Psicoanálisis y ciencia, según Freud (Parte I)*
 

*José Kaplan [1]

Hace pocos años, buscando entre mis viejos papeles anteriores a la segunda guerra mundial, me encontré con una entrevista periodística que le hice a Sigmund Freud, por supuesto llena de los defectos que un joven con pretensiones de periodista puede exhibir, pero también con el atrevimiento y entusiasmo que corresponden a aquella edad, que no recuerdo bien cual era. La entrevista giraba exclusivamente alrededor del tema de la ciencia y el psicoanálisis.

Recién hace poco caí en la cuenta de que dichas notas podían ser de interés para los exégetas del inventor del psicoanálisis o descubridor del inconsciente, como quieran verlo. Eso me decidió a transmitírsela a ustedes. Al mismo tiempo, mientras relataba a algunas relaciones este rescate del desván me preguntaban cómo había sido aquel encuentro, cual fue el contexto que lo rodeó.

Fue, de eso estoy seguro, en Londres, en Marsfield Gardens 20. Luego de subir por una corta y empinada calle escalonada que me llevaba desde la avenida bajo la cual pasaba el subterráneo que me llevó hasta allí (la avenida era Finchley Road y la estación del subte tenía el mismo nombre) hasta la calle en la cual vivía el anciano investigador. Creo que al costado de la escalera había un colegio católico de señoritas, no recuerdo bien, me parece que se llamaba algo así como Trinity College. Al llegar a lo alto, al nivel de la calle Marsfield que allí hacía un codo, doblé a mi izquierda y la casa de Freud estaba sobre la acera derecha. Era el barrio de Hampstead, un barrio parecido a algunas zonas del barrio de Olivos o Vicente López de las afueras de Buenos Aires. Era un mes de febrero, día frío pero claro, clarísimo. Había una luz deslumbrante.

Como en Londres siempre hay que estar preparado, recuerdo que ese sábado por la mañana me había puesto un piloto inglés, comprado allí mismo, hacía pocos días, color verde, inglés, por supuesto. Golpeé la puerta de entrada, me reciben cordialmente y me hacen esperar en una salita ubicada apenas se traspasa la puerta. El consultorio de Herr Professor estaba a la derecha. El de Anna, arriba. Freud, ya estaba viejo, algo consumido por su cáncer, apenas se entendía su voz, pero tenía la fuerza y firmeza propia de su carácter independiente de siempre. Por suerte al ser él extranjero y yo también podíamos entendernos mejor en inglés. Quizás el idisch me ayudó algo con ciertos términos que usó en alemán. Tuve que vencer la inhibición por el respeto que me infundía esa figura. De cualquier modo no quise ocultar mi admiración por él. Atravesamos la planta baja hasta el fondo y nos pusimos a pasear por el jardín, que rodeaba toda la casa. Me contó que ahí recibía amistades y familiares y que uno de sus hijos se había ocupado de poner la casa en condiciones para su exilio. Luego entramos a su consultorio. Me empezó a hacer preguntas. Relacionó mi nombre con el interés por el psicoanálisis, los sueños bíblicos y José, interpretándolos dijo, además, que aunque yo no tenía ningún dato de mi abuelo paterno, suponía que había sido un gran lector. (Luego, en 1997, lo confirmé); además, debido a que yo era el único hijo varón y el menor de los hermanos y con bastante diferencia de edad, estaría condenado a llamar la atención. Me preguntó por mi país y me dijo que se había carteado con el primer psicoanalista de habla castellana, un joven español que se había analizado con Reik. Este hombre intentó introducir el psicoanálisis en España pero la situación ambiental y la guerra civil hicieron que se fuera a la Argentina. Reik, Eitingon y Jones le hablaron de él. Le dije que mi interés por el psicoanálisis nacía de mi interés adolescente por la sexualidad y del interés de entender a mi padre.

Luego, mientras sonaba un timbre, me hizo una pregunta extraña:- ¿Cuándo piensa nacer?

Y una respuesta mía más extraña aún:- En el '43, tres años y medio luego de su muerte.

A partir de allí fuimos al grano. En lo que respecta al psicoanálisis contestó a todas las preguntas que le hice aunque todo lo que dijo me resultaba extremadamente familiar. He reproducido textualmente sus respuestas aunque por supuesto no usé grabador ni tampoco escribí durante el encuentro. Quería estar más empapado en esa experiencia que en el contenido de lo que me decía, lo cual yo estaba seguro que luego, a solas, me las iba a ingeniar para reproducir textualmente.

A continuación reproduzco la entrevista tal cual la pude reconstruir. De mis preguntas no doy fe que hayan sido formuladas exactamente como las transcribo, pero de las respuestas de Freud, insisto muy especialmente, estoy seguro que fueron esas.

1. Profesor Freud, quiero aprovechar esta oportunidad única que tengo de conversar con el inventor del método psicoanalítico de investigación del alma humana, el descubridor del inconsciente con sus leyes y contenidos y al mismo tiempo inventor de la técnica psicoanalítica de tratamiento, para hacerle unas preguntas. Como sé que usted es una persona muy ocupada que tuvo la gentileza de darme una hora para entrevistarlo, paso directamente a las preguntas: ¿Qué es el psicoanálisis ?

Sigmund Freud:-“El psicoanálisis es una parte de la ciencia sobre el alma, de la psicología. También se lo llama <<psicología de lo profundo>>; luego averiguaremos la razón de ello. Si alguien preguntara qué es propiamente lo psíquico, fácil sería responderle remitiéndolo a sus contenidos. Nuestras percepciones, representaciones, recuerdos, sentimientos y actos de voluntad, todo esto pertenece a lo psíquico. Pero si esa inquisición prosiguiera, y ahora quisiera saber si todos esos procesos poseen un carácter común que nos permitiera asir de una manera más ceñida la naturaleza o, como también se dice, la esencia de lo psíquico, sería más difícil dar una respuesta.

Si se hubiera dirigido una pregunta análoga a un físico (por ejemplo, acerca de la esencia de la electricidad), su respuesta -hasta hace muy poco tiempo- habría sido: <<Para explicar ciertos fenómenos suponemos unas fuerzas eléctricas que son inherentes a las cosas y parten de ellas. Estudiamos estos fenómenos, hallamos sus leyes y aun logramos aplicaciones prácticas. Provisionalmente nos basta. En cuanto a la esencia de la electricidad, no la conocemos; quizá más tarde, en el progreso de nuestro trabajo, habremos de averiguarla. Confesamos que nuestra ignorancia atañe, justamente, a lo más importante e interesante de todo el asunto, pero ello no nos turba por ahora. Nunca ha sido de otro modo en las ciencias naturales>>.

La psicología es también una ciencia natural. ¿Qué otra cosa puede ser?” [2] .Ya desde 1895 yo decía que "el propósito de este proyecto es brindar una psicología de ciencia natural..." [3]

Es decir que “queremos aquello a que se aspira en general en la ciencia: una comprensión de los fenómenos, el establecimiento de una concatenación entre ellos y, como objetivo último, en los casos en que sea posible, ampliar nuestro poder sobre ellos” [4] .

2. Usted consideró el análisis de los sueños como una ‘vía regia’ al inconsciente. ¿Qué valor tuvieron ellos en el desarrollo de la teoría psicoanalítica?

S.F.- [Hasta la aparición del psicoanálisis, la psicología no pudo explicar el sentido de los sueños. Una psicología que explica esta actividad del alma como una manifestación casual o caprichosa de la mente no puede llamarse científica] “[Tropezábamos] con la imposibilidad de esclarecer el sueño como hecho psíquico, pues explicar significa reconducir a lo conocido, y [no existía] ningún conocimiento psicológico al que pudiéramos subordinar lo que cabe discernir en calidad de principio explicativo a partir del examen psicológico de los sueños. Por el contrario, nos [vimos] precisados a estatuir una serie de nuevos supuestos que rocen mediante conjeturas el edificio del aparato psíquico y el juego de las fuerzas que en él actúan; y [debimos] tener el cuidado de no devanarlos mucho más allá de su primera articulación lógica, pues de lo contrario su valor se perdería en lo indeterminable. Aun cuando no cometiésemos error alguno en el razonamiento y tomásemos en cuenta todas las posibilidades que se siguen lógicamente, la probable imperfección en el planteo de los elementos [amenazaba] hacernos equivocar por completo los cálculos. No puede obtenerse, o al menos no puede fundamentarse, una inferencia acerca de la construcción y del modo de trabajo del instrumento anímico por medio de la indagación del sueño o de cualquier otra operación tomada aisladamente, por cuidadosa que ella sea; para este fin [debimos conjugar] lo que el estudio comparativo de toda una serie de operaciones psíquicas [arrojó] como elementos de constancia necesaria. Entonces, los supuestos psicológicos que [extrajimos] del análisis de los procesos oníricos [debieron] aguardar en una estación de empalme, por así decir, hasta que [pudieron] acoplarse a los resultados de otras investigaciones que se [empeñaban ] en atacar el núcleo del mismo problema desde otros puntos de abordaje.” [5]

3. ¿Usted se refiere a los olvidos, los lapsus, los actos fallidos y el estudio de las psiconeurosis?

S.F.- Así es.

4. A su criterio ¿a qué se debe la oposición tenaz que enfrenta el psicoanálisis?

S.F.:-“Si era cierto que los nexos descubiertos por mí eran mantenidos lejos de la conciencia de los enfermos por obra de resistencias afectivas interiores, estas últimas surgirían también en las personas sanas tan pronto se les hiciese presente, mediante una comunicación de fuera, lo reprimido. Y que ellos se las ingeniasen para justificar con fundamentos intelectuales esa repulsa dictada por los afectos, nada tenía de asombroso. A los enfermos les sucede lo mismo con pareja frecuencia, y los argumentos aducidos - los argumentos abundan como la zarzamora, para decirlo con Falstaff - eran idénticos y no muy penetrantes. He aquí la única diferencia: con los enfermos se disponía de un medio de presión para que inteligieran sus resistencias y las vencieran, mientras que en el caso de los presuntos sanos faltaban tales auxilios. En cuanto a los caminos por los cuales se pudiera esforzar  a esas personas sanas a un examen científico objetivo y desapasionado, se trataba de un problema irresuelto; lo mejor era dejar que el tiempo lo aclarase. En la historia de las ciencias se había podido comprobar hartas veces que la misma aseveración que al comienzo sólo encontró objeciones era admitida tiempo después sin que se hubiesen aducido nuevas pruebas en su favor.” [6]

5. Una crítica que se le hace al psicoanálisis es lo arbitrario de sus apreciaciones por influencia de factores personales.

S.F.:- “La relatividad de nuestro conocimiento es un reparo que puede oponerse a toda ciencia, no sólo al psicoanálisis. Nace de bien conocidas corrientes contemporáneas, reaccionarias y hostiles a la ciencia, y se arroga el relumbrón de una superioridad improcedente. Ninguno de nosotros puede entrever el juicio definitivo que la humanidad pronunciará sobre nuestros empeños teóricos. Hay ejemplos de rechazo por parte de las tres primeras generaciones, [como le dije anteriormente], que la próxima corrige y troca en aceptación. Al individuo no le resta sino sustentar con todas sus fuerzas su convicción apoyada en la experiencia, tras haber prestado oídos a sus propias críticas con todo cuidado, y con alguna atención a las de sus oponentes. Cada cual ha de conformarse con llevar adelante su asunto honrosamente, sin usurpar un papel de juez reservado a un futuro lejano. Esa insistencia en la arbitrariedad personal en materia científica es maliciosa; evidentemente quiere discutirle al psicoanálisis su valor de ciencia, cuando de todos modos ya se había rebajado a esta con la observación anterior [acerca de la naturaleza relativa de todo conocimiento]. El que tenga en alta estima el pensamiento científico buscará, más bien, los medios y los métodos que le permitan restringir en todo lo posible ese factor de la arbitrariedad estética personal ahí donde todavía desempeñe un papel excesivo. Es oportuno recordar, además, que está fuera de lugar todo ardor en la defensa de la propia causa.” [7]

6. Dr. Freud: la teoría psicoanalítica tiene conceptos como libido y pulsión que no han logrado una total nitidez y por otro lado se observa que van cambiando con el tiempo. ¿No piensa Ud. que esto facilita las dudas acerca del valor científico del psicoanálisis y puede llevar a que se lo considere como una especulación?

S.F.:- “Uno se debate en este dilema: es desagradable abandonar la observación a cambio de unas estériles disputas teóricas, pero no es lícito sustraerse de un intento de clarificación. Por cierto, representaciones como las de libido yoica, energía pulsional yoica y otras semejantes no son aprehensibles con facilidad, ni su contenido es suficientemente rico; una teoría especulativa de las relaciones entre ellas pretendería obtener primero, en calidad de fundamento, un concepto circunscrito con nitidez. Sólo que a mi juicio esa es, precisamente, la diferencia entre una teoría especulativa y una ciencia construida sobre la interpretación de la empiria. Esta última no envidiaría a la especulación el privilegio de una fundamentación tersa, incontrastable desde el punto de vista lógico; de buena gana se contentará con unos pensamientos básicos que se pierden en lo nebuloso y apenas se dejan concebir; espera aprehenderlos con mayor claridad en el curso de su desarrollo en cuanto ciencia y, llegado el caso, está dispuesta a cambiarlos por otros. Es que tales ideas no son el fundamento de la ciencia, sobre el cual descansaría todo; lo es, más bien, la sola observación. No son el cimiento sino el remate del edificio íntegro, y pueden sustituirse y desecharse sin perjuicio. En nuestros días vivimos idéntica situación en la física, cuyas intuiciones básicas sobre la materia, los centros de fuerzas, la atracción y conceptos parecidos está sujetos casi a tantos reparos como los correspondientes del psicoanálisis.” [8]

Muchas veces he oído sostener el reclamo de que una ciencia debe construirse sobre conceptos básicos claros y definidos con precisión. En realidad, ninguna, ni aun la más exacta, empieza con tales definiciones. El comienzo correcto de la actividad científica consiste más bien en describir fenómenos que luego son agrupados, ordenados e insertados en conexiones. Ya para la descripción misma es inevitable aplicar al material ciertas ideas abstractas que se recogieron de alguna otra parte, no de la sola experiencia nueva. Y más insoslayables todavía son esas ideas - los posteriores conceptos básicos de la ciencia - en el ulterior tratamiento del material. Al principio deben comportar cierto grado de indeterminación; no puede pensarse en ceñir con claridad su contenido. Mientras se encuentran en ese estado, tenemos que ponernos de acuerdo acerca de su significado por la remisión repetida al material empírico del que parecen extraídas, pero que, en realidad, les es sometido. En rigor, poseen entonces el carácter de convenciones, no obstante lo cual es de interés extremo que no se las escoja al azar, sino que estén determinadas por relaciones significativas con el material empírico, relaciones que se cree colegir aun antes que se las pueda conocer y demostrar. Sólo después de haber explorado más a fondo el campo de fenómenos en cuestión, es posible aprehender con mayor exactitud también sus conceptos científicos básicos y afinarlos para que se vuelvan utilizables en un vasto ámbito, y para que, además, queden por completo exentos de contradicción. Entonces quizás haya llegado la hora de acuñarlos en definiciones. Pero el progreso del conocimiento no tolera rigidez alguna, tampoco en las definiciones. Como lo señala palmariamente el ejemplo de la física, también los <<conceptos básicos>> fijados en definiciones experimentan un constante cambio de contenido.” [9]

“La pulsión es aprehendida, en los términos más universales, como una suerte de elasticidad de lo vivo, como un esfuerzo por repetir una situación que había existido una vez y fue cancelada por una perturbación externa. Esta naturaleza de las pulsiones, conservadora en su esencia, es ilustrada por los fenómenos de la compulsión de repetición. La acción conjugada y contraria de Eros y pulsión de muerte nos da, a nuestro juicio, el cuadro de la vida.

Está por verse si esta construcción demostrará ser utilizable. Indudablemente, la guía el afán de fijar algunas de las representaciones teóricas más importantes del psicoanálisis, pero va mucho más allá de él. He oído repetidas veces la manifestación despreciativa de que no puede esperarse nada de una ciencia cuyos conceptos máximos son tan imprecisos como los de libido y pulsión en el psicoanálisis. Pero en la base de este reproche hay un completo desconocimiento de la situación real. Conceptos básicos claros y definiciones de nítidos contornos sólo son posibles en las ciencias del espíritu en la medida en que estas pretendan aprehender un campo de hechos en el marco de una formación intelectual de sistema. En las ciencias naturales, a las que pertenece la psicología, semejante claridad de los conceptos máximos huelga, y aun es imposible. Ni la zoología ni la botánica comenzaron con definiciones correctas y suficientes del animal y la planta, y la biología todavía hoy no sabe llenar el concepto de lo vivo con un contenido cierto. Más aún: ni siquiera la física habría realizado todo su desarrollo si hubiera debido esperar hasta que sus conceptos de materia, fuerza, gravitación y otros alcanzaran la claridad y la precisión deseables. Las representaciones básicas o conceptos máximos de las disciplinas de las ciencias naturales siempre se dejan indeterminados al comienzo, provisionalmente sólo se los ilustra por referencia al campo de fenómenos del que provienen, y no es sino mediante el progresivo análisis del material de observación como pueden volverse claros, llenarse de contenido y quedar exentos de contradicción. Siempre sentí como grave injusticia que no se le quisiera dispensar al psicoanálisis el mismo trato que a cualquier otra ciencia natural. Ese rehusamiento se expresó en las más pertinaces objeciones. Al psicoanálisis se le reprocha cada una de sus imperfecciones y lagunas, cuando en verdad una ciencia basada en la observación no puede hacer otra cosa que elaborar una por una sus conclusiones y resolver paso a paso sus problemas. Y todavía más: cuando nos empeñábamos en obtener para la función sexual el reconocimiento que por tanto tiempo se le había negado, la teoría psicoanalítica fue motejada de <<pansexualismo>>; cuando pusimos de relieve el papel, omitido hasta entonces, de las impresiones accidentales de la primera juventud, debimos escuchar que el psicoanálisis desmentía los factores de la constitución y de la herencia, lo cual jamás se nos había ocurrido. Se trataba de contradecir a cualquier precio y por todos los medios.” [10]

7. Pero ¿a Ud. le parece que teorías de ese tipo, como la de la energía psíquica y las pulsiones, pueden ser halladas en un investigador de la naturaleza?

S.F.:-“¿Qué quiere usted? Es una representación auxiliar como hay tantas en las ciencias. Las primeras de todas siempre han sido bastante toscas. <<Open to revision>>, cabe decir en estos casos. Considero superfluo invocar aquí el <<como si>>, hoy tan popular. El valor de una de estas representaciones auxiliares-<<ficción,>>, la llamaría el filósofo Vaihinger- depende de lo que se pueda conseguir con ella.” [11]

8. Veo que resalta usted la empiria y la observación. ¿Qué tipo de ciencia considera que es el psicoanálisis?

S.F.:-“El psicoanálisis no es un sistema como los filosóficos, que parten de algunos conceptos básicos definidos con precisión y procuran apresar con ellos el universo todo, tras lo cual ya no resta espacio para nuevos descubrimientos y mejores intelecciones. Más bien adhiere a los hechos de su campo de trabajo, procura resolver los problemas inmediatos de la observación, sigue tanteando en la experiencia, siempre inacabado y siempre dispuesto a corregir o variar sus doctrinas. Lo mismo que la química o la física, soporta que sus conceptos máximos no sean claros, que sus premisas sean provisionales, y espera del trabajo futuro su mejor precisión.” [12]

9. Dr. Freud: sus argumentos están continuamente ilustrados por ejemplos clínicos. A pesar de construir teorías continuamente, se puede notar en usted una especie de cuidadosa evitación de desarrollos de pensamientos abstractos. ¿Es así?

S.F.:-“Cuando pensamos en abstracto nos exponemos al peligro de descuidar los vínculos de las palabras con las representaciones-cosa inconscientes, y es innegable que entonces nuestro filosofar cobra una indeseada semejanza, en su expresión y en su contenido, con la modalidad de trabajo de los esquizofrénicos.” [13]

10. ¿Considera Ud. que el psicoanálisis es una especialidad médica?

S.F.:- “Ya no es posible reservar el ejercicio del psicoanálisis a los médicos y excluir de él a los legos. De hecho, el médico que no ha recibido una formación especial es un lego en el análisis a pesar de su diploma, y el no médico puede desempeñar también el tratamiento analítico de las neurosis si cuenta con la preparación adecuada y el debido apoyo de un médico.

Por obra de uno de esos desarrollos cuyo desenlace sería en vano contrariar, la palabra misma <<psicoanálisis>> se ha vuelto multívoca. En su origen designó un determinado proceder terapéutico; ahora ha pasado a ser también el nombre de una ciencia, la de lo anímico inconsciente. Sólo rara vez puede ella resolver un problema plenamente por sí sola; pero parece llamada a prestar importantes contribuciones en los más diversos campos del saber. El terreno de aplicación del psicoanálisis tiene la misma extensión que el de la psicología, a la que agrega un complemento de poderoso alcance. [14]

11. Doctor, como piensa Ud. que debería ser la formación científica de un psicoanalista?

S.F.:-“Si algún día se fundara una escuela superior psicoanalítica -[...]- debería enseñarse en ella mucho de lo que también se aprende en la facultad de medicina: junto a la psicología de lo profundo, que siempre sería lo esencial, una introducción a la biología, los conocimientos de la vida sexual con la máxima extensión posible, una familiarización con los cuadros clínicos de la psiquiatría. Pero, por otro lado, la enseñanza analítica abarcaría disciplinas ajenas al médico y con las que él no tiene trato en su actividad: historia de la cultura, mitología, psicología de la religión y ciencia de la literatura. Sin una buena orientación en estos campos, el analista quedaría inerme frente a gran parte de su material. En cambio de nada le servirá para sus fines el grueso de lo que se enseña en la escuela de Medicina.” [15]

12. ¿Por qué eligió los nombres de ‘yo‘ y ‘ello’ o ‘eso’ a esas ‘provincias psíquicas’?

S.F.:-“Usted objetará, probablemente, que para designar estas dos instancias o provincias anímicas hayamos escogido simples pronombres, en lugar de introducir sonoros nombres griegos. Es que en el psicoanálisis nos gusta permanecer en contacto con el modo popular de pensar, y preferimos volver utilizables para la ciencia sus conceptos, en vez de desestimarlos. No es ningún mérito: tenemos que proceder así porque nuestras doctrinas están destinadas a que las comprendan nuestros pacientes, que a menudo son muy inteligentes, pero no siempre eruditos. El ello impersonal se anuda de manera directa a ciertos giros expresivos del hombre normal. <<Ello me sacudió- se dice -; había algo en mí que en ese instante era más fuerte que yo>>. <<C’etait plus fort que moi>>.

En la psicología sólo podemos describir con ayuda de comparaciones. No es algo particular de ella, también en las otras ciencias es así. Pero nos vemos obligados a variar de continuo esas comparaciones, ninguna se nos mantiene un tiempo suficientemente largo.” [16]

13.¿Qué interés para la ciencia puede tener el que haya analistas legos?

S.F.:-“[Consideremos el interés] de la ciencia. Lo que pretendo decir lo tendrá a usted sin cuidado, pero para mí posee una significación tanto mayor. [...] en modo alguno consideramos deseable que el psicoanálisis sea fagocitado por la medicina y termine por hallar su depósito definitivo en el manual de psiquiatría, dentro del capítulo <<Terapia>>, junto a procedimientos como la sugestión hipnótica, la autosugestión, la persuasión, que, creados por nuestra ignorancia, deben sus efímeros efectos a la inercia y cobardía de las masas de seres humanos. Merece un mejor destino, y confiamos en que lo tendrá. Como <<psicología de lo profundo>>, doctrina de lo inconsciente anímico, puede pasar a ser indispensable para todas las ciencias que se ocupan de la historia genética de la cultura humana y de sus grandes instituciones, como el arte, la religión y el régimen social. Yo creo que ya ha prestado valiosos auxilios a estas ciencias para la solución de sus problemas, pero esas no son sino contribuciones pequeñas comparadas con las que se obtendrán cuando los historiadores de la cultura, los psicólogos de la religión, los lingüistas, etc., aprendan a manejar por sí mismos el nuevo medio de investigación que se les ofrece. El uso del análisis para la terapia de las neurosis es sólo una de sus aplicaciones; quizás el futuro muestre que no es la más importante. En todo caso, no sería equitativo sacrificar a una de sus aplicaciones todas las demás meramente porque su campo de acción toca el círculo de los intereses médicos.

Porque en este punto se despliegan unos nexos más amplios, en los que no se puede intervenir sin daño. Si los representantes de las diversas ciencias del espíritu han de aprender el psicoanálisis a fin de aplicar sus métodos y puntos de vista a su material, no les bastará atenerse a los resultados que se consignan en la bibliografía analítica. Se verán precisados a comprender el análisis por el único camino practicable: sometiéndose ellos mismos a un análisis.” [17]

14. Profesor Freud, ¿qué futuro vislumbra para la terapia psicoanalítica y para el psicoanálisis aplicado?

S.F.:-“El influjo terapéutico del psicoanálisis descansa en la sustitución de actos anímicos inconscientes por otros concientes, y no tiene más alcance que el que ello implica. Esa sustitución se promueve venciendo resistencias internas en la vida anímica del enfermo. El futuro juzgará, probablemente, que el valor del psicoanálisis como ciencia de lo inconsciente supera en mucho a su valor terapéutico.” [18]

15. De las críticas al psicoanálisis abundan aquellas de los que sin conocer siquiera algo de la teoría del inconsciente atacan ferozmente esta ciencia. Recuerdo la de un psiquiatra vienés, el Dr. Rainmann que escribió un libro atacando las teorías expuestas en su libro ‘La interpretación de los sueños’ sin haberlo leído pues sus colegas de la clínica psiquiátrica le habían asegurado que no valía la pena. Por otra parte en los medios de comunicación masiva se culpa al psicoanálisis de favorecer los crímenes y violaciones atribuyendo a los psicoanalistas el dar consejos a los pacientes. Muchos psicoanalistas nos preguntamos a qué se debe ese prejuicio.

S.F.:-“No parece nuestro destino trabajar en paz en la construcción de nuestra ciencia”. [19]

 “Pero ustedes pueden preguntar por qué esas gentes, tanto las que escriben libros como las que platican, se comportan de manera tan incorrecta; y se inclinarán a suponer que no se debe sólo a ellas, sino también al psicoanálisis. Opino lo mismo; lo que se les presenta en la literatura y la sociedad como un prejuicio es el eco de un juicio anterior, a saber, el que pronunciaron los representantes de la ciencia oficial acerca del joven psicoanálisis. Ya me quejé de ello una vez en una exposición histórica [, en la Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico de 1914], y no volveré a hacerlo - acaso esa única vez ya fue demasiado-; pero de hecho no hubo infracción a la lógica, y mucho menos al decoro y al buen gusto, que no se permitieran en esa época los opositores científicos al psicoanálisis. Era una situación como la que se producía en la Edad Media cuando un malhechor o un mero opositor político era puesto en la picota y entregado a los ultrajes del populacho. Quizás ustedes no se dan cabal cuenta de lo impregnada que está nuestra sociedad por el espíritu del populacho, ni de los abusos que se permiten los seres humanos cuando se sienten miembros de una masa y eximidos de toda responsabilidad personal. [...]Hice la primera aplicación del psicoanálisis aclarándome a mí mismo la conducta de la masa como un fenómeno de la misma resistencia que yo debía combatir en mis pacientes individuales, me sustraje de la polémica e influí sobre mis seguidores, cuando poco a poco se me acercaron, para que hicieran otro tanto. El procedimiento fue bueno; la proscripción que pesaba entonces sobre el análisis se ha levantado, pero así como una creencia abandonada sobrevive en calidad de superstición y una teoría resignada por la ciencia se conserva en la opinión popular, del mismo modo aquel originario desprecio de los círculos científicos por el psicoanálisis se continúa en la irrisión de que lo han hecho objeto los legos que escriben libros o platican. Nada de eso, pues, debe asombrarlos ya.” [20]

NOTA DEL EDITOR: debido a la extensión de este apasionante reportaje es que se ha decidido publicar en tres partes que continuarán en los próximos meses.

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[1] José Kaplan es un seudónimo. Mi nombre es José Treszezamsky. Mi padre, al huir de Polonia se cambió el apellido Kaplan por el de Treszezamsky, de modo que Kaplan es mi verdadero apellido y Treszezamsky mi verdadero seudónimo. Para el armado de este artículo es evidente que utilicé fragmentos de escritos de Freud que abarcan prácticamente todo el tiempo en que produjo el psicoanálisis. El ordenamiento y la configuración de las preguntas responden a mi propia iniciativa y un estudioso de la obra del creador del psicoanálisis sabrá evaluar si al extraer las ‘respuestas’ de Freud fuera de contexto se les ha desvirtuado el sentido que tenían originalmente. Me he cuidado minuciosamente de que ello no ocurra y estoy convencido de que lo he logrado. En la bibliografía, por ejemplo, A.E., XVIII, 245. quiere decir: Sigmund Freud, Obras completas, volumen XVIII, pág. 245. Amorrortu editores. El subrayado de palabras de Freud y lo que figura entre corchetes es mío. La entrevista en sí, sin el contexto en que se desarrolló, forma parte de un capítulo del libro Psicoanálisis y Ciencia, compilado por el Dr. Alejandro M. Wagner, y en el cual colaboraron: Horacio Etchegoyen, Otto Kernberg, Robert Wallerstein, Willy Baranger, León Grinberg, Gregorio Klimovsky, Paulo Saubermann, Mercedes Velo, Jaime Szpilka, Saúl Peña, Augusto Escribens, Jaime Coloma, Jorge García Badaracco, Adalberto Perrotta, María Isabel Siquier, Guillermo Lancelle, Guillermo Mina, David Maldavsky, Alejandro Wagner y yo mismo.

[2] Algunas lecciones elementales sobre psicoanálisis (1938) A.E. XXIII, 284 Bs.As.1980

[3] Proyecto de Psicología. A.E. I, 339. Bs.As. 1982.

[4] Conferencias de introducción al psicoanálisis. (Partes I y II) (1915-1916) 6ª Conferencia. Premisas y técnica de la interpretación.A.E. XV, 91. Bs.As. 1978.

[5] La interpretación de los sueños (segunda parte)(1900) A.E. V, 506. Bs.As. 1979.

[6] Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico, (1914) A.E. XIV, 22/3. Bs.As. 1979

[7] Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. (1914). A.E. XIV, 57.Bs.As. 1979

[8] Introducción del narcisismo. (1914). A.E. XIV, 74/5. .Bs.As. 1979

[9] Pulsiones y destinos de pulsión. (1915) A.E.XIV, 113. .Bs.As. 1979

[10] Presentación autobiográfica. (1925) A.E. XX, 53/4. Bs. As. 1979

[11] ¿Pueden los Legos ejercer el análisis?.-(1926) A.E. XX, 182. Bs. As. 1979

[12] Psicoanálisis. Artículo de enciclopedia. (1922) A.E. XVIII, 249. .Bs.As. 1979

[13] Lo Inconsciente, (1915). A.E. XIV, 200. .Bs.As. 1979

[14] Presentación autobiográfica. (1925) A.E. tomo XX, 65/66. Bs. As. 1979

[15] ¿Pueden los Legos ejercer el análisis?.-(1926) A.E. XX, 230. Bs. As. 1979

[16] ¿Pueden los Legos ejercer el análisis?.-(1926) A.E. XX, 182/183. Bs. As. 1979

[17] ¿Pueden los Legos ejercer el análisis?.-(1926) A.E. XX,232. Bs. As. 1979

[18] Psicoanálisis (Artículo para la Enciclopedia Británica) (1926) A.E. XX, 253. Bs. As. 1979

[19] Psicoanálisis y Telepatía. (1921) A.E. XVIII, 169. .Bs.As. 1979

[20] Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis.( 1932) A.E. XXII, 127.Bs.As. 1979

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