Una serie de
propuestas basadas en el modelo de Ken Wilber
* Dr. Daniel Sidelski - Universidad
de Flores
Av. El Cano 3092, piso 9 “D”,
BS. AS.
RESUMEN:
Basado en el modelo integral de Ken Wilber, se presenta
la hipótesis de que, para cada nivel de conciencia, existen
–en las terapias- formatos vinculares que son más
efectivos que otros. En el artículo se describirán mediante
las siguientes metáforas: 1- en el nivel de psicosis el
sistema que ayuda adoptará el rol de médico tradicional,
2- en el border/narcisista hará de terapeuta madre,
3- en el de las psiconeurosis de terapeuta padre,
4- en el de patologías de guión adoptará el rol de experto,
5- en el de la neurosis de identidad el de co-filósofo,
6- en el de la patología existencial el de compañero
de evolución con experiencia.
Introducción
“El sufrimiento
constituye un recordatorio constante de la condición humana,
pero también es una de las formas más elementales de establecer
contacto con los demás porque, de uno u otro modo, todos
sufrimos. No convendría, pues, olvidar que el sufrimiento
no es algo exclusivamente ‘negativo’, sino que también es
un vínculo que nos conecta con todos los humanos...”
Ken Wilber
El presente artículo se ha inspirado
en el ya famoso estudio de Lambert (Feixas y Miró, 1993)
respecto de la contribución relativa de los factores
que influyen en el resultado de la psicoterapia. A partir
de tomar contacto con el mismo, en mis últimos años de
práctica profesional me he enfocado en observar el vínculo
terapeuta- paciente y lo he hallado tanto vehículo para
las intervenciones como un medio de cambio en sí mismo.
A partir de mis observaciones he llegado a ciertos supuestos
que deseo compartir con los lectores con la ilusión de despertar
tanto la motivación de chequearlos en sus propias prácticas,
como de inspirar alguna clase de investigación metodológicamente
consistente.
Con el fin de organizar mis
observaciones me he valido del modelo teórico que Ken Wilber
propone en Psicología integral (Wilber, 1994), Proyecto
Atman (Wilber, 1996) y Una visión integral de la
psicología (Wilber, 2000), en su propuesta metodológica
de Los tres ojos del conocimento (Wilber, 1991),
así como en los principios filosóficos y epistemológicos
señalados en Sexo, ecología y espiritualidad (Wilber,
1997), y El ojo del espíritu (Wilber, 1998).
De acuerdo a Wilber, “cualquier
psicología que aspire a ser realmente integral deberá integrar
las formas permanentes de comprender que nos ha proporcionado
la premodernidad, la modernidad y la posmodernidad.”
(Wilber, 2000)
La llamada filosofía perenne
constituye el acceso más fácil, de acuerdo a Wilber, a las
fuentes premodernas o tradicionales. La esencia de
dicha filosofía se asienta en la idea de que la realidad
esta compuesta por diversos niveles de existencia –
niveles o “nidos” de ser y conocimiento- que
abarcan desde la materia hasta el cuerpo, la mente, el alma
y el espíritu.
La modernidad proporcionó,
de acuerdo a Wilber, la diferenciación entre los conocimientos
artísticos, científicos y morales. Lo que denomina EL gran
tres: la verdad subjetiva, la verdad objetiva y la verdad
intersubjetiva; el lenguaje del Yo, del ello y del nosotros;
la belleza, la verdad y la bondad. Se basará en este Gran
Tres para desarrollar su modelo de los 4 cuadrantes: interior
individual (mundo intencional), exterior individual (mundo
comportamental), exterior colectivo (mundo social), interior
colectivo (mundo cultural).
Finalmente la posmodernidad,
aportó los siguientes tres creencias fundamentales (Wilber,
2000): 1-La realidad no es algo que nos venga dado de antemano,
sino que constituye, en modos muy significativos, una interpretación,
una construcción (constructivismo). 2- El significado depende
del contexto y los contextos son interminables (contextualismo).
3-La cognición, en consecuencia, no privilegia ninguna visión
en particular (aperspectivismo)
Empleando estos tres grupos
de “verdades” Wilber ha generado lo que denomina
Generalizaciones Orientadoras, donde busca 1- integrar la
verdad parcial de cada una de las perspectivas, -(desde
un multiperspectivismo hacia un transperspectivismo) 2-
desarrolla la falacia pre/trans (contextualiza los signos
y síntomas generando un transcontexto), 3- apela a las ciencias
dialóguicas y translóguicas (la realidad es una interpretación,
una construcción, que requiere un diálogo sujetos-objetos).
A continuación presentaré una
de las generalizaciones orientadoras propuestas por Ken
Wilber a lo largo de su obra: los niveles de la conciencia.
Entenderemos por nivel de conciencia a los
diferentes estructuras del “Gran Nido el Ser”
donde el Yo puede asentar su centro de gravedad en forma temporaria
y desde el cual experimenta su existencia de un modo característico.
Ello quiere decir que el YO, para poder manifestar su vida,
se “instala” transitoriamente en un nivel específico
del SER, desde donde comanda todo accionar. De este modo,
desde cada nivel, encuentra una perspectiva del mundo y desarrolla
un modo de plasmar su “programa de vida”. En
cada paso de ese viaje, se pueden manifestar versiones a las
que llamaremos saludables y otras a las que llamaremos patológicas.
Siguiendo esta idea, cada nivel
contiene una “legalidad” específica, una forma
de organización energética, una dinámica, un modo de cristalización
manifiesta, algo así como una arquitectura que delimita lo
probable y genera lo posible para la manifestación concreta
de ese ser-en-el-mundo. Y a su vez, cada nivel proporciona
un modo característico de sensación de identidad que va emergiendo
a “la Piaget.”
1. Yo físico (sensoriomotor,
0-2 años)
Al principio el niño está fundido
con el mundo material. Poco a poco el niño va diferenciando
las sensaciones físicas de su cuerpo y las del entorno que
le rodea. Por ejemplo: al morder la sábana, no siente nada,
pero al morder su pulgar siente dolor. De este modo la conciencia
va delimitando como yo lo que “siente” y no yo
aquello que no siente. La visión del mundo es fundamentalmente
sensoriomotora. Cuando ocurren “problemas” severos
en este nivel se originan versiones de ser humano que manifestarán
una dinámica que llamaremos psicótica.
2. Yo emocional (sensaciones,
emociones, inicio del preoperacional, 2-4 años)
El niño está fundido con el mundo
de los impulsos y de las emociones primitivas. No es capaz
de distinguir entre sus emociones y las de su madre. Progresivamente
comenzará a diferenciar sus emociones del entorno emocional.
Se producirá entonces el nacimiento psicológico del niño.
En este estadio los símbolos y las imágenes no se diferencian
de los objetos que representan. Es un mundo dominado por el
desplazamiento y la condensación mágica. La visión del mundo
es emocional-sexual y mágica. Cuando ocurren “problemas”
en este nivel se darán versiones del ser que generan dinámicas
que llamamos Borderline y narcisistas.
3. Yo conceptual (preoperacional-mente
representacional, 4-7 años)
Las imágenes se parecen al objeto
que representan, los símbolos representan al objeto pero no
se parecen y los conceptos representan a un conjunto de objetos.
Aparece el mundo lingüístico. Comienza a aparecer y a diferenciarse
el si mismo mental del niño, un proceso favorecido por la
adquisición del lenguaje. El yo ya no es un manojo de sensaciones,
impulsos y emociones sino un conjunto de símbolos y de conceptos.
El niño comienza a controlar mentalmente su conducta.
Aprende que ciertas emociones y conductas (especialmente los
sexuales y agresivos) son inaceptables para quienes le rodean
y debe intentar suprimirlos. La visión del mundo es mágico-mítica.
Como el proceso de socialización, al menos en nuestra cultura,
implica la no expresión de ciertos deseos, emociones, impulsos,
el control excesivo se torna inevitable, dando origen a versiones
del ser que generan dinámicas que llamamos psiconeurosis
o trastornos del carácter.
4. Yo rol (operacional concreto-mente
regla/rol, 7-13 años)
El niño es capaz de aprender
reglas mentales y de asumir roles mentales y tiene la capacidad
de asumir el papel de los demás. Lo importante de este estadio
no es tanto cómo se relacione con sus impulsos sino cómo lo
haga con sus roles, con su grupo, con sus compañeros, con
su región, su país o su gente. En este estadio la identidad
se construye en torno a roles y “guiones”. Soy
un “buen hijo”, un “buen alumno” un
“buen hermano”. Él es mi padre, ella es mi maestra,
etc. La visión del mundo todavía es mitológica, la atención
y el respeto se expanden hasta incluir a quienes participan
de la misma mitología, la misma ideología, la misma raza,
el mismo credo, la misma cultura... pero no más allá. Si usted
comparte mi mito será mi hermano o mi hermana, pero en caso
contrario es mi enemigo o en el mejor de los casos un extraño.
Cuando ocurren “problemas” en este nivel se darán
versiones del ser que generan dinámicas que llamamos “neurosis
de guión”.
5. El yo mente (operacional
formal, 12-17 años)
En el estadio anterior el niño
podía pensar sobre el mundo (concreto), en éste puede pensar
sobre el pensamiento (reflexión). De esta forma la persona
puede comenzar a imaginar posibles mundos diferentes. Por
primera vez puede comprender "qué ocurriría en el caso
de que...". Aparece la posibilidad del mundo ideal y
del soñador. La visión del mundo es racional y global. Todos
los individuos son merecedores de la misma consideración sin
importar raza, credo o sexo. El yo ahora se autodefine por
sus ideas, por sus valores, por su forma de ver el mundo Cuando
ocurren “problemas” en este nivel se darán versiones
del ser que generan dinámicas que llamamos “neurosis de
identidad”.
6. El centauro (visión-lógica,
más de 17 años)
La estructura básica de conciencia
de este estadio es la visión-lógica (pensamiento sistémico,
pensamiento integral y pensamiento holográfico), una estructura
global e integradora. La persona por primera vez empieza a
sentir que no tiene una mano sino que es su mano. Es sus ideas
y sus valores, tanto como sus piernas, sus ojos y sus intestinos.
De este modo, la persona comienza a identificarse como Ser
Humano. Ya no es una mente que trata a su cuerpo como a un
sirviente. Al identificarse como mente-cuerpo, surge un conflicto
inevitable: el de la muerte, el envejecimiento y la decadencia.
El eje de este nivel es el existencial, pero no solo
como idea sino como experiencia global. El tema del ser autentico
se vuelve central, así como el de expresar todo el potencial.
Cuando ocurren “problemas” en este nivel se darán
versiones del ser que generan dinámicas que llamamos “neurosis
existencial”.
7. Yo Psíquico
El nivel psíquico es un estadio
de transición entre la realidad ordinaria (sensoriomotora,
racional y existencial) y los dominios transpersonales. En
este estadio una persona puede disolver provisionalmente la
sensación de identidad separada (ego o centauro) y experimentar
el misticismo natural, la identificación con el mundo ordinario.
El individuo descubre que no forma parte de la naturaleza
sino que la naturaleza forma parte de él y entonces comienza
a tratar a la naturaleza del mismo modo que trata a sus propios
órganos. Ante las primeras experiencias místicas naturales
(experiencias cumbres que lo llevan momentáneamente a este
nivel) el individuo en cuestión comienza a experimentar de
manera directa (no a pensar acerca de ello) de que esta unido
a todo el mundo. Cuando ocurren problemas en este nivel, los
maestros guías hacia el estado de iluminación requieren diferenciar
una autentica experiencia mística natural o unión con el mundo
de una despersonalización, des-realización o falsa experiencia
8. Yo Sutil
El nivel sutil hace referencia
a aquellos procesos que son más sutiles que la conciencia
de la vigilia ordinaria, las iluminaciones y los sonidos interiores.
Este es el misticismo teísta, porque implica nuestra propia
forma arquetípica, la comunión con Dios. En este nivel el
yo bioenergía debe dar paso al yo arquetipo. Ello implica
que ante la pregunta quien eres, la conciencia responde: soy
amor, o soy luz, o soy todos los seres sensibles. Cuando ocurren
problemas en este nivel, los maestros guías hacia el estado
de iluminación requieren diferenciar una autentica experiencia
mística teísta o unión con el arquetipo de una alucinación
o falsa experiencia.
9. Yo Causal (absoluto)
El nivel causal es un estadio
de absorción, de cesación sin manifestación. Este estado suele
equipararse al estadio de sueño profundo sin sueños, sin embargo
este estado no es mero vacío, por el contrario se experimenta
como la plenitud más completa, una plenitud que ninguna manifestación
puede llegar a contener. La conciencia se concibe a sí misma
como “vacío”, Tao, Dios, plenitud, etc. Como se
ha alejado por completo de la mente, no puede ser explicada
en palabras ya que cualquier categoría genera su opuesta
en forma inmediata. Solo se puede proporcionar instrucciones
para llegar a la experiencia (instrucciones para señalar).
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integral para el desarrollo del vínculo terapéutico - parte II
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