(ABORDAJE
DE LA ESTRUCTURA FÓBICA EN LAS TERAPIAS SEXUALES)
"Si no me encuentras
al principio no te descorazones / si no estoy en una parte, búscame en otra
/ en algún lugar te espero". Walt Whitman , "Hojas de hierba"
Las diferentes estructuras
psicopatológicas no presuponen el mismo abordaje terapéutico. Este hecho,
que es bien conocido en el campo de las psicoterapias de orientación psicoanalítica
y en las conductuales, es válido también en el campo de las Terapias Sexuales.
Freud ya hablaba del "descubrimiento de que las distintas formas patológicas
no pueden ser curadas con la misma técnica" y se planteaba la tarea de
adecuarla a nuevas y variables condiciones (1). El paciente fóbico, dada sus
características de ser alguien que "está siempre por irse" (2),
en viaje permanente, nos plantea algunas dificultades particulares que muchas
veces no llegan a evidenciarse debido a un aspecto nuclear en el curso del
tratamiento: la frecuente deserción.
En los casos en que el síntoma
fóbico aparece con claridad -fobia a la penetración, claustrofobia o agorafobia-
el diagnóstico es relativamente claro, pero no lo es tanto en el llamado carácter
fóbico, donde lo que se detecta es una forma estable de comportamiento, con
una manera automática de regulación de la angustia, con un conjunto de rasgos
que lo caracterizan, pero sin la presencia de verdaderos síntomas. Lo podríamos
definir por un permanente estado de alerta y exploración del medio ambiente,
ya que para el fóbico la relación con el otro pierde su neutralidad para convertirse
en la posibilidad de un peligro inminente y próximo. Un rasgo típico es su
tendencia hacia la huida (de las parejas, de la relación sexual, de su vocación,
de la vagina o el pene, del tratamiento). Aunque también observamos como mecanismo
contrafóbico una "huida hacia adelante", donde para vencer la fobia
arremete contra su dificultad; es el paciente que viene a la consulta y nos
dice: "vuelvo a estudiar y apruebo todas las materias en un año"
o "a partir de hoy cambio mi vida: con el primer muchacho que salga me
acuesto", o "esta vez es la definitiva, conocí una mujer en el trabajo
y en un mes me caso"; aunque después, como el personaje de una obra
de Gogol, salte despavorido por la ventana mientras la novia se prueba el
vestido en la habitación contigua. Es que, como decía Graciela Peyrú: "una
cosa es hacer algo contra la fobia y otra, una contrafobia".
La fobia se nos presenta como
una estructura defensiva construida sobre una serie de evitaciones, prohibiciones
y precauciones ante determinados objetos o situaciones cuya proximidad despiertan
angustia. Recordemos que el paciente se mantiene, gracias o a pesar de, a
través de las defensas (2), en un cierto estado de equilibrio y recurre a
la consulta cuando ve que los demás se casan y él no, cuando su pareja amenaza
con dejarlo o hay ciertas presiones sociales y, por supuesto, por disfunciones
sexuales.
LA ESTRUCTURACIÓN DE UNA
FOBIA
Si bien es demasiado complicada
para definirla aquí, básicamente el psicoanálisis habla del temor a la castración,
pero con la característica de que en las fobias se exterioriza y hasta se
confiesa. Sobre una fobia infantil se va estructurando la fobia del adulto,
las situaciones peligrosas son reavivadas permanentemente en épocas ulteriores
y la castración se actualiza bajo diferentes formas. Para Lacan, el surgimiento
de una fobia en el adulto requiere el precedente de una castración simbólica
defectuosa, pues falla la función paterna, o sea, una falta de estructuración
simbólica del deseo edípico. La fobia expresaría así, de manera ambigua, tanto
el deseo como el temor a la castración; el fóbico tiene miedo, dice Diana
Etinger, de olvidarse de que tiene miedo (3). Este aspecto nuclear deberíamos
tenerlo presente ya que el fóbico desea y teme al mismo tiempo, se asoma y
huye, desea curarse pero teme que eso mismo ocurra, anhela la penetración
o el orgasmo pero siente miedo ante lo que pueda pasarle.
ALGUNOS CASOS CLÍNICOS
Algunos de los que se presentan
fueron asistidos por mí, otros son basados en comunicaciones de psicoterapeutas
que habían derivado sus pacientes a Terapias Sexuales, y otros casos fueron
detectados en supervisiones.
Caso 1: paciente de 38 años
que consulta por disfunción eréctil; tiene en su haber varios noviazgos que
fracasaron poco después de fijar la fecha de boda. Dice estar en pareja y
teme que "por la impotencia no pueda lograr lo que tanto anhelo: que
es casarme, sobre todo ahora que conocí a una chica excepcional".
Sobre el final de la primera entrevista, cuando el terapeuta le plantea la
posibilidad de trabajar conjuntamente con él y su pareja, dice: "bueno,
yo no estoy seguro que N. quiera venir y, además, no sé si quiero seguir con
ella". El paciente no concurre a la segunda entrevista aduciendo
telefónicamente que "tenía que hacer un viaje al interior".
Caso 2: una arquitecta de 32años,
soltera, consulta por vaginismo. Luego de la segunda entrevista diagnóstica,
cuando se le explicita el contrato de concurrir una vez por semana, manifiesta:
"yo estoy muy apurada y urgida por esta situación y quisiera venir
dos veces por semana". El terapeuta accede y observa que viene a
una y falta a la otra, o llega tarde, casi faltando pocos minutos para la
finalización, aduciendo problemas laborales. Luego empieza a faltar hasta
que abandona, ya que tenía "graves problemas que atender" y
agrega que "cuando los solucione volvería a pedir turno".
Caso 3: un joven ingeniero
consulta por eyaculación precoz; es derivado por su psicoterapeuta. Refiere
que nunca había penetrado a una mujer porque "siempre eyaculaba muy
rápido, incluso en el calzoncillo". Cuando a la cuarta entrevista
se le pide, luego de ejercicios de autoestimulación con parada-arranque, de
realizar la penetración estando su pareja arriba, llama por teléfono diciendo
que iba a dejar el tratamiento puesto que había peleado con la novia después
de haber perdido la erección al intentar penetrarla y eso "lo había
desilusionado mucho". Se lo insta a retomar el tratamiento y allí
cuenta que, en realidad, lo que más le molestaba, y no lo había contado antes,
era una hipersensibilidad en el glande. Agrega que cuando el terapeuta, en
una sesión anterior, le había explicado los métodos anticonceptivos se sorprendió
del lugar en el que iba colocado el DIU puesto que creía que "se colocaba
en la vagina y que el pene se podía enganchar en el espiral". Ante
la presunción de que la eyaculación precoz encubría una fobia a la penetración,
se decide cambiar la estrategia.
Caso 4: paciente de 41 años,
soltero, concurre a una entrevista sexológica por haber presentado una disfunción
erectiva con una mujer a quien había conocido recientemente. Durante varios
años había mantenido una relación homosexual sin presentar episodios de impotencia.
Se le recomienda Terapia Sexual con una terapeuta mujer. El paciente acepta
sin retaceos, pero luego no concurre a la entrevista. Dirá luego, en otra
consulta con el terapeuta varón: "dije que sí a pesar del pavor que
eso me produjo porque pensaba que la mejor manera de vencer el miedo a las
mujeres era tratarme con una de ellas, pero cuando lo pensé‚ mejor me dije:
ella no me podrá entender".
Caso 5: una mujer casada de
28 años, con un hijo, cuenta que sólo una vez tuvo un orgasmo que fue "extraordinario
pero luego me asusté y en cada encuentro con mi marido finjo tenerlo”.
Es derivada por su psicoterapeuta y refiere en la entrevista sexológica que
“estoy dispuesta a todo para curarme porque paso por una etapa que ni
me estimulo a solas y mi esposo algo sospecha”. Tiene en su corta vida
tres separaciones, dos tratamientos abandonados y haber comenzado arquitectura,
inglés, decoración de interiores, veterinaria, administración de empresas
y marketing de ventas, sin terminar ninguno de esos estudios. A pesar de no
presentar antecedentes de masturbación, la terapeuta sexual le indica que
intentase –en su domicilio- explorarse sus genitales a lo que ella no pone
reparos... pero no concurre nunca más. Argumentará luego en otro tratamiento:
"eso iba contra mis principios religiosos... yo estaba dispuesta a
todo, pero ¡no a tanto!".
Caso 6: se trata de un matrimonio
no consumado que consulta porque –según el relato de ambos- el marido ha tenido
un romance extraconyugal y amenaza con separarse. Están casados desde hace
5 años y ella ni tolera la mínima visión de los genitales. El marido reitera
que se va a separar. En el curso del tratamiento el terapeuta le muestra un
dibujo de los genitales externos femeninos en un libro de Anatomía, ante lo
cual ella hace un desmayo en la consulta. Se decide medicarla con un ISRS.
En la quinta sesión –ya separada del marido- ella expresa que se siente más
confiada y se plantea, por primera vez, la concurrencia a un ginecólogo para
un control; en esa sesión ella expresa "ahora entiendo lo que perdí por
mis actitudes; por suerte sé que lo puedo cambiar y lograr lo que tanto anhelo:
poder tener relaciones sexuales normales y llegar a tener un hijo". Tras
estos enunciados deserta del tratamiento sin ningún tipo de explicación ni
de dar la posibilidad de analizar los aspectos transferenciales que allí surgieran.
Creo que uno de los posibles
detonantes de deserción podría ser el furor curandi por parte de los
terapeutas y un dejarse apurar por "el enorme deseo de curarse"
que los fóbicos anuncian casi sistemáticamente en el comienzo de toda terapia.
Una paciente mía, durante la primera entrevista psicoterapéutica, me planteó
que deseaba concurrir cuatro veces por semana. Yo le contesté: "con dos
sería suficiente". Luego confesaría que el mismo día que pidió la entrevista
conmigo lo había hecho con otra terapeuta, para decidirse por el que "mejor
lo comprendiera".
POSIBILIDADES DE ABORDAJE
TERAPÉUTICO
Una manera de pensar el tratamiento
de un paciente con características fóbicas sería pensarlo en etapas. Cada
una de ellas presentará distintas dificultades y posibilitará determinadas
intervenciones y no otras, en la medida que la capacidad de tolerar la angustia
lo vaya permitiendo. Una etapa fundamental de todo tratamiento, sea psicoterapéutico
o sexológico, sería el de crear una alianza de trabajo. En esta etapa de
creación del vínculo terapéutico el fóbico nos irá probando para ver si somos
amenazantes para su mundo, si seremos confiables. En este sentido, siempre
nos someterá a una prueba, no dejará nada por escrutar: el encuadre, las
condiciones del contrato, la personalidad y hasta el sexo del terapeuta. Es
un paciente que, al enfrentarnos, se encuentra tanto con amenazas de encierro
como de abandono, y seremos para él, desde la primera entrevista, tanto un
objeto protector como un objeto peligroso (2).
Es un paciente que viene pero
no sabe si podrá seguir, no sabe si tendrá horas libres o dinero para pagar
las sesiones o, más marcadamente, no sabe si se "tiene que tratar"
porque a lo mejor la solución está "en otro tipo de tratamiento"
(psicoanálisis, psicofármacos, cirugía, inyecciones hormonales, el urólogo,
el ginecólogo).
Quizás no sería prudente decirle
que "se debe tratar", sino que él siente esa contradicción entre
tratarse y no hacerlo, ya que si le decimos que se tiene tratar su angustia
claustrofóbica puede hacerlo desertar, pero si le decimos que no es tan importante
que se trate, se angustiará por sentir que lo abandonamos. En esta fase sería
conveniente trabajar hasta elaborar sutiles zonas de transición entre lo que
es posible y necesario y lo que no lo es. Aún los aspectos en desacuerdo pueden
ser compartidos y para eso puede ser bueno hablar de lo que no se habla y
de cómo se habla.
Se podrá, en ciertos casos,
anticipar la aparición de posibles resistencias: "quizás Ud. en el curso
del tratamiento sienta ganas de dejarlo" o "es posible que presente
serias negativas a venir aquí" o "comprendo que hablar de su sexualidad
y hacer tal o cual tarea no sea cosa fácil y tal vez a Ud. no le convenga,
por distintas razones, cambiar sus hábitos sexuales" o enunciados similares.
En el caso concreto de las
Terapias Sexuales podríamos aproximarnos al núcleo del conflicto de una manera
gradual a través de técnicas o tareas más bien neutras: enseñarle a relajarse,
suministrarle información general, pedirle que lea algún libro o solicitarle
algún examen complementario, y no dejarnos seducir cuando nos dice "cúreme
rápido, indíqueme alguna medicación... por favor, confío en Ud. y me entrego
totalmente" (en este mensaje encubrirá también un "no sé
si debo entregarme totalmente a Ud. y quisiera que lo hagamos lentamente porque
si no, me angustio").
En una segunda etapa, ya consolidada
una alianza de trabajo que le permita al paciente confiar en nosotros haciéndonos
depositarios de esa angustia que lo cercena, podremos ir reconociendo y trabajando
sobre las pautas vinculares y su peculiar inserción en el mundo de las relaciones
donde está inmerso y con las dificultades que reconoce en otros pero no en
sí mismo. En cierta manera dirá: "no me animo a pensar que todo esto
me pase a mí". Es como la anécdota de un colega que, en un ateneo
clínico, donde se presentaba un caso de neurosis fóbica exclamó: "yo
eso no lo veo patológico... incluso a mí me pasa muchas veces". En
esta etapa se puede ir aproximando al paciente a esa zona temida que es su
sexualidad, construyendo condiciones para reconocerla y asumirla como tal.
Una vez indagadas las creencias
y el nivel del conflicto, las intervenciones podrán incluir al otro, no como
posibilidad simbólica, sino como realidad concreta. La dificultad será también
con alguien presentizado y corporizado y no sólo con un fantasma que reaviva
su angustia de castración. Ahora el fóbico entenderá lo que dice Fiorini:
sus defensas estaban instaladas para defenderlo de la amenaza de castración,
pero en la práctica cotidiana son la ejecución de sus verdaderas castraciones,
ya que son las maneras de funcionar que lo condenan (2).
Aquí es importante valorarle
los aspectos progresivos: si no pudo ser penetrada por su novio es porque,
por lo menos, consiguió uno y pudo acostarse con él; si llegó tarde a la sesión
al menos vino para disculparse; si no cumplió del todo con las prescripciones
por lo menos lo intentó. Dejemos que ellos propongan nuevos caminos y no intentemos
imponerle un modelo único de tratamiento con el supuesto que esa es la exclusiva
manera de tratarse. Aferrarnos, salvo por incapacidad o inseguridad nuestra,
a una técnica estandarizada y universal para todo tipo de pacientes es algo
que hoy no se puede sostener. De allí la importancia de plantear el contrato
en términos flexibles, ya que muchos tratamientos fracasan por la rigidez
de los mismos.
No todos pueden tolerar la
misma frecuencia o intensidad de las sesiones ni las tareas como indican los
libros. Los fóbicos pueden trabajar muy intensamente una sesión y luego faltar
dos semanas seguidas o volver a la siguiente y decir que no pudieron hacer
las tareas porque parecía todo "muy mecánico". O venir puntualmente
a todas las sesiones pero con las tareas hechas por la mitad o con un material
tan trabado que resulta casi como una ausencia.
En los comienzos del tratamiento
la tendencia es la de delegar la necesidad en el terapeuta: éste es el que
está interesado en que la paciente logre su orgasmo o el que quiere que el
paciente se case. Él está de visita, asomándose al tratamiento para ver que‚
pasa y de qué se trata. Aunque no logre la erección desde hace meses y la
mujer "quiere que se vaya de la casa", igual dirá: "¿Ud.
cree que necesito tratarme?". Otra paciente con dudas vocacionales
entre tres carreras distintas, con agorafobia y temores a la penetración,
me decía: "¿entonces Ud. dice que yo necesito hacer psicoterapia?".
EL USO DE LA MEDICACIÓN
En los últimos años, la psicofarmacología nos ha abierto
un campo nuevo en el abordaje de los cuadros fóbicos, los trastornos obsesivos
compulsivos y las crisis de pánico (dos veces más frecuentes en mujeres).
Mas no siempre será posible, necesario o conveniente, la articulación de
su uso en el curso de una psicoterapia sexológica. Este punto creo que sería
necesario desarrollarlo ampliamente en otro artículo pero en forma sucinta
señalaré‚ que en ciertos cuadros de eyaculación precoz, fobias a la penetración,
vaginismo y matrimonios no consumados, incluso en parafilias, debemos medicarlos.
En general, lo hacemos en el lapso de la duración de la terapia y los más
utilizados son algunos tricíclicos (clomipramina) o inhibidores de recaptación
de la serotonina –ISRS- (fluoxetina, paroxetina, sertralina, citalopram, fluvoxamina)
combinados, a veces, con el alprazolán o clonazepán.
En las fobias, desórdenes de pánico y TOC que
presenten alteraciones en la función o en las conductas sexuales (en este
caso también se intenta su uso en las parafilias) se pueden indicar los ISRS
(o la clomipramina, en otros casos) –conociendo en estos casos, al igual que
con los IMAO, que pueden dar retardo orgásmico, disminución de la libido o
disfunciones eréctiles- y ahora los NaSSA (noradrenergic and serotonergic
selective antidepressant), (4) (5) (6) dentro de los lineamientos que
correspondan para esos cuadros, combinando o no con benzodiazepinas. En los
casos puntuales del vaginismo y el matrimonio no consumado pueden existir
distintos abordajes según se planteen los plazos del contrato terapéutico:
puede ser un tratamiento medicamentoso combinado con Terapia Sexual durante
tres meses o medicar -cuando en ambos casos sea indispensable- durante 15
a 30 días y luego realizar todo el plan de tratamiento intensivo en uno o
dos días. En disfunciones eréctiles y en deseo sexual hipoactivo, en ambos
sexos, se podrá intentar con un antidepresivo de otra serie diferente, como
el Bupropión o el trazodone -que bloquea los receptores periféricos alfa1
adrenérgicos tanto como los 5HT2, y posee un cierto efecto dopaminérgico-;
en el caso del trazodone en dosis de 50-100 mg por día, a veces asociado con
15 mg de yohimbina: aumentaría el deseo (en ambos sexos) y facilitaría la
erección; si bien se describe, como efecto secundario severo, la aparición
de priapismo usualmente en los primeros 28 días -incluso con dosis menores
a 150 mg por día-, nosotros no hemos detectado la aparición de este síntoma
adverso con su uso (5). El Bupropión, de estructura feniletilamínica, que
actúa por efectos noradrenérgicos y/o dopaminérgicos, es un inhibidor débil
de la recaptación de serotonina y sin efectos sobre receptores 5-HT; no
produce disfunciones sexuales y podría ser usado en el deseo sexual hipoactivo
a la vez que neutraliza efectos secundarios de otros antidepresivos.
En la eyaculación precoz se pueden usar los ISRS,
especialmente en aquellos donde es ante portas y eso le impide la penetración,
o cuando es difícil o improbable llevar a cabo un tratamiento de Terapia
Sexual planificada por motivos diversos: distancia, negativa del paciente
a realizarla, bajo nivel de insight. Particularmente quiero dejar sentado
que, en la eyaculación precoz, las dosis que utilizamos en nuestro Centro
Médico Sexológico son menores a las indicadas en los ataques de pánico o en
las depresiones. En general no pasamos de 10-20 mg de fluoxetina, 25-50 mg
de sertralina, o 25-50 mg de clomipramina, preferentemente en el rango menor.
Y siempre tratamos de suspender en forma gradual cuando se dan por terminado
los tratamientos sexológicos que, como es conocido, suelen ser breves (5)
(6) (7). En algunos casos, no obstante, no es necesario el uso de psicofármacos
tanto como sí lo es en cuadros psicóticos o depresivos mayores que consultan
por problemáticas sexuales.
Respecto a la disfunción eréctil disponemos del
citrato de sildenafil que inhibe la fosfodiesterasa específica tipo V (PDE5)
para la guanosin monofosfato cíclica -GMPc-, isoenzima predominante en el
cuerpo cavernoso (5); relaja el músculo cavernoso, mediado por el óxido nítrico,
permitiendo el aumento de la irrigación sanguínea inhibiendo la degradación
de la GMPc por la PDE5 lo que permite mayor rapidez para lograr la erección,
mejor rigidez y más duración de la misma. Nuestra experiencia clínica nos
muestra que la tumescencia peneana aparece unos 40 minutos luego de una dosis
oral única lejos de la ingesta alimentaria (de 25, 50 o 100mg) de sildenafil,
con resultados satisfactorios que van de un 65% al 88% de los varones estudiados
(tanto en los cuadros psicogénicos como en los orgánicos) y con leves y escasos
efectos secundarios. Ahora también contamos con el tadalafilo, de más larga
vida media y que no interfiere con las comidas. La conjunción sinérgica de
Terapias Sexuales y sildenafil o tadalafilo se muestra como la más efectiva
para la resolución de fobias sexuales del varón cuando se manifiestan como
disfunciones eréctiles. Está en estado de estudio e investigación el uso del
sildenafil en mujeres por lo que no podemos dar datos concluyentes.
NIVELES DE INTERVENCIÓN
Siguiendo los trabajos de Mom,
Fiorini nos hace ver cómo estos pacientes tienden a establecer un equilibrio
sobre la base de una tendencia a anular y recrear distancias, límites y espacios,
tanto temporales como geográficos (2). Estas regulaciones van creando una
distancia óptima que nunca será estable. El paciente la va gestando a través
de evitaciones y acercamientos, ambigüedades, olvidos, ausencias, bloqueos
y distintos grados de compromisos.
Fiorini habla de tres ecuaciones
que nos permitirían entender este mundo fóbico de manera esquemática, pero
con bastante utilidad práctica:
La primera nos dice que: el
monto del contacto y de la comunicación del paciente consigo mismo y con nosotros
es inversamente proporcional al tiempo de ese contacto. Es decir, que si está
en un momento de intenso contacto con una problemática que reconoce como propia
es posible que ese tiempo tenga que ser breve, y si está lejos de la problemática
que lo angustia o del contacto con nosotros, podrá ser más prolongado. Luego
de una semana donde se comprometió mucho en la sesión o en las tareas, veremos,
y no nos asustemos por ello, un cierto bloqueo en su producción.
La segunda ecuación podría
enunciar que: la intensidad del contacto y de la comunicación con sus relaciones
y con nosotros es inversamente proporcional a la distancia física o geográfica.
Así se explica que el paciente está mejor con nosotros o más enamorado de
su novia o mejor con su madre cuando está entre las sesiones o los encuentros.
Una paciente, cada vez que el novio le preguntaba "¿me amas?",
se ruborizaba quedando en silencio, pero si el mismo diálogo se daba por teléfono
eso mismo no le ocurría. Es el que viene a la sesión diciendo que en la semana
estuvo pensando en lo que habló en la sesión pero ahora, delante de mí, plantea
que no cumplió con ninguna de las consignas.
La tercera sostiene que: la
intensidad del contacto y de la comunicación por el reconocimiento de ese
contacto que se ha establecido mantienen una constante. Si ha trabajado intensamente
en una sesión o vino movilizado por alguna tarea que realizó o si hubo un
material onírico muy rico, el paciente desconoce haber trabajado intensamente
o se olvida del sueño o le resta utilidad a la tarea. Es uno de los momentos
más frustrantes para nosotros y que puede despertar nuestra ira: esto nos
puede llevar a vernos impelidos a apresurar cada vez más las intervenciones:
más interpretaciones, más tareas, más medicación. Es el conocido "mucho
más de lo mismo", de que nos habla Weatzlawicz. Fiorini nos sugiere que
sería pertinente marcarle esos dos términos de polaridad: que participa, pero
después viene y dice que no fue así, que algo lo emocionó pero que después
tiende a negarlo.
Estas regulaciones que maneja
el paciente para lograr su distancia óptima nos muestra a alguien que "está
siempre viajando", en movilidad constante. Nosotros, como terapeutas,
debemos poder tolerar esas distancias y reconocer que este tipo de personas
que están con nosotros pero no, que trabajan pero luego dicen no reconocer
ese esfuerzo, nos exponen a frustraciones y a consecuentes sentimientos agresivos
hacia ellos. No debemos perder de vista que un tratamiento se va dando como
algo procesal y no puntual, teniendo en cuenta el conjunto de esos movimientos
que van avanzando en un encadenamiento de progresiones y regresiones.
Si al comienzo dirá: "¿quiero
tratarme o no quiero?", "¿quiero o no tener relaciones sexuales?",
"no sé si esta carrera me gusta", en el curso del tratamiento
podrá decir: "me doy cuenta de que ando mal", "a veces siento
que tengo miedo", "la carrera me gusta pero me cuesta tanto...".
Esto es importante tenerlo en cuenta: reconocer los progresos del paciente,
ya que estamos más preparados para interpretar, señalar o definir los aspectos
regresivos o disfuncionales que los progresivos o satisfactorios. Puede ser
que la tarea no la haya hecho bien -siempre deja una ventana para escaparse
y no comprometerse del todo-, pero además de remarcarle lo que no pudo hacer,
también puede ser necesario señalarle lo que sí logró realizar. Una mujer,
quien no había consumado su matrimonio, no toleraba la visión ni el roce de
los genitales de su marido; luego de un ejercicio de masajes nos refiere que
no pudo tocarlos, pero que los había mirado detenidamente habiéndole parecido
"todo negro y más bien feo". Pues bien, por lo menos pudo
mirarlos por primera vez. Como en aquella parábola de Umberto Eco, cuando
decía que los primeros relatores que vieron un unicornio feo y brutal (presumiblemente
un rinoceronte) luego lo fueron transformando, con el tiempo y la distancia,
en un animal grácil y bello.
Sepamos esperar y el paciente
sabrá entenderse y comprender sus propias dificultades (alguien afirmaba
que muchos pacientes se curan si nosotros no hacemos cosas para impedirlo),
nos sabrá guiar a través de sus desfiladeros, de sus murallas, de los anchos
ríos que, a veces, interpone entre él y nosotros. Si no lo encontramos en
un lugar, no deberíamos descorazonarnos; si no está en una parte, busquemos
en otra, en algún lugar el paciente nos espera y espera su curación.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
(1) Freud, S. Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica
(1918). En: Obras completas,
Tomo XVII.
Amorrortu Editores. Bs. As., 1979.
(2)Fiorini,
H.: Estructuras psicopatológicas y su abordaje técnico
en psicoterapias.
Conferencia
especial en el IV Congreso Argentino de Psicología. Rosario,
1980.
(3) Etinger de Alvarez, D.: Fobias, en Enciclopedia de
Psiquiatría, de Vidal G., Bs.As. El Ateneo, 1975.
(4) Sapetti,
A.: Los varones que saben amar. Editorial Galerna, Bs. As., 1996.
(5) Sapetti,
A.: Los nuevos antidepresivos y las disfunciones sexuales,
en Revista Argentina de Psiquiatría Forense, Sexología
y Praxis, de la Asociación Argentina de Psiquiatras, año
IV, vol. 2, n° 3, noviembre de 1997, Bs.As.
(6) Sapetti,
A.: Sexual Dysfunctions and the use of SSRI, en
el 13th World Congress of
Sexology, Valencia, España.
(7) Sapetti, A.: El sexo y el
varón de hoy. Editorial Emecé, Bs. As., 2001.
* Dr. Adrián Sapetti- Psiquiatra.
Sexólogo clínico. Director del Centro Médico Sexológico. Presidente de la
Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH)
Santos Dumont 3454, 3ro
“20” (1427) Capital Federal - Argentina
Tel.: 4552-0389/ Telefax
4555-6865 - E-mail: asapetti@janssen.com.ar
Website: www.sexovida.com
| Nota del Dr. Sapetti: se aconseja a los lectores,
como bibliografía complementaria, leer en esta misma
página de Internet los artículos: Tadalafilo:
36 hs para elegir los mejores momentos, Uso
del Tadalafilo (Cialis): un testimonio, La
consulta sexológica, Terapias
Sexuales, ¿Qué sabe
Ud. de Viagra?, Mecanismo
de acción del Viagra, Bupropión,
Antidepresivos
y las disfunciones sexuales, Antidepresivo
de toma única semanal, Impotencia,
Eyaculación precoz,
Vaginismo, Matrimonios
no consumados, Fobias
sexuales, Anorgasmia,
Eyaculación retardada |
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