Escucho decir periódicamente en boca de muchas mujeres
–no todas-, que “ya no hay hombres”. Entonces
me da la impresión que hay una frase faltante: …“que
valgan la pena”. De allí en más se agregan
textos como “no se comprometen”, “sólo
buscan sexo y nada más”, “los hombres se borran”
y se enfatiza en un tipo de varón con características
histéricas o fóbicas: son aquellos que seducen y
abandonan, mas esto no es privativo de los varones.
Si bien Freud describía un tipo de varón que cuando
se excita sexualmente no puede amar y cuando ama no se puede excitar,
también sabemos, desde su célebre “caso Dora”,
que hay algo en la seducción femenina que tiene que ver
con el rechazo posterior de aquel a quien sedujo y al que termina
frustrando. Platón nos hacía ver que uno desea lo
que no tiene y de lo que está carente y una vez saciado,
esa persona u objeto nos dejan de interesar.

Prilidiano Pueyrredón, “El baño” (1865)
Si bien es cierto que para muchos varones una cola bien abundante
es suficiente, hay muchos que las preferimos inteligentes, cultas
y combativas, nos enamoramos de las líricas y soñadoras
y así las buscamos como compañeras o amigas, novias,
esposas, psicoanalistas, socias o coautoras.
Asimismo como algunas los prefieren intelectuales, idealistas
y despojados, a otras mujeres con que tengan un buen auto y “linda
facha” les es suficiente. Si hay machistas contumaces, y
es cierto que los hay, que para no complicarse las prefieren tontas,
los acompañan las que los eligen adinerados, famosos o
poderosos, ayudando a perpetuar el mito masculino de que a ellas
sólo les atrae el lujo, el confort y el ser mantenidas,
contracara de “ellos las prefieren rubias” y al igual
que en aquel cuento de Oscar Wilde, “El ruiseñor
y la rosa”, entre la rosa y el brillante se quedan siempre
con éste: aún entre ambos sexos existen quienes
creen que una joya otorga, en apariencia, más seguridad
que una rosa roja, con el perdón del Principito de Saint-Exupéry.
En rápida sucesión escucho decir
que en el mundo de los varones, sólo aparecen:
• Los tímidos
• Los huidizos
• Los mameros
• Los conflictuados
• Los que nunca se comprometen
• Los que tienen pánico de engancharse
• Los torpes
• Los gays
• Los babosos
• Los replomazos
• Los rayados
• Los imbéciles
• Los pesados
• Los impotentes
• Los viejos verdes
• Los infieles
• Los demasiado casados
¡No queda nadie en pie y con más de
una neurona para pensar! Menos mal que en cualquier momento llega
“el héroe salvador”, “el muchachito”
siempre presto a salvar a la dama, y generalmente vienen del Norte:
Pacino, George Clooney, Brad Pitt, Ewan McGregor, Keanu Reeves,
a la vuelta de la esquina.
Me pregunto: ¿sólo en el mundo del cine hay gente
digna de ser un príncipe azul?: como buena afirmación
del mito que se dice denostar, vuelven a ser más apetecidos
y buscados Antonio Banderas que García Márquez, más
seductor Bardem que el Dr. Milstein. ¡Ah!, pero acá
viene Woody Allen desde Manhattan, para que se enamoren de su talento,
pero ¿por qué no un autóctono Subiela, un sencillo
y local Ernesto Sábato, algún olvidado pintor o médico
del pobre subdesarrollo?
Si se colocan como ideales los actores y carilindos, confundiendo
el rol y el personaje con la persona, ¿cómo pedir
a los varones que estos busquen o deseen inteligencia en mujeres
fascinadas por una colección de figuritas en movimiento?
Artemisia Gentileschi (1593-1653), “Cleopatra”
Hace poco leí en un reportaje a una actriz que decía:
“los varones son más prácticos, más realistas,
más fríos, en cambio las mujeres son más propensas
a las quijotadas”.
Que se recuerde siempre hubo valientes varones en el campo de los
idealistas, luchando junto a mujeres, persiguiendo metas por qué
luchar, locos inventores y creadores, poetas alucinados, mártires
utópicos y, hasta donde yo sé, Don Miguel de Cervantes
y su inmortal Don Alonso Quijano, eran varones.
Creo que la inteligencia, la creatividad, las fantasías y
el talento no son privativos de un género o preferencia sexual,
raza, grupo, élite cultural o nivel social. No sería
deseable que el enemigo de la mujer sea el varón ni defender
un sexismo exasperante que necesite, para enaltecer a los varones,
la denigración de las mujeres.
Frente a los varones que no se comprometen y huyeN,
hay muchos que caminan junto a sus compañeras, que quieren
ayudarlas y ser ayudados. Que aprenden de las mujeres, que se apoyan
y cobijan en ellas, que aportan desde su lugar para terminar con
la discriminación: ¡también ellos pueden ser
feministas!
*Dr. Adrián Sapetti, junio 2010
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