A ocho años del Viagra*
 
En julio de 1998 el laboratorio Pfizer presentó la medicación oral para la disfunción eréctil conocida en todo el mundo como Viagra (citrato de sildenafil). A pesar de la conmoción que trajo, tanto en el ámbito profesional como mediático y popular, en un primer momento las ventas no fueron las esperadas y la aceptación por parte de los pacientes era con cierto temor y reticencia. El desconocimiento del médico general y de muchos especialistas también hacían lo suyo. En mi calidad de médico psiquiatra y sexólogo clínico debo decir, que el sildenafil es un medicamento que, tanto en las etapas de investigación como en el uso clínico, ha demostrado una alta eficacia (la respuesta en los pacientes es notable) con pocos efectos colaterales. Remarco que es un medicamento para una condición médica y psicológica específica: la disfunción eréctil aunque actualmente hay personas que lo usan para mejorar su rendimiento sexual. También está siendo estudiado su uso en mujeres.

No olvidemos que junto con la aparición del Viagra los medios comenzaron a informar las muertes supuestamente atribuidas al producto. Habría que aclarar, además del mal uso que algunos pacientes hacen de cualquier medicamento, que la FDA (Food and Drug Administration) obliga a informar, en toda nueva droga, sobre la aparición de discapacidad, muertes, accidentes y efectos secundarios en quienes la estén tomando, sean o no debidas a ella. Reflexiono que con esto se repitió un fenómeno mítico: Eros y Tánatos se relacionan dialécticamente; ya ante la posibilidad de un desborde del erotismo aparece la idea de muerte como factor limitante, para acotarlo, y no me estoy refiriendo sólo a los tiempos del Viagra. Es interesante ver cómo los interdictos más antiguos afectan uno a la muerte (no matarás) y el otro a la sexualidad (no fornicarás, no desearás a la mujer de tu prójimo,  no derramarás la simiente, no yacerás con tus consanguíneos). Entonces comienzan a circular frases hechas como: "afecta al corazón y a la vista", "se quedaron ciegos... se mueren al usarlo", "los ancianos lo van a tomar y correrán riesgos", "va a dejar a la esposa para irse con varias mujeres o con una más joven"; de tal manera que la escena deseable se convertía, para ambos miembros de la pareja, también en lo más temido.

Las falsas creencias sobre los problemas inducidos por el medicamento se instauraron, en ese entonces, en el imaginario social pero hizo pensar que, entre la disfunción eréctil y su resolución, deberían mediar algunos pasos indispensables y sucesivos: animarse a pedir la consulta médica (yo la llamo "la consulta vergonzante"), ir a la misma (de la decisión a la comisión muchas veces dista un largo lapso), pasar por la ineludible e insoslayable etapa diagnóstica (¿por qué iría a ser distinta que en otras consultas?) para luego tener que pasar por otra escena temida: ir a la farmacia y vencer el pudor de comprar, receta mediante, el sildenafil.

En ese año inicial –1998- tuve la oportunidad de hablar con farmacéuticos: profesionales de algunos pueblos y ciudades chicas –incluso de algunos barrios de esta capital- me contaban que veían difícil que sus clientes habituales (vecinos, casi) vinieran a sus farmacias a comprarlo sacando "patente de impotentes" frente a ellos. Una farmacéutica decía: "encima yo soy mujer... si todavía hay gente que no se anima a comprar profilácticos si hay alguna presente". Estos dos hechos lo corroboraban mis pacientes (tanto del interior como de la Capital) cuando decían que no se animaban, por pudor, machismo o prejuicios, a presentarse con la receta en el mostrador. Quizás el varón argentino era entonces más recatado, vergonzoso y pudoroso que otro de Nueva York o Río de Janeiro, aunque también podemos pensar que era más cauteloso y prefería tomarse su tiempo para arribar a un correcto diagnóstico de su situación; aun hoy es común escuchar a pacientes que nos dicen: "yo no voy a comprarlo sin que me hayan estudiado las causas de mi impotencia", lo que habla que muchos quieren "hacer las cosas bien".

Este proceso, vuelvo a repetirlo, como en otras especialidades médicas tuvo que llevar su necesario tiempo en oposición a la fantasía que el medicamento salía a la venta y el consumidor lo arrebataba irreflexivamente (no olvidemos que se usaron títulos como: “la píldora mágica” o “la pastilla de la felicidad”). En el farmacéutico imperaban ciertos temores y, acostumbrados algunos a vender productos de venta bajo receta archivada sin la presentación de la misma (como es el caso de los antibióticos, que están en la misma lista), se encontraron que con este medicamento debían tener más precauciones, debido a la repercusión social del mismo (nadie va a hablar en los medios que alguien se murió cuando estaba tomando un antihipertensivo, y no digo por el antihipertensivo, pero sí cuando alguien presente algún problema por el sildenafil).

 En pocas palabras: creo que no se está actuando correctamente cuando se vende un remedio (incluso psicofármacos) sin la prescripción médica. 

Desde el médico se presentaban varios niveles de conflicto: no saber cómo ni cuándo indagar sobre la vida sexual de sus pacientes sin aparecer como intrusivo, inoportuno o se lo sospeche de seductor, y sabemos que los pacientes no siempre refieren espontáneamente sus dificultades sexuales, por lo cual quedan subdiagnosticadas; a veces tienen problemas con la temática (prejuicios, desconocimiento y falta de formación, valores y creencias, su propio pudor) y por eso no preguntan; los médicos no tenían armas tan eficaces, seguras y de sencillo uso para la disfunción eréctil como lo es el sildenafil –y ahora el Tadalafilo y el Vardenafilo -; tenían un cierto temor que el medicamento al cual, como con la patología, aún no conocían bien, trajera efectos secundarios severos o fatales, entonces prefirieron esperar a que su uso fuera más extendido y probado antes por los especialistas que dominaran el tema. En mi opinión el uso racional de este novedoso y útil medicamento sorteó una etapa fundamental de la práctica médica: el correcto diagnóstico y la experimentación clínica, amplia y dilatada en el tiempo, luego de tener el conocimiento científico, y esto ya se ha conseguido.

Creo que fue el camino correcto para que este producto, que no es un afrodisíaco, que no actúa en el cerebro ni en el corazón, sino en los cuerpos cavernosos del pene en presencia del deseo y del estímulo sexual, que tiene -como todos los medicamentos- contraindicaciones (tal es el uso conjunto de nitritos y nitratos –un tipo de vasodilatadores coronarios-) y precauciones que hay que conocer y respetar, p. ej. en retinopatías; que muchas veces deberá asociarse a los tratamientos psico-sexológicos, se impusiera en el tratamiento de la disfunción erectiva, que los varones viven con frustración, vergüenza y angustia, pero que, no obstante, prefieren en muchos casos sufrir en silencio a develarla frente a un profesional.

A ocho años de su aparición podemos decir que muchos de los fantasmas, prejuicios y falsas creencias fueron eliminados y hoy tanto los médicos como incluso los pacientes saben mucho más del sildenafil.

Hoy vemos que el citrato de sildenafil se ha constituido en uno de los medicamentos más usados (en los últimos años aumentó sus ventas en la Argentina de una manera vertiginosa, tanto como en el resto del mundo); incluso ahora disponemos de variantes de este inhibidor de la 5-fosfodiesterasa, en productos de los laboratorios Lilly (Tadalafilo –Cialis-) y Bayer (Vardenafilo –Levitra-), con mayor duración (36hs) en cuanto a su efecto –Tadalafilo-, mayor rapidez y especificidad de acción -Vardenafilo-.

Actualmente, las ventas en la Argentina, de todos los fármacos orales para la impotencia (sildenafil -sea el original o las diferentes copias-, Vardenafilo y Tadalafilo) superan los 13.000.000 de comprimidos al año. Solamente de Viagra se venden 9 comprimidos por segundo en los países donde está registrado (sin contar con los comprimidos que se venden de Cialis o Levitra).

Ahora se están investigando formulaciones sublinguales e inhalatorias, fármacos  de acción central (a nivel de los centros cerebrales), y también específicos –como la dapoxetina- para la Eyaculación precoz.

El Viagra es un medicamento que cambió la historia de la Farmacología y la Medicina, marcando un camino del cual no se volverá: el hecho de conocer el mecanismo íntimo de la erección y la acción específica del fármaco en el lugar específico, augura a los varones que no descuiden otros factores indispensables del erotismo -que no pasa sólo por las pastillas ni por sus partes genitales o por el falo erecto- una larga y satisfactoria vida sexual.

* DR. ADRIÁN SAPETTI, médico psiquiatra, psicoterapeuta, sexólogo clínico, director del Centro Médico Sexológico, Bs. As., Argentina, 4552-0389/ 4555-6865. Autor del “Manual de sexualidad masculina” y de “Los senderos masculinos del placer".

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