Psicoanálisis y ciencia, según Freud (Parte II)*
 
*José Kaplan [1]

16. Dr. Freud, siguiendo con esta entrevista: continuamente aparecen distintos desprendimientos del psicoanálisis: unos con teorías que parecen explicar todo el comportamiento con fórmulas lógicas, otros alejando al ser humano de lo animal, etc. Piezas muy importantes de su teoría como el complejo de Edipo, que según se desprende de sus trabajos son una condición para que ‘algo’ sea llamado psicoanálisis, sufren modificaciones conceptuales de muy largos efectos.

S.F.:-“[...]la multitud dará sin duda una entusiasta bienvenida a semejante[s] doctrina[s], que no admite[n] complicaciones, no introduce nuevos conceptos de difícil comprensión, nada sabe de lo inconsciente, elimina de un tajo el problema de la sexualidad que a todos oprime, se limita a poner en descubierto tretas con que la gente pretende vivir cómoda. Es que la multitud es ella misma cómoda, exige un solo motivo como explicación, no agradece a la ciencia sus resultados provisionales, quiere tener soluciones simples y saber allanados los problemas”. [2]

[No me cansaré de insistir en que] “Aquel que prometa a la humanidad liberarla de la humillante sujeción sexual, sean cuales fueren las tonterías que se le ocurra decir, será considerado como un héroe.” [3]

Todas las modificaciones que [usted menciona que se han] emprendido en el psicoanálisis emanan del propósito de eliminar lo chocante en los complejos familiares a fin de no reencontrarlo en la religión y en la ética. La libido sexual fue sustituida por un concepto abstracto que, hay derecho a aseverarlo, permaneció como algo misterioso e inasible para sabios y para necios por igual. El complejo de Edipo se entendió sólo <<simbólicamente>>; en él la madre significó lo inalcanzable a lo cual debe renunciarse en aras del desarrollo de la cultura; el padre, a quien se da muerte en el mito de Edipo, es el padre <<interior>> del que es preciso emanciparse para devenir autónomo. Otras piezas del material de las representaciones sexuales sufrirán, qué duda cabe, parejas reinterpretaciones en el curso del tiempo”. [4]

“Cuando oímos decir [...] que el complejo del incesto es sólo simbólico, que no tiene existencia real, y que el salvaje no siente gana ninguna por una vieja bruja, [5] [estamos tentados a interpretar a esas teorías como logros de la represión]”

17. ¿Usted considera que  el psicoanálisis explica todo lo humano?

S.F.:-“[...]entiendo que una cosmovisión es una construcción intelectual que soluciona de manera unitaria todos los problemas de nuestra existencia a partir de una hipótesis suprema; dentro de ella, por tanto, ninguna cuestión permanece abierta y todo lo que recaba nuestro interés halla su lugar preciso. Es fácilmente comprensible que poseer una cosmovisión así se cuente entre los deseos ideales de los hombres. Creyendo en ella uno puede sentirse más seguro en la vida, saber lo que debe procurar, cómo debe colocar sus afectos y sus intereses de la manera más acorde al fin.

          Si tal es el carácter de una cosmovisión, la respuesta es fácil para el psicoanálisis. Como ciencia especial, una rama de la psicología -psicología de lo profundo o psicología de lo inconsciente-, es por completo inepta para formar una cosmovisión propia; debe aceptar la de la ciencia. Pero la cosmovisión científica ya se distancia notablemente de nuestra definición. Es cierto que también ella acepta la unicidad de la explicación del mundo, pero sólo como un programa cuyo cumplimiento se difiere al futuro. En lo demás se distingue por caracteres negativos: la limitación a lo que es posible averiguar aquí y ahora, y la tajante desautorización de ciertos elementos que le son ajenos. Asevera que no existe otra fuente para conocer el universo que la elaboración intelectual de observaciones cuidadosamente comprobadas, vale decir, lo que se llama <<investigación >>; y junto a ellas no hay conocimiento alguno por revelación, intuición o adivinación. Parece que esta concepción estuvo muy cerca de obtener general aceptación en los últimos decenios. Estaba reservado a nuestro siglo descubrir el presuntuoso argumento de que semejante cosmovisión es tan pobre como desconsoladora, que descuida las exigencias del espíritu y las necesidades del alma humana.

          Nunca se rechazará con la suficiente energía este argumento. Es por completo insostenible, pues espíritu y alma son objeto de investigación científica exactamente como lo son cualesquiera otras cosas ajenas al hombre. El psicoanálisis posee un título particular para abogar aquí en favor de la cosmovisión científica, puesto que no puede reprochársele haber descuidado lo anímico en la imagen del universo. Su contribución a la ciencia consiste, justamente, en haber extendido la investigación al ámbito anímico. Por lo demás, la ciencia quedaría muy incompleta sin una psicología de esta clase. Y si se acoge en la ciencia la exploración de las funciones intelectuales y emocionales del ser humano (y de los animales), se demuestra que nada resulta alterado en la postura general de la ciencia, que no surgen nuevas fuentes del saber ni métodos para la investigación. Tales serían, de existir, la intuición y la adivinación, pero es lícito incluirlas tranquilamente entre las ilusiones, los cumplimientos de mociones de deseo. También se discierne con facilidad que aquellos reclamos de cosmovisión sólo tienen una base afectiva. La ciencia toma noticia de que es la vida anímica de los hombres la que crea esas demandas, está presta a pesquisar sus fuentes, pero no tiene el menor motivo para considerarlas justificadas. Al contrario, se ve llevada a excluir del saber todo lo que es ilusión, resultado de esas demandas afectivas”. [6]

 “Opino que el psicoanálisis es incapaz de crear una cosmovisión particular. No le hace falta; él forma parte de la ciencia y puede adherir a la cosmovisión científica. Pero esta apenas merece ese grandilocuente nombre, pues no lo contempla todo, es demasiado incompleta, no pretende absolutismo ninguno ni formar un sistema. El pensamiento científico es todavía muy joven entre los hombres, elevado es el número de los grandes problemas que no puede dominar todavía. Una cosmovisión edificada sobre la ciencia tiene, salvo la insistencia en el mundo exterior real, esencialmente rasgos negativos, como los de atenerse a la verdad, desautorizar las ilusiones. Aquel de nuestros prójimos insatisfecho con este estado de cosas, aquel que pida más para su inmediato apaciguamiento, que se lo procure donde lo halle. No se lo echaremos en cara, no podemos ayudarlo, pero tampoco pensar de otro modo por causa de él. “ [7]

18. Dr. Freud, ¿qué relación establece entre la filosofía y la ciencia psicoanalítica?

S.F.:-"...es indispensable ejercer aquí la crítica y proceder mediante desautorizaciones y rechazos. Es inadmisible decir que la ciencia es un campo de la actividad espiritual, mientras que la religión y la filosofía son otros tantos, por lo menos de igual valor, donde la ciencia no tiene que entremeterse; que todos ellos tienen igual derecho a la verdad y cada quien es libre de escoger la fuente de su convencimiento y el lugar en que depositará su creencia. Semejante opinión se considera particularmente noble, tolerante, amplia y libre de prejuicios estrechos. Por desgracia es insostenible, comparte todos los rasgos nocivos de una cosmovisión de todo punto acientífica y en la práctica equivale a ella. Lo cierto es que la verdad no puede ser tolerante, no admite compromisos ni restricciones; la investigación considera como propios todos los campos de la actividad humana y no puede menos que criticar sin miramientos cualquier invasión ensayada por otro poder." [8]

“La filosofía no es opuesta a la ciencia, ella misma se comporta como una ciencia; en parte trabaja con iguales métodos, pero se distancia de ella en tanto se aferra a la ilusión de poder brindar una imagen del universo coherente y sin lagunas, imagen que, no obstante, por fuerza se resquebraja con cada nuevo progreso de nuestro saber. Desde el punto de vista del método, yerra sobrestimando el valor cognitivo de nuestras operaciones lógicas y, tal vez, admitiendo otras fuentes del saber, como la intuición. Hartas veces no nos parece injustificada la burla del poeta (H.Heine), cuando dice acerca del filósofo:

          <<Con sus gorros de dormir y jirones de su bata

          tapona los agujeros del edificio universal>>“ [9]

Los analistas, en cambio, no pueden desmentir que son del linaje del pensamiento científico exacto y se cuentan entre sus sostenedores. Penetrados de la máxima desconfianza hacia el poder de las mociones de deseo de los hombres, contrariando las tentaciones del principio del placer, están dispuestos a sacrificarlo todo para conseguir una partícula de certeza objetiva: sacrificar el refulgente brillo de una teoría sin lagunas, la empinada conciencia de poseer una cosmovisión acabada, la tranquilidad del alma que una motivación de anchas bases daría a un obrar ético y acorde a fines. En vez de eso, se conforman con unos jirones fragmentarios de conocimiento y unos supuestos básicos no del todo delimitados, a la espera de cualquier remodelamiento. En lugar de acechar el momento que les permitiría sustraerse de la coerción de las leyes físicas y químicas conocidas, los anima la esperanza de que aparezcan leyes naturales más abarcadoras y que calen más hondo, a las que están dispuestos a someterse. Los analistas son en el fondo unos mecanicistas y unos materialistas incorregibles, aunque quieren cuidarse de robar a lo anímico y a lo mental sus peculiaridades todavía desconocidas. Y si abordan la indagación del material oculto, ello sólo se debe a que por ese medio esperan discriminar definitivamente, de la realidad material, los productos del deseo de los hombres.” [10]

19. Antes, lo psíquico era equivalente a lo conciente ¿donde queda ubicado el psicoanálisis al transformarse en una psicología de lo inconsciente?

S.F.:-“Mientras que la psicología de la conciencia nunca salió de aquellas series lagunosas, que evidentemente dependen de otra cosa, la concepción según la cual lo psíquico es en sí inconsciente permite configurar la psicología como una ciencia natural entre las otras. Los procesos de que se ocupa son en sí tan indiscernibles como los de otras ciencias, químicas o físicas, pero es posible establecer las leyes a que obedecen, perseguir sus vínculos recíprocos y sus relaciones de dependencia sin dejar lagunas por largos trechos-o sea, lo que se designa como entendimiento del ámbito de fenómenos naturales en cuestión-. Para ello, no puede prescindir de nuevos supuestos ni de la creación de conceptos nuevos, pero a estos no se los ha de menospreciar como testimonios de nuestra perplejidad, sino que ha de estimárselos como enriquecimientos de la ciencia; poseen títulos para que se les otorgue, en calidad de aproximaciones, el mismo valor que a las correspondientes construcciones intelectuales auxiliares de otras ciencias naturales, y esperan ser modificados, rectificados y recibir una definición más fina mediante una experiencia acumulada y tamizada. Por tanto, concuerda en un todo con nuestra expectativa que los conceptos fundamentales de la nueva ciencia, sus principios (pulsión, energía nerviosa, entre otros), permanezcan durante largo tiempo tan imprecisos como los de las ciencias más antiguas (fuerza, masa, atracción)”. [11]

20. Profesor, ¿cómo influye en la verosimilitud de los resultados del psicoanálisis. el hecho de que el objeto a investigar sea el mismo que investiga?

S.F.:-“Todas las ciencias descansan en observaciones y experiencias mediadas por nuestro aparato psíquico; pero como nuestra ciencia tiene por objeto a ese aparato mismo, cesa la analogía. Hacemos nuestras observaciones por medio de ese mismo aparato de percepción, justamente con ayuda de las lagunas en el interior de lo psíquico, en la medida en que completamos lo faltante a través de unas inferencias evidentes y lo traducimos a material conciente. De tal suerte, establecemos, por así decir, una serie complementaria conciente de lo psíquico inconsciente. Sobre el carácter forzoso de estas inferencias reposa la certeza relativa de nuestra ciencia psíquica. Quien profundice en este trabajo hallará que nuestra técnica resiste cualquier crítica.” [12] .

21.¿Usted sabe que los que se vieron obligados a reconocer algo del valor del psicoanálisis le critican ahora su lento progreso?

S.F.:-“En efecto, el camino de la ciencia es lento, [...], laborioso. Es algo que no se puede desconocer ni modificar. No asombra que los señores del otro partido estén descontentos; es que están mal acostumbrados: con la Revelación todo les ha sido mucho más fácil. El progreso en el trabajo científico se consuma exactamente como en un análisis. Uno aporta al trabajo ciertas expectativas, pero se ve precisado a refrenarlas. Por medio de la observación se averigua algo nuevo ora aquí, ora allí; los fragmentos no concuerdan al comienzo. Se lucubran conjeturas, se crean construcciones auxiliares que uno retira cuando no se corroboran, hace falta mucha paciencia, estar presto para todas las posibilidades, renunciar a convencimientos prematuros bajo cuya compulsión acaso se pasarían por alto factores inesperados, y al final todo ese gasto recibe su recompensa: los hallazgos dispersos se compaginan, se consigue inteligir toda una pieza del acontecer anímico, esa tarea queda lista y se está libre para abordar la siguiente. Sólo del auxilio que el experimento significa para la investigación es forzoso privarse en el análisis. “ [13]

          La ciencia psicoanalítica va desarrollándose lentamente, “.no crea que nació así de golpe, como si fuera un sistema filosófico. La hemos desarrollado muy poco a poco, luchando largo tiempo para conseguir cada pieza, y la modificamos de continuo en estrecho contacto con la observación, hasta que por último cobró una forma en que parece servirnos para nuestros fines. Hace algunos años habría debido revestir esa doctrina con otras expresiones. Desde luego, no puedo garantizarle que su actual forma de expresión será la definitiva. Usted sabe que la ciencia no es ninguna revelación; carece, aunque sus comienzos ya estén muy atrás, de los caracteres de precisión, inmutabilidad e infalibilidad, tan ansiados por el pensamiento humano. Pero, así como es, es todo lo que podemos tener. Admita usted que nuestra ciencia es muy joven, apenas de la edad del siglo, y se ocupa del asunto quizá más difícil que pueda plantearse a la investigación humana; [...].” [14]

 

NOTA DEL EDITOR: debido a la extensión de este apasionante reportaje es que se ha decidido publicarlo en tres entregas y la última se publicará en un próximo mes.



[1] José Kaplan es un seudónimo. Mi nombre es José Treszezamsky. Mi padre, al huir de Polonia se cambió el apellido Kaplan por el de Treszezamsky, de modo que Kaplan es mi verdadero apellido y Treszezamsky mi verdadero seudónimo. Para el armado de este artículo es evidente que utilicé fragmentos de escritos de Freud que abarcan prácticamente todo el tiempo en que produjo el psicoanálisis. El ordenamiento y la configuración de las preguntas responden a mi propia iniciativa y un estudioso de la obra del creador del psicoanálisis sabrá evaluar si al extraer las ‘respuestas’ de Freud fuera de contexto se les ha desvirtuado el sentido que tenían originalmente. Me he cuidado minuciosamente de que ello no ocurra y estoy convencido de que lo he logrado. En la bibliografía, por ejemplo, A.E., XVIII, 245. quiere decir: Sigmund Freud, Obras completas, volumen XVIII, pág. 245. Amorrortu editores. El subrayado de palabras de Freud y lo que figura entre corchetes es mío. La entrevista en sí, sin el contexto en que se desarrolló, forma parte de un capítulo del libro Psicoanálisis y Ciencia, compilado por el Dr. Alejandro M. Wagner, y en el cual colaboraron: Horacio Etchegoyen, Otto Kernberg, Robert Wallerstein, Willy Baranger, León Grinberg, Gregorio Klimovsky, Paulo Saubermann, Mercedes Velo, Jaime Szpilka, Saúl Peña, Augusto Escribens, Jaime Coloma, Jorge García Badaracco, Adalberto Perrotta, María Isabel Siquier, Guillermo Lancelle, Guillermo Mina, David Maldavsky, Alejandro Wagner y yo mismo.

[2] Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (1932) A.E. XXII, 131/2. .Bs.As. 1979

[3] De una carta de Freud a Ernest Jones citada en ‘El hombre de los lobos’ de Roland Jaccard, Granica. Buenos Aires,1974

[4] Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. (1914) A.E. XIV, 60. .Bs.As. 1979

[5] Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. (1914) A.E. XIV, 62. .Bs.As. 1979

[6] Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, A.E. XXII, 146/7. .Bs.As. 1979

[7] Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis(1932). A.E. XXII, 168. Bs.As. 1979

[8] Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (1932). A.E. XXII, 148, Bs.As. 1979.

[9] Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis(1932). A.E. XXII, 148, Bs.As. 1979

[10] Psicoanálisis y Telepatía.(1921) A.E. XVIII, 170/1, Bs.As. 1979

[11] Esquema del psicoanálisis, (1938). A.E. XXIII, 156/7.Bs.As. 1980

[12] Esquema del psicoanálisis, (1938).A.E. XXIII, 157.Bs.As. 1980

[13] Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. (1932)A.E. XXII, 160/1.Bs.As. 1979

[14] ¿Pueden los legos ejercer el análisis? (1926) A.E. XX,179 y sig. Bs. As. 1979

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