CONTROL
DE SITUACIONES QUE ESTRESAN *
(“EL
ALBA Y EL OCASO”)
*
Dr. Daniel Sidelski
Nota
del Dr. Sapetti: me pareció oportuno subtitular “El
alba y el ocaso” a la última parte del artículo de
mi amigo y colega, y para tal fin nada mejor que este poema
de Rimbaud, el genial poeta francés.
"EL ALBA"
He abrazado el alba de estío.
Nada se movía aún en la fachada de los palacios.
El agua estaba muerta.
Los campos de sombras no abandonaban el camino del
bosque.
Avancé, despertando los hálitos vivos y tibios, y
las pedrerías miraron,
y las alas se alzaron sin ruido.
La primera aventura fue, en el sendero ya repleto de frescos
y pálidos destellos, una flor que me dijo su nombre.
...................
Entonces levanté uno a uno
los velos. En la alameda, agitando los brazos.
Por la llanura, donde la denuncié al gallo. En la
gran ciudad ella huía entre los campanarios y las cúpulas,
y corriendo como un mendigo por los muelles de mármol, yo
la perseguía.
En lo alto del camino, junto a un bosque de laureles,
la rodeé con sus velos amontonados, y sentí un poco su inmenso
cuerpo. El alba y el niño cayeron en el fondo del bosque.
Al despertar era mediodía.
Jean
Arthur Rimbaud (Illuminations)
Para ir terminando
este ensayo, con un sentido práctico, es mi intención inspirar
al lector en la dirección de observar detenidamente, al
menos durante unas semanas, el grado de disociación existente
entre sus ritmos biológicos y sus ritmos sociales. Su bienestar
psicológico, queda atrapado entre medio, y su alma espera
pacientemente la alineación de todos estos aspectos para
poder manifestarse con todo su esplendor. Cuando ello sucede,
la luz retorna a su rostro, y su Fortaleza se incrementa,
aún cuando sus problemas no estén resueltos.
Ritmos
del comportamiento
- De acuerdo
a mi experiencia, la manera en que se despliegan los comportamientos
en las situaciones concretas de todos los días resultan
favorables o desfavorables en relación a la fortaleza psicológica.
- A los fines
prácticos abordaré dos aspectos vinculados a los comportamientos.
Dichos aspectos son:
a. El
“pasaje” entre una actividad y otra.
1- Para facilitar
la descripción de este tema recurriré a la metáfora del
ciclo cotidiano: en el mismo, el día se hace noche y la
noche se vuelve día. El pasaje entre ambos no ocurre de
manera brusca, sino a través de dos momentos muy especiales:
el alba y el ocaso. Al despuntar el alba, ya se vislumbra
la luz del nuevo día que se inicia; sin embargo el sol aún
no se hace visible. Al finalizar la jornada, cuando el astro
rey ya se ha retirado del alcance de las miradas, aún permanece
la luz por un período de tiempo al que denominamos ocaso.
2- Quien
ha dejado impresionar su alma por los naranjas y los violetas,
por los amarillos y los rojizos tonos de dichos momentos;
quien ha practicado alguna técnica de meditación durante
los mismos; quien parte hacia el día de trabajo en horas
de la mañana y por un leve momento se conecta con el particular
aire del alba; aquellos que al retornar a sus hogares tienen
la posibilidad de observar unos instantes la especial luz
del ocaso, pueden comprender, intuitiva y profundamente,
la importancia de estos espacios de “pasaje”.
3- Del mismo
modo, desde mi perspectiva, cuando a cualquier actividad
humana, por “terrenal” que fuera, puede concedérsele
un “alba” antes de iniciarla, y un “ocaso”
luego de realizarla, dicha actividad se despliega en el
mundo con un brillo completamente diferente.
4- El deportista
experimentado, conoce de la importancia de “entrar
en calor” y “conectarse” previamente con
el evento que está a punto de acontecer. Igual importancia
radica en el período de elongación y relajación luego del
cotejo. Dicho encuentro (incluso las experiencias post encuentro)
se vive de manera diferente si se incluye el alba y el ocaso
como parte de la actividad.
5- De igual
modo, el cocinero que quiere agasajar especialmente a sus
comensales, conoce perfectamente la importancia del “ritual”
de preparar la mesa, así como de la existencia de una entrada
previo al plato principal. Luego, se despliega el postre
y el “cafecito” de cierre del encuentro.
6- En sus
reuniones de negocios, los negociadores experimentados,
manifiestan la importancia de generar un contexto adecuado
previo al “acuerdo” en sí mismo, así como la
necesidad de realizar un “buen cierre” luego
del mismo. Dichos momentos suelen incluir distinto tipo
de conversaciones como ser preguntar por las respectivas
familias, compartir una bebida, comentar un reciente evento
deportivo, por citar unos ejemplos. Luego de avanzar en
el próximo paso de la negociación, suele concluir mediante
algún tipo de ocaso que involucra comentarios informales,
algún relato humorístico.
7- La consulta
con el profesional médico, con el facultativo legal o con
el vendedor en el “viejo mercado del barrio”,
incluyen albas y ocasos. En una conversación telefónica
también ocurren.
8- El proceso
de ir a dormir por la noche, suele incluir un período de
“despedida” del día y anuncio del sueño, el
cual puede consistir en diferentes clases de actividades
que sirven como “pasaje”. Es frecuente que las
personas realicen sus oraciones en este momento, o dediquen
algunos momentos a la lectura o a la televisión.
9- Un fenómeno
similar puede observarse en el proceso del despertar: el
lavado matutino, el preparado del desayuno, la ducha “rápida”,
suelen anunciar la nueva jornada.
10- También
es posible observar albas y ocasos en los eventos sociales
como ser una fiesta de cumpleaños, un casamiento o un bautismo.
11- Especial
mención merecen las relaciones sexuales, dada la gran importancia
que revisten en las vidas de las personas. En el acto sexual
la relación humana alcanza una intensidad de tal magnitud
e intimidad, que la presencia o ausencia de alba y ocaso
suelen influir de manera considerable en la calidad de las
mismas casi con la misma proporción (incluso a veces con
mayor proporción) que el acto en si mismo. Si bien el deseo
sexual, como impulso biológico, es un importante motivador
de dicho encuentro, las relaciones sexuales, en el ámbito
del ser humano se han convertido más en un acto comunicacional
que en un acto biológico. El compartir sentimientos, emociones,
las danzas de poder, los juegos de seducción, el éxtasis
orgásmico, la sensación de sentirse protegido, de experimentar
ternura a la vez que pasión, en fin toda la riqueza del
mundo mental, emocional y espiritual, pueden confluir de
un modo extraordinario en la medida que la relación se
profundiza entre los protagonistas de dicho encuentro. Y,
de acuerdo a mi experiencia, el encuentro ocurre de un modo
muy diferente cuando el alba y el ocaso se hacen presentes.
12- Ahora
bien, estos momentos de “pasaje” (alba y ocaso)
entre una actividad y otra, de acuerdo a mi experiencia,
se han ido reduciendo en las interacciones humanas de los
tiempos actuales por “falta de tiempo”. Resulta
evidente, que disponer de albas y ocasos para gran parte
de nuestras conductas requiere la inversión de una gran
cantidad de tiempo diario. Y, debido a que a simple vista,
y desde la perspectiva de la operatividad práctica pareciera
un tiempo “inútil” simplemente se fue “perdiendo
en el camino”.
13- El ritmo
de vida en ciertas subculturas exige “ir directamente
al grano”. Ello, que mediante una observación superficial
genera un aumento en la eficiencia en relación a los resultados
buscados y la administración del tiempo, ha deteriorado
de manera importante nuestra calidad de vida como seres
humanos.
14- De este
modo, las personas realizamos mayor cantidad de actividades
cada día, pero de una calidad inferior. Ejemplos: ingerimos
alimentos sin dejar tiempo al sistema digestivo para prepararse
a recibir los alimentos, y luego no dejamos tiempo para
que se produzca la digestión.
Realizamos
actividad física sin permitir que nuestros músculos entren
en calor antes de realizar dicha actividad física, ni permitimos
la elongación de recuperación al finalizar el mismo.
15- No destinamos
un alba y un ocaso cuando otras personas solicitan de nuestra
ayuda, así como cuando nosotros solicitamos ayuda “para
no perder tiempo”. De este modo, en muchos casos,
hemos entrelazado una gran cantidad de actividades diarias
de una manera tan ajustada entre una y otra de modo tal
que se vuelve inevitable eliminar los tiempos de alba y
ocaso.
16- Llegados
a este punto, se invita al lector a revisar su propia experiencia.
En esta dirección puede realizar un ejercicio de auto observación
en el cual registre durante una o dos semanas cómo se despliega
el “pasaje” entre una actividad y otra en ciertos
momentos de mayor trascendencia de la vida cotidiana.
17- También
puede observarlo en otras personas y registrar el efecto
que en ellas se produce. A su vez puede preguntar a sus
allegados en relación a este tema.
18- En mi
experiencia como terapeuta e instructor en manejo de estrés
he observado cuatro momentos muy importantes en la vida
cotidiana que influyen de manera significativa en que la
persona se sienta un ser humano en lugar de un “autómata”.
Ellos son:
19- Por
tal motivo, considero que puede resultar valioso para el lector
investigar alguno de dichos momentos en su vida con el objeto
de explorar la existencia de períodos de pasaje en los mismos.
20- Para concluir, a modo de resumen y con
un sentido práctico diré lo siguiente: desde mi perspectiva,
los seres humanos necesitamos momentos de “pasaje”
para que nuestras vidas se desenvuelvan como humanos. No somos
artefactos eléctricos que se “encienden” y “apagan”
con una simple perilla interruptora. Por tal motivo, considero
que bien vale la pena el esfuerzo de investigar y luego realizar
todas las modificaciones pertinentes para incluir albas y
ocasos en algunos momentos del día de nuestras vidas.
1- He observado en mi práctica laboral que
las personas que hablan rápido suelen generar tensión en sus
interlocutores. Quienes caminan rápido suelen contraer un
número de músculos mayor al requerido para caminar (suelen
contraer los músculos de los hombros, cuello, brazos y espalda).
Aquellas que escriben rápido o que hablan por teléfono a gran
velocidad, al igual que quienes caminan rápido, suelen contraer
gran cantidad de músculos mientras realizan dicha actividad.
2-Basado en dichas observaciones, a lo largo
de varios años como terapeuta, he solicitado a numerosos pacientes
que prestaran atención a sus músculos en forma especial en
el momento en que ejecutaran dichas acciones. Todos ellos
han observado fenómenos similares, aunque con diferentes grados
de intensidad, que van desde leves tensiones hasta contracturas
que generan dolor. Además han ampliado con sus observaciones
las mías propias: numerosas personas han referido conducir
su vehículo de igual modo en el momento de hacerlo a alta
velocidad; algunos incluso cuando realizan zapping
"compulsivamente" mientras miran algún programa de su interés.
3- La pregunta que surge de dichas observaciones
es la siguiente ¿se correlaciona la velocidad en la ejecución
de ciertas actividades cotidianas con la contracción exagerada
de los músculos del tronco (espalda, cuello hombros, incluso
el rostro) de tal modo que genere un cierto malestar tensional?
o, por el contrario, ¿es el malestar tensional quien genera
un aumento en la velocidad en la ejecución de dichas actividades?
4- Lo interesante de dicha pregunta consiste
en la utilidad práctica que pueda acarrear a quien la conteste
en su propia vida. De acuerdo a la experiencia aportada por
las personas que yo he asistido, una vez generado el hábito
de actuar a alta velocidad resulta muy dificultoso comenzar
a hacerlo en forma lenta, más allá del estado tensional inicial.
Lo interesante, es que cuando dichas personas comienzan a
entrenarse para actuar con mayor lentitud, entonces su estado
emocional se vuelve más calmo, así como la percepción subjetiva
del grado de tensión muscular.
5- Por este motivo se invita al lector interesado
a prestar atención a su espalda, a su cuello, a sus hombros
a su rostro, mientras camina, mientras conversa en una reunión
o habla por teléfono, cuando escribe a mano o en el ordenador,
conduce el automóvil o incluso mientras prepara una comida
o realiza zapping a alta velocidad.
6- Si encuentra que existe una correlación
directa entre grado de tensión muscular y velocidad de acción,
entonces, simplemente realizando unas pocas respiraciones
profundas y “bajando” la velocidad en la ejecución
de sus movimientos seguramente notará cambios que proporcionarán
cierto bienestar durante unos fugaces momentos.