicarse
al hogar o a los hijos o al trabajo, descuidando los otros campos de su vida.
Todo ello la aleja de su pareja y el matrimonio pierde sentido. A los 40 la
mujer que siempre acompañó al marido y apoyó su crecimiento y su éxito, ahora
se siente postergada, fracasada, estancada, sin haber podido lograr aquello
que aspiraba y a lo que tuvo que renunciar para dar espacio al marido. Ahora,
en lugar de considerar el triunfo del marido como el de ambos, envidia secretamente
la situación del otro, y busca otra pareja.
La mujer de 40 años no siente que está acabada, sino que
“aun puede”. Su propia sexualidad registra un pico en su nivel de deseo sexual,
mientras que su pareja a veces comienza su declinación hormonal. Aun es fértil
y posee una madurez lozana, fresca, características que ya se han perdido casi
del todo desde la menopausia que ocurre a los 50 años y más.
Las aventuras sexuales o la
búsqueda de nueva pareja por parte del varón, casi siempre se viven con parejas
más jóvenes y de menor nivel y, según Neumark (1986), con “muchachas que no
establezcan comparación entre su potencial actual y posterior”. Es decir, busca
parejas jóvenes y bonitas que luce socialmente como un trofeo, como diciendo
“yo puedo todavía”, y que no lo juzga y por el contrario, le da su admiración
por su madurez y experiencia. Su esposa lo considera todo lo contrario: inmaduro
y fracasado (Neumark y Turias 1986). Entre las consultas sexológicas de la mujer,
la demanda de que el marido abandonó o se enamoró de otra mujer o simplemente
descubrió la infidelidad, constituye 24 de nuestra muestra de 365 consultas
(el 7%), de las cuales 2 se contagiaron de infecciones sexualmente trasmisibles
y 2 de infección por VIH. Solo 4 consultaron porque se enamoraron de otro
hombre y les trajo problemas; 2 casos de enamoramiento por cibersexo,
2 de celotipia del varón, 3 por celotipia de ella, 3 de golpeadores, 7 de maridos
alcohólicos, y 3 que no se bañaban casi nunca. O descubrieron preservativos
en la cartera del marido cuando ellas ya hace años pasaron la menopausia. O
pastillas de sildenafil, cuando con ellas se declaran impotentes.
La búsqueda de parejas más jóvenes
ocurre en ambos sexos. Nosotros hemos registrado en un solo año –1999-) en el
Uruguay, que en 17.000 matrimonios legalizados, 2.200 correspondían a varones
mayores de 50 años o más, de los cuales 8 se casaron con novias menores de 20
años, 20 con novias entre 20 y 24 años y 28 con novias entre 24 y 29 años. Es
decir, 56 varones mayores de 50 se casaron con mujeres menores de 30 años.
En cuanto a las mujeres mayores
de 50, ninguna se casó con varones menores de 20, pero 4 lo hicieron con novios
de 20 a 24 y 8 con novios de 24 a 29 años. Es decir, 14 mujeres mayores de más
de 50 se casaron con varones menores de 30 años. ¿Y los que formaron pareja
sin casarse? No tenemos datos. Pero deben ser muchos más.
(*) Dr. Andrés Flores Colombino
Médico Psiquiatra, Geriatra Gerontólogo y Sexólogo Clínico
Miembro del Advisory Committee de la World Association for Sexology (WAS)
Presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación
Sexual (FLASSES), Fiscal de la Sociedad Uruguaya de Sexología.
Nota del Dr. Adrián
Sapetti: este artículo, debido a su extensión, ha sido dividido
en partes en acuerdo con su autor, las que se irán publicando
en meses sucesivos.
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