Sildenafil oral: Un nuevo tratamiento para las disfunciones erectivas

Los tiempos cambian aceleradamente y lo que nos fue presentado en el Congreso de Psiquiatría de San Diego (California, mayo 97) como trabajo de investigación acaba de ser aprobado en nuestro país y ya los medios de comunicación han dado profusa difusión -tal vez como nunca antes- a lo que se da en llamar “la píldora azul”, “la pastilla mágica” o “la píldora que cura la impotencia”. Es por ello que quisiera hacer algunas aclaraciones sobre este nuevo medicamento llamado Sildenafil que se comercializa como Viagra (Sildefil o Lumix, en Argentina).

El citrato de sildenafil es una droga que suministrada por vía oral posee un efecto de inhibición marcada de la fosfodiesterasa específica tipo 5 (PDE5) que es una enzima predominante en el cuerpo cavernoso de los humanos. Consecuentemente tiene el potencial de ser efectivo en el tratamiento de la disfunción eréctil ya que Sildenafil (Viagra) aumenta el efecto de sustancias vasodilatadoras en los cuerpos cavernosos del pene. Una enzima específica es la responsable de la degradación de ese vasodilatador. Por ello un inhibidor selectivo de esa enzima facilita la relajación producida por el óxido nítrico en el músculo liso de los cuerpos cavernosos y aumenta la respuesta erectiva. Un reciente estudio reporta la presencia de la enzima óxido nítrico sintetasa en el clítoris lo que sugiere la presencia de óxido nítrico en este órgano lo que podría indicar una cierta acción vasocongestiva en las mujeres, aunque su empleo en disfunciones sexuales femeninas todavía está en etapa de investigación.

El Sildenafil se presenta en tres dosificaciones (lo que indica claramente que el paciente impotente no puede automedicarse) y se toma una hora antes del coito (aunque hay referencias que aún en las 4hs previas puede ser efectivo) pero, al no ser un inductor de la erección (a diferencia de las drogas intracavernosas: papaverina, prostaglandina E1), necesita ser acompañado por estímulo sexual; lo que resulta interesante para borrar algunas fantasías ya que, en el coito, incorpora la presencia de la pareja como hecho necesario y deseable. Digo esto porque si se piensa que la pastilla todo lo logrará, un eficaz y revolucionario medicamento como éste puede ir al fracaso. Algunas pacientes me refieren con temor: “¿acaso mi pareja ahora va a prescindir de mí para lograr la erección?”; pero la realidad nos dice que su participación será más que necesaria para promover el estímulo y la excitación posterior.

Está claro -y la repercusión en todo el mundo así lo prueba- que estamos entrando en una nueva etapa de la farmacología: durante miles de años los seres humanos estuvieron buscando sustancias afrodisíacas, pócimas y artilugios, que pudieran aumentar su potencia sexual y así dan cuenta muchos textos de la antigüedad. Ahora se ha logrado, debido a un uso racional de los medicamentos y gracias a los hallazgos biológicos y químicos, un fármaco que actuaría casi específicamente en los cuerpos cavernosos (aparentemente también en el clítoris) facilitando la vasodilatación y erección peneanas, con un alto porcentaje de éxitos (más del 80% según algunos investigadores y nuestra propia experiencia clínica).

Ahora bien: ¿esto excluye la intervención del médico, el diagnóstico y los estudios complementarios?, ¿es lo mismo en un diabético o en un prostatectomizado que en una fobia sexual o en una disfunción erectiva situacional?, ¿es igual aquel que tiene una vasculopatía periférica al que presenta dificultades erectivas por conflictos de pareja? No debemos olvidarnos que, casi siempre, la disfunción eréctil encubre otro problema de salud que incluso el paciente desconoce: colesterol alto, patología prostática, diabetes, hipertensión no detectada, enfermedad de la Peyronié, depresiones o fobias sexuales, conflictos conyugales, problemas cardiovasculares, neuropatías, uso de medicaciones o de tóxicos –alcohol, drogas, tabaquismo, etc. No es buena medicina medicar sólo por el síntoma y desconocer que éste puede ser un marcador de patologías de base.

Por lo pronto no dejo de aclarar que es un medicamento de venta bajo receta archivada y no un venta libre ni un producto dietético, por lo que tiene todas las características de cualquier tratamiento que, como es de buen uso y costumbre, debe ir precedido por un correcto diagnóstico. Hay que conocer de sus interacciones medicamentosas (serias en el caso de los nitritos y nitratos usados como vasodilatadores coronarios-, de sus efectos secundarios (los más comunes son trastornos gastrointestinales, mareos, alteraciones en la visión de los colores, cefaleas, rinitis, calores) que por suerte son leves y poco frecuentes. No es cierto que los hipertensos y con problemas cardíacos no la puedan usar. Está en claro que si un paciente tiene una cardiopatía inestable o descompensada no puede tener un coito que implique mucho esfuerzo o le deberá realizar bajo consejo médico, en ese caso no es el Sildenafil el que se desaconseja sino el esfuerzo en sí mismo. En los pacientes con presión arterial alta la droga tiene buena y segura respuesta. Diré también que no produce excitación sexual, ni efecto retardador del orgasmo ni esterilidad; tampoco es “una pastilla que uno la toma y de una vez se cura de la impotencia”.

El Sildenafil lo utilizamos desde el 98 y ahora vemos sus reales efectos y posibilidades -que son muchas-, tanto como las precauciones a tomar –que son pocas-. Será de responsabilidad de los médicos, los educadores sexuales y de los farmacéuticos, incluso de los medios de difusión masiva, que este importante descubrimiento, como cualquier otro fármaco, sea un arma eficaz para solucionar las disfunciones erectivas y no un consumo frívolo que ponga en peligro la salud de las personas por su uso irresponsable y sin control.

 

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