| Planificación
familiar y regulación de la fecundidad responsable
Por: Leonardo Romero Salazar
Codirector del Centro de Asesoría y Consultoría
Barranquilla (Colombia)
La sexualidad humana tiene tres funciones: La erótica, la reproductiva y la
vinculativa o comunicativa. La función reproductiva de la sexualidad
humana es la más antigua desde el punto de vista filogenético, esta es una
función que compartimos con los demás animales. La reproducción tiene como
función biológica perpetuar la especie y tiene también otras funciones desde
el punto de vista social, psicológico y trascendental. La opción de procrear
satisface la necesidad de "crear" juntos un nuevo ser, una nueva vida, de
perpetuarse en el sentido trascendental, de dar "vida a una nueva vida", para
ser mejores como especie (Romero, 1999).
En otras especies animales el principio
biológico para facilitar la supervivencia se relaciona con el número de reproducciones,
entre más sean los nacimientos mejores posibilidades de supervivencia para la
especie. En el año 2.000 los seres humanos sobrepasamos el habitante seis
mil millones (6.000.000.000) y esto no ha significado mejora en el nivel de
vida de la humanidad o mayores posibilidades de supervivencia, tal vez por el
contrario.
Históricamente las sociedades y las culturas
humanas han hecho diferentes intentos para ejercer control sobre la natalidad,
la fecundidad y la estructuración de la familia. Esto ha estado regulado y mediado
por las creencias religiosas, los requerimientos económicos y las fuerzas de
poder social de cada época y cultura.
El sentido de ser padre y madre y de tener
hijos y de construir familia ha evolucionado con el desarrollo de la cultura
humana. En la cultura occidental la sexosofía tradicional que ha regulado la
sexualidad ha tenido una fuerte influencia judeo-cristiana. Dentro esta sexosofía
se ha dado más importancia a la función reproductiva de la sexualidad. Los preceptos
religiosos han mediado la concepción de la construcción de familia y el uso
de las prácticas para regular la fecundidad.
Desde siglos atrás se le atribuyó a la sexualidad
una función predominantemente reproductiva, como si ésta fuese la única función
de la sexualidad humana. El sexo para la pareja tuvo un sentido reproductivo;
lo lúdico, recreativo, comunicativo y placentero del ejercicio sexual tenía
en las parejas una función secundaria, como relegada a un segundo
plano, en muchas ocasiones no estaba relegada, sino
que se negaba su legitimidad. Culturalmente se espera que hombres y mujeres
se unan en pareja y tengan hijos, la sociedad presiona de muchas maneras a las
parejas recién unidas para que tengan familia, independientemente de que estén
o no preparadas integralmente para ello.
El desarrollo de las prácticas de regulación
de la fecundidad han posibilitado disfrutar de lo hermoso y maravilloso
de la ternura, el placer, el amor y la comunicación mientras que la pareja logra
las condiciones emocionales y sociales para tener hijos-hijas si
esta es su decisión. Las parejas modernas cuentan con mayores alternativas
para regular la posibilidad de embarazo, lo cual ha llevado a que la formación
de una familia con hijos pueda ser prevista cada vez más como una opción responsable
y madura, producto a su vez de un proceso de toma de decisión. En este sentido
aún es mucho lo que hay por hacer desde la educación sexual y la planificación
familiar.
Una buena proporción de los embarazos de
nuestra población en edad fértil de un coito que no buscaba intencionalmente
la procreación no fueron previstos, no hacía parte de un plan de vida individual
y de pareja, fueron concebidos como consecuencia de un coito que no previa el
embarazo y que no se tuvo con tal objetivo.
Iniciando el siglo XXI aún es mucho lo que
hay que hacer en materia de planificación familiar y regulación de la fecundidad.
Desdichadamente la educación sexual tradicional en la mayor parte de los casos
no facilita la formación de los requerimientos básicos para estructurar exitosamente
una vida familiar, en el mejor de los casos se ha centrado en la entrega de
información relacionada con la fisiología y la anatomía de la fecundación, el
embarazo y el parto, descuidando la formación de actitudes, valores y habilidades
necesarias para el desarrollo y la estructuración de una maternidad-paternidad
responsable y realizante. Tener un coito para que un espermatozoide fecunde
un óvulo es una cosa y criar adecuada, positiva y responsablemente una familia
es otra. Estructurar una familia, optar por la maternidad y la paternidad
requiere de unas condiciones personales, emocionales y sociales que muchas veces
no están presentes
Tradicionalmente han predominado visiones
simplistas, reduccionistas, sesgadas y limitadas del concepto de "planificación
familiar". Se hace referencia a ésta como si fuese sinónimo de anticoncepción,
regulación de la fecundidad y control de la natalidad.
El control de la natalidad se relaciona
con la implementación de políticas dirigidas a ejercer control sobre el crecimiento
racional de la población con el fin de favorecer el desarrollo y el bienestar
social de una sociedad. El hecho de que una sociedad regule sus índices de natalidad,
no significa necesariamente que se construyen y estructuren mejores familias
y que se ejercita una paternidad y una maternidad más responsable y exitosa.
El término "anticoncepción", ha tenido una
connotación negativa, ya que se asocia a una posición contra la concepción.
En este trabajo nos referiremos a los llamados "métodos anticonceptivos",
más bien como "métodos para regular la fecundidad". Se definen como todas
aquellas acciones dirigidas a poder disfrutar de la función erótica sexual,
ejerciendo control voluntario y responsable sobre la función reproductiva, al
servicio o no, de un plan de construcción de vida familiar (Romero 2001).
Existen métodos para regular la fecundidad
que difieren en sus características, nivel de efectividad, efectos secundarios
y funcionabilidad. La función principal de estos métodos para regular la fecundidad
no es "oponerse a la construcción de la familia", la función principal es facilitar
el ejercicio de una sexualidad responsable, el cual, se considera un derecho
sexual y reproductivo de hombres y mujeres.
Como se explicaría más adelante el uso responsable
y adecuado de los métodos para regular la fecundidad es un componente que hace
parte del proceso de planificación familiar.
La planificación familiar hace referencia
"al proceso de toma de decisiones que una pareja hace respecto al tipo de
familia que desean conformar y al proyecto de vida familiar que desean construir"
(Romero 1996). Comúnmente se confunde planificación familiar con "no tener hijos",
"lo que hace una pareja para no tener hijos", "el uso de métodos para no tener
hijos". Desde nuestro concepto esto no es planificar una familia, aunque
algunos de estos elementos hacen parte de la toma de decisiones que debe tener
una pareja que planifica intencional y conscientemente una familia. Escoger
un método para regular la fecundidad es una cosa y planificar una familia es
otra más compleja aún, escoger un método para regular la fecundidad hace parte
del proceso de planificación familiar. Ser padre y madre es una experiencia
maravillosa que puede ser fuente de realización personal, siempre y cuando,
se tenga la preparación adecuada para ello. Cada quien escoge como llegar
a la paternidad y a la maternidad: por azar, las circunstancias o como resultado
de una libre, consciente y responsable decisión.

Este proceso implica que la pareja elabore
consciente y explícitamente respuestas a una serie de interrogantes que incluso
proponemos sean planteadas en un cierto orden "lógico" y secuencial:
Las primeras preguntas que deberían responder
una pareja en proceso de planificación familiar serían:
La paternidad y la maternidad no tienen
que ser una opción de vida para todo el mundo, por otra parte es una decisión
importante en la vida. De hecho muchas personas hubieran hecho mucho bien a
la humanidad si nunca hubieran tenido hijos en las condiciones que los tuvieron
y criaron. Es importante que la pareja se replantee las razones por las cuales
desea conformar una familia.
Seguirían en segundo orden las siguientes decisiones:
-
¿Cuáles son nuestros proyectos de vida?
(El tuyo, el mío, el nuestro)
-
¿Qué papel juega construir familia en
estos proyectos?
La construcción de un proyecto de vida familiar
no es incompatible con la construcción de un proyecto de vida personal, pero
es importante saber planear para que armonicen y no sean fuente de conflicto.
Muchas mujeres especialmente, más que hombres, han tenido que aplazar o sacrificar
expectativas de vida y proyectos de desarrollo por hacer frente a la crianza
de un embarazo no planeado. Esto es típico en nuestra cultura en la que aún
predomina una concepción sexista de la familia.
En este orden seguirían:
-
¿Qué tipo de familia deseamos formar?
-
¿Cómo deseamos tratar nuestro hijos?
-
¿Qué tipo de ambiente familiar aspiramos
a construir?
-
¿Cómo desearíamos formar l@s hij@s?
-
¿Qué tipo de formación y de valores
esperamos fortalecerles?
-
¿En qué condiciones de vida deseamos
tenerles y criarles?
Una buena parte de las parejas no hablan,
ni mucho menos acuerdan criterios sobre la crianza que darán a los hijos o hijas,
se unen con una visión idílica de la paternidad y maternidad, desconociendo
aspectos importante relacionados con la crianza exitosa. Se tienen los hijos
y en el camino de la vida familiar ajustan las cargas al ritmo del ensayo y
el error.
A partir de las anteriores respuestas, se
responderían las siguientes preguntas:
Siendo éstos los planes de construcción
familiar, entonces ahora si será importante tomar las siguientes decisiones:
-
¿Cómo disfrutaremos de la sexualidad
y el erotismo ejerciendo control sobre fecundidad?
-
¿Qué métodos para regular la fecundidad
serán más convenientes, adecuados, funcionales y coherentes con nuestras
creencias religiosas y estado de salud?
Estas últimas preguntas son las que se han
atribuido el concepto de planificación familiar. Una charla sobre métodos
para regular la fecundidad es una cosa y un proceso de formación para planificar
una familia es otra, este debe ser un proceso que la pareja antes de unirse
debe reflexionar y decidir.
Desde esta perspectiva la enseñanza de los
métodos para regular la fecundidad haría parte del proceso de planificación
familiar, se diferenciaría el concepto de uso responsable de los métodos para
regular la fecundidad y el concepto de planificación familiar. Tal vez
una pareja tenga éxito regulando la fecundidad y sepa usar exitosamente
los métodos para regular la fecundidad, lo cual no significa que tendrán éxito
también en la construcción de una familia que ofrezca a sus miembros las condiciones
necesarias para desarrollarse con plenitud. Los estudios en diferentes países,
entre ellos Colombia muestran una disminución sustancial en la tasa de
natalidad, lo cual es un factor necesario para mejorar la calidad de la vida
familiar, pero que a nuestro juicio no es suficiente. Números menores de hijos
no significaría más éxito en la calidad de la vida familiar.
El uso responsable de los métodos de la
regulación de la fecundidad es de beneficio para las parejas tengan o no planes
de familia, es de vital importancia para todo tipo de parejas regulares (en
convivencia con o sin matrimonio y noviazgo) y ocasionales. La planificación
familiar requerirá de un proceso complejo de formación que promueva desde tempranas
edades valores, actitudes y habilidades para una paternidad/maternidad responsable
y exitosa como producto de una opción libre y consciente. Por supuesto esto
requerirá de procesos intencionales, permanentes y sistemáticos de educación
sexual tanto en el sistema educativo como familiar.
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