Adolescencia: Historia e imagen*

* Lic. Alicia Melo – Profesora de Psicología Evolutiva – Univ. de Flores

Dalí - "Joven mujer autosodomizada por su propia castidad"Pensar la adolescencia nos conduce a observar una etapa de la vida signada por fuertes transformaciones. Momento de transición entre la infancia y la adultez. Es así como la subjetividad adolescente se manifiesta mediante un torbellino de afectos y pulsiones, sentimientos de nostalgia por la pérdida de la niñez, angustias por lo nuevo, ambivalencias por crecer. De este modo, el desarrollo lo conflictúa colocándolo en la tarea de “des-sujetar” los lazos de amor infantil, posicionándolo en la búsqueda de modelos extra-familiares. El adolescente enfrenta el desafío de incorporarse al mundo adulto, de hacerse un espacio en medio de la multiplicidad de lo real.

Por lo tanto, es el tiempo de mirarse, de advertirse inacabado en su espacio corporal, de preguntarse por su origen, de verse como uno entre otros, de comprenderse y proyectarse más allá de la niñez. Se enmarca así, un eje paradigmático de la adolescencia: la posibilidad de rehistorizarse,  siendo éste, un trabajo simbólico relevante, para alcanzar la adultez. Siguiendo a Piera Aulagnier, la tarea que le compete al adolescente, es la de un “historiador”, un “biógrafo”, en busca de testimonios recolectados del anecdotario infantil. Puede entonces, descubrirse en la intimidad de sus secretos no compartidos con los grandes,  hallazgo que favorece la posibilidad de un pensar propio, aquel que le permitirá reconocerse y diferenciarse en la enunciación. Esto lo potenciará a encontrarse, con sus deseos y anhelos en relación y diferencia a los otros. Así, algunas problemáticas existenciales como: ¿quién soy? y ¿quién llegaré a ser ?, se plasman en su autobiografía, quien podrá hacer posible un proyecto futuro que se acerque a los ideales y que conjugue el deseo del cambio, junto a la preservación de lo propio.

De esta manera, el ámbito social, los grupos de pertenencia y referencia, se transforman en lechos de subjetivación, pues  ofrecen emblemas identificatorios substitutivos de los modelos parentales El adolescente pues, pleno de avidez social, se halla intricado con aquellas tendencias hegemónicas, ofrecidas por el  contexto sociocultural globalizado. En este sentido, el desarrollo del universo de los  medios de comunicación y el sistema informático son de relevancia. Es así como, en este contexto, el acceso a la información se convierte en una necesidad.

Entonces, el conocimiento, entretejido en estas nuevas condiciones, se concentra en las grandes urbes y desde aquí se traslada  a la faz del globo. Los contenidos se alojan en un espacio virtual, pudiendo acceder a ellos por medio de la imagen proporcionada por los medios audiovisuales. El trayecto del viaje del conocimiento, se vehiculiza a través de la red de distribución de la información.  Nos acercamos a conocer, vinculándonos con este espacio virtual.

Es así como las fronteras se  expanden, y en consecuencia el mundo se "Globaliza". El acercamiento a otros códigos culturales, por un lado,  amplía el horizonte y, por otro, conmociona. Entonces, se monta en la escena mundial la dramática de este acontecer, reflejada en el conflicto "Global versus Local". Este desarrollo conmueve nuestra pertenencia socio cultural, nuestras raíces, aquellas que nos permiten reconocernos y afirmarnos en la vida, quienes tambaleantes con el cambio de territorio, buscan como pueden prosperar en este nuevo ecosistema. Como hemos estado señalando, el proceso de desarrollo adolescente sacude los cimientos de la subjetividad, pareciera que el mundo le ofrece una escena casi especular a su propia condición, otorgándole un lecho inestable  para el estado de un Yo aún frágil y en vías de consolidarse.

"San Juan Bautista" - Caravaggio - 1601Se podría decir que la imagen cobra un lugar relevante en la trama de este contexto. Enfrentarnos a una pantalla, nos demanda a mirar imágenes que están condicionadas a la cámara que las transmite, quien se erige en un mediador mecánico con el observador. Es ella quien con sus enfoques peculiares, otorgará el sentido pretendido, a la figuración que percibimos. Ello hace que una misma noticia en distintos programas, pueda cobrar matices y aún sentidos diferentes. Además la banalización de la escena violenta acentúa el valor del acontecimiento, generando cierta insensibilidad ante la muerte. Se ponen de relieve las tragedias humanas, pues seducen al espectador y acumulan raiting. Observamos en este sentido, que el público adolescente, quien transita el desarrollo con crisis que lo llevan a oscilar entre situaciones progresivas y regresivas, donde las pérdidas propias del crecimiento, lo sumen en duelos y muertes simbólicas, de las cuales se defiende a veces, con euforia, aislamiento, o desafío a la muerte, puede encandilarse y quedar atrapado en una estética que favorece cierta tendencia hacia aspectos  regresivos.

Por otra parte, el mundo se mostró a través de la historia como un soporte de saberes transmitidos de unos a otros, así los viajes daban cuenta de experiencia, misterio, búsqueda de conocimiento. El espacio estaba constituido por lugares nítidos en sus perímetros, a quienes los separaba una distancia mensurable en el tiempo y la extensión, cuyo alejamiento se transformaba en ausencia, y se podía acceder por el recuerdo o el relato. Esa construcción del tiempo cronológico obtenido por la experiencia, en la observación del traslado de un móvil en el espacio, pareciera sufrir transformaciones. Ahora pues, aparecen nuevos órdenes   de relaciones, suscitadas por el tiempo corto de persistencia de la imagen en la retina y los efectos fotográficos y subliminales de la pantalla. La información se aloja en un espacio teletópico, ajeno al suceso real. La demanda al espectador es la inmediatez, a seguir mirando con su ojo, sin apelar a pensar. Se reclama alguien atento a la novedad, a la sorpresa, a la instantaneidad. Así, el tan frecuente fenómeno del zaping, es un ejemplo que connota, paradojalmente, la falta de interés por la imagen en sí, atraídos por la velocidad.

En tal sentido, el espacio virtual, encierra el ámbito múltiple de lo real en un espacio interior donde el adentro y el afuera comienzan a entrar en cuestión. La característica de “simultáneo” de la noticia, que es pasada en vivo al observador,  hace repensar las categorías de la lógica: ¿es posible que algo pueda estar ahí donde hay otra cosa?, ¿se puede estar en un lugar y en otro al mismo tiempo? Por consiguiente, estos programas que muestran la imagen de un acontecimiento al mismo tiempo que ocurre, no esclarecen el suceso como real, ni fantástico. Nos enfrentamos aquí con el empañado de los bordes de los territorios, adentro - afuera, fantasía - realidad, lejos - cerca, presente - pasado - futuro, identidad - diferencia. Por tanto, ¿cómo inciden estas condiciones sobre la fragilidad del Yo adolescente en camino a rehistorizarse? Por una parte, este proceso, implica la temporalidad, pues requiere la comprensión de un pasado construido con otros, quien es tramitado en palabras comunicables. Por otra, son precisamente aquellas categorías las que sostienen las condiciones de la lógica del pensar, necesarios para reconstruir la historia. El grado de nitidez del foco facilitará o no, la organización de un transcurrir que inscribe la singularidad en diferencia a lo diverso, en una dimensión humana.

En consecuencia, el panorama presentado nos interpela: ¿cómo afecta a la subjetividad adolescente, estas categorías vinculadas a la imagen, con relación y diferencia al fuerte paradigma de la “historicidad” que nos condicionó durante tantos años? ¿Cómo se construirá dentro de estas nuevas condiciones la representación simbólica, que necesita de un trabajo de evocación, en ausencia del objeto?. ¿Cómo incide en el armado  del pensamiento recursivo, las nuevas relaciones que se establecen entre el tiempo y el espacio virtual? ¿Cómo influye en los jóvenes necesitados de tiempo–espacio personal para, evocar, ensoñar, recrear, proyectar, elegir, rehistorizarse? ¿Cómo se inscribe dicho estado de situación, en los procesos de desarrollo de la identidad generacional, de la reorganización de la imagen del cuerpo, de la elección de género y objeto sexual, de la  vocación y el trabajo?

En estas breves consideraciones  observamos que la cultura de la imagen nos impacta, nos problematiza, nos genera paradojas. Se hace necesario reflexionar  a fin de abrir el campo de la interrogación, para la comprensión del desarrollo adolescente. En este sentido las palabras de Jerome Bruner generan un “telos” substancial: " ...el hombre, sin duda, no es una isla completa en sí misma, sino una parte de la cultura que hereda y luego recrea. El poder para recrear la realidad, para reinventar la cultura, llegaremos a admitir, es el punto donde una teoría del desarrollo debe comenzar su discusión sobre la mente."

Bibliografía

Bruner, Jerome. : Realidad mental y mundos posibles. Gedisa. España. 1998.

Aulagnier, Piera: Construir(se) un pasado. APdeBA. Vol. III. N°3. 1991

Bloss, Peter: La transición adolescente.  Amorrortu. 1992.

Melo, A., Monzón, S. El pensar adolescente. Aprendizaje hoy. Año XVIII. N° 40.

Serres, Michel: Atlas. 1996.

Virilio, Paul: El arte del Motor. 1997. 

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