Monogamia en animales*

La monogamia prácticamente no existe en el mundo animal, ni siquiera inclusive entre las especies monogámicas.

La separación de los sexos

Según estudios realizados en la Universidad de Chicago por Bruce Lane, la diferenciación sexual entre macho y hembra se comenzó a producir (por mutaciones genéticas sucesivas) hace unos 300 millones de años. Esto fue un paso evolutivo muy importante en la historia de la biología. ¿Usted se preguntará en qué consiste esta importancia?: simplemente en que de esa forma, habiendo dos sexos se aumenta infinitamente la posibilidad de diversificar genéticamente a los individuos y esta diversidad genética favorece la evolución de las especies, entendiéndose por evolución a la mejor adaptación a los sistemas ambientales donde habitan cada una, para lograr finalmente la transmisión de genes a la siguiente generación.

No debemos olvidar que los objetivos genéticos básicos de todo individuo animal son dos:

1-     Sobrevivir, lo que implica mantenerse vivo como individuo.

2-     Reproducirse, lo que implica pasar sus genes a una nueva generación para mantener la especie.

Cualquiera de estos dos objetivos no son fáciles de realizar en la mayoría de los casos, siempre hay peligro de no sobrevivir y siempre hay dificultades para reproducirse.

Por todo esto, la naturaleza ha ensayado distintos tipos de mecanismos de supervivencia y reproducción  desarrollando las distintas especies animales y vegetales.

La monogamia animal

Según el concepto general entre biólogos y etólogos, sólo el 5% de los mamíferos son monogámicos. Este es un porcentaje muy bajo y prácticamente sin valor  como norma de conducta y esto ocurre porque en la naturaleza sería un desperdicio de genes que un macho tenga descendencia con una sola hembra. Hay que recordar que fisiológicamente el macho en todas las especies animales, es un productor de genes en forma continua y prácticamente ilimitada, mientras que la hembra por sus características maternales, es mucho más limitada en cantidad y frecuencia.

La misión del macho es ampliar la base genética de la evolución y llegar más rápido a hacer cambios evolutivos. Si el macho pasa su material genético a muchas hembras hay más posibilidad que en alguna descendencia se produzcan los cambios genéticos que conduzcan a un grado de evolución.

Al principio los individuos eran sólo hembras y tenían descendencia con poca modificación genética, el macho es un invento posterior de la naturaleza (primero fue Eva y de ella salió Adán), afirma Vitus Droscher en su libro “La vida amorosa de los animales”.

Las aves monogámicas

La monogamia se practica principalmente entre las especies donde ambos padres cuidan a sus crías como algunas aves. Fig. Nº 1.

Fig. Nº 1: Pareja de pingüinos empollando los huevos. En los pingüinos ambos padres ayudan a empollar y luego a alimentar a las crías.

Estas aves fueron muy estudiadas porque se tenían algunas dudas sobre la veracidad de la monogamia, pero ¿cómo se podría saber si las hembras eran realmente fieles a sus parejas? Esto permaneció en la oscuridad por mucho tiempo y recién se pudo resolver cuando se pudieron utilizar los estudios de ADN en las crías. Al analizar los huevos de esos nidos se observó que en términos generales el 20% de los pollitos no era hijo del macho de la pareja.

Fig. Nº 2

Fig. Nº 2: Esquema de la molécula de ADN, los estudios de los hijos con esta molécula  han sido fundamentales para comprender el comportamiento sexual de los padres.

Estos datos se publicaron en el VI Congreso Iberoamericano de Etología  realizado en Madrid en septiembre de 2002. Allí el profesor Juan Carranza de la Universidad de Extremadura trata de explicar esa conducta: “las aves buscan las mejores características genéticas para su descendencia, que el padre sea fuerte, guapo y sano, pero esos machos probablemente, no cooperan en la crianza de sus hijos, entonces las hembras buscan machos que sean buenos padres y tienen algunos hijos con los machos que ellas consideran mejor dotados”.

Estos trabajos se han reproducido en distintas latitudes y con distintas especies de aves, en el año 2006 se dio a conocer un informe sobre el comportamiento de los cisnes de cuello negro del Albert Park de Melbourne en Australia, allí se observó también con estudios de ADN, que estas aves, (en otros tiempos signos de fidelidad y amor eterno), no lo eran tanto en la práctica, ya que 1 de cada 6 crías era hijo de un padre distinto al de la pareja oficial.

Por lo tanto vemos que ni las especies que se consideraban monogámicas son realmente monogámicas y de alguna forma “la naturaleza” se las arregla para aumentar la diversidad genética de las crías.

La monogamia humana

¿Y qué pasa con los humanos?... Según estudios citados por Jarred Diamond en “El tercer chimpancé”, entre los humanos, los datos apuntan a que entre un 5% y un 30% de los niños nacidos en Gran Bretaña y Estados Unidos son fruto de relaciones extramatrimoniales.

En Argentina según datos del laboratorio genéticos de la Facultad de Farmacia y la Fundación Favaloro (Clarín, diciembre 2004) el 25 % de los niños, (esto surge de las estadísticas de sus análisis) son hijos de un padre biológico distinto al padre oficial.

Esto demuestra que es muy difícil tener conductas que van a contramano de la naturaleza y que, de alguna forma, la fuerza de los mandatos genéticos se hace notar.

*Dr. Rubén M. Gatti
Médico Veterinario
Bs. As., Febrero 2007
gattiedo@speedy.com.ar

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