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Los tabúes
Además
de la zona genital hay en nuestra piel otras de alto nivel
sensitivo y erótico: región anal, glúteos,
pezones, cuello, detrás de las orejas, manos y dedos,
ingle y cara interna de muslos, piernas, diría que
todo el mapa del cuerpo humano. Nuestra piel está conectada
con nuestro cerebro, incluso ya desde la embriología,
y juntos son sin lugar a dudas, nuestro mayor órgano
erótico y también el contacto con los demás,
con las sensaciones placenteras, como así también
con las dolorosas y afectivas.
Aunque parezca obvio, muchas veces hay otro gran olvidado
que es el beso: hay varones que descuidan esto como estimulación
erógena con su pareja y muchas mujeres se quejan de
que ellos "no las besan en los labios".
Hay puntos en el cuerpo, descriptos por los orientales, que
no coinciden siempre con las zonas anatómicas de los
occidentales y que, digitopuntura o caricias mediante, excitarían
a varones y mujeres. Por ejemplo veía, en mi viaje
por China, los que hacían masajes en los pies, con
todo un mapa en ellos donde se describían distintos
puntos erógenos. Algo parecido hace la reflexología
estimulando o activando puntos en los pies para aliviar tensiones,
estrés y malestares.
| Hay
un punto, ubicado entre la bolsa donde están
los testículos y el orificio anal, que al apretarlo
se percibe una zona ósea y se estimularía
el punto G de los varones por una acción refleja
de la próstata. Muchos varones refieren altos
niveles de excitación cuando les realizan una
suave presión en este lugar. |
El máximo tabú, en los varones, es la famosa
zona glútea, y suelen ser reacios a adoptar un rol
“pasivo” (yo creo que no es tan pasivo) de dejarse
acariciar, tocar, palpar o ser besados salvo en zonas "permitidas":
genitales, boca, cara.
El cerebro y la piel: ese gran órgano
sexual
Explicaba
antes que la piel y mucosas comunican con el cerebro: hay
una vía somática y otra erógena, al punto
que si se corta esta última (operaciones, cirugía,
bloqueo emocional incluso) se percibe el contacto pero no
hay representación cortical erógena. Esto ocurre
en los casos, p. ej., de impotencias, anorgasmias, fobias
al contacto, personalidades anhedónicas (con ausencia
de placer), donde se siente el tacto pero no hay goce. Los
pacientes lo describen bien cuando dicen: "es como si
tuviera el cuerpo partido en dos, como si hubiera una desconexión
con mi mente".
Claro que el cerebro procesa, produce, genera y recibe toda
la información: sin él no hay placer, no hay
erotismo posible, no hay amor ni pasión. Al punto que
uno puede erotizar distintas zonas del cuerpo y las más
diversas prácticas, que varían en los seres
humanos. El cerebro da la singularidad sexual, el sello distintivo,
le da color y emoción. Observemos que podemos ser tocados
de la misma manera por diferentes personas pero no sentir
la misma sensación. Se acerca esta persona, me da un
beso, me toca la mano y me derrito, "no sé más
quien soy"; viene otra, hace lo mismo y no siento absolutamente
nada. Es el aparato psíquico que da la respuesta emocional
diferente, singular, personal, inefable. Amén de ello
sabemos que en el cerebro está representado todo el
esquema corporal y existen zonas del placer allí alojadas.
Hay personas que tienen dificultad para recibir, dar y disfrutar
de las cosas placenteras y a eso, en psicología, se
lo llama "anhedonia" (como contrario a lo hedónico
= culto por el placer y el goce) y se deben a cuadros psicológicos
claros y definidos.
Algo que nos muestra esto con claridad es el mecanismo de
acción del sildenafil, el vardenafilo o el tadalafilo:
para que actúen tienen que desencadenarse las primeras
fases de la respuesta sexual: deseo, estímulos (visuales,
táctiles, sonoros, fantasías, recuerdos) y una
vez que se segregaron sustancias en la etapa de excitación
comienzan a actuar en los cuerpos cavernosos del pene, de
manera eficaz y segura, favoreciendo la erección e
impidiendo que ésta se pierda.
El órgano sexual y sensual piel-cerebro es el que
tiene la primera orden, la primera y última palabra.
¡Vivan las caricias, los mimos, los abrazos y los besos!
Reivindiquemos entonces, con loas y alabanzas, a ese extendido
órgano sexual que es nuestra preciada –aunque
a veces olvidada- y querida piel.
| En la próxima
entrega de este artículo daremos un ejercicio
de masajes eróticos para disfrutar en pareja. |
DR. ADRIÁN SAPETTI, psiquiatra y sexólogo.
Autor de los libros: "Los senderos masculinos del placer"
(Editorial Galerna) y de “Sexualidad en la pareja”
(Editorial Galerna).
Director del Centro Médico
Sexológico y del sitio www.sexovida.com
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