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por las Lic. Liliana Vázquez
Barrile y Alicia Donghi
No existe en la obra de Freud, a pesar del papel
preponderante de la droga en sus comienzos profesionales, ningún ensayo detallado
sobre el alcoholismo o la drogadicción, salvo sus estudios cuando era neurólogo.
En el año 1884 se produjo el encuentro entre Sigmund Freud y la cocaína,
poco después de la introducción de esta droga en los Estados Unidos y Europa.
Comenzó a interesarse por sus propiedades y efectos, convirtiéndose en un ferviente
usuario y defensor de la misma. Inició una serie de investigaciones experimentales
sobre sus efectos en el hombre y trató de utilizarla para frenar la adicción
a la morfina de un amigo suyo, Ernst von Fleischl-Marxow. Las consecuencias
de estos experimentos y las ulteriores polémicas, le indujeron a abandonar sus
investigaciones acerca de su acción sobre el sistema nervioso central, aunque
podemos inferir por "La interpretación de los sueños" que todavía
utilizaba la droga en el año 1895.
El singular encuentro de Freud con la cocaína ha sido ignorado por sus más importantes
biógrafos, al punto de que Ernest Jones, su más conspicuo historiador,
lo reduce a un simple episodio. Una cronología
de Freud y de la cocaína nos permitirá situar el contexto histórico
científico de este encuentro.
Así pues, el episodio de la cocaína resulta interesante
no solamente cuando se considera el aspecto biográfico de la personalidad de
Freud, sino también si se tiene en cuenta su influjo directo en el desarrollo
del psicoanálisis.
Los tres estudios sobre la cocaína constituyen su primer encuentro científico
con las neurosis y su primer fracaso terapéutico. Por eso merecen ser presentados
amplia y detalladamente, aunque sólo unas pocas líneas en la historia de la
medicina y la farmacología los recuerden.
"Über Coca / Sobre la coca (Julio de 1884)". En su apasionado
artículo "Sobre la coca", el primero que escribió sobre este tema,
Freud ofrece al lector una enorme cantidad de datos sobre la historia de la
utilización de esta planta en Sudamérica, su exportación a Europa, sus efectos
sobre los seres humanos y los animales, y sus múltiples usos en terapéutica.
Incluye detalladas descripciones de las investigaciones realizadas por muchos
autores. Ya en este momento aparecen algunos indicios que apuntan hacia las
propiedades anestésicas de la droga y las esperanzas que en este sentido hace
concebir, aunque no llegue a hablar de aplicaciones concretas.
El autor está en favor del uso de la coca y en algunos momentos se muestra casi
entusiasta en sus alabanzas.
En la posterior addenda a este trabajo, Freud menciona el uso que Koller hizo
de la cocaína para anestesiar la córnea en las operaciones oftalmológicas, práctica
que desde entonces se hizo famosa.
"Contribución al conocimiento de los efectos
de la cocaína (Enero de 1885)". En este artículo, a diferencia de lo
que hizo en el anterior, Freud no trata de las reacciones subjetivas que produce
la cocaína, sino de los efectos objetivos de la droga, medidos con aparatos
que permiten cuantificar la energía muscular y el tiempo de reacción. Así, da
todos los detalles de los experimentos que realizó con un dinamómetro y un neuroamebímetro.
Es interesante señalar que no explica los incrementos encontrados tras el uso
de la cocaína como consecuencia de la acción directa de la sustancia en la musculatura,
sino que los ve como resultado del bienestar general que produce, que -sólo
secundariamente- mejora las facultades motrices.
"Anhelo y temor de la cocaína (Julio
de 1887)". En este artículo, Freud defiende la cocaína contra los que la
acusaban de ser peligrosa y creadora de hábito, de ser, en palabras de un médico
alemán "el tercer azote de la humanidad", al lado del alcohol y la
morfina. Freud cita sus propias experiencias y las de otros autores y sostiene
que la cocaína sólo produce adicción entre aquellos adictos a la morfina que,
durante intentos de cura de supresión, hacen mal uso de la cura, conservan su
dependencia de la droga y simplemente cambian una substancia por otra, en este
caso la morfina por la cocaína. En todos los demás casos se comprueba que la
cocaína no forma hábito, puede administrarse libremente y, tras una utilización
prolongada, puede provocar no tanto ansia de tomarla como aversión contra sí
misma.
Por otro lado, Freud afirma que la utilidad general
de la cocaína está limitada debido al factor de variabilidad de las reacciones
individuales. Aparte del efecto anestésico, que se produce siempre, el resto
de reacciones cambian según cuál sea el estado individual de excitabilidad y
el estado individual de los nervios vasomotrices en los que actúa la cocaína.
Luego de las críticas recibidas por sus estudios
de la cocaína y la confirmación de su fracaso terapéutico (no consigue su objetivo
de curar a su amigo con la droga), decae su entusiasmo por la función de los
medicamentos en la cura, dirigiendo su mirada hacia los métodos de Charcot (la
hipnosis y la sugestión), para propiciar la curación, produciéndose un nuevo
encuentro, ahora con la histeria. En "Histeria (1888)", Freud
describe a la histeria como una anomalía del sistema nervioso: un cuerpo extraño
perturba la estabilidad de la energía psíquica y crea un desborde en el nivel
del cuerpo, concibiendo de esta manera a la histeria como una patología
del excedente.
Este exceso en la histeria, Freud lo retoma en la relación entre el hipnotizador
y el hipnotizado, cuando comienza a experimentar con los métodos de Charcot
mencionados. Alerta sobre los puntos débiles del método debidos a la dependencia
respecto del hipnotizador -a pesar de su utilidad en las perturbaciones neuróticas
y en las desintoxicaciones-, dado que el riesgo es una adicción a la hipnosis.
En "La sexualidad en la etiología de las
neurosis (1898)", para Freud la necesidad sexual se debía a la acción
de sustancias químicas, semejante a la de los estupefacientes. Y aconsejaba
en particular para el tratamiento de la neurastenia un desacostumbramiento de
los hábitos masturbatorios. Ya en la "Carta 79" a Fliess sugiere
que la masturbación es la primera adicción y que las otras, tales como el alcohol,
la morfina, el tabaco, etc., sólo se incluyen en la vida como sustitutos de
ella. Identificaba la sexualidad con una intoxicación, ya que a través de la
absorción del supuesto tóxico, se satisfacía una necesidad sexual. Lo sexual
termina por ser considerado como un cuerpo extraño tóxico en esta época.
En relación a la etiología de la neurosis de angustia hablaba de sumación
de factores (cantidad e intensidad en un cierto lapso) y lo comparaba con
los efectos del alcohol.
En la "Carta 55" a Fliess relaciona la dipsomanía con la represión
sexual, y en el caso al que se refiere hay una sustitución de un impulso por
otro, asociado a la sexualidad.
Freud estableció en "Tres ensayos para una
teoría sexual (1905)", que la adicción remite a la fase oral del desarrollo,
confirmando la existencia de una relación entre la adicción y la masturbación
infantil, trabajada anteriormente.
En posteriores escritos relaciona la psicopatología de la manía y el humor con
el alcoholismo y la intoxicación, estableciendo fundamentos para una comprensión
más profunda de las adicciones. En "El chiste y su relación con el inconsciente
(1905)" adjudica al alcohol una función desinhibitoria que
apaciguaría la crítica, conectando al sujeto con el placer del disparate.
En sus "Contribuciones a la psicología del amor (1910)" Freud contrasta
la relación del amante con el objeto sexual, con la del bebedor de vino con
el vino. Mientras que el amante persigue una serie interminable de objetos sustitutos,
ninguno de los cuales brinda entera satisfacción, el bebedor está más o menos
atado a su bebida favorita y la gratificación reiterada no afecta la recurrencia
de su poderoso deseo. Los grandes amantes del alcohol describen su actitud
hacia el vino como la más perfecta armonía, el modelo de un matrimonio feliz.
En "Acerca del mecanismo paranoico (1911)" se refiere al papel
desempeñado por el alcohol en los delirios de celos y sugiere que la bebida
suprime las inhibiciones y anula el trabajo de la sublimación. Como resultado
de esto la libido homosexual queda liberada y el bebedor sospecha que la mujer
por quien está celoso se relaciona con todos los hombres a quienes él mismo
está tentado de amar.
En 1917, en sus "Conferencias de introducción
al psicoanálisis" Freud apunta que las intoxicaciones y las abstinencias
producen la misma sintomatología que las neurosis actuales, con una misma
propiedad de influir sobre todos los sistemas de órgano y todas las funciones.
No importa que las sustancias tóxicas sean introducidas en el cuerpo desde el
exterior o que sean engendradas por su propio metabolismo: se refieren siempre
a perturbaciones en el metabolismo sexual; la sexualidad es concebida aquí como
un tóxico.
En su "Complemento metapsicológico de la doctrina
de los sueños (1917)" compara las alucinaciones tóxicas tales como
los delirios alcohólicos con la psicosis demencial. El cree que el delirio alcohólico
surge cuando hay privación de alcohol, lo cual implica que es una reacción a
la pérdida del alcohol sentida como intolerable. En "Duelo y melancolía
(1917)" expresa que, a su modo de ver, la intoxicación alcohólica,
en la medida en que consiste en un estado de elación, pertenece al grupo de
los estados mentales maníacos. En la manía hay un relajamiento en el gasto de
energía sobre la represión. En el alcoholismo la liberación de impulsos reprimidos
se ve posibilitada por la toxina.
En su artículo sobre "El humor (1927)"
Freud hace nuevamente referencia a la intoxicación. Compara el humor
con la elación y sugiere que significa no sólo el triunfo del yo sino también
del principio del placer. Un año más tarde en "Dostoievski y el parricidio
(1928)", volverá a relacionar a la sexualidad con los procesos tóxicos.
En "El malestar en la cultura (1930)" llama la atención sobre las
modificaciones de las condiciones de nuestra sensibilidad por obra de la intoxicación,
el método químico. Además alerta sobre el efecto del repliegue al mundo
interior que provocan estas sustancias embriagadoras, como una manera de sustraerse
a la presión de la realidad y refugiarse en un mundo propio que ofrece "mejores
condiciones de sensación y alivio del dolor".
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