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La palabra Psiquiatría deriva del griego PSYCHE, que significa
tanto mente como mariposa, y del vocablo IATROS= médico.
En un comienzo, desde la época de los egipcios, se creía
que las locuras eran producto de la influencia de los dioses y de
ciertas compresiones de astillas y piedras en el cráneo,
por lo que se practicaban trepanaciones hechas por médicos
que eran predecesores de los neurocirujanos actuales. Esta teoría,
aún en siglos posteriores, llevó a buscar "la
piedra de la locura" en el cerebro de los enfermos, como bien
lo ilustran algunas pinturas de la época como una magnífica
obra del pintor Hyeronimus Bosch, donde en realidad lo que extraen
es un tulipán del cráneo de un orate.
La extracción de la piedra de la locura
(detalle, 1475-1480), H. Bosch
Dos cuadros con la misma temática –la extracción
de la piedra de la locura- reflejan este dislate: uno de Brueghel
y otro de Jan Steen, en los cuales no se sabe quiénes están
más desorbitados, si los internados o sus supuestos curadores.
Jan Steen, 1670
P. Brueghel, 1550
Fueron varias las teorías a las que se echaron mano para
explicar la génesis de las enfermedades mentales: una de
ellas afirmaba que las fases de la Luna producían las crisis
de los alienados, de allí su denominación de "lunáticos".
Pero la más arraigada de las creencias, avalada por el famoso
médico griego Hipócrates, era el de un desequilibrio
en los fluidos corporales para lo cual aconsejaba dietas e higiene.
Hipócrates y luego –en el siglo II- Galeno describieron
4 tipos de personalidades:
1) bilis negra, que congeniaba con la melancolía,
2) bilis amarilla, que lo hacía con personas irascibles
y coléricas,
3) flema, eran los llamados individuos flemáticos con rasgos
encalmados, casi abúlicos y apáticos
4) con mucha sangre (sanguíneos), correspondientes a personas
ardientes. De acuerdo con esta teoría se aplicaban sangrías,
con sanguijuelas o con punturas, y se daban vomitivos y baños
con agua fría.
No faltó quien asociara al demonio con las enfermedades
mentales y muchas mujeres fueron a parar a la hoguera por ser acusadas
de brujería: grabados y crónicas de la época
nos muestran que llegaron a torturarlas para probar su pacto con
el diablo y, a veces, las pesaban en balanzas para ver si eran suficientemente
livianas y poder cabalgar por los cielos en una escoba.
Pobres esquizofrénicas fueron quemadas vivas, aunque en
muchos casos las familias se arreglaban con los verdugos para que
les suministraran un veneno y así evitar una lenta y atroz
agonía en la pira.

Casa de locos, Francisco de Goya (1812-1819)
Otros varones y mujeres más “afortunados”, terminaban
sus días en ruinosas cárceles. Al punto que recién
en el siglo XVIII aparece en Londres el primer asilo para alienados:
el Bethlehem. Allí, si bien siguieron las condiciones misérrimas,
hubo adelantos.
En el siglo XIX con Emile Krepelin, Charcot y Freud, entre otros,
se avanza en el estudio y tratamiento de las enfermedades psiquiátricas
y en 1933 comienzan las llamadas terapias de choque: ya sea con
el coma insulínico o con el Electroshock que fue ensayado
por dos italianos (Cerletti y Bini) quienes sostenían que
la epilepsia protegía de las psicosis y provocaban convulsiones
por el paso de corriente eléctrica a través de la
sien de los esquizofrénicos, sin anestesia en ese entonces,
lo que lo convertía en algo temible, traumático e
incluso lesivo para los pacientes.
Es en 1950 cuando Delay y Denniker descubren las propiedades antipsicóticas
de una sustancia anestésica (Clorpromazina) y esto trajo
un avance notable en el tratamiento de los psicóticos. Luego,
un laboratorio belga sintetizó una nueva droga: el Haloperidol,
que fue aún más incisiva y eficaz disminuyendo la
necesidad de las internaciones, como también ven a la luz
la Trifluorperazina y la Tioridazina.
Con el concepto actual de la neurotransmisión química
se sabe que las neuronas interconectan a través de mediadores
llamados neurotransmisores (dopamina, serotonina, etc.) y se llegó
a lograr una medicación, la Clozapina y posteriormente Risperidone,
que logra una mejora rápida y notable de los síntomas
esquizofrénicos y de otros cuadros como los bipolares, las
demencias y el llamado mal de Alzheimer. También salen al
mercado la Olanzapina, Ziprazidone, Aripiprazol, Quetiapina y Paliperidona,
que nos evitan muchos de los efectos secundarios de los otros psicofármacos
logrando una mejor aceptación por parte del enfermo y una
mayor resocialización, espaciando o impidiendo los llamados
brotes y las subsiguientes reinternaciones.
Así se ha abierto un campo promisorio, fecundo y eficaz
tanto para los pacientes como para los psiquiatras en la lucha conjunta
contra las enfermedades mentales.
Dr. Adrián Sapetti, médico psiquiatra
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