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Autor: Eduardo García Dupont*
Repasando:
si a la pulsión la enmarcamos en una escena fantasmática, es altamente probable
que se cause el deseo. Y si a tal deseo le agregamos su característica de
insatisfacción estructural en la neurosis, como defensa contra el goce,
y le agregamos también, el saber y la verdad, es altamente probable que
se construya el señuelo del amor, cuya función es la de suplir la ausencia
de relación-proporción sexual.
Con Lacan podríamos sostener:
"Porque no hay relación sexual hay acto sexual".
Pero también:
"Porque no hay relación sexual, al parletre
lo desestabiliza: la labilidad del objeto de la pulsión, la insatisfacción del
deseo, y la contingencia del amor.
Por todo esto se aferra desesperadamente, a las ilusorias garantías de la necesareidad".
Para concluir, esta historia que
se propuso como una invención, no fue de otra estofa que de la actualización
del conflicto estructural entre lo tierno y lo sensual, entre
Eros y el Matrimonio, o entre el Amor Cortés y el Matimonio.
Es interesante la escena dentro de la escena del matrimonio de ancianos
que se cruzan en la historia de los protagonistas justo cuando ante una posible
separación, comenzaban a juntar en una escena sexual, amor, deseo y pasión.
Ambos interpretan esta irrupción de los ancianos en su vida como un signo cuya
traducción puede leerse algo así como matrimonio: engaño, degradación, infidelidad,
alienación, dependencia, incondicionalidad, temor a la soledad, al desamparo,
y finalmente muerte. A nuestro protagonista, el anciano le entrega su alianza,
ella interpreta que algo diferente debían hacer con la historia que estaban
viviendo.
Tras la muerte del anciano, y la noticia del suicidio de su mujer, que nunca
fue del todo "ex", este encuentro con lo Real, provoca en nuestra
protagonista el acto de su declaración de amor, asociando la misma con compromiso
y convivencia. Él, que ya había manifestado en la escena de impotencia transitoria,
su dificultad para estar a la altura del deseo del Otro, y del propio, manifestando
que la causa de la misma era que estaba sintiendo algo "demasiado agradable";
decimos a él que, tras perseguirla a ella, en su afán de acompañarla a sus territorios
y saber más sobre la misma, tras ella haberlo rechazado siempre cortésmente,
de pronto se le realiza la metáfora del amor, y de la posición de amante pasa
a la posición de amado. En un primer momento esto le causa una emoción incontenible,
aunque finalmente responde en la última escena con la estrategia fantasmática
de suponerle al otro lo que le ocurre a él, por no atreverse a ir más allá.
Es decir que retrocede ante la angustia que le suscita el deseo del Otro encarnado
en ella. De sujeto deseante, pasó a la insoportable posición de objeto deseado.
Ella que se había prometido luchar por esta relación hasta el final, no obstante,
y como tomada por la escena en la puerta del hotel, tras haber hecho el amor
con él por primera vez, y llorar por sentirse perdida, sin saber que sentir.;
decimos, ella acepta rápida y sospechosamente resignada el argumento de él de
que no funcionará el ir por más de ambos, que terminarían odiándose, proponiendo
dejar las cosas allí, sin llegar a una supuesta crónica de una degradación anunciada.
Nos encontramos, a pesar de la original invención, con otra historia de Amor
Cortés. Aunque hubo acto sexual, sostuvieron ambos, de todas formas, la
condición de inaccesibilidad del objeto. Como dijera Lacan en el Seminario libro
XX: "Encore", "El Amor Cortés, es lo más ingenioso
que se haya inventado: suple la ausencia de relación sexual fingiendo que somos
nosotros los que la obstaculizamos". Sostener el desencuentro,
mantiene intacta, inalterable, la ilusión de relación - proporción sexual. En
cambio, enfrentar el encuentro, nos expone a la castración, a las vicisitudes
de los encuentros-desencuentros estructurales, es decir a la ausencia de relación
- proporción sexual.
Esta historia probó, una vez más, que en la cuestión del amor, lo Cortés, siempre
quita lo valiente.
Finalicemos con la pertinencia de una estrofa de la canción de Silvio Rodríguez:
"Óleo de una mujer", en la que corroboramos que es muy
poco lo que en el recuerdo, nuestros personajes pudieron rescatar, tal vez sólo
aquel viejo café parisino.
"La cobardía es asunto
de los hombres no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar.
Ni el mejor orador conjugar".
*Trabajo presentado en el módulo sobre el amor en el Seminario:
"Otros cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis: Amor, deseo,
angustia y goce". En la Asociación de Psicólogos Municipales.
Presentado en el ciclo de conferencias de la Institución "...Del Puente...",
en el Museo Roca.
Y publicado en el sitio: www.elsigma.com
Y en el sitio del Foro Psicoanalítico de Buenos Aires: www.fpba.org
Página del autor: www.psipolis.com.ar
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