(Adaptado del libro “Los varones
que saben amar”, Sapetti A., Editorial Galerna, Bs.
As., Argentina)
“Se miente más de la cuenta por falta
de fantasía, también la verdad se inventa”.
Antonio Machado, poeta español
La
imaginación es una de las características distintivas de
los seres humanos y las fantasías (del latín phantasia
= ficción, cuento, novela, pensamiento elevado e ingenioso)
representan sus costados más fértiles. Es la facultad que
tiene el ánimo de reproducir por medio de imágenes las cosas
pasadas o lejanas, de representar las ideales en forma sensible
o de idealizar las reales. Sus manifestaciones y contenidos
son tan ilimitados como los resortes internos que se mueven
para generarlos. Abarcan desde las que sirven para excitarse
hasta las que tienen un uso terapéutico, permitiendo mantener
activa la capacidad de asombro y comprender cuán infinito
es el universo de la temática sexual.
Las fantasías eróticas básicamente son aquéllas
cuyo contenido se centra en lo sexual, en lo demás no se diferencian de cualquier
otro tipo de fantasía, como la que lleva a una mujer a soñar que es una bailarina
clásica o a un varón con ser el goleador de su equipo, por sólo mencionar
dos estereotipos. El mecanismo de producción es el mismo: se halla en un nivel
intrapsíquico, desde donde se proyectan los pensamientos ilusorios, cargados
con los contenidos de la memoria sensitiva -olores, gustos, sonidos, colores-.
En muchos casos lo que se fantasea son emociones, hechos vividos concretamente
en el pasado o invenciones absolutas del individuo.
La imaginación nos permite transportarnos, sin
ningún costo adicional, a situaciones deseadas o prohibidas.
Desde la niñez, las fantasías son el vehículo de nuestros
más ocultos deseos, algunos inocentes y otros no tanto.
Recurriendo a una explicación simple podría decirse que
suplen determinados agujeros de la realidad: cuando aparece
alguna dificultad para interpretarla, comprenderla, aceptarla
o soportarla, irrumpe la ficción, se filtra el sueño. Como
decía el escritor Ray Bradbury: “hay que inyectarse
todos los días con fantasías para no morir de realidad”.
| Muchas personas recurren a las fantasías como un factor
de enriquecimiento de su vida erótica. |
Si
bien es cierto que el desconocimiento, la falta de respuestas
o la represión son grandes generadores de fantasías, de
ningún modo debe pensarse que todas son la consecuencia
de una limitación o carencia afectiva y sexual. Muchas personas
recurren a ellas como un factor de enriquecimiento de su
vida amorosa.
Podríamos intentar tipificar algunas fantasías
eróticas para facilitar su comprensión, a la vez que disminuir la angustia
de muchas personas que se alarman cuando las tienen porque se sienten como
perversos, anormales o enfermos; en lugar de aceptar que los sueños, utopías,
delirios y vuelos imaginarios son universales:
· Las que ayudan
a excitarse: responden a un placer de tipo narcisístico pues quien las produce
no persigue otra finalidad que regodearse imaginándolas.
· Las que sirven
para masturbarse: aquí entra en juego un otro. Se conciben situaciones, personas
y lugares con el fin de lograr una excitación que será liberada a través del
acto masturbatorio.
· Las que suplen
carencias: comunes a algun@s solter@s madur@s, viud@s y gerontes de ambos
sexos.
· Las que permiten
realizar el coito o sirven como ingrediente: hay personas que no pueden tener
actividad sexual si no encienden sus fantasías a través de material gráfico
o audiovisual y otras aderezan el encuentro fantaseando determinadas situaciones,
inclusive pensando en otra persona que no es su pareja.
· Las compartidas
con la pareja que procuran aumentar la pasión, pudiendo incluir juegos donde
se interpretan escenas, lugares, personajes o roles diferentes.
·
Las fantasías sadomasoquistas
y parafílicas
en las que, en ciertos casos, aparece la necesidad
de lastimar, de infligir castigos, o ser castigados, de
violar o tener relaciones paidofílicas (con niños).
| Hay fantasías compartidas con la pareja que procuran
aumentar la pasión, pudiendo incluir juegos donde se
interpretan escenas, personajes o roles diferentes. |
Un colega y amigo, Roberto Rosenzvaig, en su
libro La pareja al desnudo, cita alguna de las fantasías más
comunes, que algunos llevan a la práctica:
· Las de poder,
de gran potencia o dominio sexual.
· Las de la mujer
colocada en actitud de idolatría y deseo exclusivo del varón y sus atributos.
· Las voyeuristas:
imaginan mirar a una mujer que se desviste o se masturba o a una pareja haciendo
el amor. Una variedad de esta última, muy prevalente entre los varones, es
de querer ver a dos mujeres teniendo relaciones sexuales entre ellas.
· Las fantasías
exhibicionistas, del tipo que consiste en mostrar su cuerpo o los genitales
o masturbarse delante de la mujer deseada.
· Las “colectivas”,
que representan el deseo de intercambio de parejas o de sexo grupal.
*Dr. Adrián Sapetti, médico psiquiatra,
sexólogo.
Centro Médico Sexológico, Bs. As., Argentina
(5411) 4552-0389 / 4555-6865
Nota del Dr. Sapetti: debido a la extensión del artículo
se lo ha dividido en dos partes.
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eróticas - Parte II
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