(Adaptado del libro “Los varones que saben amar”,
Sapetti A., Editorial Galerna, Bs. As., Argentina)
“Se miente más de la cuenta por falta
de fantasía, también la verdad se inventa”.
Antonio Machado, poeta español
Si
bien no puede hablarse de límites en lo que a capacidad
imaginativa se refiere, podemos decir que si las fantasías
impiden que un individuo se conecte con la realidad o perturban
su conducta, como es el caso de los alienados o los psicópatas,
ya responderían a distintos grados de alteración mental
y entran en el dominio de la psicopatología.
Ciertas fantasías, sin llegar a ser lo anterior,
pueden funcionar negativamente y son esos casos en los que muchos varones
piensan que van a funcionar 10 puntos, que ellos podrán siempre y con toda
mujer. No aceptan que factores de orden psicológico o físico puedan disminuir
su potencia sexual, entonces la realidad con la cual se encuentran les hace
vivir situaciones de angustia. También hay fantasías que alteran la vida sexual
como las de castración, el temor obsesivo de embarazar, de contraer una enfermedad
contagiosa o de lastimar a su pareja.
En algunas fantasías varía el contexto, el individuo
imagina un lugar o situación determinada, por ejemplo que
está en una playa del Caribe o en la plaza. Otras giran
en torno a personas o personajes: en general tienen que
ver con mujeres o varones inaccesibles como la pareja de
los amigos, los compañeros de trabajo o una superstar.
| Las estadísticas revelan que la mayor parte de las
fantasías se dan con personas conocidas o allegadas. |
Hay fantasías preparatorias, con las que se obsesionan
esperando el primer encuentro sexual con una mujer y que sirven para calmar
la angustia. Otras muy comunes son aquéllas en las cuales el varón imagina
variantes con dos mujeres, orgías grupales, uso de objetos y ayudas sexuales
que no se atrevería a emplear en la práctica, con cambios de roles (por ejemplo
que la mujer lo penetra a él). Y, por supuesto, no pueden dejar de mencionarse
las fantasías homosexuales en personas que las utilizan en sus encuentros
heterosexuales o en sus actividades masturbatorias. Me estoy refiriendo a
heterosexuales que se excitan con historias donde mantienen relaciones sexuales
con otros varones o en las que otros poseen a sus mujeres. Esto no deberá
parecer tan extraño ya que en muchos seres humanos pueden aparecer sueños
o fantasías homoeróticas pero esto no quiere decir que sean gays. No
por soñar con un juego amoroso con alguien del mismo sexo o porque un varón
tenga rasgos afeminados o una mujer aspectos varoniles eso los define como
homosexuales.
Si las fantasías se vuelven excluyentes y el individuo
sólo se conecta con lo sexual a través de ellas habrá que
estudiar el caso para saber dónde está el bloqueo que no
deja pasar a la acción: puede tratarse de una limitación
derivada del carácter o de una neurosis. Por otro lado hay
personas que parecerían tener paralizados los mecanismos
de la imaginación. En general se trata de personas con una
vida sexual muy pobre. Dentro de este tipo se hallan los
esquemáticos y los obsesivos que tienen todo estructurado
y no pueden salirse de lo tipificado. Pero esto les ocurre
en todos los órdenes, se trata de personas que no fantasean
con nada: ni con ganarse la lotería, ni con ascender socialmente,
ni con viajar.
| Hay personas que parecerían tener paralizados los
mecanismos de la imaginación. En general se trata de
personas con una vida sexual muy pobre. |
Hubo
una época donde se pensó que la apertura del campo de la
conciencia y la exacerbación de la fantasía a través de
algún alucinógeno podía ayudar al análisis de la producción
del inconsciente. Concretamente se utilizaba el LSD,
pero los ensayos que se hicieron terminaban con personas
desestructuradas, con cuadros de angustia a quienes, muchas
veces, hubo que medicar con sedantes para restablecerlas.
Algo parecido le ocurrió a Freud con la cocaína cuando
pensaba que podía ser un eficaz antidepresivo -en ese tiempo
no existían los medicamentos para la depresión-, pero pronto
se llegó a la conclusión de que sólo cumplía con este cometido
de una manera fugaz. Lo mismo podemos decir de sustancias
como el citado ácido lisérgico o el éxtasis.
En la niñez y en la adolescencia las fantasías
son tan abarcativas que llegan a construir un mundo paralelo y tan vívidas
que quienes las alimentan se morirían de vergüenza si supieran que algunos
de sus ensueños pudieran traslucirse. Con el tiempo, la adultez y la inevitable
seriedad, la posibilidad de disfrutarlas se va reprimiendo o adquiere el tono
marginal de algo que se admite pero se reconoce como algo incorrecto,
vivido con culpa.
Con respecto al tiempo de fantasías, podría decirse
que en las primeras etapas de la vida se destacan las muy
imaginativas -el niño y su prodigioso pensamiento mágico-
y las prospectivas -el adolescente que proyecta lo
que no conoce o nunca hizo y quiere hacer-; cuando se es
adulto o anciano son más comunes las compensatorias o
retrospectivas: se quiere lo que ya no se puede, lo
que se perdió o no es fácil de alcanzar, por ejemplo hacer
el amor con una jovencita. De todas maneras, sin lugar a
dudas, el sexo se enriquece con las fantasías. Por supuesto
debe tenerse una vida sexual lo suficientemente intensa
e interesante como para que las fantasías funcionen como
complemento o ingrediente, sin llegar nunca a sustituirla.
A tal punto son importantes que suelen utilizarse terapéuticamente:
amparadas en la propuesta de un juego, un rol, inclusive
de una máscara o vestuario, las personas logran desbloquear
o desinhibir ciertos canales de su inconsciente que eran
la causa de alguna disfunción sexual. Aunque resulte una
paradoja, es muy común ver a personas que, representando
un personaje, logran ser ellas mismas.
| A tal punto las fantasías son importantes y enriquecedoras
que suelen utilizarse terapéuticamente: las personas
logran desbloquear o desinhibir ciertos canales de su
inconsciente que eran la causa de alguna disfunción
sexual. |
También suelen ser un antídoto contra la rutina
sexual. Lo que uno no puede imaginar difícilmente lo podrá llevar a cabo;
desde una postura idealista podría decirse que los hechos primero se producen
en nuestra mente para poder luego llevarlos a la realidad. Hay quienes deben
recurrir a fotografías o películas donde se corporizan las fantasías no realizadas
de muchos individuos. El empleo de estímulos externos como un film, revistas
o libros resulta válido como activador de apetitos o fantasías (“¿qué se
habrán hecho de aquellas aventuras que nos prometían los libros infantiles?”,
decía Rimbaud) y suele modificar rutinas establecidas. Pero también pueden
ejercer un efecto inhibitorio, por las dificultades que se producen al intentar
imitar modelos basados en el rendimiento, donde muy poco interviene el respeto
y la consideración por el otro.
Por último, volviendo a un tema anterior, es común
que haya gente que se preocupa cuando fantasea con otra persona (o con un
grupo) mientras mantiene relaciones con su pareja: si este recurso es siempre
imprescindible para uno de los dos miembros puede ser que se agote y pierda
su calidad estimulante y placentera. Por otra parte, puede estar alertando
sobre algún deterioro en el vínculo que no ha sido detectado o encarado por
la pareja, pero diré también que es una posibilidad dentro del vasto mosaico
de las fantasías que puede contribuir, usándola como uno de los tantos recursos
eróticos, a que esa pareja mantenga viva la llama del deseo a través de su
existencia.
* Dr. Adrián Sapetti, médico psiquiatra, sexólogo.
Centro Médico Sexológico, Bs. As., Argentina
(5411) 4552-0389 / 4555-6865
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