El
té verde son las hojas desecadas de la planta del té (Camillia
sinensis). La diferencia con el té negro es la manera
en que las hojas son procesadas.
Los polifenoles -uno de los
ingredientes del té verde- son los que le dan su poderosa
acción antioxidante.
Hay estudios que indican que tendría mayor poder antioxidante
que las vitaminas C y E.
| El té verde probó ser 200 veces más efectivo que
la vitamina E para neutralizar los efectos de las sustancias
oxidativas y los radicales libres sobre los lípidos
del cerebro (que están presentes en las membranas celulares).
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También reduce y previene la
formación de radicales peróxidos (altamente oxidantes).
Muchas de las investigaciones
de los efectos del té verde están centradas en el cáncer.
Una de las más importantes acciones anticancerígeneas se
debe a la inhibición de sustancias carcinogénicas como las
nitrosaminas (usadas en Occidente como conservantes y presentes
en los cigarrillos).
Además de su acción anticancerígena
(y no se entienda con esto que “cura el cáncer”),
reduce el colesterol total y el LDL-colesterol (popularmente
llamado “colesterol malo”), lo que no excluye
los factores de corrección de las grasas saturadas de la
dieta y la utilización de medicamentos como la colestiramina,
las estatinas, los fibratos o los Omega
3.
Asimismo protege los dientes
pues previene la formación de la placa bacteriana.
Resumen de sus acciones:
No tendría contraindicaciones
en el embarazo ni en la lactancia. Al contener cafeína, su
consumo excesivo, podría dar nerviosismo, insomnio y ansiedad.