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Terminando
con esta serie de notas tomaremos los siguientes interrogantes: si las relaciones
sexuales previas a una competencia van en detrimento del rendimiento deportivo
y si los deportistas también tienen problemas o disfunciones sexuales.
Es bastante extendido la creencia de que como el sexo debilita
no es aconsejable hacerlo en las horas o días previos a la competencia. Sabemos
que un orgasmo comporta un gasto cardiovascular similar a subir dos pisos por
escaleras a paso rápido, y que una persona se recupera rápidamente del mismo.
Si no fuera así nadie podría ir a trabajar, a bailar o a estudiar luego de un
coito. Sabemos que puede dar una cierta somnolencia (célebre queja de las mujeres
respecto a sus compañeros que se duermen luego del orgasmo
pero eso no impide luego hacer las actividades correspondientes. Pero, ahora
bien, si la creencia, el mito, la cábala o como guste llamarse, dice que no
es bueno hacer el amor antes, pues debilita y te hace rendir menos,
esa creencia tiene su peso y condicionará, cual profecía autocumplidora, la
actitud o rendimiento deportivo futuro.
No nos olvidemos que hasta hace
no muchos años atrás todavía se hablaba de todos los males que la masturbación
producía. Y menciono este tema, al cual he desarrollado profusamente en mis
libros, sobre todo en El
sexo y el varón de hoy (Editorial Emecé, 2001) porque como muchas
veces los deportistas son jóvenes, casi adolescentes, la masturbación (tanto
femenina como masculina) suele ser un camino frecuente de la sexualidad producto
de la represión y la coerción de los entrenadores (y recordemos las célebres
concentraciones). Salvo que entren prostitutas o las esposas y novias (en este
caso me estoy refiriendo a los varones), no quedarían muchos recursos a nuestros
jóvenes deportistas que los recursos autoeróticos.
He escuchado de distintos futbolistas, boxeadores, tenistas muchos de
ellos célebres- que referían masturbarse o mantener relaciones sexuales antes
de las competencias, incluso como cábala, aunque quizás deberíamos pensar que
era una manera de neutralizar la angustia ante la tremenda exigencia.
De allí que muchas delegaciones permitiesen las concentraciones con las esposas
y esposos, novias y novios, o parejas homosexuales.
Otros lo han prohibido tajantemente.
Mas vuelvo a decir: si la creencia, el paradigma como se dice ahora, es que
el acto sexual antes del partido debilita, seguro que condicionará a ese deportista
de una manera negativa, más allá de saber que el gasto energético es fácilmente
recuperable. Por supuesto que las conductas sexofóbicas también imperan en el
deporte y se siguen sosteniendo mitos y falsedades, por lo menos públicamente
y, por atrás, se realiza lo que oficialmente se prohibe o reprime. Pero lo que
se censura o inhibe por un lado sale por otro -lo que no se habla se
actúa, decía Lacan-, y así se mantienen actitudes hipócritas y controladoras.
De allí a oír decir a un manager de jugadores de fútbol: tratamos de
casarlos jovencitos para que no se dediquen al jolgorio y no anden en la noche,
además así las esposas los controlan mejor, hay un corto paso, como
una manera de disciplinar la libido y el enorme caudal y potencial erótico que
tiene un adolescente. Cosa que por lo que sabemos no siempre resulta eficaz,
aunque algunos jóvenes sufran sus conflictos sexuales y psicológicos en silencio
y vean, muchos de ellos, frustrar su carrera deportiva por no poder encontrar
un espacio donde elaborar sus problemas. Varias veces me dijeron algunos jugadores
de fútbol: en nuestro ámbito no se ve con buenos ojos que un jugador
vaya al psiquiatra o al psicólogo, menos al sexólogo. Una nueva variante
del sufra y no llore, que un hombre macho no debe llorar.
Por supuesto que, como cualquier persona, los deportistas pueden sufrir una
disfunción erectiva,
una eyaculación precoz
o retardada, anorgasmias
y vaginismos, crisis
de identidad sexual, fobias,
disminución del deseo,
o tener conflictos con su pareja.
Le escuché decir a un jugador, gloria del fútbol brasileño, que en ellos el
público ponía todas las ilusiones, las expectativas, las propias frustraciones
y en lo que menos pensaban los hinchas era que ese jugador podía haber perdido
a un familiar, haber tenido una crisis de pareja o padecer un problema psicológico
o sexual. Años atrás tuve oportunidad de dar unas charlas en la escuela de técnicos
de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), algunos de los cuales dirigían
equipos de las inferiores, y me comentaron de las distintas inquietudes de los
jovencitos que ellos dirigían: masturbación,
antecedentes de abusos sexuales, promiscuidad en su medio familiar, violaciones,
miedo ante el debut, fobias y miedos sexuales, y estos técnicos me contaban
de su angustia por no saber qué decirles, qué explicarles y contestarles.
Poder contar los problemas sexuales a un amigo confiable, a un profesional competente,
o leer un libro de educación en temas de sexualidad es un índice de fortaleza
y no de debilidad. Creo que la mayor fuerza reside en solicitar ayuda, en poder
decir: no sé, pero quiero saber; no puedo, pero lo lograré.
Dr. Adrián Sapetti
Médico psiquiatra, sexólogo. Presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad
Humana (SASH).
Autor de los libros El sexo y el varón de hoy, Sexualidad
en la pareja y Manual de Sexualidad masculina.
Director del sitio de Internet www.sexovida.com
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