La homosexualidad (Parte I)

Extractado de "Sexualidad en la pareja" (Sapetti - Rosenzvaig, Editorial Galerna, 1987)

Vamos a abordar uno de los temas más conflictivos de la Sexología y la psicología y aclaramos que con este artículo no pretendo darle un cierre al tema ni hacer conclusiones finales.

La cuestión de la homosexualidad ha sufrido distintos vaivenes a lo largo del tiempo y fue sucesivamente aceptada, rechazada, perseguida o reconocida. En la elección homosexual confluyen tantos parámetros como en cualquier otra actividad sexual, lo que indica que nunca se podrá entender a través de uno solo de ellos. Es decir que no podemos analizarla con el exclusivo prisma de la moral o de lo legal, o desde una óptica psicoanalítica o desde el placer.

Sabemos que la homosexualidad, tanto la femenina como la masculina, es una práctica conocida desde la antigüedad. La denominación no deriva del prefijo latín homo que significa hombre, sino del vocablo griego homoios, que define lo que es igual o semejante: homeopatía (cura por el similar), homogéneo (algo parejo), homólogo. Desde lo etimológico, homosexual sería quien tiene afinidad sexual por personas de su mismo sexo. A las mujeres homosexuales también se las denomina lesbianas, en honor a la isla de Lesbos donde residía la poetisa Safo, célebre por la belleza de sus cantos al amor y al amor homosexual en particular. Allí, en "la morada de las discípulas de las musas" cantó a la "amada ausente", a quien "igualaba a una diosa insigne" y "aguardaba con el fuego prendido en el corazón, abrasado de deseo".

“Apenas te veo así un instante, me quedo sin voz, se me traba la lengua.
Un fuego penetrante fluye enseguida por debajo de mi piel.
No ven nada mis ojos y empiezan a zumbarme los oídos.
Me cae a raudales el sudor, tiembla mi cuerpo entero,
me vuelvo más verde que la hierba”.

                                     Safo de Lesbos

  • Ignacio, 35 años: ¿La homosexualidad es una enfermedad?

  • Héctor, 61 años: ¿Cuáles son las diferencias entre homosexualidad y bisexualidad?

  • Olga, 50 años: ¿La homosexualidad es hereditaria u hormonal?

  • María Teresa, 33 años: ¿La homosexualidad se da por un problema familiar?

  • Raúl, 31 años: ¿Es normal que sólo me sienta atraído por varones?

  • Pedro, 29 años: ¿Qué motivos me impulsan a ser homosexual?

  • Ricardo, 38 años: Yo considero que la homosexualidad se da en sociedades decadentes que han perdido los valores morales y religiosos. Es un acto antinatural y enfermo.

  • Valeria, 34 años: Yo soy partidaria del vive y deja vivir, pero me molesta el proselitismo gay: eso de andar haciendo propaganda sobre que el amor homosexual es lindo y encomiable me parece un absurdo y una moda que la psicología no puede defender.

  • Marta, 48 años: ¿Qué opinan de los ídolos populares que presentan incluso a sus parejas gay? No es esto contraproducente para los chicos que los escuchan?

  • Mario, 53 años: ¿La homosexualidad es, como algunos dicen, una elección o estas personas están determinadas para serlo?

Se ha discutido mucho sobre la definición de la homosexualidad como enfermedad y ha habido, y sigue habiendo, enormes controversias. Es cierto que no es un cuadro nosológico en sí mismo: uno puede ser homosexual neurótico, psicótico, psicopático o normal desde el punto de vista psiquiátrico, al igual que los heterosexuales. La Organización Mundial de la Salud retiró a la homosexualidad del listado de enfermedades. La Asociación Norteamericana de Psiquiatría (APA) ha hecho una declaración en contra de las llamadas terapias correctivas.

Sin embargo, ya en el DSMIII (Manual de diagnóstico de la Sociedad Norteamericana de Psiquiatría) se diferencia entre una homosexualidad egodistónica, que es aquella en la cual la persona tiene conflictos con su tendencia homosexual y sufre por ello, de otra egosintónica, en la cual la persona no siente su situación como un padecimiento, sino como una elección y goza con ella.

Sobre la base de estudios antropológicos se puede afirmar que la homosexualidad es una constante universal de la cultura. Se ha observado su presencia tanto en pueblos primitivos como en otros altamente desarrollados; en sociedades en decadencia tanto como en aquellas que estaban en su apogeo, y no depende de los valores religiosos de una civilización dada. Siempre se menciona a los griegos, que habían alcanzado altísimos niveles culturales y políticos, como cultores del amor homosexual. En esto cabría hacer una aclaración: en principio eran partidarios de un pansexualismo, es decir un culto al amor y al erotismo. No solían ser homosexuales exclusivos y amaban la virilidad total. Esto se apoyaba en una verdadera aversión o desprecio por las mujeres (misoginia), a quienes consideraban inferiores. Platón, en "El Banquete", aconsejaba enviar a la guerra a parejas de varones para que se defendieran mutuamente. Algo de esto ocurría con la pareja de Aquiles y Patroclo, en "La Ilíada".

Los romanos continúan en cierta manera con este tipo de amor y junto a sus mujeres poblaban sus lechos de bellos efebos y favoritos. Es célebre el caso de Adriano (y recordemos las magistral novela "Memorias de Adriano" de M. Yourcenar) que amaba a las mujeres pero que desfalleció cuando se suicidó el joven Antinoo, que era su favorito. En esto los griegos y los romanos instauran un tipo de relación maestro discípulo, en la que también interviene el erotismo de los cuerpos. Pero habría que hacer la salvedad de que estos amores homosexuales se conocen desde el marco de las prácticas sexuales de las clases dominantes, que eran, en última instancia las que escribían las crónicas de la época.

"El amor puro por los jóvenes está reservado a los filósofos, pero para el hombre común tanto las mujeres como los varones sirven para el placer"

                          Luciano, Diálogos de tendencia cínica

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