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Extractado de "Sexualidad
en la pareja" (Sapetti - Rosenzvaig, Editorial
Galerna, 1987)
¿Sus
causas?
En la historia las prácticas
homosexuales han sido una constante de sociedades masculinas cerradas como
las militaristas, sociedades secretas o cofradías. El judaísmo instaura la
pena de muerte contra las prácticas homosexuales masculinas por violar el
precepto fundamental del Génesis de "creced y multiplicaos". Pero
esta misma penalización habla de la existencia de tal práctica. El cristianismo,
a través de Pablo, condena explícitamente las prácticas homosexuales, incluyendo
las femeninas, afirmación que nunca ha sido modificada en siglos ulteriores
hasta el presente.
Es sabido que en el medioevo
ardieron en verdaderos autos de fe gran cantidad de homosexuales, a quienes
se vinculaba con prácticas de brujería y pactos satánicos. Pero en la oscuridad
y silencio de los conventos y claustros, como bien refieren las crónicas de
los demonios de Loudun o la más modema "El
nombre de la rosa" de Umberto Eco, la homosexualidad persistía. También
sirvió en las acusaciones y condenas para castigar a opositores o personajes
disidentes o heréticos. En este sentido, son famosos los casos de Oscar Wilde,
el escritor inglés que irritaba a los círculos aristocráticos y burgueses victorianos,
la masacre de las SS nazis contra
las SA en la Alemania hitleriana,
o en las cortes británicas cuando se quiere obligar a renunciar a algún ministro
o político molesto.
Es casi imposible determinar
las causas de la homosexualidad (y ni sé si es importante): se han escrito cientos
de libros sobre el tema y, si no se la considera una enfermedad, mal podríamos
hablar de etiologías (causas). Se han barajado hipótesis hormonales, socioculturales,
cerebrales: en esto ha insistido el neurofisiólogo norteamericano - también
gay - Simon Levay, aunque su teoría de las zonas del cerebro con diferencias
estructurales ha sido muy cuestionada; el psicoanálisis ha tratado de explicarlo
a partir de la configuración edípica y las identificaciones familiares (se ha
hablado de una madre y de un padre con ciertas características), pero actualmente
sus teorías al respecto están cuestionadas. Es indudable, no obstante, que los
vínculos familiares influyen notablemente en la elección sexual de un individuo,
sea homosexual, heterosexual o bisexual.
Nuestra experiencia clínica
nos permite afirmar que no es cierto que la homosexualidad sea una decisión
libre, sino que hay en esta condición sexual un cierto grado de multideterminaçión,
que está más allá de una elección consciente. En toda elección sexual hay diversos
factores que inciden y muchos de ellos tienen que ver con experiencias vividas
en el pasado y en la primera infancia. Por lo antes dicho, no se puede decir
que las causas sean hereditarias, hormonales, ni que un joven, porque admire
a un ídolo gay, se convierta en un homosexual.
La
bisexualidad
Algunos investigadores vuelven
a sostener hoy en día que podría haber causas endógenas para este tipo de conducta
sexual, pero son los mismos que dicen que toda conducta que se aleje de una
norma tiene como principio y fin algún cambio metabólico, descartando los elementos
emocionales o psicológicos.
Popularmente se dice que es
bisexual un individuo que tiene prácticas con personas de ambos sexos. Desde
lo evolutivo y lo morfológico, vemos que en los fetos hay una constitución básicamente
bisexual, en la cual luego se van definiendo los caracteres sexuales hacia uno
u otro sexo genéticamente determinado. Los embriones, en su primer estadío,
son morfológicamente femeninos hasta que, en el caso de los varoncitos, los
andrógenos fetales los van diferenciando; pero, de no existir esta hormona,
aunque genéticamente sean varones pueden nacer con caracteres femeninos o con
cuadros de hermafroditismo. Freud introduce el concepto de bisexualidad en psicoanálisis
y nos habla de que todo ser humano tendría constitucionalmente disposición sexual
tanto masculina como femenina, y esto se manifiesta en los conflictos que experimenta
el sujeto para asumir su propio sexo.
Basado en los datos de la anatomía
y la embriología, agrega: que "cierto grado de hermafroditismo anatómico es normal. En todo individuo
varón o mujer, hay vestigios del aparato genital del sexo opuesto, de allí que
los organismos sean originariamente bisexuales". Para Freud
"el sexo dominante en una persona
habría reprimido en el inconsciente la representación psicológica del sexo vencido".
Desde lo hormonal también se
evidencia el mismo fenómeno: todos tenemos hormonas femeninas como masculinas,
claro que en distintas proporciones. Si en el varón aumentan los estrógenos
y la prolactina puede haber crecimiento de las mamas y afinamiento de la voz.
Si en la mujer aumentan los andrógenos, hay aparición de hirsutismo (aumento
del vello) y voz más gruesa. Pero es interesante destacar que estos casos no
siempre comportan inclinaciones hacia el mismo sexo y, por el contrario, en
los homosexuales no se detectan variaciones en las tasas hormonales respecto
de los heterosexuales. Pero, para agregar mayor confusión, hay quienes hablan
de que podrían existir alteraciones en los receptores celulares de esas hormonas.
En los chicos suelen verse contactos
con otros de igual sexo; pero esto constituye parte de su evolución sexual.
Muchos padres, aterrados por su propio temor a la homosexualidad, ven en estos
juegos prácticas aberrantes en lugar de entender que son propias del crecimiento.
Podríamos hablar de este tema
durante horas y horas, sin llegar a tener conclusiones claras, y no sabemos
si en realidad habría que tenerlas. Sostenemos que en esta espinosa cuestión
las opiniones personales cuentan más que en ninguna otra: hay personas muy esclarecidas
que aceptan intelectualmente la homosexualidad, pero la rechazan afectivamente
y no desean para sí o para sus hijos este tipo de prácticas.
Por
nuestra parte respetamos la condición homosexual y estamos en contra
de todo tipo de persecución o represión que devenga de la práctica por
la que ha optado un individuo. |
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