FEOS Y LINDOS EN EL SWINGER
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Nota del Dr. Sapetti:
una vez más, Daniel Bracamonte, nos hace llegar sus
reflexiones sobre aspectos de la vida swinger: esta vez sobre
los cánones de belleza, aunque pueden ser extensivas
para otros ámbitos. Este artículo me trae el
recuerdo de una frase del escritor francés Stendhal,
cuando decía que: “La
belleza es una promesa de felicidad”.
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Las
tres gracias de Rubens |
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Modelo
actual |
Los parámetros de belleza son tan
variables entre los seres humanos como las culturas o etnias
que conforman nuestra civilización. Un esquimal verá
en su mujer bajita, morena y con rasgos orientales, el sumun
de la belleza y un pálido nórdico entenderá
que se debe ser rubio para aspirar a ser bello. Lo cierto
es que la belleza es algo abstracto. Ahora, ¿existe
una relación directa entre belleza y excitación
sexual? Negar que cuerpos o rasgos faciales simétricos
tienen mucho que ver con la explosión de la adrenalina
sexual sería hipocresía; hay un modelo de belleza
y quizás factores genéticos que nos impulsan
a definir lo lindo con determinados rasgos humanos. Pero el
sexo está más allá de modelos rígidos
y es hasta paradójico en cuanto a su relación
con la belleza.
Sentimos excitación a primera vista
quizás por los más bellos, pero nuestro deseo
sexual se dispara por diversas motivaciones que exceden en
mucho la imagen física. Olores, miradas, gestos, palabras,
actitudes, todos son factores generadores de atracción
sexual. Lo que a primera vista parece no entrar en nuestro
esquema de belleza y por ende excitarnos, en una aproximación
mayor, puede ser más erógeno que la Barbie
más pintada. En el swinger, no escapamos de los valores
de belleza clásicos, pero como vamos más allá
de la imagen de las personas, logramos llegar al punto donde
comprendemos que la atracción sexual no es socia principal
de la belleza. Gorditas, flacas, morenas, rubias, bajitas,
altas. Yo he encontrado en la más contradictora gama
de mujeres estímulos que superan la simplificación
visual de la primera imagen. Llegamos al nudo del placer y
la atracción, sabemos explorar el rico mundo de las
manifestaciones eróticas, ser swinger nos lleva más
allá de la tapa del libro, disfrutamos el contenido.
Si tomamos una pareja swinger real, es decir
con un ritmo de intercambio estable, en su agenda encontraremos
citas con parejas de distinto perfil físico. Habrá
de las llamadas lindas a las no tan lindas y si vamos más
allá y preguntamos cuáles fueron sus mejores
experiencias, en un porcentaje importante nos responderán
que no fueron necesariamente con las más lindas o que
la belleza en sí misma no les garantizó momentos
de placer profundo e inolvidable. Generalmente, cuando una
pareja que se considera muy linda y busca similares con celosa
meticulosidad, se trata de una pareja que intercambia poco
y que lo hace más por exhibicionismo o fetichismo que
por la búsqueda de placer sexual profundo y con esto
no quiero juzgar a quienes tienen un cerrado esquema de selección.
Lo que sí aseguro es que no es posible disfrutar a
fondo del swinger, explorar los sinuosos y sorprendentes caminos
de la sexualidad humana que este ambiente permite, con criterios
cerrados y “vedetistas” sobre la belleza. Acariciar
un cuerpo bonito no lo es todo en el sexo, quizás no
llega a ser ni el principio de la magnitud que la sexualidad
humana tiene. El fuego surge de la persona, de su interior;
allí está el eje del placer, en la materialización
de los impulsos humanos, el calor, la intensidad, la creatividad,
la imaginación, la espontaneidad; esos valores son
lo que definen el buen sexo y no la belleza.
Si el swinger fuera una cosa de lindos con
lindos y feos con feos, simplemente no existiría como
un movimiento en ascenso sino que hubiera quedado reducido
a minúsculos grupos, unos selectivos, otros resignados.
La amplitud de criterio del concepto de belleza, su fusión
con los valores humanos, el poder del erotismo y la sensualidad
son los que definen la selección en el swinger.
Elegimos desde todas esas consideraciones
y, como me pasó a mí y le pasa a casi todos,
estamos con gente que quizás desde una valoración
matemática de la belleza no entra en nuestros parámetros
de belleza y, lo mejor, la pasamos bárbaro.
* Daniel Bracamonte
editor@entrenos.com.ar
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