|
Infidelidad,
genética y realismo *
(Swinger: el que oscila,
que cambia o se balancea de un lugar a otro, derivado de to
swing: balancearse, oscilar)
Un estudio reciente sobre el comportamiento
femenino -entre otros temas- realizado en Inglaterra por un
conocido instituto científico, reveló que, en un porcentaje
de mujeres, la infidelidad tendría causas genéticas, es decir,
habría una predisposición natural para relacionarse con más
de un hombre sexualmente. Este informe, sin duda revelador,
no hace más que sumar argumentos a nuestro punto de vista
sobre la tendencia natural a la diversidad sexual en los seres
humanos.
Muchas veces, reflexionando sobre
nuestra práctica, pensé en cómo esas mujeres que hoy son swingers
y demuestran una capacidad para el sexo tan amplia pudieron,
durante tanto tiempo, ser sexualmente monógamas. Sé también
que la mayoría de ellas nunca volverá a ser como antes del
swinger, su noción del sexo se amplió tanto que no podrán
estabilizar una relación donde se imponga la exclusividad
sexual, es decir, el sexo sólo con su pareja. Y si así fuera,
el riesgo de infidelidad sería superior a la media social.
| Este estudio mencionado habla de algo que nos obliga
a ser realistas: la infidelidad, en muchos casos, no tiene
que ver con desamor o desprecio a la pareja, sino que
está enrolada con el deseo sexual, con la búsqueda de
la variedad, algo que llevamos dentro y que forma parte
de nuestra esencia humana. |
La hembra de nuestra especie necesita,
para garantizar la fecundación, copular una importante cantidad
de veces, por lo que la búsqueda de un compañero sexual, el
celo permanente, una sexualidad sin interrupciones cíclicas
(típico en los animales) son características para aumentar
la posibilidad de procreación. Tenemos entonces una suma de
información científica que conspira con el concepto de monogamia
sexual, piedra angular de la institución “matrimonio”.
El swinger muestra claramente
cómo funciona una mujer liberada de la carga de la exclusividad
sexual, cómo aumenta su potencial y se advierten cambios en
su personalidad. Con la sola idea de que un porcentaje de
mujeres son -por rasgos genéticos- proclives a alternar con
más de un hombre en el mismo registro de tiempo, alcanza para
dar por tierra con el concepto de fidelidad como algo natural.
| ¿Sería entonces la fidelidad una especie de prisión
para nuestra verdadera sexualidad? |
Los swingers buscamos una alternativa
a la infidelidad, comprendimos que saber lo que desea nuestra
pareja y vivirlo en conjunto es mejor que ocultarlo, mentir
o realizar sin su saber o conocer. Muchos de nosotros ya no
comprendemos el estado anterior en el que vivíamos, nos parece
raro no poder disfrutar de otros cuerpos y sensaciones por
el hecho de estar en pareja o casados, tan raro como ve parte
de la sociedad al swinger. La razón, la verdad, está en la
ciencia, no en la moral, sino en la realidad de lo que somos
y no en la costumbre de actuar como nos enseñaron.
* Daniel Bracamonte
editor@entrenos.com.ar
volver |