Una serie de
propuestas basadas en el modelo de Ken Wilber
* Dr. Daniel Sidelski - Universidad
de Flores
Av. El Cano 3092, piso 9 “D”,
BS. AS.
1.
NIVEL DE LA DINÁMICA PSICÓTICA
En este nivel de problemática
el sistema consultante necesita de un Médico Tradicional,
de un experto omnisapiente y omnipotente que de indicaciones
precisas de que es lo que debe hacer cada uno, así como que
sea capaz de anticipar posibles inconvenientes.
La demanda suele ser ambigua:
el sistema consultante (que no suele ser el paciente) demanda
al profesional por un lado la identificación precisa de toda
la problemática familiar en el paciente identificado, por
lo que resistirán toda indicación que implique un cambio en
ellos mismos. Por otro lado suelen dar absoluta autoridad
al doctor respecto a las indicaciones que este da relacionada
al paciente.
Por lo tanto, más allá del modelo
teórico que emplea el profesional, y de las herramientas técnicas
que decida emplear, el vínculo que requiere construir es el
de un Dr. que sabe exactamente que hacer, que pueda dar indicaciones
claras pero, al mismo tiempo que no fuerce al sistema consultante
mas allá de sus posibilidades de cambio. En caso contrario,
se llevarán al paciente identificado hacia otro profesional.
2. NIVEL DE LA DINÁMICA BORDER-NARCISISTA
En este nivel, lo que se requiere
es un terapeuta madre. Esta metáfora alude a la necesidad
de construir un formato terapéutico que brinde al sistema
consultante la posibilidad de contar con una “desilusión
optima” en un clima de “aceptación incondicional”.
El sistema asistido requiere sentir que el terapeuta esta
presente todo el tiempo, (ya sea en su atención durante la
sesión o mediante las prescripciones durante la vida cotidiana.);
que ante cualquier emergencia esta rápidamente localizable,
y siempre dispuesto a brindar sostén. Sea cual sea el marco
teórico y las herramientas que este ofrece, será necesario
que el sistema consultante perciba esta presencia incondicional
del sistema que ayuda, más allá de su mejoría o recaída. De
este modo, se afianzará paso a paso su confianza en los procesos
de la vida, mas allá de que no logren “curarse”.
3. NIVEL DE LA DINÁMICA PSICONEUROSIS
- TRASTORNOS DEL CARÁCTER
En este nivel, el paciente requiere
de un terapeuta padre. Esta nueva metáfora alude a
la necesidad del paciente de encontrar una autoridad cariñosa
pero firme, tierna pero consistente, condicional pero alcanzable,
si bien distante contenedora, que pone limites para crecer
no para castigar. Sea cual sea el marco teórico y las herramientas
que este ofrece, el paciente se comporta como un niño o niña
que busca la aprobación y el reconocimiento de su padre. Estos
pacientes suelen mejorar (o resistirse) para sostener el vínculo
más que para transformarse de manera positiva hacia la salud.
Su principal objetivo consiste en “ser nuestros buenos
hijos”. Y nuestra tarea, desde la perspectiva vincular,
consiste en ayudarlos a madurar hacia el próximo nivel, empleando
la sintomatología como excusa para lograrlo.
4. NIVEL DE LA DINÁMICA DE NEUROSIS DE GUIÓN
En este nivel, el paciente requiere
de un experto. Esta nueva metáfora alude a la necesidad
del paciente de contar con un profesional confiable desde
el punto de vista técnico. La persona consultante se dirigirá
hacia el terapeuta como de alguien que es sabio en el arte
de vivir. Si bien ya no se vincula como un padre, sí lo hace
de modo idealizado en cuanto a nuestras habilidades para vivir
saludablemente. El paciente espera que tengamos las respuestas
justas a sus problemas. El terapeuta entonces, tiene la tarea
de asumir este rol y delimitarlo al ámbito de la salud psicológica
(aspectos cognitivos y emocionales por ejemplo) sin extenderlo
a problemas filosóficos (morales por ejemplo), dado que si
incurre en este error perderá capacidad de maniobra frente
a las ambigüedades del nivel existencial. En este nivel el
vínculo requiere entonces la construcción de un espacio protegido
para explorar y ensayar nuevos guiones en la expresión de
emociones y selección de esquemas cognitivos más efectivos
para vivir en plenitud, bajo la guía de nuestro rol de experto
en estos temas.
5. NIVEL DE LA DINÁMICA DE LA NEUROSIS
DE IDENTIDAD
En este nivel, el consultante
requiere de un co-filósofo. Esta nueva metáfora
alude a la necesidad de quien solicita ayuda de cuestionar
él mismo su filosofía de vida. El consultante deja de ser
paciente y se convierte en co-filósofo. Necesita que nosotros
cuestionemos sus modelos mentales, y que tengamos la paciencia
de que sea él mismo quien encuentre las nuevas respuestas.
A su vez, precisa que lo acompañemos en la angustia que provoca
el despojarse de los roles como elementos exclusivos de asiento
de la identidad. Nuestra tarea aquí consiste en cuestionar
con gentileza, en hacer preguntas más que en proveer respuestas.
O sea, en que lo ayudemos a realizar una introspección efectiva,
en un contexto cálido y protegido.
6. NIVEL DE LA DINÁMICA DE LA NEUROSIS
EXISTENCIAL
En este nivel, el consultante
requiere de un compañero de evolución experimentado.
Esta nueva metáfora alude a la necesidad de quien ha solicitado
nuestra ayuda de recibir la guía de alguien que ya ha atravesado
lo que el está por atravesar. El consultante ha dejado de
ser paciente para convertirse en un compañero de evolución,
que incluso puede estar mucho más avanzado que nosotros en
otros aspectos, pero que en el particular ámbito en el que
nos consulta aún no ha atravesado lo que nosotros sí ya
hemos trascendido en nuestro periplo personal. En esta clase
de vínculo el “terapeuta” ofrece sus propias aventuras
como ejemplos, y actúa más como un faro que como un guía activo.
Aquí, propone contextos protegidos donde ocurran vivencias
que el mismo consultante va a experimentar y luego autointerpretar.
Aquí, nuestro saber está al servicio de crear el contexto
más apropiado para que el consultante vivencie experiencias
de manera protegida, experiencias que incluyen a su cuerpo
tanto como a su mente.
INTEGRACIÓN VERSUS
CARENCIA
Siguiendo esta idea, los niveles
más allá del de neurosis existencial, en nuestra sociedad
actual requerirán de “prácticas integrales” específicas
para cada nivel que favorezcan la emergencia de estructuras
de conciencia correspondientes.
Soy conciente de la importante
confusión que existe hoy día respecto de estos niveles del
ser y del modo vincular que más favorece su “despertar”.
Así como de la crucial necesidad de distinguir experiencias
de niveles superiores de las provocadas por regresiones a
los niveles inferiores. Por lo tanto presentaré a continuación,
el concepto de falacia pre/trans (Wilber 1999).
FALACIA PRE/TRANS
En un sentido técnico específico
Ken Wilber ha definido la falacia pre/trans en relación a
la confusión generada entre los dominios PREracionales y
TRANSracionales de la conciencia. Al definir nueve niveles
de conciencia:
1. los tres primeros son preracionales,
preegoicos, prepersonales y en este sentido resultan no
racionales.
2. los tres intermedios son
racionales, egoicos, personales.
3. los tres últimos son transracionales,
transegoicos, transpersonales y resultan no racionales al
igual que los estadios pre.
Wilber ha señalado en sus observaciones
que por el hecho de ser no racionales, los estadios primeros
suelen confundirse frecuentemente con los últimos. En esta
dirección, los modelos teóricos que podríamos denominar “elevacionistas”
tienden a considerar en numerosas ocasiones, ciertas manifestaciones
no racionales producto de niveles preegoicos de conciencia
(como por ejemplo fantasías grandiosas narcisistas o incluso
delirantes), como producto de niveles de conciencia superiores
o transpersonales. O sea, tienden a “elevar” los
primeros niveles de conciencia, hasta los últimos sin atravesar
los niveles intermedios. De este modo, diversas manifestaciones
fantasiosas y poco realistas (o incluso patológicas) son consideradas
como experiencias auténticamente místicas y de carácter transpersonal.
Por otra parte, en numerosas
ocasiones, las posturas racionalistas, tienden a confundir
(y reducir) numerosas experiencias místicas auténticas a
fantasías prepersonales de carácter imaginado o incluso patológico.
En otras palabras, tienden a reducir los niveles superiores
de la conciencia a manifestaciones de los inferiores, dado
que, desde el nivel en que se encuentran, no cuentan con las
herramientas apropiadas para realizar tal distinción. De esta
manera, numerosas experiencias espirituales auténticas, son
consideradas como meras fantasías producto de la imaginación
de la persona que las experimenta.
Es por este motivo que el concepto
de falacia pre/trans puede resultar de verdadera utilidad
a toda aquella persona interesada en su desarrollo personal.
Dicho modelo puede proporcionar interesantes indicadores a
la hora de diferenciar una progresión o una regresión frente
a una nueva clase de experiencia que accede a la conciencia.
CONCLUSIONES
P. Meehl, el prestigioso psicólogo
clínico describía la Psicoterapia, hace más de 30 años, como
“el arte de aplicar una ciencia que todavía no existe”
(Feixas y Miró 1993). Dichos autores, opinan que esta paradójica
definición de Meehl servía para poner de manifiesto la situación
coyuntural tanto como para mostrar una aspiración legítima.
Desde entonces, el área de los tratamientos psicológicos se
ha desarrollado considerablemente, sin que ello haya requerido
un consenso manifiesto en torno a una definición explícita
del área. No obstante, “la búsqueda de una definición
sistemática de la psicoterapia ha preocupado y sigue preocupando
a los investigadores” (Feixas y Miró 1993). Sabemos
que existen grandes diferencias entre las escuelas actuales
de psicoterapia, tanto en su interpretación de los síntomas
y sus estrategias terapéuticas, como en su descripción de
la dinámica básica de la personalidad humana y su forma de
abordarla. En lo que la gran mayoría de las escuelas suelen
coincidir (y en esto podemos adoptar la metodología de Wilber
respecto a la construcción de generalizaciones orientadoras
(Wilber 1998) es en que el vínculo terapéutico juega un rol
fundamental en cualquier proceso de psicoterapia más allá
de la tecnología que cada modelo emplea para el cambio.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
- Feixas, G.; Miró, M.
T. Aproximaciones a la psicoterapia. 1era. Barcelona: Paidós;
1993
- Wilber, K. Psicología
Integral. 1ra. Barcelona: Kairós; 1994
- Wilber, K. El Proyecto
Atman. 2da. Barcelona: Kairós; 1996
- Wilber, K. Sexo, Ecología,
Espiritualidad. 1ra. Madrid: Gaia; 1996
- Wilber, K. El ojo del
Espíritu. 1ra. Barcelona: Kairós; 1998
- Wilber, K. Los tres ojos
del conocimiento. 3ra. Barcelona: Kairós; 1999.
- Wilber, K. Una visión
integral de la Psicología. 1ra. México D. F.: Alamah;
2000
- Wilber, K. Diario 1ra.
Barcelona: Kairós; 2000
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