Los swingers (Parte I)

 El swinger y las parejas ocasionales *

El jardín de las delicias - El Bosco - Detalle(Swinger: el que oscila, que cambia o se balancea de un lugar a otro, derivado de to swing: balancearse, oscilar)


El swinger es una actividad de parejas que nace de una relación estable, crece como fantasía de ambos, recorre el proceso de construcción de la confianza mutua, de la caída de los prejuicios y, superado ese momento, comienza el juego en la búsqueda de la primera experiencia.

A veces ese juego se extiende por años, otras su resolución es inmediata, pero de una u otra forma ese proceso hecho en conjunto por la pareja es la sal que da sentido a este estilo de vida. Llegar cada noche después de un encuentro y hablar con nuestra pareja sobre lo vivido, excitarse con los recuerdos, internalizarlos en el lecho, es abonar la intimidad de la pareja, hacer crecer la convivencia. ¿Qué sería del swinger fuera de la pareja?: nada. El hecho de estar en una cama con más gente puede ser muy reconfortante aunque no sea más que eso.

Algunos llaman a esto ¨partuza¨, ¨orgía¨ o ¨fiestita¨, pero si esas personas no son parejas estables no es un grupal o un encuentro swinger. Entre estas personas el momento de placer no se extiende más allá del tiempo en que se vive el sexo, mientras que en el caso de una pareja estable cada encuentro construye fantasías, emociones y recuerdos que son parte de la vida diaria y, en especial, de la intimidad de la pareja. Hay parejas ocasionales en el swinger, claro que las hay, tengamos en cuenta que una mujer y un varón que tienen la fantasía de estar sexualmente con otras personas, en el mismo lecho, ¿dónde pueden realizarlas que no sea en nuestro ambiente?: no hay espacios donde la gente se proponga esas cosas con naturalidad.

Conozco mujeres solas que nunca podrían vivir experiencias con varios hombres si no fuera a partir del ambiente, ¿o es que pueden -en un boliche común- decirle a tres o cuatro jóvenes que desea estar con ellos en una cama? Primero, no la tomarán en serio, segundo, puede pasar un mal rato. El sexo más allá de los límites socialmente estipulados requiere de
conciencia, y ella será tratada con poco respeto, seguramente. Así que algunas parejas llegan a acuerdos, se juntan y se venden como pareja real para integrarse a un grupo o intercambiar con otra pareja. La mayoría de los swingers detectamos fácilmente esa maniobra. En muchos casos dejamos pasar la cuestión porque sabemos que no nos cruzaremos más con esa virtual pareja y que nunca llegarán a ser parte del todo del swinger, de su lado social, de la construcción de amistades, y que rebotarán con gran parte de las parejas que son meticulosas a la hora de intercambiar.

El hecho es que la igualdad de entrega es vital para completar la fantasía vibrante del swinger: “yo lo hago con el ser que tú amas y tú lo haces con el que yo amo”.

 ¨Superación¨, esa es la palabra que define ese estado donde el amor no es afectado por el sexo compartido, donde la institución ¨pareja¨ se preserva sin problemas aunque la cama se amplíe a algunos visitantes más. Muchas de esas parejas ocasionales son de esposas y maridos que no pudieron convencer a sus cónyuges, entonces buscaron una compañía, lo hicieron solos y creen que ya son swingers. Pero claro, no logran vivir lo esencial; llegan a su casa y su esposa está allí, sexualmente es la misma de siempre, monógama, y ellos por lo tanto no realizaron su fantasía más que como un paseo turístico por un paisaje donde sólo ven el bosque pero no el árbol. La sociedad se vuelve cada vez más amplia y tolerante en materia de sexo.

Pero cuidado, dije la sociedad, no las instituciones que la gobiernan. La espontaneidad crece en los jóvenes, el sexo se vuelve rápido y probar lo diferente es cada vez más normal, así que las parejas ocasionales serán parte del paisaje del swinger en forma permanente. Deberemos saber cómo manejar, según la visión de cada uno, este fenómeno. Lo importante es que no nos convenzan de que ellos son swingers.

Recuerden: esa  pasión compartida, esa posibilidad de construir la complicidad en pareja, encontrar en nuestra cama a esa mujer o ese varón día a día, con el que vivimos esta libertad pactada, el hacerlo con el ser querido, es la marca de fuego del swinger. Lo demás es otra historia.


* Daniel Bracamonte

editor@entrenos.com.ar

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