"Una relación particular" o "Lo cortés siempre quita lo valiente" (Parte II)

 Autor: Eduardo García Dupont*

"Eros y Psique", Luther Gerlach  Colette Soler en su libro: “La maldición del sexo”, sostiene que han caducado los Ideales del Otro, diríamos con Baudrillard: “La crisis de los grandes relatos”, y han desaparecido los modelos o paradigmas del amor. Plantea que todas las épocas contaron con un modelo como referente del amor, pasando a enumerarlas: el amor clásico antiguo, que podemos asociar al Eros griego; el amor divino, o sea el amor a Dios; el amor cortés, caracterizado por la inaccesibilidad del objeto; el amor de las Preciosas, con características similares al amor cortés; y el amor homosexual, en muchos casos ejemplificado por el vínculo de los efebos con los pederastas, en el que se jugaba la trasmisión de un saber. Podríamos agregar la crisis de la asociación del amor con el matrimonio como institución.

  Concluye la autora, que tal vez sea bueno que ya no contemos con modelos o paradigmas del amor. Con una suerte de advertido entusiasmo manifiesta que tal vez se trate ahora, más que nunca de inventar el amor. El amor está a merced de los encuentros, a merced del azar.
  Esta historia, la de esta película, intenta ser del orden de una invención: la de suponer que podía perpetuarse en el nivel de la contingencia del encuentro, el erotismo que se producía entre ambos personajes. Tal vez, una vez más descubramos que en el pacto explícito e implícito, de encuentro-desencuentro, ya comenzaron, sin saberlo, a obedecer a la estructura, degradándolo al estatuto de lo necesario.
  No obstante, más allá de la originalidad de la propuesta: que sólo se trate de, como manifestó la protagonista, “una relación pornográfica”, sólo sexual, finalmente al ser interrogada por la especificidad del fantasma sexual secreto y compartido, termina expresando que no importa, que se trataba de “un acto de amor”.
  Es conveniente, a esta altura reflexionar acerca de los posibles pasajes entre pulsión, deseo y amor.
  ¿Porqué ante el pacto de amor eterno del matrimonio con el que la Iglesia quiso domeñar el Eros clásico, regulando la sexualidad, en aras de la reproducción, el deseo se filtra por doquier?
  Al revés, en esta historia en la que había entre los personajes un pacto implícito de sostenerla a sólo deseo, lo que se filtró, irrumpiendo más allá de la voluntad consciente de ambos partenaires, fue el amor.
  ¿Se tratará simplemente de que baste con que algo se halle interdicto para que sea deseado?
  Freud en ocasiones menciona indistintamente: mociones pulsionales y/o mociones desiderativas.  A su vez, en  relación  al amor, lo situó en otro registro de la teoría, que el del deseo y el de la pulsión, lo vinculó al narcisismo. Recordemos que cuando intenta jugar con la gramática pulsional aplicándola al amor, tropieza con que al menos el amor cuenta con tres oposiciones:

  • Amar - ser amado.

  • Amor – odio.

  • Amor-odio – indiferencia.

  Por otra parte, respecto de las posibles relaciones entre amor como enamoramiento y deseo, manifestó que en las neurosis observamos una degradación general de la vida erótica, produciéndose un clivaje entre lo tierno y lo sensual: si se ama no se desea y viceversa.
  Lacan va a diferenciar estos tres niveles: amor, deseo y pulsión, a partir de su única invención: el objeto “a”, con su doble consistencia lógica: como plus de goce, en relación a la satisfacción pulsional, y como causa del deseo, en lo referido al deseo. A su vez en lo concerniente  al amor, propondrá el objeto “a”, como imaginario: a’, que funcionará como una suerte de señuelo, que vele el verdadero objeto “a”, que será un puro agujero real en la estructura.
  Al referirse a la dimensión real del amor, más allá de sus dimensiones simbólico-imaginarias, el objeto “a”, funcionará como –f, como agalma que causará el amor más allá de la imagen narcisista. Este funcionamiento se debe estructuralmente a la cesión del objeto “a”, como plus de goce, al campo del Otro, pasando a operar como –f, lo que puede leerse tanto como agalma que causa el amor, como objeto “a” que causa el deseo. O sea que el mismo objeto “a” puede funcionar como goce pulsional, y/o como causa del deseo o del amor.
  Esto lo conduce a Lacan a la frase del Seminario libro XI: “Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis”: ‘Amo en ti algo más que tú, el objeto “a”, por eso te mutilo’. Entonces la pareja del sujeto, no es ni el semejante, ni la alteridad radical: el Otro, sino el objeto “a”. Esta es otra de las líneas argumentales para pensar la ausencia de relación-proporción sexual.

  $ ? a: Fórmula del fantasma en la que articulamos las condiciones de satisfacción pulsional del sujeto, las condiciones de elección erótica, en Freud (libido sexual), o (condición fetichista), hablamos del deseo; y las condiciones de enamoramiento, (libido narcisista), hablamos del amor.
  La libido narcisista, en Freud, tendrá que ver con el Yo y sus bordes cerrados, por lo tanto completa al objeto, ubicado en el lugar del Ideal del Yo. La libido sexual fragmenta al objeto, entonces atraen partes del otro. Como versa excelente y poéticamente aquella canción de Serrat, en la que en su estribillo, fiel al clivaje entre lo tierno y lo sensual, expresa, de manera degradada: 

Me gusta todo de ti,
pero  tú no, pero tú no.

  Tras fragmentarla, y mutilarla, “muy eróticamente”.
  Bien, esta película sugiere con sutileza y aguda maestría en su dirección, como en la gran metrópolis, todo es turbio, nadie se destaca, nadie se ve, nadie se identifica, todos transitan como zombis, “muertos vivos”, sin reconocerse, con una feroz ignorancia que remite al desamparo estructural de la cría humana.
  De pronto, dos figuras comienzan a dibujarse, a definirse, a recortarse en la anónima multitud. Son nuestros protagonistas, que en ese torbellino vertiginoso de soledades, se encuentran.
  Se trata de un encuentro que en apariencia, al menos sólo en apariencia, en primera instancia, no repite las formas conocidas del amor: ni el amor pasión que culmina en muerte; ni el amor cortés, que se caracteriza por la inaccesibilidad del objeto, al menos en lo referido al acto sexual, ni el matrimonio, que acotaría el deseo sexual en función de la familia y la reproducción; ni el amor divino, motivo de tantas afrentas sacrificiales.
  Se trata de un pacto secreto, implícito y explícito, cuya enunciación en principio era tomar al fantasma en su única vertiente de satisfacción pulsional. Satisfacción que debería excluir al amor, junto con dos cuestiones asociadas al mismo: el saber y la verdad.
  No obstante, a pesar de esta intención consciente de ambos partenaires, las tres cuestiones, supuestamente excluidas, comienzan a irrumpir.
  Tal vez el pacto se hubiese cumplido si fuera posible que quedara por fuera del lenguaje, pero esto sería una contradicción, porque para que haya pactos, la condición es que estemos inmersos en el lenguaje. Lo cierto es que, es lo que nos diferencia del reino animal, o al menos si bien ellos, los animales, también tienen lenguaje, nuestra comunicación y nuestros mal-entendidos, no se reducen a un sistema de signos.
  Ambos personajes hablan, y van transitando sin saberlo, por los caminos del saber y de la verdad.
  Ella compara esta historia con relaciones anteriores, y siente que, a diferencia de aquellas, en las que tenía que fingir, disimular, en una suerte de máscara, en esta ocasión manifiesta que puede ser absolutamente sincera y espontánea, auténtica ‘de verdad’.
 
Por otro lado, es interesante como él, a su vez, siente que comienza a acostumbrarse a ella, fragmentándola en su descripción: sus olores, su piel, podríamos continuar el listado.
  Ella, al mismo tiempo piensa lo extraño que es sentirse deseada por un hombre, lo cual, y esto es más extraño aún, le causa deseo. Pareciera suscribir a la frase de Lacan: del Seminario libro X: “La Angustia” : “La mujer se tienta tentando”.
 
Entonces vamos observando que si el objeto de la pulsión es el mismo que el del deseo y el del amor, sólo que con un funcionamiento diferente en la estructura, ya sea que se vele, o no, ya sea que opere o no la castración y la cesión; entonces aquella historia que parecía ser meramente de satisfacción pulsional, de pronto enmarcada en una escena, en un cuarto de hotel, en la rutina del pacto de encuentros semanales, pasó a teñirse de la monotonía del fantasma de nuestros personajes, virando al registro de una intima realización fantasmática. Como el fantasma es también el soporte del deseo, ya allí comenzó a jugar este convidado de piedra que tantos disturbios hace, pero que tanto nos causa. Tal vez por eso, porque parece del orden de lo imposible, en el parletre sostener la sola satisfacción pulsional con otro, es que entramos en los desfiladeros de la insatisfacción del deseo, para por fin pretender aquietarlo, con el señuelo pseudo homeostático del amor.


? Trabajo presentado en el módulo sobre el amor en el Seminario:
“Otros cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis: Amor, deseo, angustia y goce”.
En la Asociación de Psicólogos Municipales.
Presentado en el ciclo de conferencias de la Institución “...Del Puente...”, en el Museo Roca.
Y publicado en el sitio: www.elsigma.com
Y en el sitio del Foro Psicoanalítico de Buenos Aires: www.fpba.org

Ir a "Una Relación Particular" - Parte III

volver