La respuesta al deseo: ¿evolución o retroceso?* (Parte II)
 

La respuesta al deseo:
¿evolución o retroceso? *

(parte II)

Lo que nos dice la Ciencia

El nacimiento de Venus, por Sandro Botticelli, h. 1485 (detalle)Dice la ciencia que después de toda una serie de recombinaciones celulares1, cada vez más complejas y variadas, la vida y los diferentes seres vivos fueron apareciendo y evolucionando. Hasta una piedra está llena de energía, de vida… Todo es vida, todo se aleja de la muerte. El agua, el sol, los árboles….ya eran la vida, antes que apareciera el ser humano, pero eran “la vida”, en un estado concreto de evolución y consciencia.

Y se suele percibir, a través de los libros, una especie de descanso en todo ese enorme proceso evolutivo cuando aparece el hombre sobre la tierra, al más genuino estilo bíblico2 : pero todo indica, entre otras cosas el deseo, que aún no estamos acabados. No hubo tal descanso.

El big-bang –fuera como fuera, y por el motivo que fuera- empezó y no ha terminado. La simple observación de la realidad nos lo dice con certeza. Esa gran explosión miraba ya hacia las fases últimas, aún por llegar, de nuestra evolución; el alfa miraba hacia la omega, el principio llevaba inscrito el final… o más bien “su finalidad”, aún por lograr3 . No veo razones para imaginar (me sitúo de nuevo al nivel de la opinión personal) un principio y final absolutos de la humanidad, sino más bien para intuir4 un antes de esta forma de vida, y un novedoso final tras la clara progresión lineal y evolutiva que lleva la historia del hombre5 . Otras propuestas existenciales conciben la historia como una sucesión de tiempo no lineal sino circular. Nietzsche, por ejemplo, fue un gran defensor de esta teoría. La historia y las creencias religiosas que defienden esta circularidad, demuestran las consecuencias dañinas de la misma: en el círculo no hay salida para el hombre, el cual se encuentra preso de un tiempo y una historia ante los cuales sólo cabe la aceptación total. Ningún cambio le compete al hombre, que sólo ha de dar el beneplácito a todo lo que sucede, y eso de la forma más radicalmente acrítica.

Así por ejemplo, sabemos de ciertas “castas” inferiores en zonas hinduistas, sumidas pasivamente ante su realidad, por haber entendido que cualquier acción para salir de ello les ocasionará grandes males en vidas posteriores. Esta situación es potenciada por las clases altas, cómodamente adaptadas a la “suerte” que les tocó vivir, y a la cual sólo ellas tienen derecho. En la concepción circular del tiempo el hombre acepta su miseria, bloqueando cualquier creatividad y crecimiento humanos. Me identifico totalmente con la propuesta lineal genuinamente cristiana, donde el hombre toma las riendas y el protagonismo de la historia, y entiende que ésta es el producto de todos sus pensamientos y acciones. Aquí el hombre, miseria y muerte, ha sabido sin embargo descubrir sus más profundos manantiales de vida. Por eso el ser humano también llega a gozar y maravillarse de sus grandes logros, impulsado por la esperanza en un tiempo mejor, que no somete al hombre, sino que está al servicio de él.

Aquellas primeras células siguen combinándose de mil maneras nuevas cada día, cada época, lentamente, consiguiendo en cada impulso nuevas “cualidades” para el ser humano y la vida en general. Intuyo que esa evolución, en los últimos tiempos, ha dado un viraje sin precedentes: es evolución “consciente”.

Mirando la historia de la humanidad, sus fases y mentalidades, como ya he mencionado, es fácil percibir que dichas recombinaciones no afectan sólo a lo físico6 , sino también a lo espiritual y lo mental.

Lo que fuimos en cada momento, lo que somos, sirve para un breve lapso de tiempo; siempre tuvimos una misteriosa instancia inscrita en nuestro ser que nos hizo “ir a más”. El ser humano prehistórico no era “igual de persona” que el actual. Pero este proceso continuo es a base de un esfuerzo inenarrable, porque aunque en parte es físico y automático (implícito), se halla inmerso sin embargo en la mencionada tensión a que nuestra voluntad está sometida, por unos genes que aún evocan el pasado, o lo peor, pero en cuyo presente se advierte la necesidad de un nuevo futuro, o de algo mejor.

Esa división tridimensional que es el ser humano, le convierte en un ser confuso, engañado por un pasado que ya no vale, (aunque fue imprescindible) pero con una clara resistencia hacia el futuro, hacia un nuevo despertar, para el cual hay que quitarse continuamente “el traje viejo” al que estamos cómodamente adaptados.

La maravillosa materia que fuimos y que aún somos, parece ser nuestro soporte más primario, el digno trampolín hacia el hombre nuevo, que ya no sólo es materia, sino ser.

Lo vemos en los mitos, pero también en Pablo y su Libro de los Hechos, cuando nos habla de forma lúcida en sus escritos del “ya, pero todavía no, del Reino7” : ¿no está hablando de lo mismo, en realidad, aunque saliéndose de la mera materialidad que somos, y teniendo en cuenta todas nuestras dimensiones personales? Sin datos científicos, sin la perspectiva histórica y evolutiva que nosotros disfrutamos actualmente, él intuyó –tras su experiencia particular- que tenemos “una potencia de más”, pero una “debilidad hacia lo menos”. Una acomodación a lo pasado, por miedo quizá a lo novedoso, que sin embargo parece ser ineludible, superando nuestra voluntad y comprensión; convirtiéndonos en hombres deseantes… permanentemente insatisfechos.

El todo nos desborda (algunos lo llaman El Otro, la fusión total, Dios, el Nirvana…., da igual: es todo, es lo uno… y nos supera, no lo conseguimos) y a la vez lo ansiamos, porque tiene eco en nuestro interior (no sé si porque YA fue real, o porque DEBE LLEGAR a ser).

Y vamos despertando poco a poco a nuevas formas, a mayor lucidez, en un continuo despertar. Y en ese despertar, que no es sin dolor ni sensación de estar en falta, hay una tendencia a devorar algo, a absolutizar algo. El deseo genérico a menudo se concreta –para engañarnos- en unos planes personales excesivamente valorados, o en un objeto o un trabajo, tal vez en alguna persona… No menos veces tenemos la sensación de querer “devorar” a cuantas más personas mejor (en alguno de sus aspectos, y a través de múltiples estrategias personales).


Los nombres del amor


El deseo es pasión: aquí, en Occidente, donde el absurdo y la negligencia están muy bien vistos y casi son obligatorios, llamamos “amor” a cualquier tipo de sentimiento con él relacionado. No cayeron en tal banalidad los antiguos pueblos orientales, ni tampoco los judíos, que supieron matizar el sentimiento amoroso de manera magistral. Se cuidaron mucho de usar stergo para el amor que se profesan los familiares, los parientes; un sentir gozoso y relativamente fácil, que surge con natural espontaneidad de la sangre común; Filos, o fileo denominaba el amor amistoso, ese de la confianza tranquila, y casi maternal o paternal (de hecho, a veces se mezclaba un poco con la última acepción del término que expondré), se trataba también, por tanto, de un grato sentir, una agradable experiencia. En tercer lugar: Eros, que remitía al amor pasional y posesivo. Ese amor que sienten los amantes, o los que quisieran amarse; que les invita a gozar mutuamente de sus cuerpos, buscando la propia satisfacción. Finalmente hablaban del amor ágape: la perla entre los amores. El ágape quiere la felicidad del otro, de todos; y no precisamente a través de nuestros cánones personales, aunque a veces éstos sean de gran utilidad. Ágape no tiene por qué implicar un sentimiento –no necesariamente, aunque no lo excluye—y sin embargo es el amor por excelencia, el de mayor calidad y consecuencias; aquél de finura superior. No en vano fue utilizado por los autores evangélicos, aunque de esto nadie hable, por lícita ignorancia. No es por tanto un imposible el clásico “amor a los enemigos”, recordemos que ágape no necesariamente implica sentimiento por el otro. Es un amor “conveniente”, un amor que frena la “lógica” de nuestra venganza o nuestros rencores. Ágape es el amor que rompe –por fin—una posible cadena de males existentes, o que no crea una nueva. Ágape no adultera el equilibrio, mirando los deseos egoístas, por muy justificados que a veces pudieran parecer. Este amor podría unir en la paz a todos los habitantes del planeta, porque lo que es al individuo, es a la colectividad. Ágape actúa el bien, por encima de sentimientos y pasiones; también para los animales y la naturaleza, que sustenta nuestra vida. No está lejos, este amor, del sacrificio. Este amor no cae en los períodos de desierto, los anda y sobrevuela, y no excluye a los otros tres –que sin duda habrá que armonizar— sino que los sustenta y revaloriza, ya que stergo, eros y filos, sin ágape, están sujetos a vicisitudes y graves inconvenientes, presos de su contingencia e inestabilidad.

Y surge la pregunta ética ¿por qué no? ¿Por qué no puedo devorar al otro, a lo otro, a los otros….


La castración y el psicoanálisis

Es en esa permanente sensación de castración, que dicen los psicoanalistas, donde yo veo la esencia de la evolución consciente y cualitativa, que camina hacia lo mejor.

Cuando surge el conflicto entre seres humanos, es porque el deseo se ha avocado a la maldad; al haber totalizado la parte, se ha perdido la perspectiva global de la vida, que sin embargo recordamos o deseamos, y porque se ha perdido el sentido, mirando sólo hacia el pasado… fantaseando lo peor, no en sentido moral alguno, sino por ser freno al progreso, que es ineludible, pese a todas las dificultades.
El deseo sano, el que se deja interpelar por el futuro, es a menudo deseo sacrificado, que por diversas razones –puras opciones en libertad- se aventura a dar el doloroso paso de la desinstalación, tras el cual sin embargo un nuevo horizonte aparece, cada vez más libre y pleno. Ningún ser humano lo ha logrado, pero sí experimentamos multitud de signos parciales que hablan de ese estado superior.

El psicoanálisis y todas las teorías modernas, pretenden (y consiguen) liberar al hombre de aquellas leyes impuestas, es decir, aquéllas que han sido interiorizadas sin haber sido sometidas al propio razonamiento individual.

Cuando somos pequeños, necesitamos las normas como un primer paso en nuestras relaciones personales, pues no disponemos de capacidad para actuar sin hacernos daño o correr cientos de peligros.

Del mismo modo, las leyes y dogmas supuestamente religiosos, han sido el soporte de actuación para una humanidad globalmente niña y adolescente: nos dice Pablo, en su lenguaje peculiar, que La ley ha sido nuestro pedagogo hasta Cristo8 .
Pero esa humanidad, ahora comienza a ser joven… y se ha cuestionado todo. Y un “algo” que desconocemos nos empuja hacia destinos cada vez más lúcidos, por eso dice el mismo autor que ahora actuamos no por ley sino por el espíritu….

Es decir: es en libertad, no es por temor o por obediencia ciega, o porque tengamos que comprar el amor de un dios tirano, por lo que buscamos y descubrimos unos valores éticos objetivos.
No es por miedo por lo que no nos concedemos todas las peticiones de nuestro deseo… sino porque caminamos con un ímpetu irrefrenable hacia algo totalmente distinto, a una especie de falsa involución de ese “big-bang” a todos los niveles, tras la cual volveremos a lo uno, al amor, a la paz o ausencia de deseo, que o bien fue y se perdió, o bien estaba en potencia desde el origen.

Tal vez cuando soportamos la llamada castración, damos el mayor signo de evolución que poseemos, y quizá ese sea el punto de encuentro entre la visión a veces inmanente de las teorías psicológicas o científicas, y la mirada trascendente de la que habla el saber humano más arcaico.

* Olga Rivas
Diplomada en Magisterio
Licenciada en Ciencias de las Religiones
2007

1-No deja de ser un acto de fe en la ciencia –lícito, por supuesto, como tantos otros actos de fe- creer que toda una serie de células muertas, se recombinaron dando lugar a vida. En mi opinión, en lo referente al origen de la vida, hay lugar razonable para interpretaciones no meramente científicas e inmanentes.
2-Génesis 2, 2
3-Tiempo nuevo donde según Israel el hombre ya no dirá “quiero”.
4-No olvidemos a la intuición como medio de acceso al conocimiento.
5-Aunque actualmente desechamos los datos sencillos de la vida, pensemos por ejemplo en el estado puro que llega un niño a este mundo, o en toda la naturaleza y su misterio, y en todas las incógnitas que tiene el hombre a cerca de su propia vida… Hay un “porqué” que nos precede… Hay al menos un lugar para la duda y la pregunta.
6-Uso físico y espiritual para entendernos por los conceptos, sin que simpatice, como ya he dicho, con tal división, sino con una simple diferenciación
7-Cf. Libro de los Hechos.
8-Gal 3, 24. A partir de Cristo, dirá este autor que ya no somos esclavos, sino Hijos. Entiéndase, en lenguaje actual, que no es la ley la que motiva nuestros buenos actos, sino nuestra consciente libertad hacia lo bueno, alejándonos a su vez del relativismo que hoy impera. Léase toda la Carta a Los Gálatas y la férrea oposición del judaísmo –amante de la ley pura- frente a la libertad que Pablo proclamaba. Libertad olvidada por los seguidores posteriores, que convirtieron un mensaje sin ley, en toda una dogmática “religión” en el sentido actual del término.

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