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En
1998 el laboratorio Pfizer presentó la medicación
oral para la disfunción eréctil conocida en todo el
mundo como Viagra (citrato de sildenafil). A pesar de la conmoción
que trajo, tanto en el ámbito profesional como mediático
y popular, en un primer momento las ventas no fueron las esperadas
y la aceptación por parte de los pacientes era con cierto
temor y reticencia. El desconocimiento del médico general
y de muchos especialistas también hacía lo suyo.
En mi calidad de médico psiquiatra y sexólogo clínico
debo decir, que el sildenafil es un medicamento que, tanto en las
etapas de investigación como en el uso clínico, ha
demostrado una alta eficacia (la respuesta en los pacientes es notable)
con pocos efectos colaterales. Remarco que es un medicamento para
una condición médica y psicológica específica:
la disfunción eréctil aunque actualmente hay personas
que lo usan para mejorar su rendimiento sexual.
También está siendo estudiado su uso en mujeres y
utilizado en cuadros de insuficiencia pulmonar. En ese entonces
comienzan a circular frases hechas como: "afecta al corazón
y a la vista", "se quedaron ciegos... se mueren al usarlo",
"los ancianos lo van a tomar y correrán riesgos",
"va a dejar a la esposa para irse con varias mujeres o con
una más joven"; de tal manera que la escena deseable
se convertía, para ambos miembros de la pareja, también
en lo más temido.
Aún hoy, en 2009, hay
pacientes que nos preguntan si “les hará mal al corazón”
o creen que no lo pueden tomar “porque son hipertensos”.
Las falsas creencias sobre los problemas inducidos por el medicamento
se instauraron, en ese entonces, en el imaginario social pero hizo
pensar que, entre la disfunción eréctil y su resolución,
deberían mediar algunos pasos indispensables y sucesivos:
animarse a pedir la consulta
sexológica , ir a la misma (de la decisión a la
concurrencia muchas veces dista un largo lapso), pasar por la ineludible
e insoslayable etapa diagnóstica (¿por qué
iría a ser distinta que en otras consultas?) para luego tener
que pasar por otra escena temida: ir a la farmacia y vencer el pudor
de comprar, receta mediante, el sildenafil.
Es frecuente escuchar a pacientes que nos dicen: "yo no voy
a comprarlo sin que me hayan estudiado las causas de mi impotencia",
lo que habla que muchos quieren "hacer las cosas bien".
Este proceso, vuelvo a repetirlo, como en otras especialidades médicas
tuvo que llevar su necesario tiempo en oposición a la fantasía
que el medicamento salía a la venta y el consumidor lo arrebataba
irreflexivamente (no olvidemos que se usaron títulos como:
“la píldora mágica” o “la pastilla
de la felicidad”).
En el farmacéutico imperaban ciertos temores y, acostumbrados
algunos a vender productos de venta bajo receta archivada sin la
presentación de la misma (como es el caso de los antibióticos,
que están en la misma lista), se encontraron que con este
medicamento debían tener más precauciones, debido
a la repercusión social del mismo.
En pocas palabras: creo que no se está actuando correctamente
cuando se vende un remedio (incluso psicofármacos) sin la
prescripción médica.
Desde el médico se presentaban varios niveles de conflicto:
no saber cómo ni cuándo indagar sobre la vida sexual
de sus pacientes sin aparecer como intrusivo, inoportuno o se lo
sospeche de seductor, y sabemos que los pacientes no siempre refieren
espontáneamente sus dificultades sexuales, por lo cual quedan
sin diagnosticar; a veces tienen problemas con la temática
(prejuicios, desconocimiento y falta de formación, valores
y creencias, su propio pudor) y por eso no preguntan; los médicos
no tenían armas tan eficaces, seguras y de sencillo uso para
la disfunción eréctil como lo es el sildenafil –y
ahora el Tadalafilo y el
Vardenafilo-; tenían
un cierto temor que el medicamento al cual, como con la patología,
aún no conocían bien, trajera efectos secundarios
severos o fatales, entonces prefirieron esperar a que su uso fuera
más extendido y probado antes por los especialistas que dominaran
el tema.
En mi opinión el uso racional de este novedoso y útil
medicamento sorteó una etapa fundamental de la práctica
médica: el correcto diagnóstico y la experimentación
clínica, amplia y dilatada en el tiempo, luego de tener el
conocimiento científico, y esto ya se ha conseguido.
Creo que fue el camino correcto para que este producto se impusiera
en el tratamiento de la disfunción eréctil, que los
varones viven con frustración, vergüenza y angustia,
pero que, no obstante, prefieren en muchos casos sufrir en silencio
a develarla frente a un profesional.
El sildenafil no es un afrodisíaco, no actúa en el
cerebro ni en el corazón, sino en los cuerpos cavernosos
del pene en presencia del deseo y del estímulo sexual; tiene
-como todos los medicamentos- contraindicaciones (tal es el uso
conjunto de nitritos y nitratos –un tipo de vasodilatadores
coronarios-) y precauciones que hay que conocer y respetar, p. ej.
en retinopatías; que muchas veces deberá asociarse
a los tratamientos psico-sexológicos
A once
años de su aparición podemos decir que muchos de los
fantasmas, prejuicios y falsas creencias fueron eliminados y hoy
tanto los médicos como los pacientes saben mucho más
del sildenafil.
El citrato de sildenafil se ha constituido en uno de los medicamentos
más usados (en los últimos años aumentó
sus ventas en la Argentina de una manera vertiginosa, tanto como
en el resto del mundo); incluso ahora disponemos de variantes de
este inhibidor de la 5-fosfodiesterasa, en productos de los laboratorios
Lilly (Tadalafilo –Cialis-) y Bayer (Vardenafilo –Levitra-),
con mayor duración (36hs) en cuanto a su efecto –Tadalafilo-,
mayor rapidez y especificidad de acción -Vardenafilo-.
También, en algunos casos lo estamos indicando en toma
diaria de 25mg en lugar de la toma a demanda.
Actualmente, las ventas en la Argentina, de todos los fármacos
orales para la impotencia (sildenafil -sea el original o las diferentes
copias como el Magnus-, Vardenafilo y Tadalafilo) superan los 30.000.000
de comprimidos en el año 2008. Solamente de Viagra se venden
más de 10 comprimidos por segundo en los países donde
está registrado (sin contar con los comprimidos que se venden
de Cialis o Levitra). En Argentina es uno de los fármacos
que más han aumentado las ventas.
Ahora se están investigando formulaciones sublinguales e
inhalatorias, fármacos de acción central (a nivel
de los centros cerebrales), y también específicos
–como la dapoxetina
- para la Eyaculación
precoz.
El sildenafil es un medicamento que cambió la historia de
la Farmacología y la Medicina, marcando un camino del cual
no se volverá: el hecho de conocer el mecanismo íntimo
de la erección y la acción específica del fármaco
en el lugar específico, augura a los varones que no descuiden
otros factores indispensables del erotismo -que no pasa sólo
por las pastillas ni por sus partes genitales o por el falo erecto-
una larga y satisfactoria vida sexual.
* DR. ADRIÁN SAPETTI, médico psiquiatra,
psicoterapeuta, sexólogo clínico, director del Centro
Médico Sexológico, Bs. As., Argentina, 4552-0389/
4555-6865. Director de la Revista Sexovida. Autor
del “Manual de sexualidad masculina” y de “Los
senderos masculinos del placer".
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