¿El swinger sustituye
el sexo de la pareja?*
(Swinger:
el que oscila, que cambia o se balancea de un lugar a otro,
derivado de to swing: balancearse, oscilar)
Una pregunta que es básica
en quienes intentan acercarse al swinger es acerca de si
cuando practican este estilo de vida el sexo en la pareja
se verá afectado en su continuidad o ya no tendrán los mismos
deseos al enfocar toda su energía al sexo con otras parejas
o grupos. Es un tema interesante, porque cuando decimos
que puede haber en una pareja luego de algunos años cierto
agotamiento del interés sexual y que el intercambio es una
opción para revivir ese estímulo perdido, no queremos decir
que esa es la función o el leitmotiv de la práctica del
swinger. Es que la gran mayoría de las parejas que están
en nuestro ambiente se iniciaron estando muy bien en su
sexualidad íntima e, incluso, fue el alza del deseo el que
los llevó a buscar nuevos horizontes. La cama matrimonial
es un lugar seguro, de una calidez especial donde juegan
valores ausentes en el intercambio, valores afectivos y
de compromiso, costumbres, y la fuerte intimidad que la
convivencia genera. Estas cosas son irreemplazables y hacen
del sexo íntimo de la pareja algo especial, único. Claro
que también esos factores pueden afectar la sexualidad de
la pareja; las tensiones de la vida cotidiana, la falta
de tranquilidad cuando hay hijos y muchos otros aspectos
más intervienen en la libre expresión de la sexualidad en
pareja.
Es decir, el sexo matrimonial
es complejo, mientras que el sexo swinger es simple, sólo
genital: elegimos la pareja que nos gusta, conversamos lo
suficiente para conocernos... y a la cama. Allí lo que se
expresa es sexo y sólo esa sensación, sin otros compromisos
ni asuntos pendientes, sin otras cargas ni otros valores.
Una cosa es segura: el
sexo swinger no puede reemplazar al sexo en pareja porque,
aunque este sea espaciado, cuando se da tiene otro origen.
Y también es bueno aclarar que el sexo swinger, cuando da
placer al practicarlo, se vuelve parte de la vida sexual
de la pareja y es complejo desandar el camino recorrido.
Podemos hablar de una interacción entre ambas variantes:
el intercambio eleva el morbo junto a las fantasías de la
pareja, y generan una
complicidad sexual que estimula genitalmente. Es por esta
razón que muchas parejas ven incrementada su sexualidad
de pareja después del primer intercambio.
¿Cuánto ocupa el sexo
en nuestra vida?... Eso también tenemos que sopesarlo. En
muchos casos de parejas ocupaba menos del 5 % de su tiempo
libre, y con el swinger ese espacio creció al 30%; es decir,
montaron una vida distinta, con salidas, encuentros, discos
y hoteles o departamentos, todo para tener sexo. Sus salidas
cambiaron de horizonte y las noches en la intimidad de la
pareja también ampliaron el tiempo dedicado al sexo con
esta apertura.
En todo este tema debemos
tomar algo en cuenta como ley mayor: el swinger es oscilar.
Es decir, pasamos fugazmente por la cama de los otros, no
nos quedamos en ella ni buscamos más atención que la genital
en ese momento concreto. Si esto se respeta -y la mayoría
de los swingers lo hacemos-, no hay otras historias que
lamentar. Cuando, por el contrario, nos aferramos a otra
pareja o a un solo o sola en el caso de los tríos, la cuestión
comienza a tener sus riesgos.
| Somos ¨osciladores¨,
vamos del placer hacia lo nuevo. Sólo tenemos un puerto fijo en nuestro
constante navegar: nuestra pareja. |
* Daniel Bracamonte
editor@entrenos.com.ar
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