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(LA
INVOLUCION ALIMENTARIA. LOS BENEFICIOS DE LOS ALIMENTOS NATURALES
Y LA IMPORTANCIA DE LAS FIBRAS)
Por el Dr. Juan Emilio Vidales, médico clínico, especialista
en Medicina Interna
El
pasaje de la pobreza al desarrollo de los pueblos del mundo, ha traído como
consecuencia un cambio de hábitos en lo que respecta a la nutrición, que resultaron
muy trascendentes con respecto a la aparición de un gran número de enfermedades
y su particular incidencia en el incremento del número de casos de las mismas.
El hombre dejó de comer fibras y comenzó a comer azúcar y harinas
refinadas, empezó a incorporar altas dosis de hidratos de carbono simples de
escaso valor nutritivo y alto poder glucogénico, precipitando incrementos desmesurados
de glucosa en sangre y depósitos de glucógeno y colesterol en diferentes partes
del cuerpo, no todas ellas aptas como reserva energética.
Lo cierto es que de un número bajo
de enfermedades cardiovasculares, se ha pasado a un elevado número que ubica
al fenómeno entre las principales causas de muerte en los países desarrollados,
detrás de los accidentes de tránsito y muy cerca con el cáncer en general.
Se afirma que la mitad de la población
padece sobrepeso y esto es precisamente un defecto que se comparte con todo
el mundo civilizado y que se viene expandiendo de manera alarmante pero silenciosa,
debido fundamentalmente por los progresivos cambios que se vienen generando
en las costumbres alimentarias. El factor hereditario con que se quiere minimizar
y desplazar el problema hacia otro plano más complicado de estudio no puede
explicar la altísima incidencia de la obesidad.
Hay dolencias que podrían evitarse
con una buena alimentación y que no son menores: ciertos tipos de cáncer, enfermedades
producidas por obstrucciones arteriales, algunas formas de diabetes, hemorroides,
divertículos intestinales, hipertensión arterial, y muchas otras.
El estudio de viejas tribus de
africanos permitió establecer el origen del sobrepeso y la mayoría de los padecimientos
que generalmente lo acompañan; al menos es una gran teoría que hasta el momento
no pudo ser contrarrestada.
¿Qué hace el refinamiento de los
carbohidratos? Simplemente separa a las proteínas y las elimina: al extraerse
el azúcar de la remolacha se elimina el 100% de la proteína; al molerse el trigo
entero se pierde el 11,2% de las proteínas originales; en el procesamiento del
arroz se elimina el 30% de la proteína y al pelarse y hervirse las papas se
pierde hasta el 16% de las proteínas.
La Acción Dinámica Específica (ADE)
es el aumento de calor producido por el gasto de energía que se produce por
el sólo hecho de comer, digerir y absorber cada alimento. Depende de: cantidad
de alimento ingerido, metabolismo basal y estado nutricional del individuo.
La ADE es menor si se mezclan los
alimentos y menor aún si el alimento no tiene fibra. Cuanto mayor sea la ADE
mayor será la producción de calor y el gasto energético en absorber ese alimento
y por lo tanto se perderán muchas calorías que bajo otra forma del alimento
el organismo las ganaría en peso. Los alimentos ricos en fibra tienen una alta
ADE.
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AL PASADO
Antiguamente se comía con naturalidad,
sin refinamiento y ello permitía incorporar todos los elementos nutritivos necesarios,
acompañados con su respectiva cubierta de fibra. Esta fibra, que durante muchos
años se discutió su valor nutritivo, terminó siendo expulsada de las dietas
con el adjetivo calificativo de inútil como nutriente. El refinamiento
industrial se encargó de sellar su tumba y durante muchas generaciones se dejó
de discutir acerca de su existencia. Se omitió, por desconocimiento, el valor
de la fibra en el correcto funcionamiento del tubo digestivo y su necesaria
participación para mantener el equilibrio entre la absorción y eliminación de
las calorías y nutrientes necesarias para una adecuada alimentación. Sin fibra
evidentemente nuestra exposición a absorber todas las calorías de los alimentos
es total y ello es equivalente a practicar el sedentarismo como deporte favorito.
Imaginemos una cocina tradicional
de una casa cualquiera, allí se hierven papas, se fríen aceites, se calientan
caldos y se sirven porciones de diversos postres, té y café. Después de comer
queda un típico desorden y un sinfín de elementos pegoteados por las grasas
y el hollín de la cocción, que deberán ser limpiados con elementos adecuados
para volver a utilizarlos más tarde o al otro día, y así sucesivamente. Si así
no lo hiciéramos, la grasitud pegada nos haría más difícil cada día volver a
preparar los alimentos con igual calidad de sabor y condiciones que la primera
vez.
Esto mismo que hemos imaginado
ocurre con nuestro organismo cuando comemos mal, cuando no ingerimos una adecuada
cantidad de agua, de fibra, de minerales y de elementos esenciales; cuando nuestra
dieta diaria es rica en grasas, carnes rojas, cremas, dulces, azúcar y harinas
refinadas. En éstas condiciones nuestro organismo comienza a modificar su estructura
y su funcionamiento.
Ya desde bebés comenzamos a incorporar
harinas refinadas desprovistas de fibra, dulces a granel y a absorber hidratos
simples a mansalva, que solo incrementan la glucemia y fuerzan al metabolismo
a depositar grasas.
Hay enfermedades que llevan muchos
años de presencia y su crecimiento pudo haberse evitado; entre ellas la diabetes
del adulto, la diverticulosis intestinal, los pólipos intestinales, las várices
de los miembros inferiores, la constipación, los cálculos biliares, la úlcera
péptica y las enfermedades cardiovasculares en general y en particular la arterioesclerosis.
Si consultáramos a diversos especialistas
seguramente cada uno tendría muchas explicaciones técnicas que nos dejarían
asombrados y hablarían muy bien de los avances de la ciencia, pero probablemente
pocos de ellos mencionarían al denominador común que las transforma en enfermedades
de condicionamiento nutricional: el mal hábito alimentario.
ALGUNOS
EJEMPLOS PARA TENER EN CUENTA
La diverticulosis intestinal es
una enfermedad que afecta a hombres y mujeres después de los 45 años y que lleva,
cuando se la diagnostica, en general, 30 años de evolución.
La materia fecal, dura y sin fibra
tiene una escasa progresión en el intestino y cuando llega al colon (intestino
grueso), éste se dilata por la fuerza que debe hacer para propulsarla y se va
afinando y provocando dilataciones que dan origen a los divertículos.
Esos divertículos si se infectan,
se transforman en un cuadro agudo llamado diverticulitis, que se confunde con
una variedad de cuadros abdominales agudos y que muchas veces termina en una
operación. Esta enfermedad diverticular es una constante preocupación para los
gastroenterólogos que, cuando comienzan a tratarla, su principal objetivo es
que no se perfore o empeore con otra complicación y termine en una resección
de intestino.
Hoy se sabe que las fibras, dadas
en su medida apropiada, pueden evitar la progresión de la enfermedad y que si
la ingesta hubiera sido adecuada desde la infancia, la misma no se hubiera desarrollado.
Las várices de los miembros inferiores
y de la pelvis (éstas últimas no se ven pero, en la mujer especialmente, pueden
provocar un síndrome típico llamado enfermedad inflamatoria ginecológica pelviana,
que es confundida habitualmente con otros cuadros) son una constante de consulta
en los consultorios de variados especialistas. Se ha visto que no hay incidencia
de várices en las tribus de indios que comen fibras y que tampoco es una patología
prevalente en las personas que se alimentan con abundante fibra. Esto tiene
una explicación muy simple: la dieta occidental es muy constipante como ya se
dijo al hablar de divertículos, la materia fecal sin fibra llega al intestino
grueso deshidratada y dura, lo cual enlentece el tránsito y provoca un enorme
esfuerzo en el colon. La impactación de la materia fecal permanece durante largo
tiempo comprimiendo estructuras vecinas al intestino, en especial los vasos
sanguíneos de la pelvis que son los que recogen el retorno venoso de las piernas
y de los genitales externos e internos. Este hecho produce diversos trastornos
y lleva en el tiempo a la formación de dilataciones venosas conocidas vulgarmente
como várices, fundamentalmente por enlentecimiento de la circulación venosa.
Pese a que hasta en los libros
de medicina se habla de materia fecal normal a aquella que es moldeada y formada
por el colon descendente; hoy sabemos que la materia fecal debe ser blanda y
expulsada sin dificultad cada 24 horas como mínimo, para que el tránsito intestinal
esté adaptado a las condiciones generales de la alimentación y el metabolismo.
La constipación es en sí misma
una verdadera patología ya que genera innumerables trastornos psíquicos y físicos,
algunos de los cuáles ya se detallaron. Pensemos un momento en el negocio multimillonario
de los laxantes y digamos también que los mismos generan lesiones muchas veces
irreparables en el tracto digestivo.
La enfermedad coronaria es otro
de los padecimientos de nuestro tiempo que tiene que ver mucho con la alimentación.
El corazón, como cualquier órgano vital, requiere del aporte nutricional que
le derivan las arterias que lo irrigan; si éstas se obstruyen por depósitos
de colesterol se produce la enfermedad coronaria, causante de la muerte súbita
y del infarto de miocardio.
Si hace 100 años se hubiera conocido
lo que hoy se sabe respecto de las fibras alimentarias, seguramente no se hubiesen
inventado las refinerías.
La ingesta grasa y de azúcares
y harinas refinadas es la principal causa de este depósito y paralelamente se
incorporan como factores de riesgo el estrés, el sedentarismo, la hipertensión
arterial, la diabetes y otros padecimientos que como iremos viendo también tienen
que ver con la falta de una dieta adecuada.
La úlcera péptica, llamada genéricamente
enfermedad ácido sensitiva gastroduodenal, es otra de las enfermedades que se
asocian a la mala alimentación o al mal comer. Se ha ligado recientemente
la presencia de una bacteria llamada helicobacter
pylori, con el origen de ciertos casos de úlcera, pero la mayor incidencia
está en la población que ingiere hidratos de carbono refinados, tenga o no tenga
la bacteria. La predisposición está dada por la dieta sin fibra.
Por ejemplo, en un mismo país (India)
se ha observado que las poblaciones que consumen arroz triturado a mano (no
se pierden las fibras) tienen una muy baja incidencia de úlcera, mientras que
las poblaciones que consumen arroz refinado tienen una incidencia muy alta de
úlcera gastroduodenal.
Japón, que si bien está protegido
de las enfermedades cardiovasculares por el alto consumo de pescado, tiene la
incidencia más alta de úlcera del planeta precisamente por incorporar grandes
cantidades de arroz refinado y azúcar también refinada en sus dietas.
En el estómago la digestión implica
un juego de ácidos y jugos digestivos que se balancean en proporciones y cantidades
fisiológicas, es decir, establecidas por la naturaleza. Así por ejemplo el ácido
clorhídrico y la pepsina se segregan en las células del estómago para digerir
los alimentos, a su vez el propio estómago segrega mucina, una sustancia especial
que tapiza sus paredes brindando protección contra el exceso de ácido y pepsina
que son corrosivos. Este equilibrio debe necesariamente apuntalarse con las
proteínas de la alimentación, que también contrarrestan al ácido clorhídrico
y a la pepsina. Si, en cambio, nos alimentamos con hidratos simples, azúcares
y harinas refinadas, ese equilibrio se pierde y el ácido no puede ser neutralizado
adecuadamente dando como resultado la aparición de la enfermedad ulcerosa y
favoreciendo el crecimiento de la bacteria helicobacter
que se mencionara anteriormente.
Si Ud. está sentado mirando televisión
o trabajando en la computadora y comiendo dulces, chocolates, caramelos o golosinas
en general, durante algunas horas, su estómago se verá sometido a una concentración
impresionante de azúcar pura sin posibilidad de contrarrestar el ácido clorhídrico
segregado con otro elemento que no sea también su propia mucina. Pero
como el estímulo del dulce es muy fuerte, la pepsina y el ácido se incrementan
mucho más de lo que puede bloquearla fisiológicamente; de ésta forma se produce
lentamente la enfermedad ulcerosa.
Las caries dentales se producen
como resultado de nuestra dieta básica carente de fibra. Tienen diferentes localizaciones
en las poblaciones que consumen alimentos refinados y en los pueblos de la antigüedad
que consumían mucha fibra. Los cráneos desenterrados analizados muestran que
las caries se producían debajo de la línea de las encías. Las partículas de
los alimentos se introducían debajo de las encías (no existía el cepillado)
donde el desarrollo bacteriano producía la placa dentaria que corroía posteriormente
a la pieza en cuestión. En la actualidad las caries se encuentran en la posición
más alta de la pieza dental, donde queda atrapado el alimento aunque no se cepille.
Esto es prueba de que la ingestión de carbohidratos refinados contribuye a los
altos índices de caries. Cuando el azúcar se combina con la harina refinada
que es pegajosa, produce una sustancia viscosa que se adhiere a la superficie
del esmalte y el cepillado debe ser muy enérgico, frecuente y duradero para
barrerlo. El masticar alimentos burdos, toscos, crudos y fibrosos, ayuda a mantener
firmes y queratinizadas las encías. La fibra por sí misma no impide las enfermedades
dentales pero su consumo ayuda, junto con el fundamental y elemental cepillado,
a prevenirlas.
En la diabetes, la mala alimentación,
incide en su aparición clínica temprana y en su empeoramiento. Hoy sabemos que
existe una diabetes hereditaria, la diabetes tipo I, llamada también juvenil
o insulino-dependiente. Si bien la alimentación sana no puede prevenir su aparición,
también es cierto que es mucho lo que se puede lograr con una dieta rica en
fibras y balanceada en hidratos de carbono, junto con un programa de ejercicios
físicos controlados. Se han logrado bajar los requerimientos de insulina a niveles
realmente increíbles. No obstante y por suerte, ésta no es la forma más frecuente
de diabetes (apenas 7% de los casos), sino la diabetes del adulto, tipo II,
ligada a la dieta o no insulino-dependiente. Esta forma de diabetes generalmente
acompaña a las enfermedades cardiovasculares, a la obesidad, a la dislipemia
(alteración de las grasas de la sangre), y a otros disturbios metabólicos en
general. Si bien la herencia también juega un papel importante, aquí se hereda
la predisposición y por ello es tan importante la adecuación rápida de un hábito
alimentario sano y equilibrado para evitarla o retrasarla muchos años.
Si no cambiamos la alimentación,
cualquier predisposición que hayamos heredado va a hacer su aparición inexorablemente
con el paso del tiempo.
Si Ud. heredó la predisposición
a ser diabético (padres, abuelos o tíos diabéticos) pero se alimenta correctamente,
tiene una alta probabilidad de controlar la aparición clínica de la enfermedad,
la cuál puede incluso no llegar a manifestarse clínicamente.
En el peor de los casos, cuando ello ocurra podrá controlarla sin sufrimientos.
Ud. puede ayudar a su herencia.
Todos los procesos de refinamiento
producen pérdida de proteínas protectoras y transforman a los hidratos de carbono
en sustancias simples de alto rendimiento energético que rápidamente se absorben
como azúcar y hacen trabajar en exceso al páncreas. Si se consumen alimentos
refinados (pan blanco, refrescos y gaseosas, helados, pasteles, facturas o dulces),
se está ingiriendo gran cantidad de azúcar refinada en poco volumen. La absorción
es masiva y la concentración sanguínea de la glucosa se eleva rápidamente. En
cambio si esos mismos hidratos de carbono debieran ser aportados por alimentos
con alto contenido de fibra, se necesitaría tanto volumen que nos sería imposible
ingerirlos a todos en una sola sesión. Por ejemplo: 1 kilo de remolacha y 20
manzanas son el equivalente de 120 gramos de azúcar. Esta cantidad probablemente
Ud. la duplique sin darse cuenta en el día, pero ¿qué pasaría si intentara comerse
el kilo de remolacha y las 20 manzanas?
Todas las estadísticas comparativas
de diferentes lugares de la tierra nos indican que la diabetes es directamente
proporcional a la ausencia de fibra y a la alta concentración de azúcar refinada
en las dietas.
Tanto el cáncer, como los pólipos
del colon o intestino grueso se relacionan ampliamente con la falta de fibra
en la alimentación. Numerosos trabajos científicos avalan esta posición y se
refieren también a otras enfermedades adquiridas del intestino grueso del hombre,
como la colitis ulcerosa, los divertículos y hasta la propia apendicitis. Cuando
los negros africanos fueron llevados a EE.UU. por primera vez, el cáncer
de colon era desconocido totalmente entre ellos. Actualmente en Africa ese tumor
constituye sólo el 2% de los tumores malignos; pero en la raza negra americana
es el cáncer más común y afecta aún más que el cáncer de pulmón. Esto se debe
a que la dieta pobre en fibras hace que la materia fecal se concentre y las
bacterias que descomponen las sales biliares tengan más tiempo para actuar y
producir tóxicos químicos que se comportan como cancerígenos. Al actuar por
largos períodos sobre terrenos predispuestos y un tránsito intestinal retardado,
producirían lesiones que posteriormente se malignizarían.
El 20% de la población de EE.UU.
tiene pólipos de colon, que es una lesión benigna pero que puede malignizarse
en algunos casos. Estas enfermedades son desconocidas para la gente que come
abundante fibra y mucho más en los animales que se alimentan naturalmente. Lo
asombroso es que los perros domésticos que comen restos de comida de los humanos
de países industrializados, tienen pólipos de colon.
Existen muchas otras enfermedades
que se relacionan con una inadecuada alimentación y entre ellas podemos citar
a los cálculos biliares, la apendicitis, la hipertensión arterial primaria (agravada
por el consumo excesivo de sal), la gota, la hernia hiatal, las hemorroides.
En muchos casos no puede demostrarse una causa-efecto directa, pero la sospecha
es muy grande puesto que en los pueblos donde el consumo de fibra es importante
la incidencia de éstas enfermedades es casi nula.
Hay muchas enfermedades que tienen
relación con los insecticidas, los colorantes y los excipientes de alimentos
envasados y medicamentos, pero que al médico se le hace muy difícil precisar.
La fibra ha demostrado ser un elemento de protección contra estos males de la
civilización moderna.
Es posible que la descomposición
bacteriana de las sales biliares en las dietas sin fibra, produzca cancerígenos
que se absorban y viajen por el torrente sanguíneo. Experimentos llevados a
cabo con ratones, alimentados con y sin fibra, y sometidos a dietas con elementos
que remedaban la alimentación natural del hombre (colorantes, ciclamato de sodio,
etc.); dieron como resultado que los que no comían fibra morían más o menos
rápidamente, mientras que los que comían fibra estaban protegidos.
Las evidencias epidemiológicas
son muchas veces la base de importantes adelantos médicos. A veces el factor
no resulta obvio pero al encontrarlo y analizarlo se consigue una evidencia
experimental que resulta trascendente para confirmar o descartar lo que se había
sospechado. En éste sentido, existen muchas evidencias epidemiológicas que hacen
sospechar que una dieta pobre en fibras favorece la aparición de todas las enfermedades
antes descriptas, pero habría que experimentar durante 30 años con dos grupos
diferentes, uno comiendo fibra y el otro no, para corroborarlo científicamente
y de esto sólo deberíamos esperar que los resultados se aplicaran a personas
que nacieran en el futuro. Para soslayar este inconveniente y al mismo tiempo
evitar que los voluntarios se cansen de hacer tantos años de dieta, podemos
observar la historia y leer que este experimento ya ha sido efectuado a la inversa
en otros países. Las sociedades que antes consumían alimentos ricos en fibra
y que luego se adaptaron a las costumbres occidentales de refinamiento, aumentaron
las enfermedades descriptas 20 a 30 años después de haber abandonado la fibra
y ese incremento no se detiene.
De igual forma que una vacuna nos
protege contra determinadas enfermedades específicas, la buena comida nos protege
de una amplia gama de enfermedades que por sí mismas causan la muerte temprana,
pero que además producen desmejoramiento progresivo de nuestra calidad de vida
y numerosas formas de discapacidades.
No es fácil de entender para quien
está sano y degusta diariamente el café con leche entera con factura, pan blanco,
manteca y mermelada; come empanadas, tartas de jamón y queso, pasteles, carne
en diferentes formas y especialmente asados con achuras, "choripán",
postres y dulce de leche; no es fácil para esa gente comprender que con el tiempo
su organismo se debilitará y dará paso a una vejez prematura con pocas posibilidades
de mejorar la calidad de vida. Lamentablemente la revolución industrial, que
ha tenido muchas cosas positivas, también ha provocado una respuesta psicológica
que acompañó al cambio del hábito alimentario de la población. El alimento pasó
de ser el elemento de sustento energético de nuestras funciones vitales, para
convertirse en un elemento de gratificación personal y socio familiar.
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