Infidelidad* (Parte II)
 
Entrevista realizada por la Revista Buena Salud (Bs. As., 2005)
*Lic. Diana Resnicoff. Psicóloga clinica. Sexóloga clínica
E-mail: dresni@elsitio.net  / Teléfono: (54-11) 4831-2910

¿Hay que confesarle a la pareja que uno tuvo una infidelidad o negarlo siempre?

Rocio BattafaranoPor supuesto que esto depende de la historia individual de cada uno de los miembros de la pareja y de la historia del vínculo de esa pareja. No creo que se puedan dar “recetas”. A veces la omisión permite evitar que la pareja entre en crisis. Pensemos que esa evitación a veces es una forma de posponer una crisis en la pareja, que posiblemente estalle por otros motivos. 

En mi experiencia clínica, he podido observar que el “engañado” siempre subpercibe el engaño y la infidelidad pues se alteran ritmos, economía, sexualidad y los varones se muestran totalmente intolerantes ante la "invasión" de la esposa a sus centros de trabajo.

En general, es muy tolerada la infidelidad masculina pues existen creencias que la sostienen tales como pensar al varón más potente, con mayor necesidad sexual. He aquí una gran paradoja, pues se utiliza un argumento biológico para sostener un mito social, me refiero a aquello que el varón debe ser: fuerte, racional, mujeriego, con éxitos sociales, más públicos que privados y que se justifique su "sexualidad biológica".

La decencia del varón no se altera por ser adúltero, al contrario, si mantiene a la amante, hace alarde de su capacidad económica, sexual y social tradicional en cuanto al rol de macho.

Contrariamente, si la mujer es la infiel, muchas veces son sus pares (las mismas mujeres) quienes atacan esta conducta, con comportamientos como la segregación y la denuncia al "pobre cónyuge engañado". Además en muchas mujeres “engañadoras” surge un autocastigo al ser infieles pues es contrario a la imagen pública de ser decentes. También es una manera de agredir pasivamente, de defenderse ante la devaluación de sus cónyuges pues para las mujeres es muy importante ser bellas y deseables a los ojos del otro.

La infidelidad a pesar de ser "tan común" es un choque contra la integridad, pensamos que pondremos fin a la relación. Sin embargo, una vez que se descubre viene el choque emocional, el estallido de cólera, la humillación y la devaluación del sujeto engañado. Si la ruptura no aparece, entonces se forman dobles mensajes. El infiel quien cae en el arrepentimiento, primero se justifica y después exige que se le respete su tiempo y su libertad.

Por su parte, el cónyuge engañado se vuelve suspicaz y anda tras cualquier pista que le asegure que la relación extramarital llegue al fin. Cae en un círculo vicioso pues aumenta su dependencia en la medida que su conducta depende por entero de "descubrir la verdad", pero ésta nunca llega por más que existan enfrentamientos con el/la amante.

El cónyuge engañado, se compara con el/la amante en físico, poder, dinero, inteligencia y muchas veces llega a identificar al amante mediante el teléfono, domicilio, trabajo, etc. Son devastadores los efectos que estas pesquisas producen en el engañado pues éste se sitúa de inmediato en un rol inferior y sin guía social alguna.

Los engañados, por su parte atraviesan situaciones inéditas como la duda entre lo prohibido, lo permitido, lo bueno y lo malo. No hay guías satisfactorias acerca del plan de acción, ya no resultan satisfactorios los modelos de las mujeres que aguantaban al varón "hasta que la muerte los separe", aunque continúa existiendo una marcada dependencia psíquica y social hacia el otro. En varones y en mujeres hay incertidumbre acerca del futuro, del dinero, de la posición, de los ataques masculinos respecto a la renuncia del estatus social actual.

Muchas parejas consideran que si se ama verdaderamente siempre se es fiel, por otro lado, la fidelidad sexual es valorada muy positivamente a la hora de decidir mantener una relación estable.

Francesca da Rimini

¿Se puede construir una nueva pareja a partir de la infidelidad, o haber comenzado como una relación clandestina marca la imposibilidad de "blanquearlo" después?

Independientemente de que el cónyuge "engañado" se entere o no, y sin perder de vista que la confesión suele llevar gran carga de hostilidad, aunado a las diferentes fases por las que atraviesa el cónyuge, víctima de la infidelidad, depués de "conocer la verdad", este tema puede consolidar la relación siempre que se hable del por qué y no del cómo, pues la pareja podrá estrechar aún más sus lazos. Es neceario iniciar la metacomunicación y salir del estereotipo de engañado contra engañador para superar la crisis.

¿Es confiable la persona infiel para armar una nueva pareja?

Depende de cada persona, de su historia, pero sí es cierto que la confianza se construye y constituye en uno de los pilares básicos de una relación estable. 

Algunos de los motivos de la infidelidad femenina

La lista de razones es interminable, pero en general se intenta satisfacer carencias. 

Las razones más comunes:

  • Sentimientos de desvalorización. Una vez terminada la etapa del enamoramiento, enfrentamos a la pareja real, abandonando la idealizada, y, a veces, sus conductas no siempre placenteras en la convivencia defraudan nuestras expectativas. Principalmente para las mujeres, es muy importante sentirnos bellas y deseadas por nuestra pareja. Si no se cumple nuestro objetivo, sentimos una gran frustración y se devalúa nuestra autoestima. Una forma de sentirnos de nuevo atractivas y deseadas, es siendo cortejadas en una relación extramarital.
  • La monotonía. Cuando la pareja descuida el tiempo en común por sus actividades personales y deja de tener detalles cariñosos con nosotras, sentimos que el amor se acabó, se produce un distanciamiento y empezamos a sentir que perdió su encanto. Un matrimonio sumido en la rutina y en el aburrimiento se puede venir abajo a causa de un encuentro con otro que nos trate con el misterio, encanto y riesgo de los que carece nuestra relación.

  • Una vida sexual pobre o disfuncional (Nota del editor: haber padecido por años -ella o su pareja- anorgasmia, impotencia, deseo sexual disminuido, eyaculación precoz, fobias sexuales, vaginismo).
  • Dependencia emocional de los padres. Esta conducta infantil, nos hace sentir sin su apoyo, y nuestra necesidad insatisfecha de ser escuchadas y cuidadas nos impulsa a buscar una relación extramarital.
  • Buscamos nuevas sensaciones. Si se acaba la seducción del enamoramiento y se vive en el hastío de una relación, hay quienes necesitan seguir satisfaciendo su necesidad de seguir enamorados. La curiosidad de experimentar el sexo con otras personas y de vivir la aventura es un fuerte motor para buscar un affaire.
  • Idealizamos a la pareja. Para seguir idealizando a nuestra pareja, muchas veces elegimos como amante a una persona totalmente opuesta. Hay mujeres que sólo con su amante llevan a cabo todas sus fantasías sexuales pero nunca con la pareja conyugal, para sentir que la siguen manteniendo en el concepto de ‘decente’.
  • La pareja lo permite. Se dan casos en que la pareja acuerda el mantenimiento de relaciones extramaritales, siempre que el otro no se entere.
  • Sentimos amenazada nuestra libertad. Cuando la pareja es asfixiante o se teme perder la independencia y quedar atrapados en esa relación, muchas mujeres intentan, a través de una relación extramarital, sentirse libres.

Nota del editor: siempre recordamos aquella encuesta hecha por un personaje inolvidable:

“¿Sabes cuál es la primera causa de divorcio?....

¡El  matrimonio!”

Groucho Marx

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