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LAS MUJERES DE KAFKA (1era parte)

Las mujeres de Kafka ( 1° parte )
 



Franz Kafka (Praga, 1883- Viena, 1924) escribió, a través de sus obras, las angustias opresivas de su interioridad. Estas experiencias surgidas de sus conmociones internas fueron el germen de sus creaciones. Kafka llegó a describir un mundo onírico: muchas obras semejan la estructura de una pesadilla (“El proceso”, “El castillo”, “La metamorfosis”, “Un médico rural”), no por utilizar el corpus teórico del psicoanálisis freudiano sino debido a su intuición, a su sensibilidad, su capacidad perceptiva, aunado a su sufrimiento personal.

Franz, que no publicó más de un par de obras en vida, se convertiría en un escritor de culto muchos años después de su muerte gracias a la traición literaria de su amigo Max Brod, quien no acató el pedido de Kafka de quemar toda su obra. Aunque pensándolo bien: -querido Franz, si hubieses deseado que tu enorme legado literario se destruyera, tal vez, lo hubieras hecho personalmente, como creo que incineraste parte de tu obra temprana. Como un pequeño guiño que nos hiciste.

En cuanto a las amenazas de su padre (”te mataré como a un insecto”), recordemos que, en “La Metamorfosis”, el protagonista se convierte en un enorme insecto. Asimismo nos hace recordar las ideas de despersonalización y de cambios corporales de un esquizofrénico, por ejemplo cuando se miran horas frente al espejo, y se notan con deformidades en el rostro.
La relación tormentosa con varias mujeres fue fundamental en su vida y en su obra (los “Diarios”). La que sostuvo con Felice Bauer â€“que fue su primer amor- era básicamente epistolar ya que ella vivía en Berlín y él en Praga. Se conocen en 1912 y con ella logró comprometerse dos veces y en ambas Kafka huyó ante la mera idea de tener que casarse.


Franz con Felice Bauer


En 1920 conoce a la escritora y periodista checa Milena Jesenskà. Ya  alejado de Felice, se mandan cartas con aquélla (se la conoce hoy como “Cartas a Milena”). Ambas mujeres dan origen a una correspondencia reveladora del carácter de Franz, como vamos a ver en un extracto de un diálogo con Kafka, incluido en el libro “Diálogos con celebridades II”, de Adrián Sapetti, Edición de Laboratorios Beta (2013), Bs. As.  

A mediados de 1920, Milena Jesenská se divorcia y retorna a Praga donde se convierte en una estrella periodística en ascenso. Publica sus artículos en prestigiosos periódicos y traduce. Milena se casa con un arquitecto vanguardista, comunista igual que Milena. El matrimonio no dura mucho.

Milena, que se había hecho adicta a la morfina, comenzó colaborar con la prensa comunista, pero este trabajo lo deja debido al poco tiempo ya que la periodista no estaba dispuesta a reconocer la política estalinista.

Entretanto, Milena ayudaba a los refugiados alemanes que huían de Hitler. Tras la ocupación de las tierras checas por las tropas nazis el 15 de marzo de 1939, ella se sumó a la lucha clandestina contra los invasores. Fue detenida por la Gestapo en noviembre de 1939 y recluida en el campo de concentración de Rawensbruck.

Consumida, con artritis y eczemas, en el campo de concentración Milena Jesenská contrae una grave enfermedad renal y fallece en 1944. Los nazis arrojaron sus cenizas a un lago vecino al campo de exterminio. 

 Milena


En 1923 Franz se había trasladado a Berlin, con la esperanza de distanciarse de la influencia de su familia y concentrarse en su obra; se encontró una joven de 25 años descendiente de una familia judía ortodoxa, que había huido de su pueblo natal, a la que había conocido en una colonia judía de vacaciones. Era Dora Diamant, actriz, nace el 4 de marzo de1988 en Polonia y muere en Londres el 15 de agosto de1952, su juventud la vive en Alemania; en el verano de 1923 conoce a Franz Kafka en Müritz, un balneario alemán sobre el mar Báltico y se convierte en la compañera de sus últimos meses de vida (1924). Dora tuvo mucho que ver en el interés de Kafka por el judaísmo y el sionismo
. 
Estudia Arte Dramático en Berlín, y en los años de ascenso de Hitler, Dora Diamant se integra a la resistencia antinazi en las filas del Partido Comunista. Se casa con el editor del diario del Partido Comunista alemán, Bandera Roja (Die Rote Fahne).

El 1 de Marzo de 1934 nace su hija Franziska Marianne Lask. Perseguido por la Gestapo su marido parte a la Unión Soviética. En 1936 Dora y su hija se reúnen con él en la URSS, pero poco tiempo después, en 1937 , Lask sucumbe a las purgas de Stalin y es enviado a un campo de concentración.

Con su hija enferma Dora logra escapar de la Unión Soviética, en 1939 una semana antes de que las tropas alemanas invadan Polonia. Rumbo a Inglaterra en busca de curación para su hija atraviesa Europa ocupada por los nazis ero es arrestada al llegar a Inglaterra como “extranjera enemiga” y confinada en el Campo de detención de mujeres de la Isla de Man junto a su hija durante los años 1940-1941.

Terminada la Segunda Guerra Mundial -con varios familiares muertos en el holocausto-, se establece en Londres, donde funda un restaurante y un teatro para la comunidad judía. A los 54 años, el 15 de agosto de 1952, muere de una falla renal, en Londres.


Diálogos con Franz Kafka

AS: cuando ya Felice y su familia se cansaron de tus indecisiones y quisieron alejarse de ti, ¿qué sentiste?

K: Quizás esa vez pensé en tirarme del balcón, como ahora. Sé que mi lugar es allá abajo, no encuentro otra solución, F. es simplemente la persona que pone en evidencia mi destino; no soy capaz de vivir sin ella, y por eso debo arrojarme por la ventana, pero también sería incapaz de vivir con ella. ¿Por qué no aprovechar esta misma noche y terminar todo de una vez?

AS: querido Franz, no lo hagas. La posteridad te espera, aun tienes mucho para crear.

FK: ¡la destrucción sistemática de mi persona, al correr de los años, me parece asombrosa!; ha sido como el lento ensancharse de una grieta en un dique, una actividad perfectamente intencional. El espíritu que la ha llevado a término debe estar celebrando sus triunfos: ¿por qué no me deja compartirlos? Eterna infancia. De nuevo el llamado de la vida.

AS: A Felice le mandabas cartas muy duras como la del 22 de agosto de 1913.

FK: sí, recuerdo una: “No te espera la vida de esa mujer feliz que tu ves caminar ante ti, no te espera la alegre charla, tomados del brazo, sino una vida monacal al lado de un hombre afligido, triste, callado, descontento, enfermizo, quien -cosa que podría parecerte una locura- está atado con cadenas invisibles a la literatura y que prorrumpe en gritos cuando uno se acerca a él, porque según afirma, se tocan sus cadenas”.

AS: tengo entendido que frecuentabas cabarets y mujeres pagas antes de tu etapa de encierro, taciturna y autista.

FK: aún hoy, me paseo adrede por las calles donde hay prostitutas. Pasar a su lado me excita. Esa posibilidad lejana pero siempre concreta de acostarme con una de ellas, ¿será una vulgaridad? No conozco nada mejor y en el fondo el hecho me parece inocente y no me provoca casi ningún remordimiento. Sólo deseo a las gordas y viejas, de vestidos anticuados pero en algún sentido lujosos gra­cias a ciertos adornos. 
Es probable que una de estas mujeres ya me conozca. Me encontré con ella esta tarde, todavía no se había vestido para la noche, tenía el pelo lacio y pegado a la cabeza, iba sin sombrero, con una blusa de trabajo como las cocineras. Ningún hom­bre habría encontrado en ella nada atractivo, sólo yo.
Nos mira­mos rápidamente. Esta noche había refrescado mucho; la vi con un abrigo ajustado, pardo amarillento, del otro lado de una calle­cita estrecha donde suele pararse. Me volví dos veces para mirarla; vio que la observaba, pero entonces me fui; en realidad me escapé. Como me escapé de todas mis parejas.

AS: un destino de soltero empedernido.

FK: me parece terrible quedarse soltero, ser un viejo que tratan­do trabajosamente de conservar su dignidad suplica una invitación cada vez que quiere pasar una velada en compañía de otras per­sonas. No tener a quien esperar ociosamente, con tranquila confianza; no poder hacer rega­los sino con dificultad o con alguna vejación; no poder jamás subir corriendo una escalera al lado de su mujer; estar enfermo sin más consuelo que lo que se ve por la ventana -si es que uno puede levantarse- en una habitación con puertas laterales que dan a casas de desconocidos; admirar a los niños de los demás y seguir repitiendo: yo no tengo, y como nadie crece en torno de uno, sentir una invariable sensación de vejez; modelar su aspecto y su proceder de acuerdo a uno o dos solterones que uno conoció cuan­do era niño. 

AS: ¿por qué, entonces, no te casaste?

FK: había, como siempre las hay, algunas dificultades, pero la vida consiste ciertamente en aceptarlas. La dificultad esencial es que, a ojos vista, soy espiritualmente incapaz de casarme. Se manifiesta en el hecho de que, desde el momento en que adopto la decisión, ya no puedo dormir, la cabeza me arde día y noche, la vida ya no es vida y,  desesperado, ando tambaleándome de un lado a otro. 

AS: describes una típica reacción fóbica.

FK: ¡acaba ya con la psiquiatría! No son en realidad las preocupaciones las que producen esto, si bien las acompañan inquietudes infinitas, surgidas de mi pesadez y pedantería. Las que me derriban definitivamente son otras causas: la presión general, el miedo, la debilidad, el menosprecio de mí mismo.

Nota del dr. Sapetti: este artículo ha sido fraccionado en dos partes, la 2da saldrá publicada en la próxima entrega.