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"Sobre el daño que hace el tabaco"
(Antón Chejov)
"¿El
cigarrillo puede ser la causa de trastornos sexuales?", me preguntan muchos varones.
Quiero aclarar que un fumador no se define solamente por la cantidad de cigarrillos que
fuma, que en algunos pueden ser dos o tres atados diarios, sino también por aquello que
lo lleva a fumar y cómo lo hace. Una persona que enciende un cigarrillo con la colilla
del anterior, delata una personalidad ansiosa, que no tiene control sobre su conducta, que
vive una situación de crisis que lo supera y lo sume en un estado de ansiedad. Es claro
el dicho popular cuando afirma que él no se fuma al cigarrillo sino que el cigarrillo se
lo fuma a él. Además de las altas probabilidades de producir una insuficiencia
respiratoria o un cáncer de pulmón (por los grupos alquitranados y nitrosaminas que
contiene), la nicotina produce espasmos en los vasos sanguíneos (a razón de ½ hora por
cigarrillo) y tapona las arterias. Hemos hablado de la manera en que los problemas
circulatorios repercuten en el organismo: las cardiopatías suelen estar a la orden del
día en los fumadores.
Un paciente me decía que, habiendo dejado el cigarrillo, "se sentía sexualmente
más seguro cuando fumaba". Esto entraría en contradicción con lo que siempre se
dice de la acción nociva del tabaco sobre la potencia sexual. Quiero aclarar que lo que
siente el fumador no se debe sólo a lo psicológico de calmar ansiedades orales, sino que
es debido a la nicotina, un alcaloide que a bajas concentraciones tiene una acción
excitatoria y en altas un efecto inhibidor y apaciguador. En el ser humano se ha observado
un aumento de la atención y del aprendizaje, con mejor capacidad de concentración, sobre
todo en actividades rutinarias. Si la cantidad de nicotina es alta, se produce una
disminución de la sensación de tensión, o sea que se asemeja a la función de un
sedante. Permite controlar las sensaciones de miedo, por eso los fumadores recurren al
cigarrillo con mayor frecuencia en situaciones de estrés, incluso sexual: es célebre el
varón, cual Humphrey Bogart, que prende el cigarrillo cuando tiene que ir a enfrentar a
una mujer. Pero no podemos olvidar que el consumo crónico lleva a que la nicotina
produzca:
Dependencia.
Hipertensión arterial.
Interacción con varios
medicamentos, a muchos de los cuales les neutraliza el efecto (como ejemplo vale conocer
que cada cigarrillo consume 30 mg de vitamina C).
Aumento del colesterol.
Disminución de la
irrigación sanguínea.
Angina de pecho, infartos
y ateromas.
Disfunción eréctil
(Impotencia).
Trastornos en la marcha.
Gastritis y úlceras de
estómago.
Disminución de la
micción.
Insuficiencia
respiratoria, bronquitis y enfisema pulmonar.
Además de la nicotina,
con cada cigarrillo se están inhalando cientos de compuestos
químicos: el monóxido de carbono (el mismo gas que liberan
los calefones en mal estado y los motores), hidrocarburos
y grupos alquitranados, nitrosaminas (todos cancerígenos de
primer orden), ácido prúsico y formaldehído (también coautores
del cáncer de pulmón) y varios metales tóxicos. O sea que
el balance es nefasto para la salud general y sexual. En la
mujer cabría marcar que se contraindica tomar simultáneamente
píldoras anticonceptivas y fumar porque aumenta el riesgo
de trombosis.
En ellas, debido al cigarrillo, se han incrementado el cáncer
pulmonar y los accidentes vasculares y se sabe que, en la
embarazada, produce daños en el feto. Mejor: ¡no fumar!
Se sabe que cada cigarrillo produce, por el efecto de la nicotina,
una media hora de vasoespasmo arterial, por lo cual si alguien
fuma un atado y medio podemos hacer una simple cuenta y veremos
que tiene todo el tiempo sus arterias contraídas lo que no
es una ayuda para las arterias peneanas que necesitan dilatarse
para lograr la erección. Como a largo plazo produce arterioesclerosis
y vasculopatías periféricas, también por ese lado contribuye
nunca como única causa- a la aparición de dificultades
en la erección.
Algo que trae conflictos es el problema del fumador pasivo,
también denominado por los norteamericanos como fumador de
segunda mano, ya que está bien documentado el daño que hace
el humo circundante al no fumador.
Los fumadores suelen tener como argumentos, irracionales y
simplistas, de que "con toda la polución que hay en el
ambiente cómo van a hacer esa objeción...no sean represores...en
última instancia de algo hay que morirse....hay tantas cosas
que a mí no me gustan y sin embargo.."
Aclaremos desde ya que no se trata de un problema estético
de si gusta o no gusta sino que nadie tiene derecho a dañar
al otro y menos si ese otro le pide que no lo haga. Si hay
polución ambiental mejor razón para no seguir dañando los
pulmones y, si de algo hay que morirse, cada no fumador tiene
derecho a elegir de qué manera llegar al fin de sus días.
Otro de los argumentos es que fumar es un placer, lo que no
pongo en dudas.
Pero también aceptemos que nadie fuma uno o más atados por
día sólo por placer, y los fumadores lo saben bien. Hablar
de hábitos reflejos o una necesidad de calmar la angustia,
mitigar la soledad, el aburrimiento o la desesperación, parece
más razonable que adjudicar cierto espíritu hedonista a una
actitud de autoagresión.
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