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Las contradicciones en el swinger *
(Swinger:
el que oscila, que cambia o se balancea de un lugar a otro,
derivado de to swing: balancearse, oscilar)
"Te amo, te comparto": esta es quizás la
primera contradicción en el swinger. La idea del amor está
asociada culturalmente a la posesión indisoluble del cuerpo
del ser amado: sólo nosotros disfrutamos de él y sólo el
ser amado disfruta de nuestro cuerpo; así es, por lo menos,
en la consideración general. La pregunta es por qué, y la
respuesta es muy larga y compleja. Pero lo cierto es que
la posesión física del otro tiene que ver con aspectos reproductivos
y no sexuales en su origen. Claro que si bien hoy el tema
de la reproducción, su control y prevención, están ligados
a la utilización de variados recursos de muy alta eficacia,
la idea de la posesión física del ser amado no cambió en
general. Es que dos mil años de cultura pesan.
| Muchas veces dijimos que somos seres concebidos para
la diversidad sexual, no para la monogamia sexual. |
Los swingers en algún punto de nuestras vidas
dejamos -de común acuerdo- liberada esa capacidad de ser sexualmente amplios
y ya no necesitamos, para sentirnos seguros y amados, tener la exclusividad
sexual. Entonces comenzamos a concebir el amor de forma más profunda, menos
posesiva. Vemos a la pareja no como una unidad reproductiva sino como la unión
de aspiraciones, proyectos y fantasías, y entendemos que acompañarnos es a
la vez comprendernos y ayudar al otro a realizar aquellas cosas que lo hacen
feliz o le aportan placer. No hay en la posesividad ni en los celos nada que
nos asegure amor, más bien hay mucho de un individualismo no elaborado.
"Te amo, te comparto" es una contradicción,
pero como toda contradicción respeta las generales de la
evolución. Compartir no es entregar, dar un paso al costado
ni perder nuestra posición dominante en el plano del amor,
único sustento de la pareja. Compartir es más precisamente
dejar hacer en comunidad para el placer mutuo. Esto parece
muy filosófico, pero es esencial. También se ve como una
contradicción aun más compleja el hecho de que los swingers
gocemos viendo al otro gozar con un tercero. Allí lo que
se expresa es el principio de la omnipotencia genital: si
ella o él me ama, nadie le podrá dar placer sexual. Nada
más inexacto. Quizás el amor nos asegure el lugar más cálido
y requerido en la sexualidad del otro, pero no inhibe su
capacidad natural para gozar.
| Podemos gozar con otros sexualmente y amar en exclusividad,
esto es así, podemos aceptarlo o mirar para otro lado. Y si es así, ¿por
qué no dejar que esa capacidad fluya y no mentirnos con la idea de que somos
los únicos que excitamos a nuestra pareja? |
Miedo, ese es el trasfondo de la contradicción
que percibimos al ver gozar a nuestra pareja con un tercero. Los swingers
transformamos el miedo en confianza, y la aterradora imagen de que nuestra
pareja goce con otros en una placentera forma de compartir fantasías y placer
mutuo. Lo contradictorio es en general dialéctico: negamos lo que aceptamos
y aceptamos lo que supuestamente negamos. El swinger es en sí una contradicción:
puede ser placentero y nocivo, conveniente e inconveniente, todo depende de
cómo se viva.
* Daniel Bracamonte
editor@entrenos.com.ar
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