Prostitución: "Mujeres marginadas" (Parte II)

Dra. Silvia Salomone y cols. - Reg. Prop. Intel. 288.400 -

pintura de G. Grosz"Retomando la trama histórica. Llegamos a la argentina"

Desde las dicteríadas y hetairas entre los Griegos; las pupilas y fellatrices entre los Romanos; y, las pedanas, cuasilarias, peregrinas, sagas, famosas y delicatas en Constantinopla, durante el siglo VI de la Era Cristiana; pasando luego por los efebos adolescentes, eunucos, homosexuales y safistas que servían de instrumentos a las más insólitas formas de excitación sexual de los distintos estratos sociales, llegamos a una Edad Media, testigo de la condición de "privilegiadas" que tenían las "prostitutas", reconocidas como "parte útil de la sociedad" desde sus principios y hasta el auge del Derecho Canónico, a partir del cual quedaron "totalmente aisladas" de las "mujeres honestas", socialmente provechosas como " procreadoras y perpetuadoras de la raza".

Se inició así una larga peregrinación para estas meretrices extranjeras, rotuladas como "reforzadoras del orden sociocultural" por el 1300, creencia apoyada por una tolerancia eclesiástica "en nombre del mal menor y exclusivamente destinada a los solteros". Los prostíbulos, en creciente número, eran construidos, mantenidos y/o regenteados por autoridades municipales o principescas, pasando a ser verdaderos focos infecciosos de Sífilis, Lepra y la Peste. Fueron en conjunto llamadas "el Terror del medioevo".
Famosos fueron: el Escuadrón Volante de la Reina Catalina de Médici, los Predilecots o Mignons del Rey Enrique III, las Favoritas de las Cortes Galantes de Luis XIV y Luis XV, el Cuerpo de Amazonas Rojas de Theroigne de Mericourt ( la Mesalina de la Revolución Francesa), los Lenocinios semi-oficiales a orillas del Támesis, las Casas de Tolerancia de Berlín, las Concubinas de los harenes mahometanos en Persia, las Bayaderas o Devadasi o Esclavas de Dios en la India, los Gineceos autorizados de Pekín para la Corte Imperial y la Nobleza, las Musmes y las Oiran de Japón, los Profilactoriums de Moscú, las Prostitutas organizadas en Africa por las tribus de los Jalofas, los Mandingas y los Luidas, los Baños Públicos de Lyo, Langres y Avignon, los Cabarets y casas de Masaje y Estética de Madrid, Sevilla, Barcelona, Valencia, la Coruña y Santiago de Compostela, con sus célebres "descorchadoras", a las que se sumaban las " trotadoras, motorizadas y pajilleras" que ejercían el oficio en las calles, interior de automóviles, fincas propias y cines, respectivamente.

Las generales de la ley le caben al Continente Americano, en el cual se introdujo el "comercio de la prostitución" y la "trata de blancas" a punto de partida del "comercio de esclavas" a fines del siglo XIX.

E.U.A. vislumbró oficialmente el asedio epidémico de las "enfermedades venéreas" en los albores del siglo XX, con Nueva York como sede prostibularia principal. México, Centroamérica, Brasil, Cuba y Chile, como Oceanía, Tahití y Hawai, fueron escenarios del progreso del meretricio organizado por esos mismos años.

Entre los antecedentes nacionales de la prostitución en la República Argentina se encuentran: la Casa de Recogidas, habilitada en 1699 para resguardo de las huérfanas, que en realidad eran "prostitutas", a cargo de la beata Juana de Saavedra y que duró tres años, al cabo de los cuales el lugar retomó su antiguo destino de hospital; la Casa de Ejercicios para meretrices, establecida por orden del Gobernador Vértiz, vecina al Colegio de Belén en el año 1771, y las órdenes documentadas impartidas por el Gral. Juan Manuel de Rosas, entre otros, sobre el "traslado de toda mujer de dudosa moralidad hacia la frontera oeste y demás ciudades, para contribuir al aumento de la población"....

Colaboró con el tráfico de esclavos la corriente inmigratoria de fines del siglo XIX, con "extraños aventureros golondrinas e ingenuas muchachas reclutadas en sus países nativos", quienes aceptaban el traslado a América por las " posibilidades laborales " que engañosamente les eran ofrecidas por los "lenos" representantes de distintas "organizaciones internacionales" - Varsovia, Asquenasum, Zwyg Migdal - dedicadas a la Trata de Seres Humanos. Como ejemplo, podemos citar a las mujeres judías, polacas y húngaras, que sometidas a las faenas rurales, la miseria y la falta de educación en sus lares de origen, eran compulsadas a emigrar hasta Buenos Aires, previo paso por Montevideo (antesala del mercado argentino), donde serían casadas a posteriori falsamente, en falsas sinagogas o templos, por falsos rabinos o sacerdotes, cumpliendo sueños inalcanzables en sus respectivas patrias natales.

A los dos o tres días de arribadas, en verdad estas infelices mujeres eran "rematadas" en presencia de los interesados, en una habitación provista de un tablado y en completa desnudez. Los "compradores" se abalanzaban sobre ellas palpando sus carnes y revisando su cabello y dentadura, abonando luego su precio en Libras Esterlinas. La virginidad aumentaba el costo del producto. Luego, eran trasladadas a su "nuevo hogar", viajando por el Río Uruguay hasta la localidad de Colón (Prov. de Entre Ríos) y desde allí en coche hasta Buenos Aires, parando unos días en Rosario o Campana. En caso de "ser mujeres de poco valor" por sus condiciones físicas, eran reenviadas a Montevideo o Brasil.

En su "nuevo hogar" estas mujeres eran recibidas por el "alcahuete" quien la recluía en el lupanar bajo la tutela del proxeneta, quedando sometida a un estricto "régimen de pupilaje y proceso de ablandamiento", con eventuales tormentos en caso de indisciplinarse, para llegar a convertirse en una "perfecta prostituta".

La ciudades más importantes, de ese entonces, en la República Argentina, fueron elegidas para el establecimiento de prostíbulos. Las preferidas: Buenos Aires, Tucumán, Corrientes, Rosario -llamada la "Chicago Argentina" - Córdoba y Mendoza.

Por esos años existían algo más de 2000 burdeles instalados, a cargo de alrededor de 500 rufianes, con aproximadamente 30.000 mujeres trabajando para ellos.
Desfilaron por los "quecos" (prostíbulos, en lunfardo) de Viamonte y Suipacha, Junín y Lavalle, Corrientes y Callao, 25 de Mayo y Reconquista, Plaza Constitución, Mataderos, la Boca, Isla Maciel con su "Barrio Chino", Dock Sud con su "Farón Colorado", San Juan y Mazza, San Fernando, Florencio Varela y Ciudadela, miles y miles de pupilas que recibían una "ficha" entregada por la regente al finalizar cada episodio de "amor letrinoso".

Faroles rojos colgados de puertas y portones anunciaban sus servicios en los "quilombos" (burdeles, en lunfardo, tomado de una palabra brasileña) de los brazos del Riachuelo, a los que arribaban en carro o en bote. En 1908 el Gobierno decreta el cierre de dichos sitios, que deshabitados pasaron a funcionar como refugio de malvivientes de toda ralea.
Así fue como el "comercio carnal" trasladó su territorio de acción a los burdeles clandestinos, exclusividad de la burguesía de la época. Aparecen los "cafés-concerts", los "chistaderos" de las calles oscuras y los "lenocinios encubiertos" de la zona portuaria.

Hacia 1910 la Boca era el "reino de los polacos", cuyas pupilas atendían entre 60 y 65 clientes por día. Hacia fines de la década del 30 se sanciona la Ley de Profilaxis Social (aún hoy vigente), se cerraron las "casas de tolerancia", la gran masa de trabajadoras sexuales ganó las calles, conocieron las cárceles y la desprotección rufianesca. Muchas de las "callejeras extranjeras" partieron hacia otras urbes sudamericanas. A partir de ese momento la prostitución argentina reemplazó a la extranjera: en 1934 la Policía de la Prov. de Bs.As. informó que el 69% de las callejeras era de nacionalidad argentina.

No obstante las décadas transcurridas desde aquel no tan lejano pasado, mucho no ha variado la situación en nuestros días. Lóbregas organizaciones dedicadas a la corrupción y prostitución de menores despliegan su poderío en permanente crecimiento. Las estadísticas reflejan el predominio de la oferta sobre la demanda, fundamentalmente de adolescentes y en el interior del país, donde el contralor es menor.

Por otra parte, el mercado actual del meretricio cuenta con un grupo heterogéneo y en ciertos égidos muy selectos de trabajadoras sexuales de gustos distinguidos, amantes del poder, intelectuales y discretas, que logran descollar alcanzando el cenit social, en contrapartida con otro grupo no tan selecto de servidoras sexuales que sobreviven en distintas categorías de establecimientos, donde acuden los "buscadores del placer sexual".
Hoteles por hora, saunas, casas de masajes, confiterías o pubs con gabinetes en sus sectores posteriores para consumación de la transacción carnal, taxímetros dedicados al "contacto" de la clientela con su beneficio monetario, citas a ciegas y encuentros sociales de alto nivel, en domicilios de las propias trabajadoras sexuales o del cliente, o simplemente la calle, son algunas de las opciones ofrecidas.

A este panorama, le debemos agregar la coexistencia de la prostitución masculina y sobre todo juvenil, que a pesar del ocultamiento y omisión que rodean al tema, van in crescendo en nuestro medio. Algunos son desocupados, otros desprovistos de toda independencia monetaria, otros confusos y oportunistas circunstanciales, optan por prostituir sus cuerpos, con el aditamento de una eventual aceptación de otras alternativas - sexo grupal, travestismo voluntario, pederastia, etc ....

Es evidente que desde una perspectiva macro-sistémica y transdisciplinaria, el fenómeno de la "prostitución" no puede ser tratado aisladamente, ya que la multiplicidad de sus variables obligan a un análisis responsable e interactivo, no olvidando las particularidades propias de cada ciudad y/o país, junto a quien se prostituye, al gigoló o rufián y al entorno social.

Bs. As., Argentina, 1992/1994.


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