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El mito es el sueño colectivo, y el sueño el mito privado.
Joseph Campbell.
Con Casanova qué tengo que ver yo: no es un artista, nunca habla
de la naturaleza, de niños, de perros, de nada. Simplemente redactó una especie
de guía telefónica. Es un contador, un estadístico, un play boy de provincias
que cree haber vivido sin siquiera haber nacido. Anduvo por el mundo pero no
existía, era un fantasma, un fascista del amor. Federico Fellini
¿Don juan tuvo existencia
real?
Fuente de inspiración para muchos
autores, la figura de Don Juan ha ganado muchos seguidores en la realidad cotidiana.
Para estos personajes narcisistas, enamoradizos e inescrupulosos, amados y envidiados
tanto como odiados, todo vale a la hora de conquistar a una mujer. Sus orígenes
literarios y una mirada en su psicología nos permitirán comprender mejor
a estos seres seductores pero temibles, a los que se les puede asignar aquella
frase de Oscar Wilde: siempre terminan
destruyendo lo que aman.
El personaje de Don Juan no tiene
realidad histórica, aunque se haya inspirado en seres con existencia real. A
diferencia de Giovanni Jacopo Casanova (que es otro paradigma del eterno
seductor ), un veneciano que escribió sus memorias describiendo hazañas
eróticas de todo tipo -casi gimnásticas-, el Don Juan es una creación literaria.
Muchos escritores se dedicaron
a él, entre los que se cuentan genios de la talla de Corneille, Molière y Rostand
en la lengua francesa; lord Byron -que con este tema escribió un poema épico-
y Bernard Shaw en la inglesa. Pero la versión más conocida por nosotros, quizás
la primera, es la del escritor y monje español Tirso de Molina, quien nació
en el siglo XVI. Se la conoce como El
burlador de Sevilla y en ella, entre otras andanzas, se nos cuenta
que Don Juan mata al comendador de esa ciudad cuando éste quiere vengar el honor
mancillado de su hija. Luego, en el curso de una cena, en una de sus tantas
bravuconadas, invita al espíritu del asesinado a que se presente, ya que él
no teme su venganza. En realidad, la que se presenta a la fiesta es la
estatua erigida en homenaje al comendador de Sevilla: es el famoso convidado
de piedra que termina enviando al infatuado personaje a los infiernos.
Dentro de la lengua española hay otro autor, José Zorrilla, quien retoma esta
obra, pero termina redimiendo a Don Juan
Tenorio al esposarlo con su verdadero
amor, Doña Inés.
Los músicos no estuvieron exentos
de la fascinación que produce esta figura; grandes compositores como Gluck y
Richard Strauss le rindieron culto con sus obras. Sin lugar a dudas el caso
más famoso es la ópera Don Giovanni
de Wolfgang Amadeus Mozart quien, con libreto de Lorenzo Da Ponte -quizás influenciado
por Tirso de Molina-, compuso esa obra inmortal donde el protagonista también
es enfrentado por la estatua de piedra y condenado al fuego eterno. La ópera
introduce al joven Leporello, que siempre acompaña a Don
Giovanni, y en quien algunos han querido ver, cual alter ego, una vertiente
homosexual del eterno seductor. Leporello es quien nos dice:
Un
catálogo tiene que yo he hecho;
observad, leed conmigo.
En Italia seiscientas cuarenta;
en Alemania, doscientos treinta y una,
cien en Francia, en Turquía noventa y
una
¡ pero, en España, pero en España
ya van mil tres, mil tres, mil tres!
¿cuáles son los motivos
que llevan a un varón a ser un don juan?
Los donjuanes
cotidianos se asemejan mucho al de la ficción; son individuos que necesitan
seducir todo el tiempo, que aparentemente se enamoran del sujeto amado, pero
una vez que lo han conseguido lo abandonan. No pueden quedar fijados en una
persona determinada. Al igual que el personaje mítico son anarquistas del amor.
Ignoran la felicidad, la virtud y la decencia. Consideran válida cualquier arma
para conquistar, son los que dicen: en
la guerra y en el amor todo vale, ya que los sentimientos hacia la otra
persona no son tenidos en cuenta. Sólo les interesa el instante de placer, y
el triunfo permanente sobre la mujer que someten y el marido o novio que
logran burlar. El escritor mexicano
Carlos Fuentes, en su libro Terra Nostra, pone en boca de Don Juan esta frase: porque
ninguna mujer me interesa si no tiene un amante, marido, confesor o Dios al
cual pertenezca y si al amarla no mancillo el honor de otro hombre.
El varón con conductas donjuanísticas
percibe al amor como algo deportivo, como una competencia permanente y esto
lo vemos en el personaje literario que juega apuestas con otros varones desafiándolos
a que traten de conquistar mayor cantidad de mujeres que él. En la ópera de
Mozart, Don Giovanni lleva una larga lista - como narraba antes el joven Leporello
- donde anota los nombres de sus seducidas.
Una teoría interesante,
se refiere a los sentimientos homosexuales latentes del Don Juan quien, al llevarse
a la cama a la mujer de otro, también estaría acostándose con el esposo o novio
ultrajado. En Casanova, Caballero
de Seingalt (como gustaba de llamarse a sí mismo), también aparecen rasgos
sexuales equívocos en sus amores con mujeres trasvestidas como varones o muchachos
jóvenes. Su narcisismo extremo lo lleva a revelar su esencia: Pensé
en casarme con ella cuando la amaba más que a mí mismo, pero cuando me
alejé de su lado descubrí que el amor que sentía por mí mismo era más fuerte
que el afecto que ella me había inspirado. De esa manera , nos
dice el psicólogo y sexólogo Roberto Rosenzvaig, su
aparente hedonismo de carácter absoluto oculta el desprecio por el placer compartido,
porque su acción se convierte en un monólogo narcisista. Según Foucault los
dos grandes sistemas de reglas que Occidente ha concebido para regir el sexo
-la ley de la alianza y el orden de los deseos- son destruidos por la existencia
de Don Juan.
Otra hipótesis más conocida atribuye
al seductor crónico la búsqueda desesperada del personaje materno y el intento
de recuperar a la madre en cada mujer. Pero, si esto se concretara en sus fantasías
edípicas, inmediatamente tendrían que abandonarla porque de lo contrario significaría
mantener relaciones con la mujer que lo ha traído al mundo, lo que los lleva
a su eterna dificultad de amar a quien desean: son los que, acuciados por el
fantasma del incesto, cuando aman no pueden anhelar, y cuando anhelan
no pueden amar, en las palabras de Freud.
El estilo seductor puede tomar
los rasgos de una verdadera compulsión; en este sentido es que el psicólogo
Stanton Peele los define como adictos, en el sentido de que la adicción es una experiencia nacida de la respuesta subjetiva y rutinizada
de un individuo a algo que para él tiene un significado especial, algo que le
da tanta seguridad y confianza que sin ello no puede vivir. El
mito descubre así una característica del imaginario erótico masculino, corporizado
en la posesión, la dominación y el libertinaje, que habría de campear hasta
nuestro propio siglo y sobre la que se fundamenta la conquista compulsiva.
A pesar de que el escritor Albert
Camus decía que Don Juan se enamoraba de todas las mujeres, quizás intuimos
que él cree estar enamorado; pero
ese sentimiento es algo tan fugaz, que podríamos sospechar que nunca lo está.
En todo caso constituye un deseo de tipo platónico: como verdadero amor nunca
llega a concretarse. Platón decía que uno desea lo que no tiene; es lo que pasa
con el Don Juan: una vez que posee lo que deseaba ya no le interesa más. Lo
mismo ocurre si la mujer se enamora de él, esto es suficiente para que él la
abandone. A veces ni es necesario que hayan mantenido relaciones sexuales, basta
que le demuestre que estaría dispuesta a hacerlo para que se torne una victoria
para él. Si la mujer que elige como presa le es indiferente, o no cede ante
su artillería seductora, el Casanova
se vuelve obstinado. Lo más probable es que si lo rechazan se encapriche y,
valiéndose de todas sus artes, insista
hasta conquistarla.
¿cuál es el destino de
un don juan?
¿Es el Don Juan una persona feliz?,
se podría preguntar. Siguiendo con los arquetipos podemos citar el caso de Casanova,
quien vivió sus últimos años en la ruina, olvidado en una biblioteca pública
donde trabajaba como empleado, sin amigos, sin familia, sin dinero. Y no debemos
olvidar que el Don Juan literario termina condenado a los infiernos. Si nos
remitimos a la realidad, llegada cierta etapa de su vida, el Don Juan se encuentra
con una limitación física para sostener su seducción; ya no puede resistir el
ritmo de una maratón amatoria. En el film de Scola, La
noche de Varennes, vemos a un Casanova ya viejo -interpretado por
Mastroianni-, quien se encuentra con una mujer joven que queda prendada de él,
o quizás de su fama, y el eterno seductor, ya vencido, le dice: te
encontré demasiado tarde en la vida y vos me encontraste demasiado temprano.
Al final, después de tanto seducir y abandonar, se encuentra con la soledad
y esto comienza a pesarle. Me estoy refiriendo a un sujeto de 40 a 50. Muchos
de ellos, pese a la edad, siguen viviendo con su madre, lo que corrobora la
interpretación edípica del donjuanismo. La madre es la única mujer que no ha
podido timar y, de alguna manera, se ha casado
con ella.
Los donjuanes
suelen divertirse con el sufrimiento ajeno: tienen razón las mujeres que los
tildan de desalmados. Al menos no
consideran al amor de la manera profunda y comprometida con que lo hace el común
de la gente. Para ellos no existe el amor perdurable que motiva al otro, que
enaltece; el suyo es un amor fugaz, que destruye. Esto se explica porque, en
su seducción indiscriminada, estos seres no ven a las personas como tales, sino
como personajes de sus propias fantasías; son los objetos de un botín al que
aspiran.
Para el Don Juan no siempre es
imprescindible la posesión sexual; si sólo le bastara lo carnal, aceptaría mantener
relaciones con prostitutas, sin embargo éstas son mujeres a las que no les interesa
seducir. Salvo estos casos, las demás le dan lo mismo: lindas o feas, jóvenes
o viejas, exitosas o desdichadas, todas son iguales ante sus ojos. Lo más importante
es el sometimiento de la voluntad. Por su narcisismo incorregible basta que
una mujer le evidencie su entusiasmo, su admiración hacia él, que lo haga sentirse
irresistible, para que goce con su aventura. Desde el lado femenino podría decir
que, tengan o no una aventura con ellos, se sienten atraídas en un primer momento
o, por lo menos, consideran interesantes a estos personajes. Es que el Don Juan
vive seduciendo: si está reunido con amigos y llega una mujer, de inmediato
cambia de actitud. Su instinto lo pone en alerta, le
previene que ha llegado una presa.
¿los donjuanes tienen
mayor capacidad sexual?
No necesariamente, aunque en el
imaginario colectivo se lo vea así, ser un Don Juan significa tener más aptitudes
para la sexualidad. El mérito mayor, si es que lo tiene, es su facilidad para
halagar la sensibilidad femenina: saben darle a cada mujer lo que ella está
necesitando. En este sentido son personajes camaleónicos que se metamorfosean
con la persona que tienen al lado: perciben muy rápido los gustos, debilidades,
preferencias y carencias de la mujer, y con esos datos manejan la relación.
Con respecto a la sexualidad habría, en todo caso, una mayor actitud que aptitud.
No se trata de que sea un superamante o un superdotado, sino de su habilidad especial para captar
el tiempo sexual de su compañera.
Hay quien podría pensar en una
manifiesta inmadurez afectiva en estos personajes. La crisis que suelen tener
cerca de los 50 se enlaza con su mundo de afectos insatisfecho, devastado. A
esa edad, quien hasta ese momento sólo había sabido seducir y abandonar, se
da cuenta que sus amigos están casados, que no tiene hijos, quizás sus mayores
han muerto, y él ya no puede gozar de tanta compañía femenina como a los 20
o 30. A esto se suman los comentarios sobre su persona : ¿Cómo
puede ser que todavía no se haya casado?. Tras esta pregunta puede
aparecer el fantasma de la homosexualidad y comienza a tambalear su imagen social
de la que tanto alardeaba (una característica de estos individuos es pavonearse
con sus hazañas). Todo esto deriva en conflictos que evidencian su fragilidad
emocional, sus carencias afectivas, su inmadurez para mantener una relación
de pareja fuera de los parámetros a los que estaba acostumbrado. Si bien hay
casos que esta crisis los lleva a replantearse su existencia y desean formar
una familia, hay otros que llegan a los consultorios buscando - como decía un
paciente- que le vuelvan a dar energía
para continuar en carrera. Si
recuperan su autoestima algo alicaída, se ríen de los comentarios que los llevaron
a ese trance y quieren seguir con sus conquistas. Otros, los más sensibles e
inteligentes, quieren asentarse y tener hijos; se sienten urgidos por la edad
y buscan ayuda para encaminar sus vidas.
Para lograr lo anterior deben
cambiar la imagen que tienen de la mujer ya que son machistas, con una visión
distorsionada de las mujeres. De hecho, el sexo femenino es algo que Don Juan
manipula a su antojo para conseguir satisfacción. Él justifica esta actitud
desamorada con una explicación muy práctica: ya
no siento eso que sentía, lo que hubo entre nosotros se acabó, debo buscar algo
nuevo. Se podría suponer en una vertiente cercana a las fobias en estos personajes, con una necesidad de poner distancias
en los contactos afectivos duraderos, ya que serían vistos como una amenaza
de castración. Lo cierto es que, en algunos casos, la fobia ante la figura femenina
- objeto fobígeno por excelencia para el Don Juan- es trasmutada en una actitud
de embeleso y seducción permanente.
¿En general, entre los
varones, no son vistos como ganadores?
Hay quienes piensan que son unos
triunfadores en el campo amoroso tanto como en otro orden de cosas, pero no
confirmaría tal paralelismo. Si bien el Don Juan cree dominar a la perfección
las artes amatorias, puede no tener la misma habilidad para estar al frente
de un negocio, seguir una carrera universitaria o asumir el compromiso de la
paternidad. Su elemento fundamental, su materia
básica y leit motiv existencial
es la seducción, donde los demás lo suponen un experto.
Pero los años pasan y si con 60
pretende seducir a mujeres de 20, no va a tener mucho éxito y quedará ridiculizado,
fuera de contexto. Lo que hacen otros
Casanovas es guardar el espíritu guerrero para una que otra ocasión en la
que se permiten un desliz. Pero antes que nada se aseguran una buena contención
afectiva a través del matrimonio y la paternidad: algunos llegan a ser excelentes
padres.
Otro aspecto a destacar es la
actitud frente al mundo varonil: también seduce a sus compañeros desde su virilidad,
contándole sus hazañas, presentando sus nuevas conquistas. Si la reciente aventura
del eterno seductor es joven y bonita,
y el amigo del Don Juan es casado, se produce la combinación ideal para que
nuestro personaje se convierta en un ideal
del yo, porque él impresiona como logrando todo lo que el otro no puede.
Esto se acentúa en un sociedad patriarcal y falocéntrica, es por ello que causan
tanta fascinación. Él sabe y puede,
al menos en lo que a conquistas amorosas se refiere. En cuanto al contacto auténtico
y hondo, enaltecedor, de solidaridad, compañerismo, amor y compromiso, termina
siendo un patético fracaso.
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