Sexualidad de las personas discapacitadas

por la Dra. Olga Beatriz Marega, especialista en obstetricia y ginecología. Sexóloga clínica. Master en Sexualidad Humana.

"Niños jugando" - O. Kokoschka - 1909Quisiera definir brevemente, algunos conceptos sobre la sexualidad en general, para facilitar el entendimiento de algunas diferencias. La sexualidad es una función humana que tiene “múltiples posibilidades”, la reproducción es sólo una de ellas. También es un medio para expresar amor, intimidad, placer, y comunicación.

La sexualidad es una fuerza vital que impregna” todo” nuestro ser. No es sólo “una parte de nuestro cuerpo”, no es solamente la genitalidad como habitualmente se cree. En este sentido, somos “bio-fisiológicamente sexuados” de una manera diferente, teniendo un sexo genético, genital y somático que marca una clara diferencia entre los cuerpos y ciertas conductas de los varones y de las mujeres.

El impulso sexual, es una cruda manifestación de la naturaleza de nuestros cuerpos. El delicado y complejo funcionamiento de nuestra biología y su producción hormonal son responsables de su presencia.

También somos “psico-socialmente sexuados”. Paralelamente al desarrollo de nuestra personalidad, vamos construyendo nuestra identidad sexual, nuestra orientación del deseo sexual, nuestro rol de género, nuestra capacidad para expresar afecto, intimidad, y comunicación con los demás.

Según como nos traten en nuestro medio familiar y social cercano, según las normas que la cultura imponga como normales y, según como vayamos adaptándonos a estas reglas, iremos ajustando “la expresión” del natural impulso vital de nuestra sexualidad. De esta manera, según los diferentes valores del medio se aceptaran como normales o no, las diferentes conductas sexuales.

Esta expresión, puede tener un amplio rango de manifestación, según el individuo se encuentre inmerso en una cultura represiva, permisiva o indiferente. Por ejemplo, la práctica de la masturbación en la infancia, podría ser severamente censurada, o simplemente permitida, y en algunos casos alentada como fuente de placer sexual e instancia de aprendizaje.

Es muy importante tener en cuenta este aspecto, a la hora de evaluar la salud sexual de una persona, ya que muchas veces la represión origina culpas, y la culpa origina disfunciones sexuales que se arraigan desde el principio de la infancia. Entonces podemos decir que no tenemos sexualidad, sino que” somos sexuados” en un sentido amplio; y el hecho de ser varón o mujer, y la forma de cómo lo hayamos aprendido a serlo, nos define de una manera diferente de ser y estar en el mundo.

Me pareció muy importante definir estos conceptos, para poder entender mejor y demitificar algunas falacias, que se definen como verdades absolutas a la hora de hablar de la sexualidad de las personas discapacitadas. En primer lugar quisiera decir que el término “discapacitado” no goza de mi aprobación, ya que en general desvaloriza, descalifica y pone una etiqueta de inferioridad e incapacidad generalizada.

Según la definición de la OMS, discapacidad es toda restricción de la capacidad de realizar una actividad (por la deficiencia), dentro del margen que se considera normal para un ser humano. Se refiere a actividades que se espera de los individuos, como pertenecientes al género humano. Existen diferentes tipos de discapacidades: físicas, sensoriales, viscerales, y mentales.

Me referiré someramente a las mentales, dejando una puerta abierta para un futuro abordaje más profundo, de los diferentes aspectos que se puedan tocar. Hay muchos tópicos para tratar, ya que resulta muy difícil generalizar conceptos, en los cuales se puedan encuadrar los diferentes casos. ¿Por qué sucede esto? Porque existen diferentes tipos y grados de discapacidades mentales, existen diferentes manifestaciones y/o comportamientos sexuales, y fundamentalmente existen diferentes lecturas familiares y sociales, de tales comportamientos como normales o anormales, de aceptables o inadaptados. Muchas veces puede resultar difícil aceptar, que una persona discapacitada realice una determinada conducta sexual considerada “anormal o desajustada” por los demás, porque no aprendió a moderar su impulso natural según las costumbres de su medio social. La magnitud de su incapacidad, pudo haberle impedido el aprendizaje de este correcto comportamiento. También pudo haber ocurrido, que nadie se haya ocupado de enseñarle un comportamiento correcto, ya que muchas personas creen que las personas con algún tipo de discapacidad no tienen sexualidad, o lo que es peor, que no tienen derecho a tenerla y a ejercerla.

En el ser humano, la sexualidad tiene diferentes estadios evolutivos; las diferentes edades cronológicas van transitando y exteriorizando diferentes manifestaciones propias de cada etapa. Muchas veces las personas con algún tipo de discapacidad mental, pueden tener una edad mental que no se corresponde con su edad cronológica, y en este caso el comportamiento quedaría desajustado o inadecuado.

Me parece relevante dejar el concepto que la discapacidad en cualquiera de sus variaciones, no debe privar a los varones y las mujeres de cualquier condición, del “derecho humano” de gozar de una sexualidad placentera y responsable adaptada a las posibilidades y capacidades de cada uno.

El respeto, la aceptación de las personas por lo que son y por los valores espirituales y afectivos que poseen (y no exclusivamente por las virtudes y destrezas físicas o intelectuales), debería ser el marco de una sana educación sexual. Educación, en la cual pudiéramos enseñarles a nuestros hijos, a querer, aceptar, y cuidar nuestro cuerpo y el de los demás, respetando y aceptando las diferencias individuales.

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