Cambios de hábitos (Parte IV)
 

CONTROL DE SITUACIONES QUE ESTRESAN *

(“EL ALBA Y EL OCASO”)

* Dr. Daniel Sidelski

LA BAÑISTA DE VALPINÇON Ingres 1808Nota del Dr. Sapetti: me pareció oportuno subtitular “El alba y el ocaso” a la última parte del artículo de mi amigo y colega, y para tal fin nada mejor que este poema de Rimbaud, el genial poeta francés.

“EL ALBA”

He abrazado el alba de estío.
Nada se movía aún en la fachada de los palacios. El agua estaba muerta.
Los campos de sombras no abandonaban el camino del bosque.
Avancé, despertando los hálitos vivos y tibios, y las pedrerías miraron,
y las alas se alzaron sin ruido.
La primera aventura fue, en el sendero ya repleto de frescos y pálidos destellos, una flor que me dijo su nombre.
……………………………………………..

Entonces levanté uno a uno los velos. En la alameda, agitando los brazos.
Por la llanura, donde la denuncié al gallo. En la gran ciudad ella huía entre los campanarios y las cúpulas, y corriendo como un mendigo por los muelles de mármol, yo la perseguía.
En lo alto del camino, junto a un bosque de laureles, la rodeé con sus velos amontonados, y sentí un poco su inmenso cuerpo. El alba y el niño cayeron en el fondo del bosque.
Al despertar era mediodía.

Jean Arthur Rimbaud (Illuminations)

Para ir terminando este ensayo, con un sentido práctico, es mi intención inspirar al lector en la dirección de observar detenidamente, al menos durante unas semanas, el grado de disociación existente entre sus ritmos biológicos y sus ritmos sociales. Su bienestar psicológico, queda atrapado entre medio, y su alma espera pacientemente la alineación de todos estos aspectos para poder manifestarse con todo su esplendor. Cuando ello sucede, la luz retorna a su rostro, y su Fortaleza se incrementa, aún cuando sus problemas no estén resueltos.

Ritmos del comportamiento

- De acuerdo a mi experiencia, la manera en que se despliegan los comportamientos en las situaciones concretas de todos los días resultan favorables o desfavorables en relación a la fortaleza psicológica. 

- A los fines prácticos abordaré dos aspectos vinculados a los comportamientos. Dichos aspectos son: 

a. El “pasaje” entre una actividad y otra. 

1- Para facilitar la descripción de este tema recurriré a la metáfora del ciclo cotidiano: en el mismo, el día se hace noche y la noche se vuelve día. El pasaje entre ambos no ocurre de manera brusca, sino a través de dos momentos muy especiales: el alba y el ocaso. Al despuntar el alba, ya se vislumbra la luz del nuevo día que se inicia; sin embargo el sol aún no se hace visible. Al finalizar la jornada, cuando el astro rey ya se ha retirado del alcance de las miradas, aún permanece la luz por un período de tiempo al que denominamos ocaso. 

2- Quien ha dejado impresionar su alma por los naranjas y los violetas, por los amarillos y los rojizos tonos de dichos momentos; quien ha practicado alguna técnica de meditación durante los mismos; quien  parte hacia el día de trabajo en horas de la mañana y por un leve momento se conecta con el particular aire del alba; aquellos que al retornar a sus hogares tienen la posibilidad de observar unos instantes la especial luz del ocaso, pueden comprender, intuitiva y profundamente, la importancia de estos espacios de “pasaje”. 

3- Del mismo modo, desde mi perspectiva, cuando a cualquier actividad humana, por “terrenal” que fuera, puede concedérsele un “alba” antes de iniciarla, y un “ocaso” luego de realizarla, dicha actividad se despliega en el mundo con un brillo completamente diferente. 

4- El deportista experimentado, conoce de la importancia de “entrar en calor” y “conectarse” previamente con el evento que está a punto de acontecer. Igual importancia radica en el período de elongación y relajación luego del cotejo. Dicho encuentro (incluso las experiencias post encuentro) se vive de manera diferente si se incluye el alba y el ocaso como parte de la actividad. 

5- De igual modo, el cocinero que quiere agasajar especialmente a sus comensales, conoce perfectamente la importancia del “ritual” de preparar la mesa, así como de la existencia de una entrada previo al plato principal. Luego, se despliega el postre y el “cafecito” de cierre del encuentro. 

6- En sus reuniones de negocios, los negociadores  experimentados, manifiestan la importancia de generar un contexto adecuado previo al “acuerdo” en sí mismo, así como la necesidad de realizar un “buen cierre” luego del mismo. Dichos momentos suelen incluir distinto tipo de conversaciones como ser preguntar por las respectivas familias, compartir una bebida, comentar un reciente evento deportivo, por citar unos ejemplos. Luego de avanzar en el próximo paso de la negociación, suele concluir mediante algún tipo de ocaso que involucra comentarios informales, algún relato humorístico. 

7- La consulta con el profesional médico, con el facultativo legal o con el vendedor en el “viejo mercado del barrio”, incluyen albas y ocasos. En una conversación telefónica también ocurren. 

8- El proceso de ir a dormir por la noche, suele incluir un período de “despedida” del día y anuncio del sueño, el cual puede consistir en diferentes clases de actividades que sirven como “pasaje”. Es frecuente que las personas realicen sus oraciones en este momento, o dediquen algunos momentos a la lectura o a la televisión. 

9- Un fenómeno similar puede observarse en el proceso del despertar: el lavado matutino, el preparado del desayuno, la ducha “rápida”, suelen  anunciar la nueva jornada. 

10-  También es posible observar albas y ocasos en los eventos sociales como ser una fiesta de cumpleaños, un casamiento o un bautismo. 

11- Especial mención merecen las relaciones sexuales, dada la gran importancia que revisten en las vidas de las personas. En el acto sexual la relación humana alcanza una intensidad de tal magnitud e intimidad, que la presencia o ausencia de alba y ocaso suelen influir de manera considerable en la calidad de las mismas casi con la misma proporción (incluso a veces con mayor proporción) que el acto en si mismo. Si bien el deseo sexual, como impulso biológico, es un importante motivador de dicho encuentro, las relaciones sexuales, en el ámbito del ser humano se han convertido más en un acto comunicacional que en un acto biológico. El compartir sentimientos, emociones, las danzas de poder, los juegos de seducción, el éxtasis orgásmico, la sensación de sentirse protegido, de experimentar ternura a la vez que pasión, en fin toda la riqueza del mundo mental, emocional y espiritual, pueden confluir de un  modo extraordinario en la medida que la relación se profundiza entre los protagonistas de dicho encuentro. Y, de acuerdo a mi experiencia, el encuentro ocurre de un modo muy diferente cuando el alba y el ocaso se hacen presentes. 

12- Ahora bien, estos momentos de “pasaje” (alba y ocaso) entre una actividad y otra, de acuerdo a mi experiencia, se han ido reduciendo en las interacciones humanas de los tiempos actuales por “falta de tiempo”. Resulta evidente, que disponer de albas y ocasos para gran parte de nuestras conductas requiere la inversión de una gran cantidad de tiempo diario. Y, debido a que a simple vista, y desde la perspectiva de la operatividad práctica pareciera un tiempo “inútil” simplemente se fue “perdiendo en el camino”. 

13- El ritmo de vida en ciertas subculturas exige “ir directamente al grano”. Ello, que mediante una observación superficial genera un aumento en la eficiencia en relación a los resultados buscados y la administración del tiempo, ha deteriorado de manera importante nuestra calidad de vida como seres humanos.

14- De este modo, las personas realizamos mayor cantidad de actividades cada día, pero de una  calidad inferior. Ejemplos: ingerimos alimentos sin dejar tiempo al sistema digestivo para prepararse a recibir los alimentos, y luego no dejamos tiempo para que se produzca la digestión.

Realizamos actividad física sin permitir que nuestros músculos entren en calor antes de realizar dicha actividad física, ni permitimos la elongación de recuperación al finalizar el mismo. 

15- No destinamos un alba y un ocaso cuando otras personas solicitan de nuestra ayuda, así como cuando nosotros solicitamos ayuda “para no perder tiempo”. De este modo, en muchos casos, hemos entrelazado una gran cantidad de actividades diarias de una manera tan ajustada entre una y otra de modo tal que se vuelve inevitable eliminar los tiempos de alba y ocaso. 

16- Llegados a este punto, se invita al lector a revisar su propia experiencia. En esta dirección puede realizar un ejercicio de auto observación en el cual registre durante una o dos semanas cómo se despliega el “pasaje” entre una actividad y otra en ciertos momentos  de mayor trascendencia de la vida cotidiana.  

17- También puede observarlo en otras personas y registrar el efecto que en ellas se produce. A su vez puede preguntar a sus allegados en relación a este tema. 

18- En mi experiencia como terapeuta e instructor en manejo de estrés he observado cuatro momentos muy importantes en la vida cotidiana que influyen de manera significativa en que la persona se sienta un ser humano en lugar de un “autómata”. Ellos son: 

  • El despertar
  • La llegada al trabajo
  • El retorno al hogar
  • El “irse a dormir”
19- Por tal motivo, considero que puede resultar valioso para el lector investigar alguno de dichos momentos en su vida  con el objeto de explorar la existencia de períodos de pasaje en los mismos.

20- Para concluir, a modo de resumen y con un sentido práctico diré lo siguiente: desde mi perspectiva, los seres humanos necesitamos  momentos de “pasaje” para que nuestras vidas se desenvuelvan como humanos. No somos artefactos eléctricos que se “encienden” y “apagan”  con una simple perilla interruptora. Por tal motivo, considero que bien vale la pena el esfuerzo de investigar y luego realizar todas las modificaciones pertinentes para incluir albas y ocasos en algunos momentos del día de nuestras vidas. 

Carioca en el Marina Palace, Veronica Garcíab. La velocidad del comportamiento 

1- He observado en mi práctica laboral que las personas que hablan rápido suelen generar tensión en sus interlocutores. Quienes caminan rápido suelen contraer un número de músculos mayor al requerido para caminar (suelen contraer los músculos de los hombros, cuello, brazos y espalda).
Aquellas que escriben rápido o que hablan por teléfono a gran velocidad, al igual que quienes caminan rápido, suelen contraer gran cantidad de músculos mientras realizan dicha actividad. 

2-Basado en dichas observaciones, a lo largo de varios años como terapeuta, he solicitado a numerosos pacientes que prestaran atención a sus músculos en forma especial en el momento en que ejecutaran dichas acciones. Todos ellos han observado fenómenos similares, aunque con diferentes grados de intensidad, que van desde leves tensiones hasta contracturas que generan dolor. Además han ampliado con sus observaciones las mías propias: numerosas personas han referido conducir su vehículo de igual modo en el momento de hacerlo a alta velocidad; algunos incluso cuando realizan zapping “compulsivamente” mientras miran algún programa de su interés.

3- La pregunta que surge de dichas observaciones es la siguiente ¿se correlaciona la velocidad en la ejecución de ciertas actividades cotidianas con la contracción exagerada de los músculos del tronco (espalda, cuello hombros, incluso el rostro) de tal modo que genere un cierto malestar tensional? o, por el contrario, ¿es el malestar tensional quien genera un aumento en la velocidad en la ejecución de dichas actividades? 

4- Lo interesante de dicha pregunta consiste en la utilidad práctica que pueda acarrear a quien la conteste en su propia vida. De acuerdo a la experiencia aportada por las personas que yo he asistido, una vez generado el hábito de actuar a alta velocidad resulta muy dificultoso comenzar a hacerlo en forma lenta, más allá del estado tensional inicial. Lo interesante, es que cuando dichas personas comienzan a entrenarse para actuar con mayor lentitud, entonces su estado emocional se vuelve más calmo, así como la percepción subjetiva del grado de tensión muscular.  

5-  Por este motivo se invita al lector interesado a prestar atención a su espalda, a su cuello, a sus hombros a su rostro, mientras camina, mientras conversa en una reunión o habla por teléfono, cuando escribe a mano o en el ordenador, conduce el automóvil o incluso mientras  prepara una comida o realiza zapping a alta velocidad. 

6- Si  encuentra que existe una correlación directa entre grado de tensión muscular y velocidad de acción, entonces, simplemente realizando unas pocas respiraciones profundas y “bajando” la velocidad en la ejecución de sus movimientos seguramente notará cambios que proporcionarán cierto bienestar durante unos fugaces momentos.

Un entrenamiento adecuado logrará que estos momentos se conviertan en un estado más duradero, de mayor distensión, plenitud y paz interior.

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