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por la
Dra. Olga Beatriz Marega, especialista en obstetricia y ginecología.
Sexóloga clínica. Master en Sexualidad Humana.
Quisiera
definir brevemente, algunos conceptos sobre la sexualidad en general, para facilitar
el entendimiento de algunas diferencias. La sexualidad es una función humana
que tiene múltiples posibilidades, la reproducción es sólo una de
ellas. También es un medio para expresar amor, intimidad, placer, y comunicación.
La sexualidad es una fuerza vital que impregna
todo nuestro ser. No es sólo una parte de nuestro cuerpo,
no es solamente la genitalidad como habitualmente se cree. En este sentido,
somos bio-fisiológicamente sexuados de una manera diferente, teniendo
un sexo genético, genital y somático que marca una clara diferencia entre los
cuerpos y ciertas conductas de los varones y de las mujeres.
El impulso sexual, es una cruda manifestación de
la naturaleza de nuestros cuerpos. El delicado y complejo funcionamiento de
nuestra biología y su producción hormonal son responsables de su presencia.
También somos psico-socialmente sexuados.
Paralelamente al desarrollo de nuestra personalidad, vamos construyendo nuestra
identidad sexual, nuestra orientación del deseo sexual, nuestro rol de género,
nuestra capacidad para expresar afecto, intimidad, y comunicación con los demás.
Según como nos traten en nuestro medio familiar
y social cercano, según las normas que la cultura imponga como normales y, según
como vayamos adaptándonos a estas reglas, iremos ajustando la expresión
del natural impulso vital de nuestra sexualidad. De esta manera, según los diferentes
valores del medio se aceptaran como normales o no, las diferentes conductas
sexuales.
Esta expresión, puede tener un amplio rango de
manifestación, según el individuo se encuentre inmerso en una cultura represiva,
permisiva o indiferente. Por ejemplo, la práctica de la masturbación en la infancia,
podría ser severamente censurada, o simplemente permitida, y en algunos casos
alentada como fuente de placer sexual e instancia de aprendizaje.
Es muy importante tener en cuenta este aspecto,
a la hora de evaluar la salud sexual de una persona, ya que muchas veces la
represión origina culpas, y la culpa origina disfunciones sexuales que se arraigan
desde el principio de la infancia. Entonces podemos decir que no tenemos sexualidad,
sino que somos sexuados en un sentido amplio; y el hecho de ser
varón o mujer, y la forma de cómo lo hayamos aprendido a serlo, nos define de
una manera diferente de ser y estar en el mundo.
Me pareció muy importante definir estos conceptos,
para poder entender mejor y demitificar algunas falacias, que se definen como
verdades absolutas a la hora de hablar de la sexualidad de las personas discapacitadas.
En primer lugar quisiera decir que el término discapacitado no goza
de mi aprobación, ya que en general desvaloriza, descalifica y pone una etiqueta
de inferioridad e incapacidad generalizada.
Según la definición de la OMS, discapacidad es
toda restricción de la capacidad de realizar una actividad (por la deficiencia),
dentro del margen que se considera normal para un ser humano. Se refiere a actividades
que se espera de los individuos, como pertenecientes al género humano. Existen
diferentes tipos de discapacidades: físicas, sensoriales, viscerales, y mentales.
Me referiré someramente a las mentales, dejando
una puerta abierta para un futuro abordaje más profundo, de los diferentes aspectos
que se puedan tocar. Hay muchos tópicos para tratar, ya que resulta muy difícil
generalizar conceptos, en los cuales se puedan encuadrar los diferentes casos.
¿Por qué sucede esto? Porque existen diferentes tipos y grados de discapacidades
mentales, existen diferentes manifestaciones y/o comportamientos sexuales, y
fundamentalmente existen diferentes lecturas familiares y sociales, de tales
comportamientos como normales o anormales, de aceptables o inadaptados. Muchas
veces puede resultar difícil aceptar, que una persona discapacitada realice
una determinada conducta sexual considerada anormal o desajustada
por los demás, porque no aprendió a moderar su impulso natural según las costumbres
de su medio social. La magnitud de su incapacidad, pudo haberle impedido el
aprendizaje de este correcto comportamiento. También pudo haber ocurrido, que
nadie se haya ocupado de enseñarle un comportamiento correcto, ya que muchas
personas creen que las personas con algún tipo de discapacidad no tienen sexualidad,
o lo que es peor, que no tienen derecho a tenerla y a ejercerla.
En el ser humano, la sexualidad tiene diferentes
estadios evolutivos; las diferentes edades cronológicas van transitando y exteriorizando
diferentes manifestaciones propias de cada etapa. Muchas veces las personas
con algún tipo de discapacidad mental, pueden tener una edad mental que no se
corresponde con su edad cronológica, y en este caso el comportamiento quedaría
desajustado o inadecuado.
Me parece relevante dejar el concepto que la discapacidad
en cualquiera de sus variaciones, no debe privar a los varones y las mujeres
de cualquier condición, del derecho humano de gozar de una sexualidad
placentera y responsable adaptada a las posibilidades y capacidades de cada
uno.
El respeto, la aceptación de las personas por lo
que son y por los valores espirituales y afectivos que poseen (y no exclusivamente
por las virtudes y destrezas físicas o intelectuales), debería ser el marco
de una sana educación sexual. Educación, en la cual pudiéramos enseñarles a
nuestros hijos, a querer, aceptar, y cuidar nuestro cuerpo y el de los demás,
respetando y aceptando las diferencias individuales.
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