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por
el Lic. Norberto
Litvinoff, Psicólogo
Recientemente
se han incrementado notablemente los estudios y el interés por la adicción
de Freud a la cocaína y muchos artículos -como los que se publican en
sexovida.com, de las Licenciadas Vazquez y Donghi-, investigan profundamente
la relación entre la cocaína y sus efectos en la producción mental e intelectual
y la producción teórica del Maestro del Psicoanálisis y su facilitación o, al
menos, su vinculación con las substancias que estaba ingiriendo en ese momento.
El reportaje
ficticio a Freud, creado por el Dr. Adrián Sapetti, con declaraciones
auténticas tomadas de otro contexto, nos muestran un sabio profundamente
entregado al trabajo que fue la Obra Magna de su vida y su declarada adicción
no disminuye la gloria que amerita su creativa producción teórico-psicológica.
No se puede
minimizar inocentemente las profundas alteraciones asociativas, cognitivas
y emocionales que la ingesta de una alta dosis permanente -como en el
caso de Freud- puede provocar en una persona sensible a la sustancia adictiva.
Más aun si está potenciada por el abuso de tabaco en enormes cigarros con los
que el creador del psicoanálisis aparece en muchas fotos.
Todo esto
abre una interesante perspectiva antropológica que une las plantas usadas por
los chamanes incaicos desde tiempos inmemoriales y las técnicas y las construcciones
teóricas del psicoanálisis, muchas de las cuales fueron, al menos, facilitadas
por el uso frecuente que hizo Freud en los años liminares de la construcción
del edificio teórico de la Psicología del inconsciente. ¿Cuánto le deben
a la cocaína la técnica de la libre asociación y las Topologías del Aparato
Psíquico?, ¿cómo ayudó a abrir las primeras puertas de exploración del Inconsciente
esta sustancia que fue, y es usada aun hoy día, medicinalmente por los
sabios indígenas que vivían en las zonas de Perú, Colombia, Bolivia y el Norte
Argentino?
Sabido
es que la coca (Erithroxylon coca) se dirige fundamental al lóbulo frontal e
influye directamente sobre todo el sistema nervioso, la sensación de hambre,
cansancio, fatiga (para eso la usaban también los chasquis incaicos), produciendo
una extraña lucidez en la asociación de las ideas y afecta rápidamente al corazón,
acelerando el latido cardiaco, facilitando el impulso nervioso que hace circular
la sangre y llegando a producir muertes por paro cardio-respiratorio, justamente
a partir de ese motivo. Desde épocas remotas y todavía en este siglo, las hojas
de Coca son usadas en todos los rituales religiosos de la zonas mencionadas
por los chamanes indígenas, quienes en verdad descubrieron sus usos medicinales
de la planta de la cual se extrae, a través de un proceso verdaderamente alquímico,
el poderoso "oro blanco". Su uso no era sólo sacrificial y como ofrenda, ese
es su aspecto degradado y menos importante que subsiste hoy en día. En verdad
los sacerdotes y chamanes ingerían la sustancia, como cualquier antropólogo
nos puede informar, para lograr estados de trance que les permitiera una comunicación
más directa, una comunicación sin trabas con los Dioses y Demonios que regulaban
sus creencias.
¿Quién
puede afirmar que los primeros historiales freudianos no fueron escritos bajo
la influencia profunda de la coca? ¿Quién puede afirmar que esos pacientes que
brindaron el material para esas primeras construcciones teóricas no fueran atendidos
por un terapeuta que estaba "en ese mismo momento asistencial" bajo la influencia
directa de una ingesta producida minutos antes? Dejo en claro que no cualquiera
que se introduzca cocaína en el cuerpo puede crear una obra de la magnitud y
belleza que ha levantado Sigmund Freud, insistiremos aquí en la conjunción única
que se crea entre determinado hombre y determinada sustancia que, como nos enseñan
tanto la alopatía como la homeopatía, no todas afectan a todo el mundo por igual,
ni mucho menos. Justamente esa es una de las razones de elección de la sustancia
adictiva que hace algunos "elegir" la coca, otros el alcohol, otros la heroína,
otros el tabaco. Incluso una misma sustancia, dentro de su "genio" puede desarrollar
diferentes respuestas en individuos creativos, deprimidos, maniacos o borderline.
Cuando
uno se acerca a la biografía de Sigmund Freud para conocer detalles de su vida
interior y de sus dolencias físicas repara en que -como todos sabemos- padeció
un indomable cáncer en la mandíbula, del que fue operado cerca de treinta y
tres veces, que lo hacía llevar una prótesis que le dificultaba el habla además
de causarle innumerables padecimientos físicos y espirituales.
Este cáncer
que apareció y se desarrolló muy lentamente estaría vinculado con las substancias
cancerígenas pertenecientes a las hojas del tabaco con el que se arman los fuertes
cigarros que Freud adoraba; este cáncer encubre y obtura una grave dolencia
cardiaca que Freud padeció conjuntamente a lo largo de toda su vida y que comenzara
bastante antes de la somatización oncológica. Para quienes buscamos conocer
la vida del Maestro en profundidad, sin conformarnos con la edulcorada biografía
"oficial" de Ernest Jones, parcial, tendenciosa, casi rococó, e intentamos
acercarnos a su vida real, a su humano existir, nos viene bien leer su biografía
médica escrita por su galeno personal: el Dr. Max Schur. Él nos dice que Freud
era un cardiaco de antigua data, y que ya fue atendido de una lesión orgánica
de miocardio ya en la temprana época de 1894 (recordemos que "La Interpretación
de los Sueños" es de 1899), muy probablemente una trombosis coronaria en una
arteria menor, una miocarditis postinfecciosa, por sensibilidad a la nicotina...,
pero debemos recordar nosotros que ya hacia diez años que estaba en contacto
con la cocaína. Recién hoy sabemos la potente sinergia que se crea en el uso
intercurrente y constante de estas dos peligrosísimas substancias. Se forma
entre ambas un verdadero bombardeo sobre las arterias y las inervaciones nerviosas
coronarias, produciéndose clásicamente una potenciación del impulso nervioso
y la vivencia subjetiva de "alivio", "liviandad", "euforia" y facilitación del
gasto cardiaco y de la actividad respiratoria en general, con ausencia de emociones,
la bien conocida "frialdad", que tanto buscan los consumidores y que pudo
muy bien haber sido el origen de la técnica de la "neutralidad afectiva del
psicoanalista".
¿Será
necesario volver a insistir que el tabaco es una planta de origen americano,
usada desde luego también por los chamanes en sus ceremonias religiosas para
tomar contacto con los espíritus del Más Allá? Uno podría simplemente
preguntarse que relación tiene este estado de trance chamánico con la regla
de la "atención flotante" clave esencial de la técnica del psicoanalista.
El mismo
padre de Freud padecía serios problemas coronarios con desfallecimientos cardiacos,
según relata su hijo Sigmund en una carta. Y gracias a la correspondencia Jung/Freud,
recientemente develada, sabemos que Martin Freud, el primogénito de Sigmund,
fue también, toda la vida, un cardiópata. Hablando de Carl G. Jung, es llamativo
que también el que fuera su "Príncipe Heredero" y luego apóstata y adversario,
sufriría también del corazón, del que padecía por ser también, entre varias
otras determinaciones de tipo afectivo y vivencial, un fumador de características
crónicas adictivas.
Vemos
pues que Freud pertenecía a una familia de enfermos del corazón... El abuelo
,el hijo y el nieto manifestaron dolencias coronarias. Su afición a la coca
y al tabaco, pudieron seguramente tener que ver en su dolencia, como el mismo
lo reconoce en una carta a Fliess del 18 de octubre del 1893 con referencia
al tabaco: "No tengo intenciones de agobiarte con el estado de mi corazón, ...ya
que fumo terriblemente estos últimos días. Creo que el corazón volverá a estallar
violentamente en un futuro próximo." Un año después le escribe: "Sobrevino una
violenta y repentina afección cardiaca,..sufrí violentas arritmias con constante
tensión cardiaca, opresión y ardor precordial, dolores abrasadores que
descendían por el brazo izquierdo, cierta disnea..." Haciendo gala de una negación
realmente conmovedora, el día de su 38° cumpleaños le escribe de nuevo a Fliess:
"No me he visto libre de síntomas ni siquiera en medio día completo... sigo
sin creer que todo esto se deba a la nicotina... creo que se trata de una miocarditis
reumática..."; como buen adicto, que se niega a lo que todos están viendo, Freud
no quiere asociar su enfermedad a su adicción como no asociaría pocos años más
tarde su "renuncia a la sexualidad" típica también de las sobredosis de tabaco
y de cocaína.
En síntesis,
sus síntomas cardíacos empezaron en el otoño de 1893, se vuelven agudos en los
meses de abril a julio y empiezan a ceder, luego de la abstinencia, en agosto.
En la superficie, sobre la cocaína, nada, pero esta disnea, el dolor anginoso,
en suma la posible insuficiencia coronaria o incluso la posibilidad de una trombosis
hablan a las claras de un corazón dolorido, que se expresa somáticamente, y
muy posiblemente dañado irreversiblemente por substancias cardiotónicas como
la coca y el tabaco. En el momento agudo padeció, durante semanas, ataques frecuentes,
"delirium cordis" (como el mismo los llamara), dolores anginosos y disneas que
limitaban su capacidad psicofísica.
Siempre
quedará una duda que no sabremos como resolver: ¿dejó Freud su adicción a la
cocaína y siguió siendo adicto al tabaco, a los grandes y peligrosos cigarros
que fumaba?, ¿o siguió manteniendo su adicción por varios años, tanto la nicotínica
como la cocaínica, pero esta última escondida y clandestina debido a la mala
fama social que ya tenía la cocaína? Lo que sí sabemos es que sus trabajos sobre
la cocaína le trajeron más dolores de cabeza que satisfacciones y que nunca
jamás volvió a pronunciar palabra oficial sobre ella.
Partimos
de la constatación de su perfil adictivo por el uso constante del tabaco pese
al conocimiento de las graves consecuencias cardiacas que le traía y que, siendo
médico, no podía ignorar,¿era el tabaco el único responsable de su afección
cardiaca?¿Era el tabaco su única adicción, su única flaqueza? ¿O habrá habido
una conjunción de cocaína/nicotina, típica por otro lado, que fue en última
instancia una de las responsables directas de las graves somatizaciones cardiacas
que padecía y de las más graves aun que estaba por padecer?
Las somatizaciones
cardiacas vuelven a aparecer permanentemente, en febrero de 1926 vuelve una
intensa crisis cardiaca que lo hace ser internado en Cottage Sanatorium, siendo
atendido por el cardiólogo Ludwig Braun. El 5 de septiembre de 1933 aparece
un shock de taquicardia y dolor precordial, que al decir de su médico Schur
era: "una insuficiencia coronaria, sin poder excluir la posibilidad de
una trombosis coronaria..." Finalmente, en una carta del 25 de octubre, escribe
Freud: "Puedo volver a trabajar otra vez, pero aun no puedo subir escaleras.
Creo que he adquirido el derecho a una muerte cardiaca aguda. Las posibilidades
no son del todo malas. Fue una trombosis coronaria. Pero aun estoy vivo. Como
no fumo, no escribiré nada, excepto cartas".....
Cada uno
de estos episodios cardiacos remiten a situaciones puntuales y sumamente dolorosas
de su vida personal: la ruptura con Fliess, su 70° cumpleaños, el advenimiento
del nazismo. Todo esto lo he desarrollado extensamente en mi libro "Psicoanálisis
del Enfermo Cardiaco" (Ed. Homo Sapiens) y creo que me da cierto derecho a sostener
el importantísimo rol del padecer cardiaco de Freud a lo largo de toda su vida
y aun más, la estrecha vinculación con su adicción al tabaco, a la que se suma
la adicción a la cocaína que, como ya expliqué, sabemos del comienzo, pero no
sabemos con propiedad cuándo terminó, cuándo le puso fin, si es que le puso
fin al uso de la cocaína en algún momento de su vida.
En mi
opinión personal el cáncer de la mandíbula tan doloroso y sus treinta tres operaciones
fue soportado con la ayuda del tabaco (su principal factor causal exógeno) y
quizás también con la ayuda clandestina de la cocaína que Freud, hipotéticamente,
siguió tomando a lo largo de toda su vida, como puede inferirse por su conducta
adictiva con el tabaco y por su fidelidad al estilo narrativo que surgió en
la época de ingesta de erithroxylon. Esto nos muestra la indubitable percepción
del profundo entramado psicosomático entre la vida y el cuerpo, entre la psique
y el soma, entre el padecer y el somatizar, particularmente en el atribulado
corazón humano como en cualquier otro órgano o sistema corporal. ¡Qué suerte
que los cardiólogos empiezan a reconocer lo que siempre quisieron negar: que
el corazón habla cuando todo lo demás sólo puede callar!
Lic. Norberto Litvinoff. Psicólogo/
norcham@fibertel.com.ar
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